SOY ELLOS
a mis grandes amigos que hoy encendieron una chispa mas de luz en mi
“No sé lo que es” me digo.
“No
sé lo que es esto —pienso—, pero es muy bueno estar aquí...
me siento
como alguien... como alguien viviendo, que muy pronto tiene que partir”
...pienso.
Trato
de abrir los ojos pero no hace falta. Respiro.
Veo esos rostros que me
miran con expectativas ya perdidas, aciagas, desmañadas.
La mujer,
se tapa la boca con la mano. Veo que sus ojos son verdes,
pero están de
un color café de tanto llorar. El hombre en cambio,
siempre está a
punto de colapsar, me hace acordar a un navío que vi en uno de mis
tantos viajes, el cual había encallado en una costa africana y siempre
que venía
la marejada se estaba por hundir, pero nunca lo hacía. Luego
finalmente,
una noche de luna menguante, nadie lo volvió a ver... Jamás
lo buscaron,
todo quedó dando vueltas en la mente de las personas que
habían vivido ese
episodio; digo, que entró luego en leyendas bellas,
leyendas de fantasmas.
A ese navío se parece el hombre que me mira.
No
tengo la fuerza, el tiempo, ni los medios necesarios para decirles que
no se
preocupen, que todo es como tiene que ser. Todo es un sueño.
Mentalmente les digo que ya mismo sueño lo que ellos están pensando.
Me dejo llevar. Soy feliz.
Y
me veo viendo sus rostros por primera vez, como esas primeras veces en
la que uno
se da cuenta que existe alguien que lo ama, que hay algo más
a lo común, que existe algo más allá.
Y me veo abrazando a esa mujer
que me mira con placer y tanta desesperación
de cariño que es difícil
de explicar. Y me veo encontrándome con ese hombre que
de pie me
extiende su mano abierta, sincera, algo laxa pero segura; y yo,
la
tomo, la examino y me doy cuenta que soy alguien, y que alguien me
considera.
Me veo tratando de hablar, viendo la luna, el sol, el
cielo, los pájaros,
los aviones, ángeles, árboles, un perro y varios
gatos. Me veo caminando
hacia unas manos sudorosas y algo
apesadumbradas pero repletas de esperanzas.
Estoy aquí y estoy allá.
Me
veo acariciando algunas palabras, señalando cosas y riendo sin parar.
Luego, sin escalas ni contratiempos estoy de pie, junto a ella,
abrazando
su pierna y pidiéndole a gritos que me lleve hacia algún
lugar donde
pueda pegar alaridos como un condenado, mientras miro a ese
animal extraño,
enorme, que tiene una trompa gris y unos colmillos
gastados.
Me veo frente a ese hombre riendo, pegándonos cabezazos
cariñosos.
Les escribo, los dibujos, los busco y les entrego las
peripecias de algunos
interrogantes que ahora tengo. Soy uno más, me
integro, y empiezo a ser.
Luego estoy en algún lugar, abrazándolos, queriéndolos,
huyo de algunos demonios que me persiguen, pero siempre vuelvo.
Me
aman y los amos, me entrego a sus pedidos, los escucho, discuto mis
ideas con el hombre, peleamos, me alejo, pero siempre vuelvo y sé.
Vuelvo
a mi hogar, nos reunimos, lloramos y reímos; los amo, es una tarde de
invierno y la mujer me abraza y me dice que está orgullosa de mí. Yo
callo, pero mi mirada lo dice todo.
Soy ellos y ellos mi sueño de ahora.
Me
veo de pie, junto a un lugar tranquila ella ya no está, y él se
desintegra sobre
mi hombro, los veo, los siento; inclusive, siento que
mi alma también se
resquebraja y se queda muda. Él un día también se
pierde por ahí, en los días,
en la vida y me quedo solo de ellos, pero
acompañado de amores que siempre estarán.
Un mediodía cierro los ojos a este lugar, y voy por ahí a ver otros lugares.
Una
noche los sueño, como ellos ahora me sueñan y aunque nada de lo soñado
fue,
solamente les digo gracias por soñarme, gracias por pensar en mí y
tenerme en cuenta.
Estoy aquí y allá.....abrazo de luz y amor