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HONDURAS: La realidad golpista...
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From: Pedro Rodriguez Medina  (Original message) Sent: 20/07/2009 16:02

La realidad golpista de Honduras. ¿Estado burgués o Estado totalitario de excepción?

Posted in Honduras Situacion Politica on Julio 19th, 2009

Por Orlando Cruz Capote*

 

orlando-sierra_afp-micheletti.jpgComo estamos acostumbrados a las grandes campañas mediáticas de los medios de in-comunicación y des-información del sistema de dominación múltiple de los centros de poder capitalistas-imperialistas transnacionalizados, el famoso pensamiento y canal único del capital, no parecería extraño que estén tratando de darle un viso de credibilidad y legitimidad al régimen de facto instaurado por la fuerza de las armas en Honduras.

 

Lo que resulta más raro -y en este mundo de hoy se dan tantas rarezas- es que algunos medios alternativos de las heterogéneas izquierdas y centro-izquierdas fuera -¡y dentro de Cuba!- estén opinando con cierta libertad que el estado del Estado (perdonen la repetición) no ha variado y que solamente están en juego un cambio de gobierno, aunque sea militarista (o civil, que es un eufemismo) impuesto por la fuerza.
 

Tal galimatías es digno de una reflexión pues de lo que se trata es de “diferenciar” entre poder y gobierno, entre Estado y sistema político. El intento de decir que el Estado hondureño sigue siendo burgués -y representativo- y que el solo el gobierno es producto de un golpe de estado, y que por lo tanto lo que ha cambiado es ese, es un juego muy peligroso desde la semántica o el simulacro político desde la lingüística. Pero a esos profesores, escritores y “paracaidistas”  de la historia les llamaría la atención para que revisaran las obras de Lenin y de otros politólogos que, aunque no de izquierdas, han trabajado esta temática con cierta profusión.

 

Yo no me adentraría en las ciencias políticas, pero es muy complicado para el amplio público establecer diferencias entre esos términos o categorías, máxime si el Estado actual de Honduras se ha convertido de la noche a la mañana en un Estado autoritario y/o totalitario, muy semejante a un régimen capitalista fascistoide.

 

Esos autores, algunos muy de forma seria y con buenas intenciones, pero otros no, quizás se basen en categorías filosóficas y politológicas que traten de demostrar una desemejanza mínima o máxima entre Estado burgués y gobierno. Pero la pregunta salta a la vista y no debe ser respondida, desde las ciencias o saberes sociales complejos, y más con cierta pedantería intelectualoide pues puede confundir a la gran opinión pública nacional, regional e internacional, que tanto puede hacer por denotar a los fantoches hondureños.

 

El Estado hondureño ha cambiado porque las garantías constitucionales han sido puestas en entredicho, porque hay un gobierno militar -aunque al frente esté un civil-, porque se ha reprimido la reacción pacífica de los movimientos sociales y políticos a favor del retorno a la legalidad, porque se ha silenciado a la prensa nacional y extranjera, y porque se están elaborando listas de activistas sociales y políticos que ya están siendo perseguidos y que su futuro (y seguro) de vida es muy incierto. Incluso si hay un retorno a la normalidad anterior al golpe de estado, sus vidas estarían en riesgo permanente pues las bandas paramilitares, el ejército y las agencias de inteligencia internas y externas lo tienen en sus sistemas de computación -ellos han hablado desde sus celulares y han transmitidos las imágenes reales al mundo a través de sus computadoras- por lo que pueden ser encarcelados, torturados, asesinados o desaparecerlos que acaso es lo mismo. 
 

La historia de lo que sucedió en Colombia, hace más o menos una década atrás, puede repetirse. Simple y llanamente un movimiento guerrillero que había pasado a la oposición legal en la sociedad civil y desde el plano electoral, fue ultimado completamente, hombre por hombre y mujer por mujer, por los tenebrosos aparatos represivos, bajo un manto de silencio espantoso y con absoluta impunidad.
 

Hasta ahora el régimen de facto hondureño, impuesto por las bayonetas, por el apoyo encubierto y no tan oculto de las agencias estadounidenses y por la derecha continental ha dado pasos muy tímidos en cuanto a masacres colectivas y está brindando un viso de legalidad admitiendo solo cambios en el gobierno y poniendo y quitando “toques de queda”, estados de sitio temporales, rejuegos jurídicos, etc. Eso es lo que muestran las noticias de los medios de todas partes del mundo y desde la propia Honduras.
 

O sea que el traidor y gorila Micheleti, ha estado maniobrando con mucha astucia -claro que repleto de falsedades y contradicciones evidentes-, de que ha dado un paso dentro de la “democracia” y la “Constitución” al secuestrar y sacar del país al presidente Zelaya, porque este había violado la Carta Magna y era un hombre corrupto. En una carrera de mentiras  inacabables falsificaron la firma de renuncia de Zelaya -eso fue una invención burda, desmentida por el propio presidente elegido por el pueblo-, luego dijeron que este estaba siendo perseguido por las leyes nacionales -pero no había ningún proceso judicial abierto en su contra-, y  más tarde, añadieron que sus pasos violaban la constitución de ese país porque quería reelegirse, lo que constituyó otra gran mentira porque solo la propuesta del gobierno de Zelaya amparada por un reclamo popular era una encuesta sobre el posible aumento de la participación popular en un futuro gobierno en el cual ya Zelaya no iba a estar gobernando.
 

