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General: La Tenida Masónica
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From: Alcoseri  (Original message) Sent: 07/03/2011 14:01
La Tenida Masónica
Ya hace mucho tiempo que, en el lenguaje litúrgico masónico,
ha encontrado su puesto el término de "Tenida Masónica".
Durante muchos siglos, y todavía hoy, se ha
hablado de «la asistencia» de los francmasones a una
reunión secreta. Los ambientes
masónicos tienen, como todos los grupos sociales,
su propia jerga y sus propias maneras de hablar.
Pero aquí no se trata de una palabra «que se lleva
el viento»: el descubrimiento del término bíblico y
tradicional de asamblea traduce el descubrimiento
de una realidad de los modos masónicos.
hablando de "La Tenida Masónca" que es una
formula que se divide en:
- Abrir los trabajos- Apertura ritual de la logia.
- Lectura y aprobación del acta de la sesión anterior.
- Introducción de visitantes.
- Comunicados de la Obediencia y correspondencia.
- Puntos puestos al Orden del Día.
- Circulación del Saco de Proposiciones -Lectura de
los trazados arquitectónicos .
- Rito de la Cadena de Unión.
- Circulación del Saco de Beneficencia -Proposiciones
y solidaridad masónica.
- Clausura de los Trabajos- Cierre ritual de la logia.

En la Torá Judía , el pueblo hebreo se reúne
para renovar la alianza; esta reunión se llama en hebreo
Qahal Yahvé, en españo quiere decirl: «la asamblea del Señor
». Pero la palabra Qahal, a diferencia de nuestra
palabra asamblea, encierra una idea de convocatoria.
Los israelitas tienen conciencia de que no forman
la asamblea por su propio impulso, sino más bien por
una iniciativa de Dios que convoca, que reúne. Por
eso, cuando se tradujo la biblia al griego (versión de
los Setenta), Qahal fue traducido naturalmente por
«tenues» (del griego «llamar desde») la palabra Tenida
es usada en España y Latinoamérica para designar a
asambleas masónicas las que también tienen el nombre de trabajos.
Por nuestra condición humana, nuestras asambleas
son forzosamente exclusivas, pero al mismo
tiempo apelan a la reunión de todos los hombres
sin distinción alguna, pero no es así.
Las asambleas del tiempo de
San Pablo tenían la misma diversidad de hoy; sin embargo,
el apóstol afirma: «Ya no hay judío ni griego; ya
no hay esclavo ni hombre libre; ya no hay hombre
ni mujer; porque todos vosotros sois tan sólo uno
en Dios» (Gal 3, 28). Excepto algunos casos
las tenidas blancas están,
por definición, abiertas a todos, incluso al profano,
y desea ser pluralista (la palabra «liturgia», sacada
de los cultos paganos, significa «servicio público»):
pluralismo de culturas y de edades, de orígenes sociales y religiosos,
de sensibilidades místicas y de opciones políticas,
etc. En una palabra, como cualquier pueblo,
el pueblo Masónico es diverso y polifacético. Normalmente,
la Tenida Masónica debería parecerse mucho en su
perfil a la sociedad de donde ha operado; sabemos
que, en nuestros países americanos, no sucede esto desgraciadamente
así y que, entre otras, la clase obrera y campesina está muchas
veces casi ausente en la Masonería. La causa de este desafecto debe
buscarse en la historia de la Masonería más bien que en
la liturgia. Pero esto no impide que este desgarrón
tenga que sentirse continuamente y, cuando sea
oportuno, recordarse en nuestras asambleas.
De esta forma, la Tenida Masónica, dentro de la
su diversidad, intenta estar unida «en una sola
ideología».
Pero hemos de ir más lejos todavía, ya que el
pluralismo de la Tenida afecta a su misma esencia, pues
en Masonería las Tenidas son exclusivas para Francmasones
y no para el pueblo en general.

http://groups.google.com/group/secreto-masonico


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From: Alcoseri Sent: 17/03/2011 14:07
La sincronización mental en la francmasonería, el secreto de las tenidas.
