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EVANGELIO: EL EVANGELIO DE HOY DOMINGO 11 DE SEP DE 2011.DIOS LOS BENDIGA,FELIZ DIA
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From: hermes sarmiento  (Original message) Sent: 11/09/2011 15:52
 

El Evangelio de Hoy DOMINGO 11 DE SEPTIEMBRE DE 2011

XXIV Domingo del Tiempo Ordinario A

"Los hombres tienen con frecuencia bastante religión para sentirse enemigos de los que tienen otra; y muy pocas veces tienen la religión necesaria para amarse los unos a los otros".

¡Bienvenidos. Hermanos y hermanas en Cristo Jesús!

“El Señor este con Uds.”.Nos hemos reunido para leer la Palabra y alimentarnos de Cristo Resucitado que fortalece nuestra vida y nos compromete a vivir y a llevar una vida Espiritual llena de amor y paz.

Con alegría leamos la palabra.

“Habla Señor, qué tu siervo escucha”.

Señor, creo en las Sagradas Escrituras que voy a leer,se que contiene Tu Santa Palabra.Haz que la escuche con todo respeto y amor.Ilumina mi mente para que por medio de ella yo conozca Tu Santa voluntad, y mueve mi corazón para que yo cumpla  con fidelidad lo que Tú quieres de mí.Espíritu Santo, ilumina con Tu luz mi cabeza y enciende mi corazón para que la palabra de Dios pueda entrar y quedarse siempre en mí, para conocer por medio de Tu Palabra, Tu Divina voluntad, lo que puedo y debo lo, que debo y puedo modificar,y que no depende de mi cambiar, como debo conducirme en los acontecimientos de la vida.Señor, aquí tienes mi corazón abierto, dispuesto a Escuchar Tu Palabra con corazón sencillo y con la voluntad decidida para obedecerle...En TI esta la Luz y la salvación.Amen, y Amen

Primera lectura

Libro de Eclesiástico 27,30.28,1-7.

*No guardes rencor a tu prójimo*

También el rencor y la ira son abominables, y ambas cosas son patrimonio del pecador.
El hombre vengativo sufrirá la venganza del Señor, que llevará cuenta exacta de todos sus pecados.
Perdona el agravio a tu prójimo y entonces, cuando ores, serán absueltos tus pecados.
Si un hombre mantiene su enojo contra otro, ¿cómo pretende que el Señor lo sane?
No tiene piedad de un hombre semejante a él ¡y se atreve a implorar por sus pecados!
El, un simple mortal, guarda rencor: ¿quién le perdonará sus pecados?
Acuérdate del fin, y deja de odiar; piensa en la corrupción y en la muerte, y sé fiel a los mandamientos;
acuérdate de los mandamientos, y no guardes rencor a tu prójimo; piensa en la Alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa.

Meditación

La primera lectura, del Libro del Eclesiástico, nos muestra, que los resentimientos: el rencor, la ira, la violencia, llegan cuando olvidamos que nosotros también somos limitados, que estamos hechos del mismo barro que los otros. Y, si estas limitaciones no las tenemos en cuenta, difícilmente podremos reconciliarnos con nosotros mismos y con los demás.

«Los límites del mal los delimita la Divina Misericordia. Esto no implica que todo el mundo se salve automáticamente por la Divina Misericordia, disculpando así todo pecado, sino que Dios perdonará a todo pecador que acepte ser perdonado. Por eso, el perdón, la superación del mal, pasa por el arrepentimiento. Y si el perdón constituye el límite al mal (¡cuántas lecciones se podrían sacar de esta verdad para superar los conflictos armados!), la libertad condiciona, en cierto modo. Dios, en efecto, arriesgó mucho al crear al hombre libre. Arriesgó que rechace su amor y que sea capaz, negando en realidad la verdad más honda de su libertad, de matar y pisotear a su hermano. Y pagó el precio más terrible, el sacrificio de su único Hijo. Somos el riesgo de Dios. Pero un riesgo que se supera con el poder infinito de la Divina Misericordia»

Salmo 103(102)

*El Señor es compasivo y misericordioso*

De David. Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios.
El perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura;
no acusa de manera inapelable ni guarda rencor eternamente;
no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas.
Cuanto se alza el cielo sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que lo temen;
cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros pecados.

Segunda lectura.

Carta de San Pablo a los Romanos 14,7-9.

Ninguno de nosotros vive para sí, ni tampoco muere para sí.
Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor.
Porque Cristo murió y volvió a la vida para ser Señor de los vivos y de los muertos.

