Tuve esta conversación telefónica con mi hija, en horas del mediodía:
-Papá, no voy a almorzar a la casa
-Y eso?
-Voy a comer con unas amigas
-Cuáles, si tu no tienes amigas?
-Ay, papá! Unas amigas de la universidad.
-Y a dónde?
-A dónde qué?
-A dónde van a comer?
-Ah! A una pizzería que está en Chacao.
-Uuummm... Y son buenas?
-Mis amigas, sí vale.
-No, las pizzas
-Ah! Bueno, me dijeron que si, que son buenísimas.
-Gorditas?
-No sé, creo que la masa la ponen delgadita.
-No chica! Tus amigas.
-Jejé, son un par de flacas.
-Ojalá no te caigan mal.
-Vale, te dije que son chéveres.
-Me refiero a las pizzas. Y no serán de esas que se derriten por cualquier cosa?
-Pizzas que se derriten?
-Tus amigas.
-Mis amigas?
-Sí. O sea, que si son fáciles.
-Bueno, cualquiera se las lleva.
-QUEEEEEEE?
-A las pizzas.
-Ah! Mira, y como se llaman?
-Sicilia y Margherita.
-Italianas?
-Claro! Son pizzas
-DIOS MÍO! Chao. Pórtate bien y no llegues tarde.
Luego me llamó mi esposa:
-Qué sabes de tu hija?
-Se fue con dos pizzas a comerse unas amigas...
-...???