La idea central en una ceremonia o tenida masónica es lograr que en forma sincronizada todos participen con su persona, su mente y sus sentimientos en las expresiones verbales y las acciones, que según vayan sucediéndose. Por tanto, hay que calcular el ritmo de actuación con mucho cuidado, basándose en la capacitación media de la congregación masónica, y fijarlo ligeramente por debajo de la media. Acertar en el tiempo es de suma importancia. Si éste es excesivamente lento, los francmasones que se muestran más interesados dejarán de estarlo, y si es demasiado acelerado, no será posible captar bien la atención de los menos interesados. Una tenida lenta provoca tedio y el fastidio en los miembros. Este mismo principio tendrá vigencia aunque sólo haya siete celebrantes, aunque en tal caso los individuos naturalmente seguirán su ritmo particular, pues no tendrá que preocuparse por los demás al no haber ningún trazado que presentar. Todas las acciones y palabras han de ir acompañadas de los pensamientos adecuados, que se presentarán en el orden correcto y serán del estilo idóneo, tanto si son expresados en voz alta como si son manifestados de forma silenciosa. El hecho de ser repetitivo sin más es un esfuerzo inútil y no sirve de nada. Mucho mejor que hacer una sesión masónica técnicamente perfecta, pero acompañada de pensamientos inadecuados, es profundizar en el significado de la ceremonia, aunque no se diga una sola palabra en voz alta. Ahora bien, también hay que decir que las ceremonias masónicas que resultan audibles ayudan a muchos francmasones a sincronizar sus conciencias. De todas formas, si sólo se cuenta con la presencia física de siete masones, aún así hay necesidad de operar -la ceremonia, si bien a la mayoría de los celebrantes les gusta operar de ese modo para tener más práctica. Hemos llegado a estar tan acostumbrados a regular y conformar nuestros pensamientos mediante la palabra, que tendemos a olvidar lo que las palabras son en sí. Las palabras son esencialmente poderosas evocaciones, unos contenedores de conciencia que pueden intercambiarse visual y auditivamente. Solamente su uso y el hecho de estar familiarizados con ellas hacen que tengan un significado para nosotros. Por lo demás, no son sino ruido y marcas sobre un papel. Para servirnos de ellas lo mejor posible, debemos conocer todos los significados que están comprimidas en cada una y el orden correcto en que debemos combinarlas para transmitir lo que queremos expresar. Por el contrario, también debemos ser capaces de coger una serie de palabras y traducirlas a unos términos de percepción pura a fin de tener una experiencia consciente de su significado. Por ejemplo, al leer la frase: "¿Qué hora es hermano? Y responde: es la hora de comenzar los trabajos masónicos", deberíamos tener realmente una sensación de entrar en un Tiempo Sagrado y estar en un Lugar determinado por otro tiempo diferente al profano, cuando nos hayamos aplicado la citada pregunta. Este pregunta debería ser: "¿Qué hora es en el reloj de la Eternidad?". En primer lugar, ha de quedar claro que "todo esto me está sucediendo a mí, y que lo voy a experimentar yo en persona". Así, el procedimiento adecuado para participar en las ceremonias masónicas, basadas fundamentalmente en la palabra, consiste en digerir los vocablos con cuidado, reaccionar inmediatamente ante éstos y permanecer estrechamente unido a los mismos siguiendo el hilo de sus significados, al igual que el murmullo y las olas de los riachuelos varían según la naturaleza de su lecho. Si seguimos el curso de un arroyo vemos como en algunos lugares hay remolinos, en otros un descenso de la pendiente origina una pequeña catarata, y también puede haber un ensanchamiento del lecho con un fondo muy llano, lo que hará que las aguas vayan despacio. En las ceremonias hay una serie de fenómenos que pueden considerarse equivalentes a los que acabamos de mencionar. Volviendo a hablar del riachuelo, diremos que puede haber una presa que producirá la energía necesaria para el funcionamiento de una noria. La resistencia de sus aspas se puede percibir a la vez que éstas giran al ser empujadas por el peso y la fuerza de la corriente. En el esoterismo masónico ello equivale al clímax de la ceremonia o tenida