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El primer domingo
Después de la crucifixión, el cuerpo de Jesús fue colocado por unas manos piadosas en una tumba nueva; una pequeña gruta cavada en la roca. Una gran piedra fue puesta en la entrada para cerrar el paso. Con esta triste escena transcurrió el día sábado. El domingo, muy de mañana, algunas mujeres fueron a la tumba con el propósito de embalsamar el cuerpo de Jesús. Pero la tumba estaba abierta y el cuerpo ya no se hallaba allí… ¡Qué maravillosa sorpresa: Jesús había resucitado! Las pruebas de su resurrección se sucedieron a lo largo del día. Primero los ángeles anunciaron la noticia a las mujeres. Luego Jesús se apareció a María Magdalena; a continuación lo hizo a dos discípulos en el camino a Emaús, y a Simón Pedro, encuentro que quedó en secreto. Por último vino a los suyos, que estaban reunidos en un lugar seguro, y les dijo: “Paz a vosotros”, luego les mostró sus manos y su costado, que llevaban las marcas de las heridas de la cruz (Juan 20:20). Escépticos y con dudas, los discípulos no se dejaron convencer fácilmente. Sin embargo era realmente Jesús; el Maestro por el que habían llorado estaba verdaderamente ahí. Les había anunciado la resurrección, pero sus corazones habían permanecido insensibles. ¿Creemos realmente que Jesús resucitó? Y este hecho, ¿Transforma nuestra vida?
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