El análisis de la obra de Carlos Marx y su aporte a la comprensión en torno al modo en que evoluciona y se transforma toda sociedad, desde las formaciones nómadas hasta la sociedad industrial, responde a un método de estudio que exige mucho rigor científico
El 5 de mayo de 1818 nació en la ciudad de Tréveris, Carlos Marx, a quien puede reconocerse su condición como el pensador social y filósofo más influyente de todos los tiempos.
Efectivamente, la repercusión de la obra de Marx sobre el pensamiento y la acción política de los intelectuales y líderes de los últimos ciento cincuenta años, sobrepasa el legado de cualquier otro teórico o filósofo de la política.
LA IDEA DE CAMBIO SOCIAL
El análisis de la obra de Carlos Marx y su aporte a la comprensión en torno al modo en que evoluciona y se transforma toda sociedad, desde las formaciones nómadas hasta la sociedad industrial, responde a un método de estudio que exige mucho rigor científico.
En primer lugar Marx parte de la idea de que toda sociedad se encuentra en ebullición, en un movimiento continuo en medio del cual los grandes compartimientos de dicha sociedad, las clases sociales, chocan continuamente y dicho movimiento no se produce de modo silvestre, sino tiene unas leyes que se desarrollan a partir del estrado o formación histórico-económica en que se encuentra dicha sociedad.
EL GENIO Y LA POLÉMICA
Para referirse a la estatura intelectual de Marx, su gran amigo, Federico Engels, señalaba que “frente a Marx, todos éramos el segundo violín; él era un genio, los demás a lo sumo, hombres de talento”.
Una obra que, en el plano teórico contiene tanta riqueza de posibilidades y sugerencias para proseguir líneas de investigación como la renta del suelo, organización de la comuna, la acumulación originaria en países periféricos, la plusvalía internacional, filosofía de la praxis, la superación del divorcio entre trabajo manual e intelectual y la clase trabajadora, como fuerza revolucionaria por excelencia, debía provocar, como en efecto lo hizo, la reacción más virulenta por parte de los sectores privilegiados de la sociedad.
Campañas de descalificación contra el gran pensador no han cejado desde los días en que escribió su célebre frase “Un fantasma recorre el mundo” en 1848. A lo largo del siglo veinte, académicos de elevado prestigio en círculos de la derecha escribieron algunos de sus libros más reconocidos, para despotricar del pensamiento de Marx.
AUTORES EN LA LIZA
Karl Popper produjo su voluminosa reflexión “La sociedad abierta y sus enemigos”, como ataque frontal al pensamiento de Marx por tacharlo de ser heredero dela sociedad cerrada que planteaba el filósofo Platón en su proyecto de reorganización de la sociedad desconociendo, Popper, el rigor de Marx a ofrecer su explicación mediante el método de la dialéctica, la transición entre los estadios de desarrollo social y el paso de modo de producción a otro, así la idea de libertad en Marx, preve la superación del reino de la necesidad, propio de la sociedad de clases, para el ejercicio de la libertad por los seres humanos.
Otros autores, como Ludwig Von Misses publicó “El socialismo”, compendio de dogmas neoliberales mediante los cuales se justifica el despojo de las atribuciones del Estado como garante de la base social de la libertad, para otorgarla al mercado y las grandes corporaciones. Otro tanto es el discurso de Raymond Aron en el marco de la Guerra Fría intelectual.
En todo caso, el resurgimiento del pensamiento socialista en estas primeras décadas del siglo XXI a lo largo del planeta, reivindica el portentoso esfuerzo adelantado por el autor de los Grundrisse y la Crítica a la Economía Política dirigido a mostrar una luz en el túnel de la apatía, el apoliticismo y la desolación inoculados por los aparatos académicos del gran capital como valores de resignación ante el orden civilizatorio de deshumanización y ganancia.
En la latitud nuestro-americana del debate de ideas, y a propósito de la instauración del Premio Libertador del Pensamiento Crítico, autores como Iztván Mezsáros, Enrique Dussel, Atilio Borón, Jorge Veraza e Ignacio Ramonet entre otros, con sus reflexiones, contribuyen a desentrañar nudos temáticos dentro de una visión crítica frente a un modelo de modernidad que remachó la división internacional del trabajo.
MARX Y BOLÍVAR
Un gran hombre lo es porque lega a la humanidad singulares aportes en su campo de conocimiento, verbigracia Luis Pasteur, Roberto Koch o Albert Einstein; y su grandeza no les libra de incurrir en alguna inconsistencia, sea en su especialidad o puntos de la vida personal. En tal sentido, la grandeza de Marx no logró superar su apreciación de 1858 acerca de la figura del Libertador Simón Bolívar, a quien pinta en artículo de 1858 como personaje caprichoso, arbitrario y poco menos que cobarde, sin hallarle ningún mérito acaso algo de suerte. Y ello debido a las lecturas que hizo en Londres de las memorias redactadas por Doucontrey-Holstain, Boussingalt y otros ex-legionarios resentidos por las exigencias de disciplina de los ejércitos patriotas entre 1817 y 1824.
Marx y Bolívar representan dos colosos del proceso de transformación de la historia. Téngase en cuenta que el Bolívar abolicionista de Carúpano y Ocumare, tras regresar de Haití en 1816, el mismo que redactaría artículos para abolir la esclavitud en Angostura en 1819 y en la Constitución de Bolivia en 1826, se adelantó al menos en 46 años al presidente Abraham Lincoln, quien pudo eliminar la esclavitud en Estados Unidos en 1864, con el término de la Guerra de Secesión. Y Marx fue profundo admirador de Lincoln, como lo testimonian epístolas que le enviara en apoyo a su rol histórico encabezando las fuerzas norteñas, frente a los estados esclavistas del Sur en Norteamérica.
De haber hurgado otras fuentes menos antibolivarianas, Marx no hubiese obtenido otra conclusión que reconocer en Bolívar un paladín de los pueblos oprimidos, mucho más adelantado que Abraham Lincoln.
LLEVÓ LUZ A DONDE HABÍA TINIEBLAS
“Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza idológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo (…) Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él. El descubrimiento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores… habían vagado en las tinieblas.
*Federico Engels, ante la tumba de Marx, 23 de marzo de 1883
El punto de partida del método idealista se encuentra en lo que las personas piensan y dicen de sí mismas. Pero Marx explicó que las ideas no caen del cielo, sino que reflejan con mayor o menor exactitud, situaciones objetivas, presiones sociales y contradicciones ajenas a la voluntad de los hombres y de las mujeres. Pero la historia no se desarrolla como resultado de la libre voluntad o de deseos conscientes de un "gran hombre", de reyes, de políticos o de filósofos. Por el contrario, el progreso de la sociedad depende del desarrollo de las fuerzas productivas, que no es el producto de una planificación consciente, sino que se desarrolla a espaldas de los hombres y de las mujeres.