masónica, a ese instante en que la fuerza acumulada que resulta de la energía mental y espiritual, se aplica directamente al punto que se piensa producirá el resultado deseado. Pueden producirse muchos clímax de estas características a un nivel secundario, o realizarse un gran esfuerzo cerca del final de la ceremonia, también es posible combinar estos dos sistemas. Todo dependerá del grado masónico que se lleve a cabo. Uno no puede por menos que preguntarse quién, o qué elemento oye la Invocación al Gran Arquitecto del Universo y los salmos bíblicos correspondientes, además de los seres humanos presentes en la tenida. Frecuentemente existe la suposición de que Dios o unas entidades espirituales menores se manifiestan de una forma invisible, adoptando ciertas formas simbólicas de naturaleza física que existen en el Templo Masónico para tal fin, como los símbolos de la Escuadra y el Compas que se ponen sobre la Sagrada Biblia y esta sobre el Ara Sagrada , o las Columnas de bronce que adornan nuestros Templos. Por ello, se acostumbra a rendirles respeto. Podría haber un fondo de verdad en tales suposiciones, pero fundamentalmente lo que "escucha" la Invocación es el Principio Divino que existe dentro de los francmasones y lo hace a través de sus propios oídos. El nivel de la audición dependerá por entero de las conexiones individuales y colectivas con el propio Espíritu de la Vida. Si es cierto que cada ser humano equivale a una célula del "gran cuerpo del Gran Geómetra Universal", o de la vida considerada como una entidad consciente hasta el final de la creación, ¿cómo es posible que semejante célula consiga atraer sobre sí misma la atención de semejante entidad? El sistema utilizado se parece mucho al medio del que se sirve su equivalente en un cuerpo humano ordinario: un comportamiento inusual, anormal o diferente. Vamos a suponer que un pequeño grupo de células altera su comportamiento habitual por algún motivo hasta que un nervio se ve afectado. Imaginemos que se produce una lesión pequeña pero dolorosa en el dedo pequeño del pie. Podrá ser algo absolutamente trivial desde el punto de vista médico y sin embargo será un motivo suficiente para que el paciente vaya inmediatamente a buscar algún remedio para disminuir sus molestias y, posiblemente, también para impedir que degenere en algo peor. Ahora bien, si no se estableciera ningún contacto con el sistema nervioso, la infección, aunque ligera en un principio, se extendería y agravaría hasta poner en peligro el miembro entero. Ése es el motivo por el cual las pequeñas lesiones también nos producen dolor. Asimismo, en caso de que los nervios, mediante la actividad creadora de las células (que podría ser táctil), estimulen en el hombre sensaciones de placer, las células implicadas se comportarán de una forma inusual y llamativa, antes de que la mente perciba lo que está haciendo el cuerpo. A continuación la mente acusará recibo del mensaje de la forma que estime conveniente. Puede que las glándulas funcionen y viertan su producto en el sistema. Los subproductos peligrosos serán desaguados por una serie de conductos. Hay muchas maneras de enriquecer la vida de las células del cuerpo humano. Aunque no pueda establecerse un paralelismo exacto entre lo que acabamos de decir y las relaciones humano-divinas, cabe hacer una comparación lógica que hace pensar en la forma como un Ser Espiritual "escucha" las oraciones de los seres humanos de la tierra. Este Ser las comprenderá a través de la mente y del alma de los propios seres humanos debido a la intensidad intencional con que se originan. Ésa es la razón por la cual las llamadas desesperadas parecen contar con un favor especial. Se debe sencillamente a la intensidad y veracidad con que se dirigen a lo que podemos denominar la Conciencia Continente. Así pues, tienen un carácter prioritario que hace que consigan superar los obstáculos que absorben todos los mensajes improcedentes o carentes de importancia. Hay que tener en cuenta otro factor importante: el hecho de que sean poco usuales. A la vista de todas las pruebas que tenemos parece que las conductas inusuales tienen más posibilidades de ser percibidas por los entes inteligentes que están allá de los niveles de nuestra existencia en la tierra. Ello no