Meditación

"Somos del Señor" nos dice la segunda lectura, en el breve párrafo de la Carta del apóstol San Pablo que proclamamos hoy. Y añade que si somos del Señor no podemos vivir para nosotros mismos sino para los demás.

El Evangelio de hoy

Según San Mateo 18,21-35.

«¿No deberías, a tu vuelta, tener compasión de tu hermano?»

Entonces se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".
Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.
Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.
El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.
Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.
Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.
E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".

Reflexión

  La Iglesia debe considerar como uno de sus deberes principales—en cada etapa de la historia y especialmente en la edad contemporánea—el de proclamar e introducir en la vida el misterio de la misericordia, revelado en sumo grado en Cristo Jesús. Este misterio, no sólo para la misma Iglesia en cuanto comunidad de creyentes, sino también en cierto sentido para todos los hombres, es fuente de una vida diversa de la que el hombre, expuesto a las fuerzas prepotentes de la triple concupiscencia que obran en él, está en condiciones de construir. Precisamente en nombre de este misterio Cristo nos enseña a perdonar siempre. ¡Cuántas veces repetimos las palabras de la oración que El mismo nos enseñó, pidiendo: «perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mt 6,12),  es decir, a aquellos que son culpables de algo respecto a nosotros!
 Es en verdad difícil expresar el valor profundo de la actitud que tales palabras trazan e inculcan. ¡Cuántas cosas dicen estas palabras a todo hombre acerca de su semejante y también acerca de sí mismo! La conciencia de ser deudores unos de otros va pareja con la llamada a la solidaridad fraterna que san Pablo ha expresado en la invitación concisa a soportarnos «mutuamente con amor» (Ep 4,2). ¡Qué lección de humildad se encierra aquí respecto del hombre, del prójimo y de sí mismo a la vez! ¡Qué escuela de buena voluntad para la convivencia de cada día, en las diversas condiciones de nuestra existencia!

Por lo general, no se perdona de la noche a la mañana. Es un proceso prolongado, en el cual retornan a la mente las ofensas y las heridas recibidas. Al perdonar, no necesariamente se olvida, sin embargo, con el paso del tiempo, si realmente se ha perdonado, al recordar los hechos sufridos, ya no se siente dolor.

La persona que perdona comienza a ser sanada en su memoria y, gradualmente, experimenta libertad, alivio, paz interior. Transforma su vida en algo nuevo. Recupera la tranquilidad, la felicidad. El dolor desaparece, los recuerdos se serenan. Es común que, después del perdón, venga algo mejor en la vida de aquel que perdono.Es el momento de perdonar. No lo dejemos para más tarde. Perdonar es una actitud personal, a sabiendas que volveremos a ser ofendidos. Pero perdonar no es ponerse a tiro de que vuelva la ofensa. Perdonar es hacer que el hermano crezca, que descubra ese mal que realiza, porque Dios quiere que se salve, que se convierta de sus errores y se salve y nosotros somos quienes vemos la mota de polvo que le mancha y él ignora. Aunque debemos aceptar con humildad que el otro nos señale la viga que tenemos en el nuestro.Reflexionemos con humildad: ¿a qué es muy difícil perdonar? Las ofensas siguen en nuestro corazón como grabadas a fuego. Hay una frase muy habitual: ·”Perdono, pero no olvido”. Y eso es sinónimo de no perdonar. Nuestra falta de perdón engendrará más violencia. Hemos de dar el primer paso. Hay que perdonarlo todo y todas las veces. Hay gentes se hacen fuertes en su rencor. Y que su odio es como un combustible que les hace vivir… mal, pero muy mal. Hemos de perdonar setenta veces siete o setenta mil veces setenta…Personas que son capaces de perdonar hacen sus excepciones y eso es más grave. Una madre perdona a sus hijos tantas veces como sean necesarias, pero es incapaz de perdonar a la suegra o aquella cuñada intransigente y maliciosa. Hay que perdonar. Hay cristianos casi perfectos. Conocedores de las Escrituras, solidarios con su parroquia y con las obras de caridad. Dedican mucho tiempo a los más lejanos o miserables. Pero en su corazón anida un rencor antiguo, tal vez contra un enemigo de la fe, o contra un pecador conocido y estridente. Ahí no hay perdón. Y eso hace que Cristo se aparte de esas personas las cuales han de tener mucho cuidado en no caer en el nefasto fariseísmo. Perdonemos todo y a todos.“El perdón permite librarse de todo lo soportado para seguir adelante. Te acordaras del frío del invierno, pero ya no temblaras, porque ha llegado la primavera".

