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Los Salmos: Salmos 90 -La eternidad de Dios y la transitoriedad del hombre
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From: greiscris  (Original message) Sent: 11/05/2010 07:05
Salmos 90 -La eternidad de Dios y la transitoriedad del hombre
Oración de Moisés, varón de Dios.


1 Señor, tú nos has sido refugio
De generación en generación.
2 Antes que naciesen los montes
Y formases la tierra y el mundo,
Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.
3 Vuelves al hombre hasta ser quebrantado,
Y dices: Convertíos, hijos de los hombres.
4 Porque mil años delante de tus ojos
Son como el día de ayer, que pasó,
Y como una de las vigilias de la noche.
5 Los arrebatas como con torrente de aguas; son como sueño,
Como la hierba que crece en la mañana.
6 En la mañana florece y crece;
A la tarde es cortada, y se seca.
7 Porque con tu furor somos consumidos,
Y con tu ira somos turbados.
8 Pusiste nuestras maldades delante de ti,
Nuestros yerros a la luz de tu rostro.
9 Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira;
Acabamos nuestros años como un pensamiento.
10 Los días de nuestra edad son setenta años;
Y si en los más robustos son ochenta años,
Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo,
Porque pronto pasan, y volamos.
11 ¿Quién conoce el poder de tu ira,
Y tu indignación según que debes ser temido?
12 Enséñanos de tal modo a contar nuestros días,
Que traigamos al corazón sabiduría.
13 Vuélvete, oh Jehová; ¿hasta cuándo?
Y aplácate para con tus siervos.
14 De mañana sácianos de tu misericordia,
Y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días.
15 Alégranos conforme a los días que nos afligiste,
Y los años en que vimos el mal.
16 Aparezca en tus siervos tu obra,
Y tu gloria sobre sus hijos.
17 Sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros,
Y la obra de nuestras manos confirma sobre nosotros;
Sí, la obra de nuestras manos confirma.

____________________________________________________

Comentario al Salmo 90



El título atribuye este salmo a Moisés y son muchos los autores, aun entre los modernos, que admiten dicha autoría por la notable semejanza de pensamiento y fraseología con Dt. 33. Tenemos en Nm. 14 la historia a la que parece referirse este salmo. Es probable que Moisés compusiera esta oración para que el pueblo la usase diariamente en sus tiendas, o los sacerdotes en el tabernáculo, durante la peregrinación por el desierto. I. Reflexiona Moisés sobre la brevedad de la vida humana (vv. 1 -6). II. Se somete a sí mismo y al pueblo a la justa sentencia de Dios contra ellos (vv. 7-11). III. Se encomienda a sí mismo, y al pueblo, a Dios, orando para que les otorgue su gracia y su perdón (vv. 12-17). Al cantarlo, podemos aplicarlo a los años de nuestra peregrinación por el desierto de esta vida. Nos provee también de meditaciones y oraciones muy apropiadas para la solemnidad de un funeral.

Versículos 1-6

Este salmo lleva por título «Oración de Moisés». Moisés enseñó al pueblo a orar y les puso en la boca palabras que pudiesen usar al dirigirse al Señor. En estos versículos se nos enseña:

1. A dar a Dios la alabanza por los cuidados que dispensa a su pueblo en todo tiempo (v. I): «Señor, tú nos has sido por refugio de generación en generación.» Apelan a la benevolencia que desplegó Dios con sus antepasados. Canaán había sido tierra de peregrinación para sus padres los patriarcas, quienes habían vivido allí en tiendas; pero entonces Dios era su refugio y morada y, adondequiera iban, allí estaban como en casa, tranquilos y seguros, en El. Egipto había sido por muchos años país de esclavitud, pero incluso allí era Dios el refugio de ellos.

2. A dar a Dios la gloria de su eternidad (v. 2): «Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo (comp. Pr. 8:26), como se da a luz a un niño (esto es lo que sugiere el original, comp. con Dt. 32:18), tú ya eras; desde el siglo y hasta el siglo (la forma más expresiva para designar en hebreo la eternidad), tú eres Dios.» Contra todas las penalidades que surgen de nuestra condición mortal, hemos de tomar ánimo y consuelo en la inmortalidad de Dios.

