Hay dos caminos. Uno es el de la mente; otro el del corazón. El camino
del corazón es un atajo. Si vamos por el camino de la mente dudaremos
a menudo. Dudaremos de nuestra propia aspiración, dudaremos de
nuestras propias experiencias, de nuestro propio sentimiento de Dios.
En este momento amamos a Dios, y al momento siguiente tal vez no le
amamos porque no ha colmado nuestros deseos. En el camino de la
mente, estamos siempre contradiciendo nuestros propios pensamientos.
Ahora decimos que el sendero es muy bueno y que estamos
progresando; al momento siguiente, cuando nuestros deseos no se
cumplen y las dudas entran en nosotros, nuestro progreso se detiene.
El otro camino es el del corazón. Una vez que amamos a Dios, nos arrojamos en el mar de la Paz, la Luz y el Deleite. Como una gota que cae en el poderoso océano, sentimos que nos hemos convertido en el océano mismo. Si empleamos la mente, esta dudará en seguida: “Seré destruido en este océano inmenso”. Pero el corazón dirá: “No. Voy a lanzarme. Si salto, no estaré perdido, sino que me volveré Infinito”. El corazón es un niño, y un niño tiene siempre fe en sus padres. Si tenemos un Maestro, tendremos fe en él, y también tendremos fe en Dios, ya que Dios siempre estará haciendo lo mejor para nosotros. Esto es lo que sentimos cuando seguimos el camino del corazón. El camino del corazón es el más corto.
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Hay muchas razones por las que hablo de situarnos en el corazón y no en
la mente. El corazón sabe como identificarse con lo más elevado, con lo
más lejano, con lo más profundo. En el caso de la mente no ocurre así.
La mente intenta identificarse con un objeto, con una persona, con algo
limitado. Pero esta identificación no es pura o completa. Cuando la
mente intenta identificarse mira el objeto con un ojo de vacilación, cuando
no de auténtica sospecha. Pero cuando el corazón quiere identificarse
con algo o con alguien, utiliza el sentimiento de amor y unicidad. Cuando
el corazón quiere ver algo, lo ve sin reservas. Cuando la mente quiere ver
algo, intenta demorar y separar. El corazón simplifica; la mente complica.
La mente, de manera inconsciente, obtiene placer en cosas complicadas
y confusas, pero el corazón obtiene alegría de las cosas sencillas.
La mente humana, física, terrenal, está ahora mismo a nuestra
disposición. Pero la mente superior, la sobremente, la mente intuitiva o la
supermente, no están a nuestra disposición en este momento. En nuestra
vida cotidiana utilizamos la mente física terrenal, que está siempre
contradiciéndose. Por desgracia, apenas usamos el corazón, que es
todo amor, todo simpatía y atención, todo pureza y armonía, todo
unicidad.
¿Por qué hablo de prestar más atención al corazón y menos a la mente?
Porque el corazón expande. El alma representa nuestra iluminación, y es
dentro del corazón donde reside el alma. En la vida espiritual nuestro
tesoro es el alma. Sólo con la ayuda del alma podemos progresar del
modo más rápido en la vida interior, y sólo meditando en nuestro corazón
podemos conectar con el alma. Todos los caminos conducen a la Meta,
pero hay uno en particular que nos llevará allí más rápido que los otros.
No estoy hablando del corazón humano, el corazón físico, que sólo es un
órgano más, ni del corazón emocional, que en realidad es el ser vital. Estoy hablando del corazón puro, el corazón espiritual. Algunos maestros espirituales dicen que el corazón espiritual está en el centro del pecho; otros dicen que está situado un poco a la derecha; algunos dicen que a la izquierda. Incluso hay un profesor espiritual que dice que el corazón está un poco más arriba de las cejas, en el lugar que llamamos tercer
ojo. ¿Cómo puede decir eso un Maestro? Pues porque el tercer ojo iluminado es luz, y el corazón iluminado es también todo luz. Pero de acuerdo a mi propia realización, el corazón espiritual se encuentra en el centro del pecho, en el centro de nuestra existencia.
El corazón es como el comandante en jefe, mientras que el alma es el rey. Cuando el alma viene a la existencia, su primer interés es iluminar el corazón. Cuando el alma se separa del cuerpo, automáticamente el comandante en jefe pierde todo su poder. El corazón quiere estar con su rey. No quiere unirse a otro rey o a otro ejército. En el mundo externo, nuestros amigos pueden defraudarnos; pero en el caso del alma y el
corazón, su intimidad es más que estrecha. Nuestra parte física, a veces no escucha al alma. Nuestro ser vital y nuestra mente pueden ignorarla también. Pero el corazón es siempre fiel al alma. El corazón también sabe como identificarse con otros corazones.
Una madre no tiene que demostrar el amor a su hijo diciendo ‘te quiero, te quiero’,porque la identificación de la madre con el hijo, hace que este se sienta amado. El corazón verdadero no necesita convencer; tiene el poder de la unicidad.
Luz y amor