Por primera vez, Marx coloca el socialismo sobre una base teórica firme. Una comprensión científica de la historia no se puede basar en las imágenes distorsionadas de la realidad que flotan como fantasmas pálidos e imaginarios en las mentes de los hombres y de las mujeres, sino en las relaciones sociales reales. Eso significa que hay que partir de una clarificación de la relación entre las formas sociales y políticas y el modo de producción en una etapa determinada de la historia. Esto es precisamente lo que se llama el método de análisis del materialismo histórico.
Alguna gente se sentirá irritada por esta teoría que parece privar a la humanidad de la función de protagonistas en el proceso histórico. De la misma manera, la Iglesia y sus apologistas filosóficos estaban profundamente ofendidos por las afirmaciones de Galileo de que el Sol, y no la Tierra, era el centro del Universo. Más tarde, las mismas personas atacaron a Darwin por sugerir que los seres humanos no eran la creación especial de Dios, sino el producto de la selección natural.
De hecho, el marxismo no niega en absoluto la importancia del factor subjetivo en la historia, el papel consciente de la humanidad en el desarrollo de la sociedad. Los hombres y las mujeres hacen la historia, pero no la hacen enteramente de acuerdo con su libre voluntad e intenciones conscientes. En palabras de Marx: "La historia no hace nada, ‘no posee una riqueza inmensa’, ‘no libra combates’. Ante todo es el hombre, el hombre real y vivo quien hace todo eso, quien posee y realiza combates; estemos seguros que no es la ‘historia’ la que se sirve del hombre como de un medio para realizar –como si ella fuera un personaje particular– sus propios fines; no es más que la actividad del hombre que persigue sus objetivos". (Marx y Engels, La Sagrada Familia, Capítulo VI)
Todo lo que el marxismo hace es explicar el papel del individuo como parte de una sociedad determinada, sujeta a ciertas leyes objetivas y, en última instancia, como el representante de los intereses de una clase particular. Las ideas no tienen existencia independiente, ni desarrollo histórico propio. "La vida no está determinada por la conciencia", escribe Marx en La ideología alemana, "sino la conciencia por la vida".
Las ideas y las acciones de las personas están condicionadas por las relaciones sociales, el desarrollo de lo cual no depende de la voluntad subjetiva de los hombres y mujeres, sino que se lleva a cabo de acuerdo con las leyes definidas que, en última instancia, reflejan las necesidades del desarrollo de las fuerzas productivas. Las interrelaciones entre estos factores constituyen una compleja red que a menudo es difícil de ver. El estudio de estas relaciones es la base de la teoría marxista de la historia.
Citemos un ejemplo. En el momento de la Revolución Inglesa, Oliver Cromwell creía fervientemente que él estaba luchando por el derecho de cada individuo a orar a Dios de acuerdo a su conciencia. Pero el transcurso posterior de la historia ha demostrado que la Revolución de Cromwell fue la etapa decisiva en el ascenso irresistible de la burguesía inglesa al poder. La fase concreta del desarrollo de las fuerzas productivas en la Inglaterra del siglo XVII no permitía ningún otro resultado.
Los dirigentes de la Gran Revolución Francesa de 1789 a 1793 lucharon bajo la bandera de "Libertad, Igualdad y Fraternidad". Ellos creían que estaban luchando por un régimen basado en las leyes eternas de la justicia y la razón. Sin embargo, independientemente de sus intenciones e ideas, los jacobinos estaban preparando el camino para la dominación de la burguesía en Francia. Una vez más, desde un punto de vista científico, ningún otro resultado era posible en ese momento del desarrollo social.
Desde el punto de vista del movimiento obrero, la gran contribución de Marx es que él fue el primero en explicar que el socialismo no es sólo una buena idea, sino el resultado necesario del desarrollo de la sociedad. Pensadores socialistas antes de Marx –los socialistas utópicos– trataron de descubrir leyes y fórmulas universales que sentaran las bases para el triunfo de la razón humana sobre la injusticia de la sociedad de clases. Todo lo que se necesitaba era descubrir esa idea, y los problemas se resolverían. Este era un enfoque idealista.
A diferencia de los utópicos, Marx nunca trató de descubrir las leyes de la sociedad en general. Él analizó la ley del movimiento de una sociedad en particular, de la sociedad capitalista, explicando cómo surgió, cómo evolucionó y cómo dejará necesariamente de existir en un momento dado. Llevó a cabo esta enorme tarea en los tres volúmenes de El Capital.
Marx y Darwin
Charles Darwin, que era un materialista instintivo, explicó la evolución de las especies como consecuencia de los efectos del medio ambiente natural. Carlos Marx explicó la evolución de la humanidad a partir del desarrollo del medio ambiente "artificial" que llamamos sociedad. La diferencia radica, por una parte, en el carácter enormemente complicado de la sociedad humana en comparación con la relativa simplicidad de la naturaleza y, en segundo lugar, en el ritmo de cambio enormemente acelerado de la sociedad en comparación con el ritmo extraordinariamente lento con el que se desarrolla la evolución por selección natural.
Sobre la base de las relaciones sociales de producción –es decir, las relaciones entre las clases sociales– surgen formas jurídicas y políticas complejas con sus múltiples reflejos ideológicos, culturales y religiosos. Este complejo edificio de formas e ideas a veces es definido como la superestructura social. La superestructura, aunque siempre se basa en fundamentos económicos, se eleva por encima de la base económica e interactúa con ella, a veces de manera decisiva. Esta relación dialéctica entre la base y la superestructura es muy complicada y no siempre muy evidente. Pero en última instancia, la base económica siempre resulta ser la fuerza decisiva.
Las relaciones de propiedad son simplemente la expresión jurídica de las relaciones entre las clases. Al principio, estas relaciones –junto con su expresión jurídica y política– ayudan al desarrollo de las fuerzas productivas. Pero el desarrollo de las fuerzas productivas tiende a tropezar con las limitaciones representadas por las relaciones de propiedad existentes. Estas últimas se convierte en un obstáculo para el desarrollo de la producción. Es en este momento que entramos en un período de revolución.
Los idealistas ven la conciencia humana como la causa principal de toda acción humana, la fuerza motriz de la historia. Pero toda la historia demuestra lo contrario. La conciencia humana, en general, no es progresista ni revolucionaria. Reacciona de forma lenta a las circunstancias y es profundamente conservadora. A la mayoría de la gente no le gusta el cambio, y mucho menos el cambio revolucionario. Este miedo innato al cambio está profundamente arraigado en la psique colectiva. Es parte de un mecanismo de defensa que tiene sus orígenes en un pasado remoto de la especie humana.