3. A reconocer el absoluto y soberano dominio de Dios sobre el hombre, y su poder para disponer de él como le plazca (v. 3): «Reduces al hombre hasta convertirlo en polvo, y dices: Volved (a mí; o, más probable, al polvo; comp. Gn. 3:19), hijos de los hombres (lit., hijos de Adán). El término hebreo para «hombre», al comienzo del versículo es enosh, que indica la fragilidad del ser humano. Los creyentes hemos de consolamos con el pensamiento de que, aunque nuestros cuerpos hayan de volver al polvo, resucitarán después en gloria para nunca más morir.

4. A reconocer la infinita desproporción que hay entre Dios y el hombre (v. 4): «Porque mil años delante de tus ojos, una longevidad que jamás alcanzó ningún ser humano, son como el día de ayer que pasó (citado en 2 P. 3:8); menos aún: como una de las vigilias —una tercera parte— de la noche, es decir, tres horas.» Entre un minuto y un millón de años hay alguna proporción, pero entre el tiempo y la eternidad no hay ninguna. Recuerden esto los que objetan sobre la tardanza del Señor en volver.

5. A ver la fragilidad del hombre y su vanidad aun en medio de su mejor estado (vv. 5,6); consideremos bien la vida humana y veremos que es la vida de un moribundo: «Los arrebatas como con torrente de aguas. Tan pronto como nacen, comienzan a morir, y cada día nos va acercando a la muerte. Somos arrastrados como con un torrente y, no obstante, somos como un sueño, que es imagen de la muerte. En otro sentido, podemos decir que, como quienes están soñando, pensamos grandes cosas de nosotros mismos hasta que la muerte nos despierta, y el tiempo pasa sin que nos demos cuenta, como les pasa a los que sueñan; somos como la hierba o la flor de un día (vv. 5, 6, comp. con Job 14:2): lozanos en la mañana de la juventud, y marchitos en la tarde de la vejez; a veces, la guadaña de la muerte nos corta en plena juventud y aun en la infancia, pues la Parca no avisa cuando viene.

Versículos 7-11

En los versículos anteriores, Moisés se había quejado de la brevedad y fragilidad de la vida humana. Pero ahora enseña al pueblo de Israel a confesar delante de Dios que es justa la sentencia de muerte que por el pecado ha caído sobre ellos.

1. Les enseña a reconocer que la ira de Dios es la causa de todas sus miserias: «Con tu furor somos consumidos, y con tu ira somos trastornados» (v. 7). «Todos nuestros días marchan a su ocaso a causa de tu ira» (v. 9). Estamos acostumbrados a considerar la muerte como un efecto de la fragilidad de nuestra naturaleza, pero no es así; si el hombre hubiese continuado en su primitiva inocencia, no habría existido tal fragilidad. La muerte es efecto del pecado: «El pecado entró en el mundo... y por medio del pecado la muerte» (Ro. 5:12).

2. Les enseña a confesar sus pecados (v. 8): «Pusiste nuestras culpas delante de ti; nuestras faltas ocultas, a la luz de tu rostro» (lit.). Dios veía todo lo que hacían y todo lo que pensaban y lo tenía en cuenta- La mirada de Dios es una luz que lo descubre todo, por muy escondido que lo tengamos en el corazón.

3. Les enseña a que se consideren como quienes se acercan deprisa al sepulcro (v. 9); que no piensen en tener una vida larga y próspera, pues nuestros días se pasan como un suspiro. En efecto, ¿cuánto dura nuestra vida? Moisés mismo da testimonio (v. 10) de que, entonces como ahora, el término medio de longevidad, aun en países de los llamados «desarrollados», apenas pasa de los 70 años; y, en los más robustos, hasta ochenta años; y su orgullo, molestias y vanidad (lit.). A la objeción de que precisamente Moisés y Aarón llegaron a vivir 120 años, responde Maclaren: «La longevidad de ciertas personas conspicuas de aquel tiempo no garantiza la conclusión de una mayor media de longevidad, y la generación que cayó en el desierto no pudo obviamente haber vivido más del límite señalado por el salmista.»