garantiza una respuesta, pero confirma algo que puede considerarse una regla general para esta vida: siempre llaman la atención los casos excepcionales. Un único guijarro negro en una playa llena de piedrecitas blancas automáticamente atraerá todas las miradas. Lo mismo pasaría si hubieran un girasol en un campo de margaritas o un pececillo que nadara en dirección opuesta a un banco de peces de la misma especie. Lo que se quiere decir con esto es que los hombres que tratan de captar la atención de unos seres espirituales superiores habrán de mostrar sus diferencias con respecto a la masa humana. Habrá de ser una manifestación calculada para fomentar un reconocimiento favorable. Éste es el fin principal de las ceremonias esotéricas: ofrecer un modelo de comportamiento humano único, o muy poco corriente, que logre atraer la atención del observador omnisciente o de la Conciencia que controla todo. Los humanos tendrán un determinado modelo de conducta y de pensamiento gracias al cual quedará bastante clara su intención de comunicarse con los poderes a través de un "lenguaje interno" para la consecución de un objetivo determinado. Esto ocurre realmente en cualquier ceremonia de carácter religioso al que asisten los fieles con la esperanza de establecer una relación con Dios. Sin embargo, una ceremonia francmasónica es algo muy distinto, hay que dar a conocer un mensaje especialmente significativo. Es algo que exige la máxima atención, al mismo tiempo de estar presentes en cuerpo, alma y mente, y no estar divagando con una charla mental descontrolada. Todo esto es algo parecido a pintar sobres con distintos colores o hacer en ellos una señal para garantizar que serán abiertos tan pronto como sea posible por la autoridad competente. El abusar de este sistema llegaría a invalidarlo o a devaluarlo en un breve período de tiempo. Asimismo, contribuiría a retrasar considerablemente la respuesta. Por tanto, en las ceremonias masónicas es fundamental que no se realice nada que no tenga una motivación espiritual verdadera, exceptuando las sesiones prácticas y de entrenamiento. Ciertamente no hay que realizar acciones triviales frívolas ni de nivel inferior, pero eso no quiere decir que sus celebrantes hayan de estar tristes y melancólicos. La risa y el amor gozoso figuran entre las ofrendas más elevadas que puede realizar el hombre, porque son algo verdadero y muy poco corriente. Lo que da validez espiritual a una ceremonia es su autenticidad. De lo que acabamos de decir se deduce que tiene más valor una florecilla silvestre ofrecida por un niño con amor sincero y esperanza que el mayor bloque de oro que jamás se haya traído a un Templo, esperando comprar una respuesta favorable a una petición de ayuda celestial para una empresa terrena más bien dudosa. La Hermandad Francmasónica trata siempre de dar un carácter secreto y confidencial a sus ceremonias debido a que los pensamientos y las acciones poco usuales parecen recibir una atención especial de las fuentes espirituales. Los miembros de cada uno de los sistemas están bastante convencidos de que su sistema es superior a los demás, razón por la cual ha de ser celosamente protegido de cualquier tipo de explotación y de toda intrusión desautorizada. Los miembros de los distintos credos parecen estar igualmente seguros de su superioridad. De todas formas existe una diferencia: los que profesan una determinada religión desean la conversión de los demás y quieren que haya el mayor número posible de adeptos. Así pues, los francmasones tratan de excluir al mayor número de seres humanos, y en cambio los profanos desean convertir e incluir en sus sectas al mayor número posible de personas. De todo ello se deduce que la situación espiritual de este mundo es sumamente confusa y enigmática. Así, ¿qué tienen de único y especial las tenidas masónicas? ¿Qué puede hacer de ellas algo singular y merecedor de un tratamiento preferencial, o de una atención desusada por parte de una inteligencia supramundana? Imaginemos que una minoría de seres humanos interpreta un psicodrama en la clandestinidad y que un grupo mucho más numeroso trabaja en una catedral abarrotada de gente con el acompañamiento de una orquesta y de un coro por el que ha pagado un precio elevado, ¿por qué habría