
Tengo la sensación de que mi vida me fue asignada por destino
y tiene que ser cumplido. Eso me da una seguridad interior…
A menudo siento que en los asuntos decisivos
ya no me encuentro entre los hombres sino sólo con Dios
C. G. Jung
Milagrosamente estamos aquí. Hemos nacido en un tiempo y desde ese tiempo hemos empezado a comenzado a ser. Hemos nacido entre los hombres, estamos conectados –física y espiritualmente- unos a otros. Todos formamos un círculo de conexión (relación) más o menos amplio con otras personas. Es imposible vivir absolutamente aislado del mundo, vivimos en la otredad (familia, amigos, compañeros de trabajo, …).
Los vínculos unas veces se refuerzan, se multiplican y otras veces se disipan. Unos prefieren la soledad, otros la compañía. Pero todos compartimos la misma realidad: la existencia y la muerte. Por eso, todos los humanos estamos embarcados en un terreno común, en un mismo proyecto. Aunque unos están -espiritualmente- más despiertos que otros. Como dijo Jung, nuestra vida ha sido asignada por destino. Y el hombre espiritual empieza a serlo cuando es consciente no sólo de su relación divina con los otros hombres sino con Dios.
Entendamos Dios no en el terreno de una religión concreta ni como algo humanizado sino como la Fuerza Primigenia, el Principio de Todo. Unos lo llaman Tao, otros el Ser Supremo, etc. Dios está dentro de ti, por tanto no hay que buscarlo fuera. Fuera podremos encontrar señales, pistas… Pero si te fijas bien todas ellas se dirigen hacia el mismo punto: tu interior.
Buda dijo: “La paz proviene del interior.
No la busques fuera.” Y es desde el interior donde comienza nuestra verdadera relación con Dios.
El hombre que vive la espiritualidad es aquel que conoce esta verdad y mira dentro de sí.
Sabe que el gran misterio es el misterio de su Ser.
El mundo, la realidad, se percibe desde el Ser, de ahí su subjetividad.
Cuando se explora el Ser se explora el mundo.
Un sabio caminaba por un bosque en busca de un lugar tranquilo para ponerse a meditar. Cuando terminó la meditación se dijo: “¿Dónde estoy? Este lugar es mucho más bello que cuando he llegado. Todo se ha transformado”. Y así es, se ha transformado así mismo y su manera de mirar el mundo ha cambiado.
Todo resplandece, adquiere su cualidad divina, tras una productiva meditación.
Tomado de BUSCANDO LA PAZ