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Homilectica: COMENTARIOS A LA CARTA DE LOS COLOSENCES:PRIMERA PARTE
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From: greiscris  (Original message) Sent: 16/05/2010 02:51
COMENTARIOS A LA CARTA DE LOS COLOSENCES:PRIMERA PARTE


I N T R O D U C C I O N:

Los eruditos conservadores creen que Pablo escribió esta carta durante su primer encarcelamiento en Roma, alrededor del año 61 d.C. Tíquico llevó las epístolas a los Colosenses, a Filemón y a los Efesios, hasta sus respectivos destinos En algún momento del encarcelamiento de Pablo, Epafras le solicitó ayuda para tratar con unas falsas doctrinas que amenazaban a la iglesia en Colosas (2.8, 9).

Estas herejías eran una mezcla de ocultismo pagano, legalismo judío y cristianismo. Sus errores recuerdan una antigua forma de gnosticismo, el cual enseñaba que Jesús no era plenamente Dios ni hombre, sino uno de los seres semidivinos que servían de puente para salvar el abismo existente entre Dios y el mundo. Por lo tanto, se decía que Cristo carecía de autoridad y capacidad para satisfacer las necesidades de los colosenses. Y su enseñanza filosófica, era que creyentes iluminados, sin embargo, podían alcanzar la totalidad espiritual por medio de conocimientos especiales y una rigurosa autodisciplina.

Ningún libro del Nuevo Testamento nos presenta más completo o defiende más a cabalidad el Reinado Universal de Cristo. Combativa en su tono, Colosenses se asemeja mucho a Efesios por su lenguaje y contenido.

Esta es una época de pluralismo religioso y sincretismo, (esto es, la disolución de la verdad en aras de mantener la unidad). Es decir, que debemos de conocer que SINCRETISMO, es un sistema filosófico que trata de conciliar doctrinas diferentes.

La soberanía de Cristo se convierte en algo irrelevante (de poca importancia o significado) para varios grupos religiosos quienes creen que todas las religiones son buenas. Su preeminencia es negada por otros que hacen del cristianismo un conjunto de creencias tomadas de distintas religiones. Usualmente celebrada como un avance frente al cristianismo apostólico, esta mezcla promete la autorrealización y la libertad sin que sea necesario rendirse a Cristo.

Pablo escribió esta epístola con el cuádruple propósito: 1) denunciar y refutar la herejía; 2) instruir a los colosenses en la verdad y alertarlos de los peligros de regresar a los vicios paganos; 3) expresar su interés personal por los creyentes; y 4) instarlos a fomentar la armonía y el amor mutuos.

EL AUTOR.

CAPITULO 1.

Lectura Bíblica: Colosenses 1:1-29

B O S Q U E J O:

1. Saludo y Alabanza por la fe de los Colosenses

2. Oración Apostólica para su crecimiento en Cristo

3. La Divinidad de Jesucristo

4. Supremacía de Cristo:

I. En la creación

II. En la Iglesia

III. En la reconciliación

5. Los sufrimientos del Apóstol por la Iglesia.

6. Cristo, en el creyente la esperanza de gloria.

I N T R O D U C C I O N:

La ciudad de Colosas quedaba a unos 160 Km. al este de Éfeso, sobre el río Lico. No era tan popular como su vecina Laodicea, pero como centro comercial era una encrucijada para ideas y religiones. Colosas tenía una población judía populosa, muchos judíos huyeron allí cuando se vieron forzados a salir de Jerusalén bajo la persecución de Antíoco III y IV, casi 200 años antes de Cristo. La iglesia en Colosas fue fundada por Epafras (1.7), uno de los convertidos de Pablo. Este aún no había visitado esta iglesia. Su propósito al escribir, fue refutar las enseñanzas heréticas acerca de Cristo, que estaba causando confusión entre los cristianos allí.

Por lo tanto, el concepto central de este libro es que no se debe permitir que nada reemplace a Cristo.