Como regla general, podemos decir que la sociedad nunca decide dar un paso adelante si no está obligada a hacerlo bajo la presión de la necesidad extrema. Siempre que sea posible salir del paso en la vida sobre la base de las viejas ideas, adaptándolas imperceptiblemente a una realidad que cambia lentamente, los hombres y las mujeres continuarán andando por los caminos ya trillados. Al igual que la fuerza de la inercia en la mecánica, la tradición, la costumbre y la rutina constituyen una pesada carga sobre la conciencia humana, lo que significa que las ideas siempre tienden a ir a la zaga de los acontecimientos. Se requiere el martillazo de los grandes acontecimientos para superar esta inercia y obligar a la gente a cuestionar la sociedad existente, sus ideas y valores.
Todo lo que muestra la revolución es el hecho de que las contradicciones sociales generadas por el enfrentamiento entre el desarrollo económico y la estructura existente de la sociedad se han vuelto insoportables. Esta contradicción central sólo puede ser resuelta por el derrocamiento radical del orden existente y su sustitución por nuevas relaciones sociales que pongan la base económica en armonía con la superestructura.
En una revolución las bases económicas de la sociedad sufren una transformación radical. A continuación, la superestructura legal y política sufre un cambio profundo. En cada caso, las nuevas y más elevadas relaciones de producción han madurado en embrión en el seno de la vieja sociedad, planteando la urgente necesidad de una transición hacia un nuevo sistema social.
El materialismo histórico
El marxismo analiza los impulsos primarios ocultos del desarrollo de la sociedad humana, desde las primeras sociedades tribales hasta los tiempos modernos. La forma en que el marxismo traza este sinuoso camino se llama la concepción materialista de la historia. Este método científico nos permite entender la historia, no como una serie de incidentes inconexos e imprevistos, sino más bien como parte de un proceso claramente comprensible e interrelacionado. Se trata de una serie de acciones y reacciones que abarcan la política, la economía y todo el espectro del desarrollo social. La tarea del materialismo histórico es poner al descubierto la compleja relación dialéctica entre todos estos fenómenos.
El gran historiador inglés Edward Gibbon, autor de La historia de la decadencia y caída del Imperio romano, escribió que la historia es "poco más que la lista de los crímenes, locuras y desgracias de la humanidad". (Gibbon, La decadencia y caída del Imperio Romano, Vol. 1, p. 69.) Básicamente, la más reciente interpretación postmodernista de la historia no ha avanzado un solo paso desde entonces. La historia es vista como una serie de narraciones desconectadas, sin conexión orgánica ni lógica o significado interior. Según este punto de vista, no existe un sistema socio-económico que se pueda decir que sea mejor o peor que cualquier otro, y por lo tanto la cuestión del progreso o del retroceso histórico está descartada.
La historia aparece aquí esencialmente como una serie de sucesos o accidentes aleatorios inexplicables y sin sentido. Se rige por leyes que no podemos comprender. Tratar de entenderla sería, por lo tanto, un ejercicio inútil. Una variación de este tema es la idea, ahora muy popular en algunos círculos académicos, de que no existen formas superiores o inferiores de desarrollo social y cultural. Afirman que no existe tal cosa como el progreso, algo que consideran una idea anticuada del siglo XIX, que fue popularizada por los liberales victorianos, socialistas fabianos y… Carlos Marx.
Esta negación del progreso en la historia es característica de la psicología de la burguesía en la fase de declive capitalista. Se trata de un fiel reflejo del hecho de que, bajo el capitalismo, el progreso ha alcanzado sus límites y amenaza con dar marcha atrás. La burguesía y sus representantes intelectuales son, naturalmente, reticentes a aceptar este hecho. Más aún, son orgánicamente incapaces de reconocerlo. Lenin dijo una vez que un hombre al borde de un precipicio no razona. Sin embargo, son vagamente conscientes de la situación real, y tratan de encontrar algún tipo de justificación para el estancamiento de su sistema negando completamente la posibilidad de avance.
Esta idea se ha hundido tanto en la conciencia que incluso ha sido llevada al reino de la evolución no humana. Incluso un pensador tan brillante como Stephen Jay Gould, cuya teoría dialéctica del equilibrio puntuado transformó la forma en que se percibe la evolución, sostuvo que era un error hablar de progreso de un nivel inferior a uno superior en la evolución, por lo que los microbios se deben colocar en el mismo nivel que los seres humanos. En cierto sentido es verdad que todos los seres vivos están relacionados (el genoma humano ha demostrado esto de manera concluyente). La humanidad no es una creación especial del Todopoderoso, sino el producto de la evolución. Tampoco es correcto ver la evolución como una especie de gran diseño, cuyo objetivo es crear seres como nosotros (una teleología, que viene del griego telos y cuyo significado es fin). Sin embargo, al rechazar una idea incorrecta, no es necesario ir al otro extremo, dando lugar a nuevos errores.
No se trata de aceptar ningún tipo de plan preconcebido, ya sea en relación con una intervención divina o de alguna clase de teleología, pero está claro que las leyes de la evolución inherentes a la naturaleza determinan, de hecho, el desarrollo desde formas simples de vida a formas más complejas. Las primeras formas de vida ya contienen en sí el embrión de todos los desarrollos futuros. Es posible explicar el desarrollo de los ojos, las piernas y otros órganos sin necesidad de recurrir a ningún plan preestablecido. En un determinado momento llegamos al desarrollo de un sistema nervioso central y un cerebro. Por último, con el homo sapiens, llegamos a la conciencia humana. La materia se hace consciente de sí misma. No ha habido ninguna revolución más importante desde el desarrollo de la materia orgánica (vida) a partir de la materia inorgánica.
Para complacer a nuestros críticos, quizás deberíamos añadir las palabras “desde nuestro punto de vista”. Los microbios, si fueran capaces de tener un punto de vista, probablemente plantearían objeciones serias. Pero somos seres humanos y tenemos que ver las cosas necesariamente a través de los ojos humanos. Y nosotros afirmamos que la evolución representa, de hecho, el desarrollo de formas de vida simple a otras más complejas y versátiles –en otras palabras, el progreso desde formas inferiores a superiores de vida–. Objetar esta formulación no tiene mucho sentido y no es científico, sino meramente escolástico. Al decir esto, por supuesto, no queremos ofender a los microbios, que, después de todo, han existido durante mucho más tiempo que nosotros, y si el sistema capitalista no es derrocado, puede que tengan la última palabra.
El motor de la historia
En la Contribución a la crítica de la economía política, Marx explica la relación entre las fuerzas productivas y la "superestructura" de la siguiente manera:
"En la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales (…) El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia".
Como Marx y Engels se esforzaron en señalar, quienes hacen la historia no siempre son conscientes de qué motivos les impulsan a actuar, buscando en su lugar racionalizarlos de un modo u otro, pero esos motivos existen y tienen una base en el mundo real.
Al igual que Charles Darwin explica que las especies no son inmutables, y que poseen un pasado, un presente y un futuro cambiando y evolucionando, así Marx y Engels explican que un sistema social no es algo eternamente fijo. Esa es la ilusión de todas las épocas. Cada sistema social cree que representa la única forma posible de existencia para los seres humanos, que sus instituciones, su religión, su moral… son la última palabra que se puede decir al respecto.