Ahora están vendiendo la imagen de que sólo hay uno o dos muertos, ocultando el número de heridos, la cantidad de presos y perseguidos. Tal parece que todo vuelve a la normalidad y que no hubo y no existe una resistencia popular masiva contra el golpe de estado.

¿Hasta cuando no nos daremos cuenta de que el Estado de jure de Honduras no existe? ¿Qué el Estado y el gobierno impuesto por los Estados Unidos -ya se sabe de la presencia y de los manejos de los funcionarios de Clinton en la Base Aérea de USA, de Palmerola, días antes, durante y después del golpe-, los militares, la jerarquía eclesiástica y la oligarquía hondureña es totalitaria y no tiene ninguna garantía democrática y ciudadana? Que hoy por hoy no existe un Estado de derecho en Honduras y que puede proseguir una gran matanza selectiva -cuidadosamente planeada y ejecutada- de activistas democráticos, progresistas y revolucionarios, latinoamericanistas y antiimperialistas.
 

¿Por qué se pretende ocultar con frases teóricas que ese Estado hondureño permanece igual que antes, y que solo ha habido un cambio violento de gobierno?  ¿Quienes están ejerciendo el poder real desde el gobierno o desde las sombras?
 

Acaso hemos olvidado la lección leninista que el Estado es el poder político concentrado de la clase económicamente dominante y que esa clase burguesa, dependiente, clientelista y entreguista en el caso latinoamericano y caribeño, tiene diferentes contenidos y formas formales -vuelvan a excusarme la duplicación- de expresar e instrumentar su dominio y hegemonía en el cuerpo societal, pero que en estos momentos lo está haciendo de forma manu militari, y con régimen de corte ilegal, antidemocrático y fascista.
 

Señores, el Estado hondureño es la prueba de fuego para la prosecución -o no- de los procesos democráticos en Nuestra América. Si no detenemos esa intentona golpista militar pro-imperialista con hechos -no con frases-, nos va a costar muy caro a todos los pueblos del Río Bravo hasta la Patagonia.
 

Otro “Plan Cóndor” está en marcha y no podemos diluirnos en querellas de lenguaje y calificativos light que tratan de imponernos desde los centros de pensamiento del imperio y sus múltiples cadenas monopolícas transnacionales que ahora abarcan no solo al peligroso complejo militar industrial y el energético -biocomubistile incluido-, sino a las grandes cadenas farmacéuticas, las industrias culturales, informáticas, las redes financieras capitalistas globalizadoras, y las firmas del sector del servicio, etc.

 

*Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía, Cuba



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From: Ruben1919 Sent: 06/01/2014 12:05
De: Quico º  (Mensaje original) Enviado: 06/01/2014 03:45

Particularmente de acuerdo: en negrita en rojo

Populismo frente a neoliberalismo

Augusto Klappenbach
Filósofo y escritor

Cuando vemos a Nicolás Maduro tratando a un pajarillo como la reencarnación de Chávez o reverenciando su imagen en la mancha de humedad de una pared muchos sentimos la misma incomodidad que cuando su jefe y maestro enarbolaba un rosario invocando el favor divino para su gobierno. Algo similar sucede con gestos y discursos de este tipo que protagonizan otros gobernantes en América Latina. Y esta incomodidad es legítima. Creo que disimular esta crítica con un pretendido respeto a la sensibilidad popular no es otra cosa que asumir una actitud paternalista. En nada ayuda a un proceso político fomentar supersticiones como si el pueblo necesitara acudir a la magia para resolver sus problemas. Creo que se pueden y se deben criticar estos recursos que tratan a los ciudadanos como menores de edad.

Pero mucho peor que ese paternalismo comprensivo es el intento de descalificar todas las políticas de los gobiernos llamados populistas (¿qué significa populismo?) aduciendo como razón estos episodios pintorescos. Lo cierto es que mientras en Europa –como en tantos otros lugares- no se atisba ninguna señal de que se cuestionen los dogmas neoliberales que rigen la vida económica, en varios países de América Latina, en muy distinta medida, se están rompiendo las reglas de juego que colocaron a esa región entre las más subdesarrolladas del planeta. Las recetas del Fondo Monetario, que redujeron su “ayuda” a los países latinoamericanos a exigirles la reducción del déficit y el control de la inflación, ya no son obedecidas ciegamente. Se están desarrollando tratados comerciales que no dependen de las políticas impuestas por Estados Unidos, aunque todavía estén en fase embrionaria y compitan entre sí. Muchas nacionalizaciones de empresas esenciales están mermando la influencia y el expolio que ejercieron grandes multinacionales en la región. Mientras en Europa las desigualdades entre los que tienen más y menos ingresos han crecido considerablemente durante la crisis, Latinoamérica es uno de los pocos lugares donde esa desigualdad disminuyó. En los últimos años, varios de esos países han reducido la pobreza extrema y el analfabetismo en una proporción significativa. Y, quizás lo más importante, proliferan en la región iniciativas populares de solidaridad y proyectos de integración de comunidades marginadas en zonas deprimidas. Lo cual no significa, por supuesto, que hayan resuelto sus problemas: las desigualdades y la miseria no han desaparecido, los conflictos entre las naciones latinoamericanas frenan la integración de la zona, el autoritarismo sigue vigente, los problemas de financiación son un obstáculo para el crecimiento, la inseguridad es muy alta, la corrupción no ha sido eliminada.