Colosenses, así como Filipenses, Efesios y Filemón, es llamada la epístola de las prisiones porque Pablo la escribió desde la cárcel en Roma. Esta prisión fue en realidad una casa donde Pablo permaneció bajo custodia todo el tiempo (probablemente encadenado a un soldado), pero gozando de ciertas libertades que no se ofrecían a todos los presos. Se le permitió escribir cartas y recibir a cualquier visitante que él quisiera ver.

1. Saludo Y Alabanza por la fe de los Colosenses:

En los versículos del 1-6, leemos así: “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos, a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio, que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad”.

El Apóstol, empieza saludando a los hermanos en Colosas, y se refiere a ellos como santos y fieles; es decir, aquellos que poseen santidad, los que han sido apartados y santificados para Dios. Los hermanos, vivían en Colosas; sin embargo, estaban separados del mundo (Cosmos satánico, ordenamiento, sistema y costumbres vanas).

Lo mismo pasa con nosotros los actuales cristianos, somos los santos del Señor, porque lo contenemos en nuestro espíritu, desde el día que lo recibimos como nuestro Salvador, Él nos aparta para Su propósito, y aunque vivimos en diferentes localidades de esta tierra, somos separados del sistema mundano y las tradiciones religiosas.

Por eso el Señor Jesús, oro de antemano por nosotros, en San Juan 17:11-16 leemos: “Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.”

Pablo, estaba impresionado por la fe en Cristo y el amor que demostraban los Colosenses, a los que eran de Cristo. Y además, por el fruto producido por el Evangelio verdadero.

Debemos de comprender, que donde se predica el Evangelio puro de Jesucristo, es la semilla del reino y por lo tanto debe de fructificar en todos aquellos que lo recibimos por la fe, con sencillez de corazón. . La Palabra de Dios no es solo para nuestra información, ¡es también para nuestra transformación! Ser cristiano significa iniciar una nueva y total relación con Dios, no solo dar vuelta a una hoja o determinar hacer lo bueno. Los nuevos creyentes tienen un propósito cambiado, dirección, actitud y conducta diferentes. Ya no buscan más servirse a sí mismos, sino servir a Dios.

Y no solo lleva fruto, sino que también crece y se multiplica hacia otros seres humanos.

2. Oración Apostólica, para su crecimiento en Cristo:

En los versículos 9 al 12, leemos: “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz”.

Esta es una de las cuatro oraciones más impresionantes y hermosas del Apóstol Pablo por los hermanos, las otras las encontramos en Efesios 1:16-19; Efesios 3:14-19 y Filipenses 1:9-11.

Esta oración apostólica por los hermanos, era para que fueran desarrollados o crecidos en la Vida Divina. Su oración por los colosenses tiene dos dimensiones:

I. que debían ser llenos del conocimiento de la voluntad de Dios a través de la sabiduría espiritual y el entendimiento, y

II. que debían llevar fruto en toda buena obra al crecer en el conocimiento de Dios. El conocimiento no existe solo para ser acumulado, debe darnos dirección para vivir.

Pablo quiso que los colosenses fueran sabios, pero también que usaran su conocimiento. El conocimiento de Dios no es un secreto que solo algunos pueden descubrir, está disponible para todos. Dios no quiere que solo sepamos más acerca de Él; si no, que también pongamos nuestras creencias en práctica ayudando a otros.

La sabiduría y el entendimiento espirituales provienen del Espíritu de Dios, el cual está en nuestro espíritu, en contraste con la filosofía gnóstica, la cual está solamente en la mente humana entenebrecida. La sabiduría está en nuestro espíritu y sirve para que nosotros percibamos la voluntad eterna de Dios; el entendimiento espiritual está en nuestra mente, la cual ha sido renovada por el Espíritu Santo, y sirve para que entendamos e interpretemos lo que percibimos en nuestro espíritu

Algunas veces nos preguntamos cómo podemos orar por los hermanos, por los misioneros y líderes que no conocemos. Pablo aunque no había visto a los colosenses, oró fielmente por ellos. Su oración nos enseñan cómo orar por otros, sea que los conozcamos o no.

