Durante el Siglo de Oro se usaban bolsas hechas de piel de gato para guardar el dinero, que acabarían llamándose "gatos". De ahí vendría la expresión "aquí hay gato encerrado", con el significado de un tesoro o secreto oculto a la mirada.
La costumbre de agarrar a los gatos por la cola, daría lugar a la expresión "buscarle cinco patas al gato", refiriéndose a la cola como "quinta pata" y significando una búsqueda de explicaciones rebuscadas sin demasiado fundamento.
Debido a su carácter nocturno, y a que en la oscuridad es más difícil distinguir los colores, aparece la expresión "de noche todos los gatos son pardos" refiriéndose a la falta o poca relevancia de las diferencias entre lo que se menciona, o a la dificultad de distinguir dichas diferencias. Proviene de la referencia a que en la oscuridad de la noche, es más fácil ocultar los defectos de una mercancía.
Los cascabeles usados para espantar la presa del gato, dan lugar a la expresión "ponerle el cascabel al gato", refiriéndose a la fuerza de los más débiles para doblegar la voluntad de alguien más poderoso. Originaria de una fábula del s. XIV, esta expresión fue popularizada por Félix María Samaniego, así como por Lope de Vega en su poema La esclava de su galán.
El
Profeta Mahoma, fundador del
Islam, le gustaban mucho los gatos quienes lo acompañaban en su casa y en sus predicaciones.
[42] Una leyenda de
Turquía afirma que les permitió entrada al
paraíso y que siempre caen de pie porque el Profeta gustaba de acariciarles el lomo.
[43] Otra leyenda asegura que, cuando su gata favorita llamada Muezza, se quedó dormida sobre la manga de su túnica, prefirió recortar la manga que despertarla
[44] (alguas leyendas afirman que es, a partir del afecto de Muezza que Mahoma permite entrar a los gatos al paraíso y caer siempre de pie).
[45] La predilección de Mahoma por los gatos ha provocado que en algunos países musulmanes se les tengan especiales cuidados y cariños.
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