Eso es lo que los caníbales, los sacerdotes egipcios, María Antonieta y el Zar Nicolás creían fervientemente. Y eso es lo que la burguesía y sus apologistas quieren demostrarnos hoy, cuando nos aseguran, sin la más mínima base, que el llamado sistema de la libre empresa es el único sistema posible, justo cuando empieza a hundirse.
Hoy en día la idea de "evolución" ha sido generalmente aceptada, al menos, por personas instruidas. Las ideas de Darwin, tan revolucionarias en su día, se aceptan casi como un axioma. Sin embargo, la evolución se entiende generalmente como un proceso lento y gradual, sin interrupciones o trastornos violentos. En política, este tipo de argumento se utiliza con frecuencia como justificación para el reformismo. Por desgracia, se basa en un malentendido.
El mecanismo real de la evolución aún hoy en día sigue siendo un libro cerrado con siete sellos. Esto no es sorprendente, considerando que el propio Darwin no lo entendió. Sólo en la última década más o menos, con los nuevos descubrimientos de la paleontología hechos por Stephen J. Gould, quien formuló la teoría del equilibrio puntuado, se ha demostrado que la evolución no es un proceso gradual. Hay largos períodos en los que no se observan grandes cambios, pero en un momento dado, la línea de la evolución se rompe por una explosión, una verdadera revolución biológica caracterizada por la extinción masiva de algunas especies y el rápido ascenso de otras.
La analogía entre la sociedad y la naturaleza es, por supuesto, sólo aproximada. Pero incluso el examen más superficial de la historia muestra que la interpretación gradualista carece de fundamento. La sociedad, como la naturaleza, conoce largos períodos de cambio lento y gradual, pero también aquí la línea se interrumpe por acontecimientos explosivos: guerras y revoluciones, en las que el proceso de cambio se acelera enormemente. De hecho, son estos eventos los que actúan como la fuerza motriz principal del desarrollo histórico. Y la causa de la revolución es el hecho de que un sistema socio-económico en particular ha llegado a su límite y es incapaz de desarrollar las fuerzas productivas como antes.
Una visión dinámica de la historia
Aquellos que niegan la existencia de las leyes que rigen el desarrollo social humano siempre se aproximan a la historia desde un punto de vista subjetivo y moralista. Como Gibbon (pero sin su extraordinario talento) sacuden la cabeza ante el espectáculo interminable de violencia sin sentido, la inhumanidad del hombre contra el hombre (y la mujer) y así sucesivamente. En lugar de una visión científica de la historia tenemos una visión santurrona. Sin embargo, lo que se requiere no es un sermón moral, sino una visión racional. Más allá de los hechos aislados, es necesario discernir las tendencias generales, las transiciones de un sistema social a otro, y descubrir las fuerzas motrices fundamentales que determinan estas transiciones.
Aplicando el método del materialismo dialéctico a la historia, es inmediatamente obvio que la historia humana tiene sus propias leyes y que, en consecuencia, la historia de la humanidad es posible entenderla como un proceso. El ascenso y la caída de diferentes formaciones socioeconómicas se pueden explicar científicamente en términos de su capacidad o incapacidad para desarrollar los medios de producción, y de esa manera impulsar los horizontes de la cultura humana, y aumentar la dominación del hombre sobre la naturaleza.
La mayoría de la gente cree que la sociedad es algo permanentemente estático, y que sus valores morales, religiosos e ideológicos son inmutables, al igual que lo que llamamos "naturaleza humana". Pero el más mínimo conocimiento de la historia demuestra que esto es falso. La historia se manifiesta como el ascenso y caída de diferentes sistemas socio-económicos. Igual que los hombres y las mujeres como individuos, las sociedades nacen, se desarrollan, alcanzan sus límites, entran en declive y, finalmente, son sustituidas por una nueva formación social.
En última instancia, la viabilidad de un sistema socioeconómico dado se determina por su capacidad de desarrollar las fuerzas productivas, ya que todo depende de esto. Muchos otros factores entran en la ecuación compleja: la religión, la política, la filosofía, la moral, la psicología de las diferentes clases y las cualidades individuales de los líderes. Pero estas cosas no caen del cielo, y un cuidadoso análisis demostrará que están determinadas –aunque de una manera contradictoria y dialéctica– por el entorno histórico real, y por las tendencias y procesos que son independientes de la voluntad de los hombres y de las mujeres.
La perspectiva de una sociedad que se encuentra en una fase de ascenso, que está desarrollando los medios de producción e impulsando los horizontes de la cultura y de la civilización, es muy diferente a la psicología de una sociedad en un estado de estancamiento y declive. El contexto histórico general determina todo. Afecta el clima moral prevaleciente, y la actitud de los hombres y mujeres hacia las instituciones políticas y religiosas existentes. Incluso afecta a la calidad de los líderes políticos individuales.
El capitalismo en su juventud fue capaz de proezas colosales. Desarrolló las fuerzas productivas a un grado sin precedentes, por lo que fue capaz de hacer avanzar las fronteras de la civilización humana. La gente percibía que la sociedad avanzaba, a pesar de todas las injusticias y explotación que siempre han caracterizado a este sistema. Esta sensación dio lugar a un espíritu general de optimismo y progreso que fue el sello distintivo del viejo liberalismo, con su firme convicción de que hoy fue mejor que ayer y mañana sería mejor que hoy.
Ese ya no es el caso. El viejo optimismo y la fe ciega en el progreso han sido sustituidos por un profundo sentimiento de descontento con el presente y de pesimismo con respecto al futuro. Este sentimiento omnipresente de temor e inseguridad es sólo un reflejo psicológico del hecho de que el capitalismo ya no es capaz de jugar un papel progresista en ningún lugar.
En el siglo XIX, el liberalismo, la principal ideología de la burguesía, defendió (en teoría) el progreso y la democracia. Pero el neo-liberalismo en el sentido moderno es sólo una máscara que cubre la fea realidad de la explotación más rapaz, la violación del planeta, la destrucción del medio ambiente, sin la menor preocupación por la suerte de las generaciones futuras. La única preocupación de los consejos de administración de las grandes empresas, que son los verdaderos gobernantes de los EEUU y del mundo entero, es la de enriquecerse mediante el saqueo: la liquidación de activos, la corrupción, el robo de bienes públicos mediante la privatización, el parasitismo… Estas son las principales características de la burguesía en la fase de su decadencia senil.
"La transición de un sistema a otro siempre fue determinada por el crecimiento de las fuerzas productivas, es decir, de la técnica y de la organización del trabajo. Hasta cierto punto, los cambios sociales son de carácter cuantitativo y no alteran las bases de la sociedad, a saber, las formas prevalecientes de propiedad. Pero se llega a un punto en que las fuerzas productivas maduras ya no pueden contenerse dentro de las antiguas formas de propiedad, y luego sigue un cambio radical en el orden social, acompañado de conmociones". (León Trotsky, El pensamiento vivo de Carlos Marx, abril de 1939.)