Podemos pedir que ellos (1) comprendan la voluntad de Dios, (2) obtengan sabiduría espiritual, (3) agraden y honren a Dios, (4) lleven buenos frutos, (5) crezcan en el conocimiento de Dios, (6) estén llenos de la fortaleza de Dios, (7) tengan gran perseverancia y paciencia, (8) estén llenos del gozo de Cristo y (9) sean siempre agradecidos. Todos los creyentes tenemos estas mismas necesidades básicas.

Cuando no sepamos cómo orar por alguien, recordemos la forma en que Pablo oró por los Colosenses, por los Efesios, por los Filipenses y por todos los santos.

3. La Divinidad de Jesucristo:

El versículo 15, dicen “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.”

Esta es una de las declaraciones más firmes acerca de la naturaleza divina de Cristo dada a conocer en la Biblia. Cristo no es solo igual a Dios (Filipenses 2.6), Él es Dios (Juan 10.30, 38; 12.45, 14.1–11); como imagen del Dios invisible, Él es la exacta representación de Dios. No solo refleja a Dios, sino que también nos revela a Dios (Juan 1.18; 14.9); como primogénito de toda creación tiene la prioridad y autoridad como príncipe en la casa del Rey. Vino del cielo, no del polvo de la tierra (1 Corintios 15.47), y es el Señor de todo (Romanos 9.5; 10.11–13; Apocalipsis 1.5; 17.14). Él es completamente santo (Hebreos 7.26–28; 1 Pedro 1.19; 2.22; 1 Juan 3.5), y tiene autoridad para juzgar al mundo (Romanos 2.16; 2 Corintios 5.10; 2 Timoteo 4.1). Por lo tanto, es supremo sobre toda la creación, incluyendo el mundo espiritual.

Nosotros, al igual que los creyentes de Colosas, debemos RECONOCER y creer en la Deidad de Jesucristo (que Jesús es Dios), sino nuestra fe cristiana es hueca, mal dirigida y sin sentido. Esta es una verdad central en todo cristiano. Debemos oponernos a aquellos que dicen que Jesús es solo un profeta o un gran maestro.

Los judíos dicen que Jehová es “el primogénito de todo el mundo” o “de toda la creación”, para significar que La ha producido o creado todas las cosas, a Cristo aquí se le llama lo mismo, y las palabras que siguen en los versículos 16 y 17 son la prueba de esto. La fraseología es judía; y como ellos la aplican al Ser Supremo meramente para denotar su preexistencia eterna y señalarlo como la Causa de todas las cosas, es evidente que Pablo, la usa de la misma manera.

4. Supremacía de Cristo:



Supremacía, significa que es grado supremo en cualquier línea, Altísimo, sin superior.

Por ello, en los versículos del 16 al 23, consideraremos la supremacía de Cristo en cuanto a 1) La Creación, 2) La Iglesia y 3) En la Reconciliación.

I. En la Creación:

Con respecto a la supremacía de Cristo en la creación, leemos los versículos 16 y 17, los cuales dicen: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten”.

Como los falsos maestros creían que el mundo físico era malo, deducían que Dios no pudo haberlo creado. Razonaban que si Cristo fuera Dios, entonces solo debería estar a cargo del mundo espiritual. Pero Pablo explica que tanto el mundo espiritual como el físico fueron creados por Él y están bajo su autoridad. Esto incluye no solo los gobiernos, sino también el mundo espiritual en el cual estaban tan concentrados los herejes. No tiene a nadie como igual o rival. Él es Señor de todos.

Dios no solo es el creador del mundo, sino su sustentador. Todas las cosas en Él subsisten, son protegidas y prevenidas de la desintegración y el caos. Debido a que Cristo es el sustentador de la vida, ninguno de nosotros se puede independizar de Él.

Todos sus siervos, somos los que debemos confiar en Él para protección, cuidado y sustento.

II. En la Iglesia:

En cuanto a la supremacía de Cristo, refiriéndose a la Iglesia, leemos en los versículos 18 y 19, así: “Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud”.

La Iglesia, (nosotros todos los redimidos, nacidos de nuevo por la regeneración por el Espíritu Santo), es Su Cuerpo.

