
Muy bueno.
Uno de los mayores sustos de mi vida me sucedió la primera y única vez que hice buceo. Encontrábame a muy poquita profundidad y observé a dos palmos de mis narices un enorme bicho del tamaño de un autobús. Quedé paralizado, aterrado, inmóvil. Mi mayor asombro era que mi compañero, me miraba y parecía no comprender mi reacción. Yo, atónito, le señalaba el enorme bicho, y él no respondía y sólo me miraba.
Al final, resultó ser un enorme banco de peces que todos al unísono giraban y el relejo del sol sobre sus escamas hacían el efecto óptico como si se tratara de un solo enorme bicho.
Jamás he vuelto a bucear.