de tener una ventaja la minoría sobre el grupo numeroso? ¿O por qué motivo han de resultar más ventajosos los Templos y los lugares de reunión de cualquiera de las religiones organizadas de este mundo? ¿Qué es lo que hace que un grupo de personas, poco importantes a nivel social y que probablemente cuentan con unos artefactos de baja calidad, tenga más posibilidades de atraer la atención de los seres espiritualmente superiores que las grandes agrupaciones de personas dirigidas por unos sacerdotes profesionales? En primer lugar, desde un punto de vista absolutamente espiritual, ninguna cantidad podrá jamás igualar, y no digamos superar, el principio de la calidad. Para ilustrar este punto, vamos a pensar en la alternativa que preferiría un entendido en música si le dieran a escoger entre escuchar una de sus composiciones musicales favoritas arruinada por la interpretación discordante de una serie de instrumentistas ineptos o la perfecta interpretación de la misma obra por parte de un pianista muy experto. Vamos a extendernos un poco en esta analogía, hagámonos esta pregunta: ¿qué tiene más sentido, que diez mil personas presencien un juego de pelota en el que participan veinte jugadores procedentes de los equipos famosos, o que ese número de espectadores vea jugar a veinte mil personas de sexos, tamaños y edades diferentes lanzando pelotas de distintas clases y de todos los tamaños sin seguir ninguna norma excepto lo que les dicta su instinto de conservación? Una presentación efectiva en la que intervenga un número reducido de personas es siempre preferible a una actuación mediocre o confusa, aun cuando ésta cuente con un número elevado de participantes. Las principales diferencias existentes entre las ceremonias francmasónicas y los servicios religiosos ordinarios son, en primer lugar, las creencias básicas, en segundo lugar, la forma simbólica de su exposición, y finalmente la elección de un estilo y de un tipo de expresión verbal. Lo más importante de todo es que haya una sincronización y que los pensamientos y sentimientos del reducido número de especialistas estén orquestados. Todos ellos celebran el rito, no son unos observadores ni están ajenos a la auténtica reunión esotérica. Cada uno de los presentes deberá participar en la acción que esté desarrollándose. Puede que haya un líder que diga formalmente las palabras en voz alta, pero todos los presentes son en cierto sentido los sacerdotes o las sacerdotisas, pues comparten la intención y el significado de los misterios que realizan juntos. En los primeros tiempos, se tenía una gran confianza en ciertas palabras clave, pues se pensaba que funcionaban automáticamente gracias a sus cualidades propias e inherentes. Estos vocablos eran nombres de Dioses o el código sonoro de identificación de las entidades esotéricas. Los que emitían las citadas palabras creían firmemente que los Dioses tenían la obligación de contestar a semejante llamamiento si las palabras se pronunciaban correctamente. Sinceramente, pensaban que esta habilidad les daba el control sobre estos seres sobrenaturales para obligarlos a manejar la voluntad de los seres de la tierra. Creían que el conocimiento del "nombre secreto" de alguien siempre daba al conocedor del mismo cierto poder sobre esta persona. Ése es el motivo por el cual el nombre que el individuo recibe en la ceremonia de iniciación nunca ha de decirse en voz alta en ningún lugar. Esa creencia persiste incluso hoy en día entre los esotéricos pertenecientes a todas las sectas. Al parecer, pocas veces la gente cae en la cuenta de que un supuesto Dios que automáticamente obedeciera los caprichos de un ser humano o viniera nada más ser llamado, como si de un perro fiel o de un gato curioso se tratara, no pertenecería a un orden Divino muy elevado ni muy perfecto. Las palabras clave tienen cierto valor para dar forma a determinados pensamientos que van dirigidos a unos niveles superiores a los humanos, pero difícilmente podrán obligar a un Ser superior a hacer lo que deseemos. Aquí cabría hacer referencia a la conocida cita: "Puedo llamar a los espíritus desde las profundidades" y la contestación que no admita réplica: "También yo, y cualquier hombre, pero ¿vendrán cuando los llames?" Por muy extraño que parezca, hasta