De la misma manera que la cabeza de un cuerpo humano forma un todo con el cuerpo, así Cristo es corporativamente uno en vida y destino con sus redimidos.

El creyente entra a formar parte del Cuerpo mediante el bautismo del Espíritu Santo (I Corintios 12:13); al mismo tiempo que se une a Cristo la Cabeza (Romanos 6:3-4).

Así como la cabeza dirige y controla todas las actividades del cuerpo humano, también Cristo debe de dirigir y controlar todas las actividades de la Iglesia, Su Cuerpo espiritual.

Cristo es «el primogénito entre los muertos». Jesús resucitó de la muerte y su resurrección prueba el señorío de Cristo sobre todo el mundo material. Todo aquel que confía en Cristo también vencerá a la muerte y resucitará para vivir eternamente con Él (1Corintios 15.20; 1 Tesalonicenses 4.14). Por la muerte de Cristo en la cruz, Él ha sido exaltado y elevado a la condición que le correspondía (véase Filipenses 2.5–11). Ya que Cristo es Señor del universo, seguramente le daremos el primer lugar en todos nuestros pensamientos y actividades.

III. En la Reconciliación:

Los versículos 20 al 23; nos hablan de la supremacía de Cristo en cuanto a la reconciliación, leemos así: “Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro.”

La reconciliación, es la paz que Cristo establece entre Dios y el hombre; este último estaba alejado y enemistado con Dios como resultado de la caída.

La reconciliación, fue posible mediante la sangre (la muerte de Cristo) derramada en la cruz. El pecador logra reconciliarse por la obra del poder divino y pasa de un estado de hostilidad y adversidad con Dios, a un estado de entrega total y confiada (Romanos 5:10; II Corintios 5:18-20).

La muerte de Cristo abre un camino para que todos puedan venir a Dios. Puso a un lado al pecado que nos impedía disfrutar de una relación correcta con nuestro Creador. Esto no significa que todos han sido salvos, sino que el camino ha sido abierto para todo aquel que confíe en Cristo para ser salvo. Podemos tener paz con Dios y reconciliarnos al aceptar a Cristo, que murió en nuestro lugar.

Debido a que éramos extraños de Dios, desconocíamos su manera de pensar y éramos «enemigos en nuestra mente». El pecado arruinó nuestra manera de pensar respecto a Dios. Una forma equivocada de pensar nos conduce a pecar, lo que pervierte y destruye nuestros pensamientos acerca de Él.

Nadie es lo suficientemente bueno para salvarse a sí mismo. Si queremos vivir por la eternidad con Cristo, debemos depender totalmente de la gracia de Dios. Esto es cierto, seamos homicidas o sinceros ciudadanos laboriosos. Todos hemos pecado una y otra vez, y cualquier pecado es suficiente para que nos motive a venir a Jesucristo para nuestra salvación y vida eterna. Aparte de Cristo, no hay forma de que nuestros pecados sean perdonados o quitados.

La forma de ser libres de la condenación eterna, es confiar que Cristo la quito de en medio a través de su muerte y resurrección. Debemos permanecer «fundados y firmes» en la verdad del evangelio, poniendo nuestra confianza sola en Jesús para que perdone nuestros pecados, nos presente justos delante de Dios y nos dé el poder suficiente para vivir como Él quiere que lo hagamos.

Cuando el juez de una corte declara al defendido «inocente», es porque ha sido absuelto de todos los cargos. Legalmente, es como si la persona nunca hubiera sido acusada. Cuando Dios perdona nuestros pecados, nuestros antecedentes son limpiados. Desde su perspectiva, es como si nunca hubiéramos pecado. Esta es la solución de Dios, y está a disposición suya. No importa qué es lo que haya hecho o cómo haya sido, el perdón de Dios es para todo aquel que cree en Él. (San Juan 3:16)

5. Los sufrimientos del Apóstol por la Iglesia:

En los versículos 24 y 25 encontramos los sufrimientos del apóstol por la Iglesia, y dicen así: “Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios.”

