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Eclesiastes: Eclesiastés 3- -Todo tiene su tiempo
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From: greiscris  (Original message) Sent: 15/05/2010 02:20
Eclesiastés 3- -Todo tiene su tiempo


1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.

2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;

3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;

4 tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;

5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;

6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;

7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;

8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?

10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.

11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.

12 Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida;

13 y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.

14 He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.

15 Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.

Injusticias de la vida

16 Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí impiedad; y en lugar de la justicia, allí iniquidad.

17 Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace.

18 Dije en mi corazón: Es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias.

19 Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad.

20 Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo.

21 ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?

22 Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esta es su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?.

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Comentario a Eclesiastés 3



Después de mostrar la vanidad de las investigaciones eruditas, de los placeres epicúreos y del afán por acumular tesoros, etc. que se han de dejar a otros, y que no hay mejor cosa, debajo del sol, que disfrutar de la vida como un don de Dios, Salomón pasa ahora a demostrar la tesis expuesta en los últimos vv. del cap. precedente, mostrando: I. La mutabilidad de todos los asuntos humanos (vv. 1-10); II. La inmutabilidad de los decretos divinos (w. 11-15); III. La vanidad de los honores y poderes mundanos (v. 16). Como reproche a los orgullosos opresores y para mostrar cuan vanos son, les recuerda: 1. Que tendrán que dar cuenta a Dios (v. 17); 2. Que su condición, en lo que respecta a este mundo, no es mejor que la de los brutos animales (vv. 18-21.

Versículos 1-10
Vivimos en un mundo siempre cambiante. Los sucesos de cada día, así como las condiciones de la vida humana, difieren grandemente y estamos constantemente pasando y volviendo a pasar de un estado a otro. En la rueda de la naturaleza o curso de la existencia de que habla Santiago (Stg. 3:6), hallamos toda clase de altibajos de los que está llena la ambigüedad de la existencia humana; para soportarlos bien, es preciso armarse de ecuanimidad, paz de conciencia y humilde dependencia de la providencia de Dios. Tenemos aquí:

1. Una verdad de tipo general: «Todo tiene su tiempo» (v. 1. Aun las cosas y actividades que parecen ser contradictorias pueden, cambiando las circunstancias, ser oportunas, es decir, hallar su conveniencia de tiempo y lugar.
2. Algunos de estos cambios se deben únicamente a la mano de Dios; otros dependen de la voluntad del hombre. En el cielo hay movimiento sin cambio, pero bajo el sol todo cambia. El Predicador comienza por los dos sucesos entre los que discurre, como entrecomillada, la vida del hombre sobre la tierra: Nacer y morir, como ocurre en el mundo de la naturaleza: sembrar y segar (v. 2). Matar y curar (dar vida) son prerrogativas de Dios (v. 3), aunque, por delegación expresa suya (Gn. 9:6), los magistrados pueden imponer la pena de muerte en caso de asesinato. Como al individuo humano, así le ocurre a la casa donde vive (v. 3b). La adversidad o la prosperidad (v. 4) ocasionan distintas condiciones de ánimo; ejemplos típicos son (v. 4b) la muerte o la boda, respectivamente, de algún pariente o amigo íntimo. En consonancia con el paralelismo de sinonimia, claramente perceptible entre las dos frases de cada versículo, es muy probable la interpretación rabínica del v. 5a en sentido sexual; para la 2a. parte del mismo versículo véase Pr. 5:20; Jl. 2:16; 1 Co. 7:3-5. El v. 6 es claro. El v. 7 se refiere a rasgar los vestidos como señal de duelo y volverlos a coser cuando se pasó ya el luto; para la 2aparte del v. comp. Lv. 10:3; Job 2:12 y ss. El v. 8 muestra, primero en los individuos, después entre las naciones, sentimientos opuestos de amistad y enemistad que, con mucha frecuencia, se deben a causas ajenas a las partes en discordia.
3. Como conclusión a esta galería de vicisitudes humanas, ajenas tantas veces a la voluntad del hombre, el Predicador pregunta (v. 9): «¿Qué provecho saca el que trabaja, de aquello en que se afana?». La respuesta, como en 1:3, es: «Ninguno». El v. 10 repite la idea de 1:13, pero con una notable diferencia: Aquí no se añade el adjetivo penoso al trabajo que Dios ha dado al hombre para que se ocupe en él; por eso, está en lo cierto la interpretación rabínica que conecta el v. 10 con el 11, arrojando alguna luz a un difícil versículo.

