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Por encima del cerco
Carlota, de 10 años de edad, paseaba por el jardín mientras cantaba un himno. La letra, muy bien pronunciada, llegó a oídos del vecino por encima del cerco: Tal como soy, yo vengo a ti, Pues tú por mí fuiste a morir Y tú me invitas a venir; Señor Jesús, yo vengo a ti. Tal como soy; tu inmenso amor Venció ya todo mi temor. Ser tuyo quiero, oh mi Señor Y así, Jesús, yo vengo a ti. Dicho vecino era un maestro jubilado que en ese momento estaba preocupado por el más allá. Ese himno le hizo pensar en el tema y estuvo muy atento a cada una de sus palabras. Algunas semanas más tarde el maestro se enfermó y la madre de Carlota le preguntó por su estado de salud. Él aprovechó la ocasión para pedirle que le permitiera a la niña ir y repetirle la letra del himno que había entonado un día en el jardín y que él había escuchado. Entonces pudo escuchar otra vez, con emoción, esas palabras de fe y esperanza. Ese mismo día la luz del Evangelio penetró en el alma del anciano. Desde ese momento dio muestras de un cambio interior profundo. Dos meses más tarde partió en paz a la presencia de su Salvador.
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