Cuando Pablo dice: «Cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo», no dice que la muerte de Cristo fue insuficiente para salvarnos, tampoco dice que haya una cantidad predeterminada de sufrimiento que deba ser pagada por todos los creyentes. Pablo afirma simplemente que el sufrimiento es inevitable cuando las buenas nuevas de Cristo se llevan al mundo. A esto se le llama «los sufrimientos de Cristo», porque todos los cristianos están unidos a Él. Cuando sufrimos, Cristo lo siente con nosotros. Pero este sufrimiento puede ser soportado con gozo porque cambia vidas y conduce personas al reino de Dios.

Por ello, debemos de considerar que Pablo, siempre daba a todos los cristianos la exhortación que encontramos en hechos 14:19-22 “Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto. Pero rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe. Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.”

Así también, debemos de considerar para nuestra edificación la lectura de Filipenses 1:29,30 juntamente con las Palabras del Señor Jesús en San Juan 16:33 que dicen: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”

6. Cristo, en el creyente la esperanza de gloria:

Leemos en los versículos 26 y 27, así: “el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”.

La esencia del mensaje de Pablo en esta Epístola, es que el Cristo crucificado, resucitado y ascendido y glorificado es la esperanza, tanto del judío como del gentil.

Ese Cristo glorioso, ahora después de haber efectuado el proceso de la Redención, es el Espíritu vivificante (I Corintios 15:45) y mora en el creyente.

Cuando Cristo habita en el corazón del creyente, éste cuenta con “LA ESPERANZA DE GLORIA”.

Desde el momento en que el creyente se identifica con Él, es hecho uno con Él, (I Corintios 6:17), tanto en la vida como en el glorioso destino futuro. La humanidad glorificada de Cristo, es la garantía de que el creyente será glorificado por toda la eternidad (I de San Juan 3:2).

Por lo cual, la meta que se persigue al proclamar este misterio, es obtener la madurez en Cristo, lo cual requiere lucha y trabajo, pero se cuenta para ello con el poder de Dios.





CAPITULO 2.

Lectura Bíblica: Colosenses 2:1-23

B O S Q U E J O:

1. Cristo es suficiente contra la filosofía

2. Cristo es suficiente contra el legalismo

3. Cristo es suficiente contra la adoración a los angeles

4. Cristo es suficiente contra el ascetismo.

I N T R O D U C C I O N:

El error nunca reconoce plenamente a la gracia ni produce una sólida certeza en Cristo.

La respuesta es el misterio de Dios, que es CRISTO, en quien se encarno la plenitud de la Divinidad para la redención y reconciliación del hombre. En el Dios encarnado están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.

Por lo tanto, el Dios encarnado, es la respuesta a todo error de la llamada Filosofía, del legalismo, de la adoración a los angeles así como del ascetismo.

1. Cristo es suficiente contra la filosofía:

Leemos en los versículos del 1 al 13 así: “Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro; para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Y esto lo digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas. Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo.

Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias.

Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad. En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados.”

El problema que Pablo combatía en la iglesia de Colosas era la filosofía, el gnosticismo, y el esoterismo.

Filosofía, término derivado del griego, que significa ‘amor por la sabiduría’. Esta definición clásica convierte a la filosofía en una tensión que nunca concluye, en una búsqueda sin término del verdadero conocimiento de la realidad. Por lo tanto, es cualquier sistema de pensamiento religioso, que no coloca a la persona y a la obra de Cristo en el centro de la escena.

Esoterismo, conocimientos cerrados y ocultos para la mayoría de las personas, pero accesibles para los ya iniciados. En un sentido más estricto, es el conjunto de enseñanzas, doctrinas o técnicas simbólicas destinadas a unos cuantos iniciados que deben buscar lo que hay más allá de lo externo, es decir, lo interno, lo que permanece oculto.

Aun en los días de Pablo, estas ideas fueron atractivas para muchos y la exposición de tales enseñanzas podía seducir a una iglesia que no conocían bien la doctrina de Cristo. Enseñanzas similares aún son un problema. El antídoto para las ideas heréticas es un conocimiento concienzudo de la Palabra de Dios mediante el estudio personal y la enseñanza sana de la Biblia.

