La maestra entró el primer día de clases y les pidió a los alumnos que sacaran una hoja. Entre murmullos y quejas, (imagínense que era el primer día de clases) los alumnos sacaron sus hojas. Entonces la maestra les pidió que hicieran una lista de todos los "no puedo" que encontraran en su vida cotidiana. Mientras los alumnos escribían, ella misma comenzó a hacer su propia lista.
Cuando todos terminaron, la maestra pidió que doblaran la hoja y la pusieran en una caja de zapatos que había sobre el escritorio. Después de que ella también colocó su hoja, tapó la caja y le pidió a los chicos que la siguieran hasta el parque donde ya tenía una pala preparada para enterrar la caja con los "no puedo". Cuando terminó el entierro dijo:
Estamos aquí reunidos para honrar la memoria del "no puedo".
Mientras estuvo con nosotros afectó la vida de todos, desgraciadamente su nombre ha sido pronunciado en todos los edificios públicos, escuelas, congresos y hogares. Acabamos de darle una morada definitiva al "no puedo". Afortunadamente sobreviven sus parientes: los "Quiero", "Lo haré ahora mismo", “Claro que puedo”... No son tan fuertes como el difunto, pero con la ayuda de ustedes irán ganando fama. Roguemos que "no puedo" descanse en paz, y que en su ausencia podamos hacernos cargo de nuestras vidas y avanzar.
Desde la ventana del aula podía verse el lugar donde habían enterrado al "no puedo", y durante todo el año cada vez que un alumno decía "no puedo", la maestra señalaba hacia el parque haciendo que el chico recordara la anécdota y revirtiera su actitud.
La Ley dice que tal como piensa un hombre, así es. Tú eres tu pensamiento, todo es mental, los pensamientos son cosas y se manifiestan en lo externo, lo que decretes, sucederá. Y cuando digas "no puedo", no podrás.
DE LA RED