Un argumento común en contra del socialismo es que es imposible cambiar la naturaleza humana; la gente es intrínsecamente egoísta, codiciosa, y demás. En realidad, no existe cosa tal como la naturaleza humana supra-histórica. El concepto de naturaleza humana ha sufrido muchos cambios en el curso de la evolución humana. Los hombres y mujeres cambian constantemente la naturaleza a través del trabajo y, al hacerlo, se cambian a sí mismos. En cuanto al argumento de que las personas son naturalmente egoístas y codiciosas, esto es refutado por los hechos de la evolución humana.
Nuestros primeros antepasados, que no eran todavía realmente humanos, eran de baja estatura y físicamente débiles en comparación con otros animales. No tenían dientes o garras fuertes. Su postura erguida significaba que no podían correr lo suficientemente rápido como para alcanzar al antílope que deseaban comer, o para escapar del león que quería comérselos. El tamaño de su cerebro era aproximadamente el de un chimpancé. Deambulando en la sabana del África oriental, estaban en una desventaja extrema con todas las demás especies, excepto en un aspecto fundamental.
Engels explica en su brillante ensayo El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre cómo la postura erguida liberó las manos, las cuales se habían desarrollado originalmente como una adaptación para trepar a los árboles, para otros fines. La producción de herramientas de piedra representa un salto cualitativo, dando a nuestros antepasadosuna ventaja evolutiva. Pero aún más importante fue el fuerte sentido de comunidad, la producción colectiva y la vida social, que a su vez está estrechamente relacionada con el desarrollo del lenguaje.
La extrema vulnerabilidad de los niños humanos, en comparación con las crías de otras especies significa que nuestros antepasados, cuya existencia como cazadores-recolectores los obligó a moverse de un lugar a otro en busca de alimento, tuvieron que desarrollar un fuerte sentimiento de solidaridad para proteger a sus crías y asegurar así la supervivencia de la tribu o del clan. Podemos decir con absoluta certeza que sin este poderoso sentido de la cooperación y de la solidaridad, nuestra especie se habría extinguido incluso antes de que naciera.
Esto lo vemos también hoy en día. Si se ve a un niño ahogándose en un río, la mayoría de la gente trataría de salvarlo, incluso arriesgando su propia vida. Muchas personas se han ahogado intentando salvar a otras. Esto no puede ser explicado en términos de cálculo egoísta, o por lazos de consanguinidad en un pequeño grupo tribal. Las personas que actúan de esta manera no saben a quiénes están tratando de salvar, ni esperan una recompensa por hacer lo que hacen. Este comportamiento altruista es muy espontáneo y procede de un instinto profundamente arraigado por la solidaridad. El argumento de que las personas son egoístas por naturaleza, lo cual es un reflejo de la fea y deshumanizada enajenación de la sociedad capitalista, es una etiqueta infame puesta sobre la raza humana.
Durante la mayor parte de la historia de nuestra especie, la gente vivía en sociedades donde la propiedad privada, en el sentido moderno, no existía. No había dinero, no había patrones ni trabajadores, tampoco banqueros ni terratenientes, no existía el Estado, la religión organizada, la policía ni las prisiones. Incluso la familia, tal como la entendemos ahora, no existía. Hoy en día, a muchos les resulta difícil imaginar un mundo sin estas cosas; parecen tan naturales que podrían haber sido creadas por el Todopoderoso. Sin embargo, nuestros antepasados se las arreglaron bastante bien sin ellas.
La transición de la caza y la recolección al sedentarismo, la agricultura y el pastoreo constituye la primera gran revolución social, que el gran arqueólogo (y marxista) australiano Gordon Childe llamó la Revolución Neolítica. La agricultura necesita agua. Una vez que se va más allá de la producción más básica de un nivel de subsistencia, se requiere de riego, excavación, construcción de represas y la distribución de agua a gran escala. Estas son tareas sociales.
El riego a gran escala necesita organización a gran escala. Exige el despliegue de un gran número de trabajadores y de un alto nivel de organización y disciplina. La división del trabajo, que ya existía en forma embrionaria en la división primaria entre los sexos que surge de las demandas del parto y la crianza de los hijos, se desarrolla a un nivel superior. El trabajo en equipo necesita jefes de equipo, capataces, supervisores, etc., y un ejército de funcionarios para supervisar el plan.
La cooperación a una escala tan grande exige la planificación y la aplicación de la ciencia y de la técnica. Esto está más allá de la capacidad de los pequeños grupos organizados en clanes que formaban el núcleo de la vieja sociedad. La necesidad de organizar y movilizar a un gran número de trabajadores llevó a la aparición de un Estado central, junto con una administración central y un ejército, como en Egipto y Mesopotamia.
El cronometraje y la medición eran elementos necesarios de la producción, y ellos mismos eran parte de las fuerzas productivas. Así, Herodoto afirma que los principios de la geometría se dieron en Egipto por la necesidad de tener que medir la tierra inundada anualmente. La palabra geometría significa ni más ni menos que medición de la tierra.
El estudio de los cielos, la astronomía y las matemáticas permitió a los sacerdotes egipcios predecir las crecidas del Nilo, etc. Por lo tanto, la ciencia nace de la necesidad económica. En su Metafísica, Aristóteles escribió: "El hombre comienza a filosofar cuando las necesidades de la vida están satisfechas". (Metafísica, I. 2.) Esta declaración va directa al corazón del materialismo histórico, 2.300 años antes de Carlos Marx.
En el corazón de esta división entre ricos y pobres, gobernantes y gobernados, educados e ignorantes, está la división entre el trabajo intelectual y el manual. El capataz está generalmente exento de trabajo manual que ahora conlleva un estigma. La Biblia habla de "leñadores y aguadores", las masas que fueron excluidas de la cultura, la cual quedó envuelta en un manto de misterio y magia. Sus secretos estaban estrechamente preservados por la casta de los sacerdotes y de los escribas, quienes tenían su monopolio.
Aquí ya vemos el bosquejo de la sociedad de clases, la división de la sociedad en clases: explotadores y explotados. En cualquier sociedad donde el arte, la ciencia y el gobierno son el monopolio de una minoría, esa minoría utilizará y abusará de su posición para sus propios intereses. Este es el secreto fundamental de la sociedad de clases y se ha mantenido así durante los pasados 12.000 años.
Durante todo este tiempo ha habido muchos cambios fundamentales en las formas de la vida económica y social. Pero las relaciones fundamentales entre gobernantes y gobernados, ricos y pobres, explotadores y explotados siguen siendo las mismas. Igualmente, aunque las formas de gobierno experimentaron muchos cambios, el Estado siguió siendo lo que siempre había sido: un instrumento coercitivo y una expresión de la dominación de clase.