Debemos de reconocer que la lucha contra el error, es una lucha intensa, debido a la oposición demoníaca dirigida contra la verdad de Dios.

Por lo cual, entendemos que el remedio contra las falsas religiones sea la filosofía, el gnosticismo o esoterismo, tiene como eje a Cristo, y comprende la adhesión a la verdad de su plena Deidad y humanidad (San Juan 1:14 y Colosenses 1:19). El reconocimiento que la vida espiritual del creyente debe de ser una vida plena en unión con Él, (San Juan 15:1-5).

El reconocimiento de la autoridad de Cristo como cabeza del Cuerpo, La Iglesia, y su autoridad sobre todos los seres creados. (Efesios 1:20-23)

También debemos de reconocer que la unión con Cristo, coloca al creyente en una NUEVA POSICIÓN, y esa posición es la verdadera circuncisión espiritual que hace que el creyente este capacitado para vivir una vida de victoria sobre el pecado.

2. Cristo es suficiente contra el legalismo:

En los versículos del 14-17, leemos así: “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo”.



Al escribir a los Colosenses, el apóstol Pablo busco corregir las doctrinas falsas de los judaizantes y doctrinas resultantes de componendas entre unos y otros.

A diferencia del filosofo, las personas de mentalidad más práctica no se preocupan muchos de cosas que no puedan comprender, pero sí quieren saber qué deben de hacer para ser cristianos.

Ven algunos mandamientos, o lo que a ellos les parecen ser mandamientos claros, y los obedecen. Y para ellos, estos mandamientos son lo céntrico y Cristo mismo, es solamente una especie de sombra allá en el fondo. (Hechos 15:1)

Surge entonces la pregunta: ¿QUIÉNES SON LEGALISTAS? Son aquellas personas que apoyan su salvación en ellos mismos y no en Dios. Debemos de recordar lo escrito por Pablo a los de Efeso. (Efesios 2:8,9).

Por supuesto que debemos de creer correctamente todas las doctrinas, y obedecer los mandamientos; pero si en nuestra manera de pensar ponemos demasiado énfasis en lo que creemos o lo que somos ¿no nos acercamos peligrosamente a hacer descansar nuestra salvación en nosotros mismos?

Cristo, y no una doctrina o un mandamiento, es nuestro Salvador. Él es la base de nuestra esperanza, y no nosotros mismos. Por lo tanto, no debemos menospreciar la importancia de creer la doctrina verdadera.

En vista de la suficiencia de Cristo, su abolición de la Ley Mosaica como un medio de justificación (Romanos 10:4,5) y su decisiva victoria sobre los poderes del mal, Pablo insta a los colosenses a rechazar el legalismo, impuesto por los falsos maestros. Tales cosas niegan la supremacía y suficiencia de Cristo, y roban a los cristianos su libertad.

Si amamos demasiado una doctrina, tendemos a volvernos disgustados, duros y amargos hacia aquellos que no creen nuestra doctrina. En cambio, si amamos a Cristo como Persona, Dios nos hace semejantes a Él, lo cual es su propósito eterno y el objetivo de nuestra predestinación (Romanos 8:29).

Debemos de considerar también, que es posible ser legalista acerca de una doctrina de Gracia.

3. Cristo es suficiente contra la adoración de angeles:

Leemos en los versos 18 y 19, así: “Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal, y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios”.

Gnosticismo, (del griego gnosis, ‘conocimiento revelado’), movimiento religioso esotérico que floreció durante los siglos II y III y supuso un desafío para la cristiandad ortodoxa. La mayoría de las sectas gnósticas profesaban el cristianismo, pero sus creencias eran diferentes a las de la mayoría de los cristianos de los primeros tiempos de la Iglesia. Para sus seguidores el gnosticismo prometía un conocimiento secreto del reino divino. Chispas o semillas del Ser Divino cayeron desde este reino trascendental hasta el universo material, que es malo en su totalidad, y fueron encarceladas en los cuerpos humanos. El conocimiento podría volver a despertar a esos elementos divinos que de este modo volverían a su propia casa en el reino espiritual.

