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Si en brumas me hablas, callo y no te digo
que en bruma no comprendo tu llamada, ni conozco tu voz, ni la delgada gracia de la cintura te persigo.
Si en bruma me acaricias, sumo y sigo: caricia, más amor, más bruma: nada; ni pájaro sangrando en enramada, ni amapola trinando sobre trigo.
A veces va la bruma y nos rodea y nos viste de gris y nos diluye náufragos de su pálida marea;
la bruma que derriba y que destruye,
que a sí misma se crea y se recrea y luego como helada cierva huye.
Carlos Murciano
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