El ascenso y la caída de la sociedad esclavista fueron seguidos en Europa por el feudalismo, que a su vez fue desplazado por el capitalismo. El ascenso de la burguesía, que comenzó en las ciudades de Italia y de los Países Bajos, alcanzó una etapa decisiva con las revoluciones burguesas en Holanda e Inglaterra en los siglos XVI y XVII, y la Gran Revolución Francesa de 1789 a 1793. Todos estos cambios fueron acompañados por profundas transformaciones en la cultura, el arte, la literatura, la religión y la filosofía.
El Estado
El Estado es una fuerza represiva especial por encima de la sociedad y cada vez más alienada de esta. Esta fuerza tiene su origen en el pasado remoto. Los orígenes del Estado, sin embargo, varían según las circunstancias. Entre los germanos y los americanos nativos surgió del grupo de guerreros que se reunían alrededor de la persona del jefe de guerra. Este es también el caso de los griegos, como vemos en los poemas épicos de Homero.
Originalmente, los jefes tribales disfrutaron de la autoridad debido a su valor personal, sabiduría y otras cualidades personales. Hoy en día, el poder de la clase dominante no tiene nada que ver con las cualidades personales de los líderes como era el caso bajo la barbarie. Tiene sus raíces en las relaciones sociales y productivas objetivas y en el poder del dinero. Las cualidades del gobernante individual pueden ser buenas, malas o indiferentes, pero esa no es la cuestión.
Las primeras formas de sociedad de clases ya mostraban al Estado como un monstruo que devoraba enormes cantidades de mano de obra, oprimía a las masas y las privaba de todos los derechos. Al mismo tiempo, con el desarrollo de la división del trabajo, con la organización de la sociedad y con la cooperación llevada a un nivel mucho más alto que nunca, se pudo movilizar a una gran cantidad de fuerza de trabajo. Esto incrementó el trabajo productivo humano a unas alturas insospechadas.
En la base, todo esto dependió de la mano de obra de las masas campesinas. El Estado necesitaba un gran número de campesinos que pagaran impuestos y proveyeran trabajo no remunerado –los dos pilares sobre los que descansaba la sociedad–. Aquel que controlara este sistema controlaba el poder y el Estado. Los orígenes del poder del Estado se basan en las relaciones de producción, y no en cualidades personales. El poder del Estado en este tipo de sociedades era necesariamente centralizado y burocrático. Originalmente, tenía un carácter religioso y se mezcló con el poder de la casta de los sacerdotes. En su vértice se encontraba el dios-rey, y bajo él había un ejército de funcionarios, mandarines, escribas, supervisores, etc. La escritura misma fue considerada con admiración y respeto como un arte misterioso conocido sólo por unos pocos.
Así, desde el principio, las instituciones del Estado están mistificadas. Las relaciones sociales reales aparecen en un disfraz alienado. Este sigue siendo el caso. En Gran Bretaña, esta mistificación se cultiva deliberadamente a través de la ceremonia, la pompa y la tradición. En los EEUU se cultiva por otros medios: el culto al Presidente, que representa el poder del Estado personificado. En esencia, sin embargo, todas las formas del poder del Estado representan la dominación de una clase sobre el resto de la sociedad. Incluso en su forma más democrática, representa la dictadura de una sola clase, la clase dominante, la clase que posee y controla los medios de producción.
El Estado moderno es un monstruo burocrático que devora una cantidad colosal de la riqueza producida por la clase obrera. Los marxistas están de acuerdo con los anarquistas en que el Estado es un instrumento de opresión monstruoso que debe ser eliminado. La pregunta es: ¿Cómo? ¿Por quién? y ¿Qué lo sustituirá? Esta es una cuestión fundamental para cualquier revolución. En un discurso sobre el anarquismo durante la guerra civil que siguió a la Revolución Rusa, Trotsky resumió muy bien la posición marxista sobre el Estado:
"La burguesía dice: no toquéis el poder del Estado, es el sagrado privilegio hereditario de las clases educadas. Pero los anarquistas dicen: no lo toquéis, es un invento infernal, un dispositivo diabólico. No tiene nada que ver con eso. La burguesía dice, no lo toquéis, porque es sagrado. Los anarquistas dicen: no lo toquéis, porque es pecado. Ambos dicen: no lo toquéis. Pero nosotros decimos: no sólo tocadlo, tomadlo en vuestras manos, y ponedlo a trabajar para vuestros propios intereses, por la abolición de la propiedad privada y la emancipación de la clase obrera". (León Trotsky, Cómo se armó la revolución, vol. 1, 1918.)
El marxismo explica que el Estado consiste, en última instancia, en cuerpos de hombres armados: el ejército, la policía, los tribunales y las cárceles. Contra las ideas confusas de los anarquistas, Marx argumentó que los trabajadores necesitan un Estado para vencer la resistencia de las clases explotadoras. Pero ese argumento de Marx ha sido distorsionado tanto por la burguesía como por los anarquistas. Marx habló de la "dictadura del proletariado", que no es más que un término más preciso científicamente para definir "el dominio político de la clase obrera".
Hoy en día, la palabra dictadura tiene connotaciones que eran desconocidas para Marx. En una época en que se asocia con los horrendos crímenes de Hitler y Stalin, evoca visiones de pesadilla de un monstruo totalitario, campos de concentración y policía secreta. Pero esas cosas no existían siquiera en la imaginación en la época de Marx. Para él, la palabra dictadura venía de la República Romana, donde se entendía como una situación en que en tiempo de guerra, las reglas normales se dejaban de lado por un período temporal.
El dictador romano ("el que dicta") era un magistrado supremo (magistratus extraordinarius), elegido en situaciones excepcionales, con la autoridad absoluta para realizar tareas más allá de la autoridad normal de un magistrado. El oficio fue originalmente llamado Magister Populi (Jefe del Pueblo), es decir, el Jefe del Ejército Ciudadano. En otras palabras, se trataba de un papel militar que casi siempre implicaba dirigir un ejército en batalla. Transcurrido el plazo señalado, el dictador renunciaba. La idea de una dictadura totalitaria como la Rusia de Stalin, donde el Estado podía oprimir a la clase obrera para preservar los intereses de una casta privilegiada de burócratas, habría horrorizado a Marx.
Su modelo no podría haber sido más diferente. Marx basó su idea de la dictadura del proletariado en la Comuna de París de 1871. Aquí, por primera vez, las masas populares, con los trabajadores a la cabeza, derrocaron al viejo Estado y, al menos, comenzaron la tarea de transformar la sociedad. Sin un plan claramente definido de acción, ni dirección u organización, las masas demostraron un sorprendente grado de coraje, iniciativa y creatividad. Resumiendo la experiencia de la Comuna de París, Marx y Engels explicaron: "La Comuna ha demostrado, principalmente, que 'la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estado en bloque, poniéndola en funcionamiento para sus propios fines'". (Prefacio a la edición alemana de 1872 del Manifiesto Comunista.)
