La Otra Mejilla
El poner la otra mejilla no es fácil de practicar ni mucho menos amar al enemigo, ni devolver bien por mal mas en amar a quienes nos aman ¿qué mérito habrá? Amar por ser amado nada nos cuesta, pero amar a quienes nos odian ¡que difícil empresa!
No llames enemigo solamente a un criminal, es también aquel que trae cualquier mortificación, que amarga nuestros días, el que no nos quiere, es el que nos envidia, el que nos miente, el que nos persigue, el que nos juzga mal, el enemigo puede vivir dentro de nuestra casa, o aquel que opine lo contrario, es cualquiera que nos cause daño y a él Dios nos pide perdonarlo
Poner tu otra mejilla no es dejarte humillar, es abrir tu corazón de par en par y demostrar a quien te hirió que el perdón vive en tu alma, que no guardas rencor porque al devolver mal por mal igualándonos, poner la otra mejilla es un gesto de humildad y de grandeza que resulta fácil decir e inconcebible de practicar, es no responder con otro golpe porque la violencia engendra violencia el amor es el único que camino que nos lleva a ser mejores.
La cólera y la ira son malos consejeros que nos ciega siempre la razón que nos quitan la paz y el sosiego que nos vuelve viejos en el alma y en el cuerpo, que dejan al final un mal sabor; ser mansos de corazón el Señor nos pediría y no juzgar desde nuestra altura para no ser medidos con la misma vara con la que medimos
Poner la otra mejilla es mucho más que perdonar al enemigo es sembrar en ti ese amor que te hará más humano, es aprender a olvidar y a enterrar el pasado, es regresar el odio de una mirada con una sonrisa, es devolver al otro su ira con un ramo de indiferencia, es devolver un insulto con una palabra de paz. Poner la otra mejilla se nos hace cuesta arriba en este mundo impío, violento y terrorista, dejemos a Dios hoy y mañana juzgar y hacer justicia El amor siempre será la mejor respuesta.
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