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LA
VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE
I -
SÚPLICA
EN
LETANÍA DE AMOR
Óyeme, amor, hay plegarias
en
mis labios.
Mírame, amor, de rodillas
ante
Ti.
Háblame, amor, con palabras
de
los salmos.
Siénteme, amor, recogida
junto
a Ti.
Guárdame, amor, en praderas
sin
murallas.
Líbrame, amor, de los miedos
con
la fe.
Guíame, amor, por la tierra
de
las águilas.
Sálvame, amor, que en tu cielo
viviré.
¡Ven
pronto, amor!...
II -
ESPERANZA
Yo sé
que tu vendrás, Hijo del hombre,
llegarás luminoso en una estrella
como
el rayo que sale del oriente
y
hasta occidente alcanza su belleza.
Se
agitará la mar,
se
romperán las olas en la arena,
y
bramarán las aguas
con
sensuales canciones de sirenas.
No
escucharé las voces
que
me llamen al goce de la fiesta,
ni
miraré las luces
que
enciendan ante mí falsos profetas.
Yo
esperaré en la playa
tu
barca con el cielo entre sus velas,
y
arribaré a tu gloria,
a la
ciudad del oro y de las perlas.
No
temeré a los vientos
porque serán las alas de mi espera,
ni
temeré a las nubes
porque serán palomas mensajeras.
Pues
yo sé que vendrás, Hijo del hombre,
brillarás poderoso en las tinieblas
cuando el mundo conozca tu palabra
y
sepa de tu amor toda la tierra.
III
- CONSUMACIÓN
Ven
pronto, amor,
aunque no quede piedra sobre piedra,
aunque el dolor me aterrorice,
aunque tiemble la tierra,
aunque el hambre y el frío
cubran mi rico mundo de miseria.
Ven
pronto, amor,
que,
de ansiedad, el alma me desvela.
Tengo
mi lámpara encendida
y he
llenado de aceite las alcuzas,
duerme la noche
y en
mis labios florecen aleluyas,
toma
mi mano,
elévame en los rayos de la luna,
cierra la puerta,
que
no entren la tristeza y la amargura.
Clarines, cítaras, trompetas
te
aclaman, mi Señor, Rey de los cielos,
retumban tierra y mar
y mi
voz canta salmos con tu pueblo,
los
ríos y los montes
aplauden el encuentro,
y la
paz, la justicia y la alegría
se
instauran en la luz del nuevo reino.
Reclínate en el trono, bien amado,
que
yo ungiré tus pies de peregrino
con
esencia de azahar
del
vergel renacido en el abismo.
Reclínate y descansa
en el
jardín de amor de los olivos,
pues
ha llegado el tiempo,
la
predicción del cielo se ha cumplido.
IV -
RESURRECCIÓN
Hoy
cantan primavera
los
pétalos jugosos de mis sueños,
la
vieja rosaleda
florece sobre restos de años muertos,
mariposas de cálidos colores
juegan luces y sombras en el aire,
los
tallos de mis noches
crecen libres de espinas y cristales.
Hoy
cantan alabanzas
las
alondras del árbol de mi vida,
el
viento entre sus ramas
susurra la nostalgia a la sonrisa,
voces
que en el silencio de la ausencia
forman la estela blanca del olvido,
raíces de la tierra
afloran con el agua del bautismo.
Hoy
canto tu canción
antigua sinfonía de laureles,
arpegios de fervor
traspasan el vacío de mi mente,
rojas
notas de sangre enamorada
fluyen por los caminos de mi cuerpo
y un
surtidor de lágrimas
limpia mi corazón de errores
viejos.
Emma-Margarita R. A.-Valdés
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