La transición al socialismo –una forma superior de sociedad basada en la democracia genuina y en abundancia para todos–, sólo puede llevarse a cabo mediante la participación activa y consciente de la clase obrera en la gestión de la sociedad, de la industria y del Estado. No es algo que se entregue amablemente a los trabajadores por capitalistas bienintencionados o mandarines burocráticos.
Bajo Lenin y Trotsky, el Estado soviético se construyó con el fin de facilitar la participación de los trabajadores a las tareas de control y contabilidad, para asegurarse el progreso continuo de la reducción de las "funciones especiales" de la burocracia y del poder del Estado. Se pusieron limitaciones estrictas sobre los salarios, el poder y los privilegios de los funcionarios con el fin de evitar la formación de una casta privilegiada.
El Estado obrero establecido por la Revolución Bolchevique en 1917 no era ni burocrático ni totalitario. Por el contrario, antes de que la burocracia estalinista usurpara el control que estaba en manos de las masas, era el Estado más democrático que jamás haya existido. Los principios básicos del poder soviético no fueron inventados por Marx ni Lenin. Se basaban en la experiencia concreta de la Comuna de París, y después fueron desarrollados en más detalle por Lenin.
Lenin era enemigo jurado de la burocracia. Él siempre hizo hincapié en que el proletariado sólo necesita un Estado que esté "constituido de tal forma que comenzará a desaparecer enseguida y no podrá evitarlo". Un Estado obrero genuino no tiene nada en común con el monstruo burocrático que existe hoy en día, e incluso menos con el que existía en la Rusia estalinista. Las condiciones básicas para la democracia obrera fueron establecidas en una de las obras más importantes de Lenin, El Estado y la revolución:
1) Elecciones libres y democráticas con derecho a revocación de todos los funcionarios. 2) Ningún funcionario puede recibir un salario superior al de un trabajador cualificado. 3) No al ejército permanente y a la policía, sino el pueblo en armas. 4) Gradualmente, todas las tareas administrativas serán realizadas por todos a turnos. "Que un cocinero pueda ser primer ministro. Cuando todo el mundo es un 'burócrata' de forma rotativa, nadie puede ser un burócrata todo el tiempo".
Estas fueron las condiciones que Lenin estableció, no para el socialismo o el comunismo en toda regla, sino para el primer período de un Estado obrero –el período de la transición del capitalismo al socialismo–.
Los soviets de diputados obreros y de soldados fueron asambleas elegidas compuestas, no de políticos profesionales y burócratas, sino de simples trabajadores, campesinos y soldados. No era un poder ajeno que se colocaba sobre la sociedad, sino un poder basado en la iniciativa directa del pueblo desde abajo. Sus leyes no eran como las leyes dictadas por el poder del Estado capitalista. Se trataba de un modelo de poder completamente diferente del que generalmente existe en las repúblicas democráticas burguesas parlamentarias del tipo que aún prevalece en los países avanzados de Europa y América. Este poder era del mismo tipo que la Comuna de París de 1871.
Es cierto que en condiciones de atraso espantoso, pobreza y analfabetismo, la clase obrera rusa no pudo mantenerse en el poder que habían conquistado. La revolución sufrió un proceso de degeneración burocrática que llevó al establecimiento del estalinismo. Contrariamente a las mentiras de los historiadores burgueses, el estalinismo no fue el producto del bolchevismo, sino su peor enemigo. Stalin se encuentra aproximadamente en la misma relación con Marx y Lenin como Napoleón con los jacobinos, o el Papa con los primeros cristianos.
En su primera etapa la Unión Soviética fue, de hecho, no un Estado en el sentido en que normalmente lo entendemos, sino sólo la expresión organizada del poder revolucionario de la clase obrera. Para usar la frase de Marx, era un "semi-Estado", un Estado diseñado de tal forma que eventualmente se marchitaría y se disolvería en la sociedad, dando paso a la gestión colectiva de la sociedad en beneficio de todos, sin recurrir a la fuerza o a la coerción. Esa, y sólo esa, es la verdadera concepción marxista del Estado obrero.
Trotsky señaló que la revolución es la fuerza motriz de la historia. No es casualidad que el ascenso de la burguesía en Italia, Holanda, Inglaterra, y más tarde en Francia, fuera acompañado de un extraordinario florecimiento de la cultura, el arte y la ciencia. En esos países donde la revolución burguesa triunfó en los siglos XVII y XVIII, el desarrollo de las fuerzas productivas y de la tecnología se complementaron con un desarrollo paralelo de la ciencia y de la filosofía, que socavó la dominación ideológica de la Iglesia para siempre.
Por el contrario, aquellos países donde las fuerzas de la reacción católica feudal estrangularon el embrión de la nueva sociedad en la matriz fueron condenados a sufrir la pesadilla de un período de degeneración, declive y descomposición larga e ignominiosa. El ejemplo de España es quizás el más gráfico a este respecto.
En la época del ascenso del capitalismo, cuando todavía representaba una fuerza progresista en la historia, los primeros ideólogos de la burguesía tuvieron que librar una batalla feroz contra los bastiones ideológicos del feudalismo, empezando por la Iglesia Católica. Mucho antes de derrocar el poder de los señores feudales, la burguesía, en la forma de sus representantes más conscientes y revolucionarios, tuvo que romper sus defensas ideológicas: el marco filosófico y religioso que se había desarrollado alrededor de la Iglesia y de su brazo militante, la Inquisición.
El auge del capitalismo comenzó en los Países Bajos y en las ciudades del norte de Italia. Esto fue acompañado de nuevas actitudes, que se solidificaron gradualmente en una nueva moralidad y en nuevas creencias religiosas. Bajo el feudalismo, el poder económico se expresó en la propiedad de la tierra. El dinero jugaba un papel secundario. Sin embargo, el aumento del comercio y de la producción, y de las relaciones de mercado incipientes que trajeron consigo, hicieron del dinero un poder incluso mayor. Surgieron grandes familias de banqueros, como los Fugger, que desafiaron el poder de los reyes.
Las sangrientas guerras de religión del siglo XVI y XVII no fueron más que la expresión externa de conflictos de clase más profundos. El único resultado posible de estas luchas fue el ascenso al poder de la burguesía y de nuevas relaciones (capitalistas) de producción. Pero quienes encabezaban estas luchas no tenían conocimiento previo de esto.
La Revolución Inglesa de 1640-1660 supuso una gran transformación social. El antiguo régimen feudal fue destruido y sustituido por un nuevo orden social capitalista. La Guerra Civil fue una guerra de clases que derrocó el despotismo de Carlos I y el orden feudal reaccionario que estaba detrás suya. El parlamento representaba a las emergentes clases medias de la ciudad y el campo, que desafiaron y derrotaron al antiguo régimen, aprovechando de paso para cortar la cabeza del rey y abolir la Cámara de los Lores.
