A veces no es la boca quien habla sino la herida que habita en el alma y expresa el dolor que siente en lo más profundo de su ser y su anhelo enorme de encontrar la calma…
Y pueden surgir palabras como espinas que se clavan en otros corazones, o un mutismo que es más doloroso y ensordecedor que el mismo tono rencoroso que manifiesta mil emociones…
Cuando habla la herida suele suceder que se dicen y hacen cosas sin
querer, las palabras y acciones no tienen medida, ocasionan estragos,
causan dolor y producen más heridas, que derrumban lo que se había
construido y quebrantan la relación que por algún tiempo había
existido…
Cuando es la herida la que habla, se puede llegar a perder el autocontrol, es el corazón quien domina a la razón; predomina más el
sentir que el pensar; se pierde la fe en el sentimiento, se cierra una puerta que teme abrirse de nuevo de par en par…
Para sanar la herida, es necesario destapar; sacar el veneno que la invade, aunque duela remover todo lo que se guarda y acumula, y parezca imposible encontrar una medicina que sane y no deje cicatriz de aquello que dolió tanto que el corazón creyó morir…
Es bueno tener presente, antes de juzgar cualquier palabra o acción, que quizás quien actúa y habla no es la persona sino la herida que
esconden en su interior; por lo que le hicieron o le negaron, por lo que le dieron o le quitaron, por la confianza que dio y le defraudaron…
Hay que aprender a contar hasta diez o cien, antes de hablar o actuar
e intentar comprender a quien por la herida ha de hablar; es sano
buscar la manera de poderse desahogar, sin atropellar ni dañar; sin
deteriorar o destruir esa relación, causando así más heridas en otro
corazón.
Si has de decir o hacer algo, trata de razonar y pensar, si estas hablando por lo que eres o por lo que has de experimentar; mira bien si tus palabras tienen miel o hiel, si aportan y construyen, o por el contrario, arrebatan y destruyen… Y si lo que necesitas es dejar hablar a la herida que hay en tu corazón, busca a alguien que realmente entienda tu razón… de este modo será más sano y podrás calmar tu dolor, sin causar más daño y experimentando la paz que viene del amor de Dios.
Es fácil caer en el hábito de quejarse sobre todo cuando todo y todos a nuestro alrededor parecen focalizarse en eso.
Los noticieros ponen su atención en los eventos negativos, amigos y familia se centran en lo que va mal con ellos (oh mi artritis! oh mis rodillas, o mi gripe! oh mi... oh mi...!).
De modo que a veces es demasiado fácil caer en la trampa.
Sin embargo, podemos cambiar el tono de las conversaciones... o por lo menos podemos cambiar nuestra parte en ellas, centrándonos en una sola cosa buena.. y luego otra... y otra...
Hasta que hayamos creado un hábito en nosotros mismos de siempre buscar una buena cosa, y luego otra y otra.
Las actitudes son hábitos, es por eso que tendemos a describir a la gente que conocemos como "rezongones", o "mentirosos", o "alegres", etc.
No es que estas personas son así el cien por ciento del tiempo, sino más bien que esto es su actitud predominante.
Esta es la actitud que es su costumbre más arraigada.
Tantas buenas cosas que nos rodean, sin duda podemos encontrar una sola cosa buena cada día por la que estar agradecidos!
El truco es recordar hacerlo lo bastante a menudo hasta que se convierte en un hábito.
De: Cambia tu mundo. Extraido de la RED.