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cLA ESCALERA AL CIELO
Mi querida madre como muchas fue un pan de Dios, pura, simple y dura como la
piedra de las montañas que la vieron nacer en su perdido pueblito del norte de Italia.
Ella como tantas otras llegó aquí muy joven, a entregarle su vida, su esfuerzo y sus
hijos a esta bendita tierra. Y aquí se quedó, en este suelo que quiso
tanto y al que le dió todo, hasta su último aliento.
Dios la mandó a buscar temprano, un día la señaló con su dedo y le dijo "ya te has
esforzado bastante, ya has sufrido por los tuyos suficiente, es hora que vengas a
mi lado a descansar, a esperar a los que tanto quieres que se vayan reuniendo contigo"
Y así fue, Dios la llevó sin sufrimiento, plácidamente, de la forma que cualquiera ante
lo irremediable hubiera preferido. Simplemente se quedó dormida en su cama, cansada
de pelear con una vieja dolencia de su grande y gastado corazón.
Se durmió con la expresión serena y sabia que siempre tuvo, de persona de
inquebrantable Fe, que nunca dudo en aceptar la voluntad divina, esa expresión de
aquellos que aún con arrugas en la cara conservan el
corazón puro del niño que siempre fueron.
Yo no estuve a su lado cuando partió, pero mucha gente querida la acompañó
cuando la tierra que tanto quiso recibió lo único que le quedaba por dar. Lloré
mucho su falta, pero en el fondo de mi corazón sé que ella recibió su premio y lo
disfruta mientras nos espera. Sé que está reunida con los seres queridos que partieron
antes, y con mi abuela, otro pan de Dios, ambas cuidan de
sus hijos como lo hicieron mientras aquí estaban.
Siempre que pienso en su partida, imagino que Dios envió un ángel a buscarla,
que aparece a su lado y apenas le roza la frente, entonces ella despierta sorprendida
y ambos se miran y se sonríen con confianza. El ángel le señala con su mano la
escalera que aparece ante ellos, dorada y brillante, que con suaves serpenteos
asciende se pierde entre nubes blancas hasta alcanzar la serena luminosidad del reino
de los cielos. Juntos con sus manos tomadas, ambos se encaminan hacia esa
maravilla, por donde otros ángeles y seres queridos bajan
a su encuentro y los reciben con regocijo.
Mi madre desde los primeros peldaños sopla un beso a los que la lloran y no
pueden ver tanta maravilla, pero ese beso llega a sus corazones mitigando su dolor
y fortaleciendo sus espíritus. Luego, pausadamente, en compañía de la divinidad
que la rodea comienza a subir, hasta perderse todos en la serena luminosidad de
los cielos. Sé que desde allí ella vela por todos los que ama, y llena la soledad de su
eterno compañero, mi padre, cuidando que envejezca con tranquilidad.
Y cuando a él, Dios lo señale, y envíe su ángel a buscarlo, ella lo estará esperando
al pie de la escalera, lo abrazará fuertemente y juntos ascenderán y se perderán
en la magnificencia del reino de la luz. Y yo, entre mis
lágrimas, tendré la dicha de decirles hasta pronto.
"Para poder buscar frente a la pena y el dolor, siembra mi corazón con la semilla
del amor Yo sé que hay un lugar donde siempre brilla el sol.
Creo en la eternidad, creo en el hombre, creo en Dios"
Dios está entre nosotros
Jorge Alberto Dini

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