Axel Kicillof, un político atípico y piloto de tormenta en la tensión cambiaria que sufre Argentina, es tan confidente de la presidenta Cristina Kirchner como irritante para la comunidad de empresarios.
En los últimos días, el ministro de Economía de Kirchner pasó al centro de la escena, cuando tembló el sector financiero con una devaluación de 15% en una semana, la mayor caída desde 2002, y luego al suprimir con restricciones el cepo cambiario que prohibía vender dólares en el mercado oficial.
"Está un paso por encima (del jefe de gabinete, Jorge) Capitanich " considera Ezequiel Burgo, autor de un libro sobre Kicillof, "El creyente".
Menudo y de cara regordeta, Kicillof, de 42 años, no tiene ni el aspecto ni los métodos de un ministro. Fue nombrado en noviembre para tomar el mando de una economía, golpeada por una inflación descontrolada en torno al 30% anual, con una persistente caída de las reservas monetarias del Banco Central, y sombrías perspectivas para 2014.
De momento, el país registra un crecimiento del 5%, impulsado por las exportaciones de soja, y un superávit comercial en 2013, pero el déficit fiscal es de 5% del producto bruto y la delicada situación internacional de países emergentes, preanuncia un año complicado, según informes de las consultoras Abeceb.com y Bein.
Un ministro atípico
A la sombra de Kirchner y del influyente supersecretario de gobierno Carlos Zannini, adquirió una influencia considerable.
Tuvo un ascenso meteórico y Kirchner, quien termina su segundo y último mandato en 2015, le ha dado la misión de corregir una economía cuyas divisas dependen de las exportaciones del sector agrícola.
Sus partidarios lo encuentran luminoso, confiado y audaz, ante la herencia que recibió.
"Es ambicioso , inteligente, decidido. Tiene una visión de lo que debe hacer el Estado, el papel que el Estado debe tener en la planificación de la economía y en la gestión de algunas empresas. No se deja guiar por las convenciones y tiene fe en lo que hace" , agregó Burgo.
Pero sus críticos lo describen como incompetente, arrogante y confrontativo. Lo acusan sobre todo de improvisar cuando intenta el saneamiento de la tercera economía más grande de Latinoamérica, después de Brasil y México, en momentos en que sufre el peor temporal en diez años.
Un expresidente del Banco Central y diputado opositor, Alfonso Prat Gay, considera que la actual política económica en la Argentina es "suicida" y conduce a la recesión.
No viste traje ni corbata y se hizo conocer por la gente cuando fue el cerebro de la estatización de la empresa petrolera nacional YPF, cuyo paquete accionario de control fue expropiado a Repsol de España.
Horas después del anuncio de expropiación en 2012, no había dudado en irrumpir en la sede de YPF para echar de sus oficinas a los ejecutivos españoles.
Después de acusar a Repsol de "saqueo " en la gestión de YPF y denunciarla por falta de inversión, tuvo que dar marcha atrás a finales de 2013, al iniciar un acuerdo de compensación a Repsol.
Se lo acusa de los últimos vaivenes
Nacido en el seno de una familia judía en Buenos Aires, recibió una educación laica en escuela pública y se graduó en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Sus detractactores también le critican no haber seguido estudios posuniversitarios.
Es él quien fue el encargado de negociar una propuesta para el pago de la deuda pendiente de Argentina con el Club de París, de unos 10.000 millones de dólares.
Se oponía a la devaluación del peso pero dejó flotar la moneda la semana pasada y se produjo el 'shock' devaluatorio, al subir de seis a ocho pesos por dólar.
"¡Pero querían un dólar a 13 pesos!. Son los mismos que (en los años 90) nos decían que un peso valía un dólar (convertibilidad)", dijo enojado al acusar a los que buscan un derrumbe del modelo económico kirchnerista.
Y sin pelos en la lengua, este hombre quen sus primeros años de juventud lideró una agrupación marxista heterodoxa llamada Tontos pero no Tanto, acusó a la petrolera angloholandesa Shell de lanzar un ataque especulativo contra la moneda local.
Carlos Malamud, analista del Real Instituto Elcano en Madrid, dice que el modelo económico que defiende Kicillof "está en un callejón sin salida".
"La gran preocupación de los nuevos gestores económicos es reducir la brecha entre el dólar oficial y el paralelo", opinó.
Pero "tal como se pudo observar tras las fatídicas jornadas de la semana pasada, todo quedó limitado a algunas medidas espasmódicas y carentes de un hilo conductor".