"Querer perdonar" marca la diferencia entre avanzar en el camino o quedarse paralizado, por hechos que ya no se pueden cambiar. Es tu elección, surge de tu voluntad. Perdonar es una decisión; y la decisión es la que te libera.

La decisión de perdonar puede ser una verdadera y ardua batalla espiritual, la cual habrá que reafirmarla una y otra vez.

"Amar a los que te aman y te hacen el bien es fácil. Pero es difícil amar al que te ha hecho daño o te lo esta haciendo. Sin embargo, es el único camino para poder ser libre""Cuando no puedas con tus fuerzas otorgar el perdón a quien te ofendió pídele a Jesús que se ponga entre tu y tu ofensor, que El te ayude a perdonar , que El perdone en ti".Nada nos asemeja tanto a Dios como estar siempre dispuestos a perdonar.

Leamos con atención alguna frases:  

La espada del resentimiento antes de tocar a la persona a la cual se odia, atraviesa a quien guarda rencor. (San Agustín)

A perdonar solo se aprende en la vida cuando, a nuestra vez, hemos necesitado que nos perdonen mucho. (Jacinto Benavente)

Perdonar es el valor de los valientes. Solamente aquel que es bastante fuerte para perdonar una ofensa sabe amar. (Gandhi) 

La mente noble no desprecia el arrepentimiento. (Homero) 

Odiar es un despilfarro del corazón, y el corazón es nuestro mayor tesoro. (Noel Clarazo)

El perdón es la fragancia que derrama la violeta en el talón que la aplasta. (Mark Twain) 

Quieres ser feliz un instante? Véngate. Quieres ser feliz toda la vida? Perdona. (Henri Lacordarie) 

El perdón cae como lluvia suave desde el cielo a la tierra. Es dos veces bendito, bendice al que lo da y al que lo recibe. (W. Shakespeare)

Una buena misión para hoy es que nos perdonemos a nosotros mismos. Hay mucha gente que tiene en si mismo su mayor enemigo. Hemos de meditar sobre esto que no siempre se hace. De todos modos la cuestión es perdonar la ofensa venga de donde venga. El perdón es paz. Interior y exterior

Padre que estas en el cielo, vengo a ti en el nombre del Señor Jesucristo. Creo que el es tu hijo. Creo que se levanto de su tumba y ahora esta sentado a tu derecha intercediendo por mi.Padre Celestial, me arrepiento por no perdonar - de guardar rencor en mi corazón y estar molesto con otras personas, situaciones y aun conmigo mismo. Así como tu disposición de perdonar, yo también escojo perdonar. Te pido Señor que traigas a mi mente a cada persona y cosa que yo necesite perdonar.Señor Jesús, hoy te pido la gracia de poder perdonar a todos los que me han ofendido en la vida. Sé que Tú me darás la fuerza para perdonar.

Te doy gracias por que Tú me amas y deseas mi felicidad más que yo mismo/a.Señor Jesús, yo oro en forma especial para obtener la gracia de perdonar a la persona que más me haya ofendido.Te pido poder perdonar a quien considero mi peor enemigo, al que me cueste más perdonar o por el que digo que nunca lo per­donaría.Gracias, Señor, porque me libras del mal y me ayudas a perdonar. Gracias por tu amor y tu paz. Haz que tu Espíritu Santo ilumine todos los rincones de mi mente. Señor Jesús,  yo confieso que he pecado contra Ti, Por favor perdóname por haber andado en mi propio egoísmo y limpiadme.  Yo te recibo como mi Señor y Salvador. Yo creo que Tú eres el Hijo de Dios, quién vino a la tierra, murió en la cruz, derramo su Sangre por mis pecados, y se levanto de los muertos. Dame tu fuerza, Señor. Ayúdame a vivir mi vida de forma que te agrade.  Gracias por abrir el camino para yo poder orar a Dios el Padre, en tu nombre. Yo me regocijo en tu promesa, de que viviré contigo toda la eternidad en el cielo.Señor bendice nuestra casita y a todos sus integrantes de este bello grupo familiar y de amistad, que en sus corazones brille la paz, también en cada uno de sus familias, que todos gocen de buena salud, al igual que sus familiares. Que no exista los celos y la envidia, porque todo esta hecho con dedicación amor y trabajo. Te lo pedimos Padre Amado en el nombre de Tu Hijo Jesucristo. Alabado seas Señor, Bendito sea tu Santo Nombre Señor.Amén y Amen

GRACIAS SEÑOR POR ESCUCHARNOS

 

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