Versículos 11-15
Salomón muestra ahora la mano de Dios en todos los cambios que ha mencionado anteriormente.

1. Si sabemos adoptar una actitud positiva y tomar lo mejor de lo que hay al alcance de nuestra mano podremos percatamos de que, frente a las diversas, y aun opuestas, vicisitudes de la vida, Dios ha dado a los hombres una tarea interesante (v. 10) en un mundo que Dios creó hermoso, bueno en gran manera (Gn. 1:31); todo es hermoso en su sazón: Al invierno le conviene el frío, tanto como el calor al verano; la noche, como el día, tiene sus encantos. No sólo en la creación material, sino también en los designios de la Providencia, se percibe una maravillosa armonía. La insatisfacción del hombre proviene, en realidad, de su incapacidad para contemplar el todo en su perspectiva; los muchos árboles le impiden percibir el bosque en toda su belleza.
2. Es precisamente esta belleza del Universo creado, tan vasto en su extensión, tan misterioso en su profundidad, lo que hace imposible al hombre descubrir en su totalidad (v. 1 Ib. Eso es lo que significa 'de principio hasta el fin', comp. 10:13) la obra que ha hecho Dios. Dios sigue obrando; el hombre, contemplando lo que Dios hizo y hace. Mientras el cuadro no se acabe de pintar y mientras el edificio no se acabe de construir, no vemos toda la belleza que encierran. No la podremos ver en este mundo, debajo del sol.
3. Es dentro de este contexto, tanto el remoto del libro con su frase clave 'debajo del sol', como el próximo, anterior y posterior, de la difícil frase intermedia (hebreo, gam et-haolam notan blibam), donde ha de buscarse la interpretación adecuada del término haolam. Digamos, de entrada, que ha es el artículo determinativo; olean proviene de una raíz que significa 'ocultar'; para el pensamiento judío (semita, practico, concreto), tanto el principio (la remota antigüedad) como el fin (el remoto porvenir) son cosas que sólo Dios conoce; están ocultas a los ojos y a la mente del hombre. De ahí la frase (V. Sal. 90:2, por ej): meolam ad olean, 'desde el siglo y hasta el siglo', que expresa la eternidad de Dios. Pero, como algo que, en su totalidad, está oculto a los ojos y la mente del hombre, haolam significa el Universo, como lo usan los judíos para la bendición de la mesa. Cohén, como en general los rabinos, alega que olam significa únicamente 'eternidad' en la Biblia. Pero a esta interpretación, presento (todo es nota del traductor) las siguientes objeciones: l1a. Cuando un vocablo tiene, de suyo, varios significados, el uso de uno de ellos no ha de tomarse del uso general del otro, como si en esto hubiésemos de regimos por estadísticas, sino del contexto en que está inscrito. 2a. ¿Cuadra el sentido de 'eternidad' en el contexto que estamos examinando? No ciertamente en el sentido teológico que dicho vocablo tiene para nosotros, pues pugna con el contexto del libro entero ("debajo del sol"). 3a. El único sentido posible aquí de 'la eternidad' (así, con artículo) sería (según Cohén y Ryrie): una perspectiva eterna, de duración indefinida, con la que le sea posible al hombre remontarse por encima de las experiencias transitorias, rutinarias, de la vida humana (tan breve), que son la causa de la insatisfacción que siente el ser humano. No quiero ser tan dogmático que llegue a negar la posibilidad de esta interpretación, pero pregunto: ¿Cuadra realmente con el contexto del versículo? No me extrañaría, si la frase estuviese inmediatamente después del v. 9; pero dentro de la tarea, no penosa, que se le ha encomendado al hombre de investigar la obra de Dios en el mundo, un mundo todo hermoso, sin que el hombre alcance a llegar a descubrir en su totalidad esa obra de Dios, prefiero entender haolam por el Universo inalcanzable al hombre EN' EL TIEMPO (debajo del sol), pues si lo que Dios les ha puesto (Lit. dado) en el corazón a los hombres es LA ETERNIDAD, con ella les bastaría y les sobraría para descubrir la obra de Dios.
4. Como ya apuntó Salomón en 2:24, para escapar de la insatisfacción que ofrece el v. 11b, no hay cosa mejor que disfrutar honestamente del presente (vv. 12, 13). Hemos de usar nuestros bienes, así como nuestras facultades, para nuestro bien y para hacer el bien. Esta vida nos brinda las únicas oportunidades de moldear el propio carácter y hacer el bien a los necesitados. Tras la muerte, la suerte del hombre está echada y, además, ya no habrá necesitados a quienes pueda hacer el bien.
5. El sentido de los vv. 14,15 es el siguiente: Las condiciones que Dios ha impuesto a la vida humana son inmutables; por tanto, es inútil que el hombre intente sustraerse a ellas, tratando de alterarlas; lo único que puede, y debe, hacer, es someterse a Dios con todo respeto. Dice un adagio rabínico:

