Un día como el de hoy, pero del año 1792, muere en la horca Joaquín José de Silva Xavier, conocido como “Tiradentes”. Está considerado como el primer revolucionario en entregar la vida por la independencia del Brasil. Hijo de un portugués y de una brasileña, había nacido en el seno de una familia humilde, 45 años antes, en el Distrito de Pombal. Siendo un niño quedó huérfano y solo pudo recibir instrucción elemental. Aunque a lo largo de su vida ejerció varios oficios, sobresalió como dentista. Es debido a ello, su apelativo de “Tiradentes” (sacamuelas). En 1789, tomó parte en la conjura minera “inconfidencia mineira”. El mayor deseo de él y sus compañeros de lucha era establecer un gobierno independiente de Portugal, crear una universidad en Vila Rica, formar industrias y hacer de São João Del-Rei la nueva capital de la región. Delatada la conjura, fue procesado en un juicio que duró 3 años. Por orden de la reina Doña María I, todas las sentencias fueron conmutadas por el destierro, excepto la de Tiradentes, que fue condenado a muerte, al ser considerado jefe del movimiento. Con abominable crueldad, se obligó a la gente a presenciar cómo en el patíbulo, el verdugo, después de darle muerte, procedía a descuartizarlo. Su cabeza fue exhibida para atemorizar a la población de Río de Janeiro, y el resto del cuerpo fue incinerado y tirado al mar. Pasaron varios años para que Brasil proclamara su independencia, pero el pueblo jamás olvidaría al primer patriota que pensó, no sólo en la liberación, sino también en extirpar las llagas sociales del extenso país.