hoy en día no se habían inventado unos ordenadores capaces de proporcionar información sobre personas cuyos datos han sido previamente introducidos en ellos. Ciertamente esto pone al conocedor en una situación de ventaja sobre el individuo en cuestión que podría tener grandes consecuencias. La mayoría de sus secretos particulares como el nivel de crédito, posición social, religión, nivel educativo, e incluso detalles íntimos como inclinaciones sexuales (con los nombres y señas de las personas implicadas) y una multitud de detalles están a disposición de todo aquel que tenga acceso al teclado idóneo y conozca el código correcto con el que ha de realizar las perforaciones. Sin embargo, la idea básica que hay detrás de todo esto nació hace miles de años, cuando los seres humanos empezaron a creer en ciertos Nombres Poderosos, que harían al hombre semejante a Dios, o en la "magia de las matemáticas", que conseguiría algo parecido por otros procedimientos. Esto es realmente un valor oculto del esoterismo práctico. La práctica de este tipo de esoterismo conduce las mentes en unas direcciones que darán su fruto al cabo de siglos o tal vez de milenios. Quizás en algunos casos fructifique antes. Los viajes espaciales empezaron a ser posibles cuando los hombres primitivos se reunieron para adorar a la Luna y se preguntaron qué había que hacer para alcanzarla. La informática empezó cuando el hombre comenzó a jugar con las palabras y los números, cuando empezó a transformar lo uno en lo otro y a hacer cálculos mágicos con esos elementos. Es posible que la medicina empezara al preguntarse el hombre por primera vez cuáles eran las hierbas que curaban determinadas enfermedades. Posiblemente la psicoterapia empezó a desarrollarse con los primeros exorcismos en contra de los espíritus del mal, y la cirugía en el momento en que el hombre trató de cortar bultos, que a su entender eran demonios incrustados en la carne. El esoterismo de un tipo u otro es lo que pone a la humanidad en contacto con ciertas ideas que serán el germen de lo que posteriormente florecerá y fructificará para favorecer o deshonrar a la humanidad. Las últimas generaciones han visto cómo un increíble número de ideas muy antiguas se materializaba y consolidaba y cómo muchas otras están a punto de conducir a algún descubrimiento. Esperemos y roguemos que esto tenga un final feliz para todos nosotros. Cualquier palabra significará lo que los usuarios humanos de la misma pretendan. Al final una palabra sólo es un sonido o el simbolismo equivalente unido a la ideología y la intención puras. Únicamente mediante el acuerdo y la aceptación puede una colección de palabras llegar a formar una lengua determinada, y únicamente con el tiempo y la evolución el lenguaje va perfeccionándose mediante constantes mejoras y extensiones de la inteligencia comunicativa. Cuanto más llena de significación esté una palabra, mayor valor tendrá para fines esotéricos. De ahí se deriva el hecho de que ciertas palabras y frases algo especiales hayan llegado a formar parte integrante de las prácticas esotéricas a través de los siglos. De todas formas, su valor habitual depende enteramente de la autenticidad con que las mentes y el entendimiento de los que las utilizan puedan condensar y maximizar su significado en unas presentaciones simbólicas. Es decir, la mente ha de entrenarse y practicar el arte de asociar cada vez más significaciones con cada una de las palabras utilizadas. Lo que se precisa fundamentalmente es la metodología adecuada porque una vez adquirida, ello se convertirá en un hábito casi automático. Es mejor empezar con palabras bastante sencillas hasta que el sentido pueda verse y apreciarse con claridad. Luego, cuando se cree el hábito podemos avanzar y adentrarnos en las esferas más arcanas de nuestro vocabulario. Vamos a suponer, por ejemplo, que empezamos con una frase aparentemente muy sencilla, la primera de la conocida Oración del Señor. Habrá que aislarla y analizarla palabra a palabra; es preciso meditar sobre cada término, experimentarlo, y finalmente hacerse una idea de su alcance y significación

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From: Alcoseri Sent: 23/03/2012 19:35

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