Decía Max Weber que la legitimación del poder político puede ser de tres tipos distintos. El primero es el tradicional, el que se basa en la fuerza de un pasado que no se cuestiona, como las monarquías hereditarias; el segundo es el carismático, que se fundamenta en los atributos personales de un líder al que el pueblo entrega su confianza; el tercero es el legal-racional, hijo de la razón ilustrada y que se apoya en la ley. Los Estados modernos surgen de este tercer criterio, que asume la democracia representativa como forma de gobierno. Pero el sistema capitalista, que rige la vida económica de estos Estados, entra claramente en contradicción con esa democracia representativa, sobre todo en la medida en que aumenta el peso de los sectores financieros en su gestión, ya que la supuesta voluntad popular que se expresa por medio de sus representantes pierde poder día a día, reemplazada por el que surge de anónimos despachos que dictan las condiciones de la gestión política. El precario estado de bienestar por el que habíamos optado en Europa requiere financiación y si esa financiación depende de las decisiones de quienes no representan a los ciudadanos y ni siquiera pueden ser controlados por los poderes públicos, el concepto mismo de democracia se ve cuestionado. Si aceptamos que es necesario un cambio de paradigma político y económico a riesgo de poner en peligro el mismo sistema democrático y el estado de bienestar, estos débiles signos que aparecen en algunos países de América Latina son los únicos que se dirigen a cuestionar el poder de los mercados financieros y a recuperar al menos una parte del control democrático de la economía. En cualquier caso, más de lo que se puede ver en Europa.

La superación de este estado de cosas difícilmente se puede hacer siguiendo la lógica interna y el curso normal de los procedimientos de ese paradigma legal-racional de que hablaba Weber, que ha generado gobiernos (y oposiciones) sujetos a reglas de funcionamiento que privilegian la estabilidad del sistema, sin que sus gestores tengan demasiado interés en provocar situaciones que podrían poner el peligro sus carreras políticas. ¿Qué gobernante se atrevería a desafiar a los mismos poderes que hacen posible su estabilidad en el cargo, llegar al cual le ha costado años de buena conducta dentro del partido? Probablemente sea necesaria la intervención de líderes carismáticos para romper esa normalidad. Recordando, eso sí, que no faltan ejemplos de tales líderes, como Hitler y Mussolini, que llevaron sus pueblos al desastre. Pero recordando también que no se puede demonizar el papel del liderazgo carismático; tampoco faltan ejemplos, como Gandhi y Mandela, que pudieron superar regímenes totalitarios utilizando métodos poco convencionales, sin necesidad de atenerse a los procedimientos formales convencionales. En cualquier caso, la irrupción de esos líderes  que rompen la estabilidad y se atreven a lanzar mensajes políticamente incorrectos con el apoyo de sectores importantes de la población constituye quizás la única manera de abrir un espacio en el que se comiencen a discutir las reglas de juego que rigen la práctica política y económica de nuestros tiempos y no solo la aplicación de cambios cosméticos. Aunque la prensa políticamente correcta (y no solo de derechas) pretenda identificar ese liderazgo carismático con un inoperante populismo demagógico.

Como siempre, la historia es impura, y resulta fácil descalificar en bloque regímenes políticos apoyándose en anécdotas más o menos pintorescas de sus líderes. Que por otra parte, y a diferencia de lo que sucedía hace poco tiempo en la época de los golpes de Estado, actúan dentro de la democracia representativa, con todos los matices que se quieran aducir. Los sistemas que dependen del carisma de sus líderes tienen sus riesgos, por supuesto. Como la tentación de sustituir medidas eficaces por soflamas revolucionarias, tomar decisiones precipitadas que provoquen lo contrario de lo que se pretende, asumir compromisos imposibles de cumplir, dividir más de lo necesario a los ciudadanos. Los resultados los dirá el tiempo. En cualquier caso, creo que los movimientos más o menos carismáticos que están apareciendo en América Latina constituyen uno de los pocos intentos de poner en cuestión los principios neoliberales sobre los que se basa la estructura económica actual. Una posibilidad que no se vislumbra en Europa, donde, por supuesto, se cuida mucho mejor la corrección del lenguaje y las formas protocolarias aunque nos lleven al fracaso.



 
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