4. Les enseña, con todo esto, a tener un respeto pavoroso a la ira de Dios (v. 11): «¿Quién conoce el poder de tu ira?» El salmista habla aquí como quien tiene miedo a la ira de Dios y está atónito ante la grandeza del poder de ese enojo de Dios: ¿Quién conoce? Como diciendo: ¡Cuan pocos se dan cuenta de la intensidad de la ira de Dios, suscitada por el pecado! Quienes tienen en poco el pecado, también tienen en poco la ira de Dios y la muerte en cruz de nuestro Salvador.

Versículos 12-17

Ahora vienen las peticiones de esta oración de Moisés, fundadas en las anteriores consideraciones. Por cuatro cosas se les enseña aquí a orar:

1. Por un santo uso de los años que Dios nos concede (v. 12):

«Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que entre la sabiduría en nuestro corazón.» Como diciendo: «Señor, enséñanos a darnos cuenta de la brevedad de la vida terrenal y poner así suma diligencia en emplear lo mejor posible los días que nos concedas.» Cada día es de suma importancia. Quienes deseen aprender esta aritmética, deben orar para que Dios les imparta la necesaria instrucción.

2. Para que Dios retire de ellos su ira (v. 13): «Vuélvete, oh Yahweh, reconcíliate con nosotros, y arrepiéntete (lit. comp. con Ex. 32:14) con respecto a tus siervos; envíanos de nuevo noticias de paz para consolarnos de esas otras tan malas noticias; pueblo tuyo somos todos nosotros (Is. 64:9) ¿cuándo cambiarás el modo de conducirte con nosotros?» En contestación a esta oración y tras la profesión que ellos hicieron de arrepentimiento, en Nm. 14:39, 40, Dios, en el capítulo siguiente (Nm. 15:1 y ss.), prosiguió con las leyes concernientes a los sacrificios, lo cual era señal de que se había arrepentido con respecto a sus siervos, pues si a Dios le hubiese placido matarles, no les habría mostrado tales cosas (comp. Jue. 13:23).

3. Por consuelo y gozo al devolverles Dios su favor (vv. 14, 15). Ruegan a Dios que tenga misericordia de ellos, pues no pueden presentar ningún mérito de su parte: «De mañana, cuando todavía florecemos (v. 6), sacíanos de tu misericordia, no sólo para que podamos disfrutar de paz interior, sino para cantar y alegramos, con esas señales de tu favor, no solamente por algún tiempo, sino todos nuestros dios, aunque hayamos de pasarlos en un desierto. Alégranos a la medida de los días en que nos afligiste; que los días de nuestro gozo en tu favor sean tantos como los de nuestra tristeza por tu desagrado.

4. Por el progreso de la obra de Dios entre ellos (vv. 16, 17):

«Manifiéstese a tus siervos tu obra, que se vea que todo lo que tu providencia lleva a cabo es para bien de tu pueblo, y tu gloria, a sus hijos;

que tengan ellos, como la tenemos nosotros, una evidencia de tu poder salvífico y benéfico a favor de tu pueblo, pues así es como mejor brilla el esplendor de tu gloriosa majestad. Quizás, en esta oración, distinguían entre ellos y sus hijos como había hecho Dios mismo en Nm. 14:31, 32:

«Pero a vuestros niños... yo los introduciré (en Canaán)... En cuanto a vosotros, vuestros cuerpos caerán en este desierto.» Señor, vienen a decir, que se manifieste en nosotros tu obra, para llevamos al arrepentimiento y a mejor humor y, luego, que se manifieste tu gloria en nuestros hijos, cumpliéndoles a ellos la promesa de la que nosotros nos hemos hecho indignos. Descienda el favor del Señor, nuestro Dios, sobre nosotros, y afianza (lit.) en nosotros la obra de nuestras manos, esto es, bendice nuestros quehaceres cotidianos; afianza (el mismo verbo de la frase anterior) la obra de nuestras manos.» La repetición de la frase muestra el gran interés que el autor del salmo-oración tiene en que Dios bendiga lo que ellos hagan. La obra de Dios por nosotros y en nosotros (v. 16), no nos descarga de la obligación de emplear bien nuestras fuerzas para servirle y honrarle, al tiempo que afianzamos nuestra elección (v. 2 P. 1:10).
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