Todo está en las manos de Dios, excepto el temor de Dios'. La última frase del v. 15 dice literalmente: «Y Dios busca lo perseguido»; frase oscura que ha dado lugar a multitud de interpretaciones entre los rabinos mismos; 'lo perseguido' es, con la mayor probabilidad, 'lo que pasó'; de ahí, la versión que parece más probable es la de la New Internatíonal Versión; «Y Dios llamará a cuentas lo pasado» (comp. con 12:14). Esto es lo que realmente importa en medio de los vaivenes de la vida: tener la vista fija en el juicio de Dios.

Versículos 16-22
Salomón continúa mostrando en estos versículos que, sin el temor de Dios, tampoco el poder ni la vida misma sirven para nada útil.

1. Aquí tenemos la vanidad del hombre, de un hombre sentado en el trono o en la silla del juez, donde, si está regido por las leyes de la religión, es el delegado de Dios. Pero sin el temor de Dios, no es sino vanidad, ya que, entonces, (A) El juez no juzgara rectamente (v. 16): En la sede del juicio hay impiedad, etc. El hombre que está en un puesto de honor y no entiende qué debe hacer, es como las bestias que perecen, como fiera de presa. Mejor les sería a los pueblos no tener jueces que tener tales jueces. Y más les valdría a los jueces no poseer ningún poder que el tenerlo para abusar de él de tal manera. (B) El juez mismo será juzgado (v. 17), cuando Dios juzgue al justo y al impío. Es un consuelo inefable para el justo oprimido saber que su causa será oída de nuevo. Tengan, pues, los buenos paciencia, porque el Supremo Juez no tardará en enderezar los entuertos que hayan llevado a cabo los jueces impíos y venales, aunque de momento no se vea (Job. 24:1).
2. También tenemos aquí la vanidad del hombre en cuanto que es mortal. Sin el temor de Dios, la razón natural que los hombres poseen les da poca ventaja sobre los brutos animales. Pero no culpen a Dios diciendo que ha hecho de este mundo la prisión del hombre, y de esta vida un castigo, pues Dios hizo al hombre un poco inferior a los ángeles (Sal. 8:5); si es vil y miserable, es únicamente culpa suya. No es fácil convencer a los orgullosos de que no son sino hombres (Sal. 9:20b), pero es más difícil todavía convencerles de que, sin el temor de Dios, son como bestias (comp. con Sal. 49:12). La muerte se lleva al hombre lo mismo que al animal; ambos retornan al polvo del que salieron (v. 20); ambos perecen igualmente cuando se les corta la respiración (hebreo, ruaj, tanto en el v. 19 como en el v. 21; éste es el significado de ruaj aquí, como sinónimo del nishmath, soplo o aliento, de Gn. 2:7); ambos van al mismo lugar, al mismo estado, de corrupción. Nadie percibe la diferencia, pues no es visible, pero el mismo Predicador nos dice después (12:7) que el espíritu del hombre vuelve a Dios. El salmista dice (Sal. 49:12) que el hombre es semejante a las bestias que perecen, pero se refiere (v. 6) a los que conflan en sus bienes, al hombre que está en honra y no entiende (v. 20), pues de sí mismo dice (v. 15): «Pero Dios redimirá mi alma (lit. es decir, mi persona) del poder del Seol, porque él me tomará consigo». Los que viven como bestias no pueden esperar otra cosa que morir como bestias. La conclusión que deduce el autor (v. 22), como ya lo había hecho en los vv. 12 y 13, es que hemos de procurar sacarle a la vida honestamente nuestra porción (Lit Comp. 2:10) y, con el temor de Dios, mantener limpia la conciencia, pues nadie en esta vida (debajo del sol) puede hacemos vislumbrar lo que nos espera en la otra, ya que por fe andamos, no por vista (2 Co. 5:7).
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