Esta herejía (una enseñanza contraria a la doctrina cristiana), El gnosticismo se estableció en el segundo siglo.

El gnosticismo enseña una humildad fingida y el culto a los ángeles; esa doctrina considera a Cristo simplemente como el más elevado en rango en el orden de los espíritus creados. Y como eso, atenta contra el Dios encarnado y Su obra, pues invita a venerar a los ángeles; Pablo advierte contra esos errores y señala a los falsos maestros como intrusos audaces, que se entrometen en temas de los cuales son ignorantes.

Los falsos maestros proclamaban que Dios estaba demasiado lejos y que podrían acercarse sólo a través de varios niveles de ángeles. Enseñaban que el pueblo tenía que adorar a los ángeles progresivamente hasta alcanzar a Dios. Esto no es bíblico, la Biblia enseña que los ángeles son siervos de Dios y está prohibido adorarlos (Éxodo 20.3, 4; Apocalipsis 22.8, 9).

Además, la Santa Palabra nos enseña que todo creyente en Cristo, puede acercarse a Dios con toda confianza, (Hebreos 4:16). Debemos de estar ciertos que el sacrificio de Cristo nos abrió la entrada hasta el mismo Trono de Dios. (Hebreos 10:19-23). Y además, no necesitamos mas mediadores que Cristo mismo, (I Timoteo 2:5,6) lo cual nos libera de la tradición religiosa romana, que enseña la necesaria mediación de María.

4. Cristo es suficiente contra el ascetismo:

Al terminar el capitulo 2, leemos en los versos del 20 al 23, así: “Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne”.

Ascetismo (del griego askesis, ejercicio), práctica de abnegación y de renuncia de los placeres mundanos con el fin de alcanzar el más alto grado de espiritualidad, de intelectualidad o de autoconciencia. Entre los antiguos griegos, el término original hacía referencia al entrenamiento al que se sometían atletas y soldados. En filosofía griega, los seguidores del cinismo y del estoicismo se esforzaban en dominar el deseo y la pasión.

El ascetismo lo practican también algunos seguidores de casi todas las religiones.

Casi siempre requiere abstinencia de comida, de bebida y de actividad sexual, es decir, ayuno y celibato, y a veces también sufrimiento físico o incomodidades, por ejemplo, soportar calores o fríos o la auto-punición, como ocurre en el sufismo o como practican los flagelantes. El ascetismo puede exigir incluso la retirada del mundo para llevar una vida de meditación, como se hace en la práctica del yoga. Estúdiese también Budismo; Hinduismo; Monacato; Penitencia.

La tendencia es que estos elementos rudimentarios, produzcan un ascetismo legalista, lo cual resulta deshonroso frente a la libertad que Cristo ha adquirido para los suyos, es decir sus creyentes por la fe en Él.

A esto se refiere el apóstol cuando habla de “LOS RUDIMENTOS”, simples elementos del sistema que impera en la tierra. La ley inculca la idea de los méritos por las obras para alcanzar a Dios, en oposición a la Gracia por la fe en la plena suficiencia de la persona y de la obra de Cristo.

El ascetismo ni honra a Dios ni beneficia a la carne, es inútil en todo sentido; si somos libres, ¿porqué hemos de permitir que se nos impongan leyes o atarnos nosotros mismos a determinados preceptos. Todo lo contrario, debemos de romper con tales reglamentos como “NO MANEJES, NO GUSTES, NI AUN TOQUES”.

La exigencia de tales ordenanzas ahora, bajo la Gracia, es el resultado de mandamientos y enseñanzas de los hombres, no de Dios, tal como sucedía con los judíos en el tiempo de la Ley, (San Marcos 7:1-13). Se reducen a un simple “CULTO VOLUNTARIO”, no a una comunión con Dios dirigida por el Espíritu Santo; a una falsa humildad y no a una verdadera sumisión a la Gracia de Dios en Cristo.

Para concluir, debemos de reconocer que la Gracia humilla al hombre y ensalza a Dios.



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