Objetivamente, Oliver Cromwell estaba sentando las bases para el dominio de la burguesía en Inglaterra. Pero para hacer esto, para despejar del camino de toda la basura feudal monárquica, se vio obligado primero a barrer a un lado a la burguesía cobarde, a disolver el parlamento y a basarse en la pequeña burguesía, los pequeños agricultores de East Anglia –la clase a la que pertenecía–, y las masas plebeyas y semiproletarias de la ciudad y del campo.
Poniéndose a la cabeza de un ejército revolucionario, Cromwell despertó el espíritu de lucha de las masas apelando a la Biblia, a los Santos y al Reino de Dios en la Tierra. Sus soldados no fueron a la batalla bajo la bandera de la renta, el interés y el beneficio, sino cantando himnos religiosos. Este espíritu de evangelización, que pronto se llenó de un contenido revolucionario (e, incluso, a veces comunista), fue lo que inspiró a las masas a luchar con gran valentía y entusiasmo frente a las Huestes de Baal.
Sin embargo, una vez en el poder, Cromwell no podía ir más allá de los confines establecidos por la historia y los límites objetivos de las fuerzas productivas de la época. Se vio obligado a volverse contra el ala izquierda, reprimiendo a los Niveladores (Levellers) por la fuerza, y a aplicar una política que favorecía a la burguesía y la consolidación de las relaciones de propiedad capitalistas en Inglaterra. Al final, Cromwell disolvió el Parlamento y gobernó como dictador hasta su muerte. Tras él, la burguesía inglesa, temerosa de que la revolución hubiera ido demasiado lejos y pudiera representar una amenaza a la propiedad, restauró a los Estuardo al trono.
La Revolución Francesa de 1789 a 1793 fue de un nivel cualitativamente superior. Los jacobinos apelaron a la razón en lugar de a la religión. Lucharon bajo la bandera de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad con el fin de incitar a las masas plebeyas y semiproletarias contra la aristocracia feudal y la monarquía.
Mucho antes de que derribara los muros formidables de la Bastilla, había derrocado a las invisibles, pero no menos formidables, murallas de la Iglesia y de la religión. Pero cuando la burguesía francesa se convirtió en la clase dominante, enfrentada a la nueva clase revolucionaria –el proletariado–, la burguesía se olvidó rápidamente de la embriaguez racionalista y atea de su juventud.
Después de la caída de Robespierre, los hombres victoriosos con propiedad anhelaban estabilidad. Buscando fórmulas estabilizadoras y una ideología conservadora que justificara sus privilegios, rápidamente redescubrieron los encantos de la Santa Madre Iglesia. Esta última, con su extraordinaria capacidad de adaptación, ha logrado sobrevivir durante dos milenios, a pesar de todos los cambios sociales que han tenido lugar. La Iglesia Católica pronto dio la bienvenida a su nuevo amo y protector, santificando el dominio del Gran Capital, de la misma manera que antes había santificado el poder de los monarcas feudales y de los propietarios de esclavos del Imperio Romano.
Una caricatura del marxismo
En su obra clásica ¿Qué es la historia? el historiador Inglés E.H. Carr dijo que los hechos históricos son "siempre refractados por la mente del observador", y que se debe "estudiar al historiador antes de empezar a estudiar los hechos". Con esto quiso decir que la narración de la historia no se puede separar del punto de vista, político o de otro tipo, tanto del escritor y del lector como de los tiempos que viven o vivían.
A menudo se dice que la historia la escriben los vencedores. En otras palabras, la selección e interpretación de los hechos históricos están determinados por el resultado real de esos conflictos ya que afectan a los historiadores y a su vez su percepción de lo que el lector quiere leer. A pesar de las pretensiones de los historiadores burgueses de una supuesta objetividad, la escritura de la historia, inevitablemente, refleja un punto de vista de clase. Es imposible evitar tener algún punto de vista sobre los hechos que se describen. Sostener lo contrario es intentar defraudar al lector.
Cuando los marxistas miran a la sociedad no pretenden ser neutrales, sino que abiertamente apoyan la causa de la clase obrera y del socialismo. Sin embargo, eso no excluye en absoluto la objetividad científica. Un cirujano involucrado en una delicada operación también está comprometido con salvar la vida de su paciente. Él está lejos de ser "neutral" sobre el resultado. Pero por esa misma razón, distinguirá con sumo cuidado entre las diferentes capas del organismo. De la misma forma, los marxistas se esfuerzan por obtener el análisis más exacto científicamente de los procesos sociales, con el fin de ser capaces de influir en el resultado exitosamente. Pero aquí no estamos tratando de una simple serie de hechos "uno tras otro", sino que por propia voluntad estamos tratando de deducir los procesos generales involucrados y de explicarlos.
De lo anterior se desprende que el flujo y la dirección de la historia han sido –y son– determinados por los choques entre determinados intereses sociales. Diferentes clases y grupos sociales intentan moldear la sociedad según sus propios intereses, y los conflictos resultantes entre las clases se derivan de esto.
Muy a menudo se intenta desacreditar al marxismo recurriendo a una caricatura de su método de análisis histórico. No hay nada más fácil que levantar un espantapájaros y derribarlo de nuevo. La distorsión habitual es que Marx y Engels lo reducen todo a la economía. Esta patente absurdidad fue contestada muchas veces por Marx y Engels, como en el siguiente extracto de la carta de Engels a Bloch (21 de septiembre 1890):
"Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacía, abstracta y absurda".
El materialismo histórico no tiene nada en común con el fatalismo. Los hombres y las mujeres no son meramente títeres de fuerzas históricas ciegas. Pero tampoco son agentes totalmente libres, capaces de forjar su destino con independencia de las condiciones existentes impuestas por el nivel de desarrollo económico, la ciencia y la técnica, que, en última instancia, determinan si un sistema socio-económico es viable o no. Por citar a Engels:
"Los hombres hacen su historia, cualesquiera que sean los rumbos de ésta, al perseguir cada cual sus fines propios con la conciencia y la voluntad de lo que hacen; y la resultante de estas numerosas voluntades, proyectadas en diversas direcciones, y de su múltiple influencia sobre el mundo exterior, es precisamente la historia". (Engels, Ludwig Feuerbach y el final de la filosofía clásica alemana.)
Marx y Engels criticaron reiteradamente la forma superficial con que algunas personas hacían un mal uso del método del materialismo histórico. En su carta a Conrad Schmidt, del 5 de agosto de 1890, Engels escribe:
"En general, la palabra 'materialista' sirve, en Alemania, a muchos escritores jóvenes como una simple frase para clasificar sin necesidad de más estudio todo lo habido y por haber; se pega esta etiqueta y se cree poder dar el asunto por concluido. Pero nuestra concepción de la historia es, sobre todo, una guía para el estudio y no una palanca para levantar construcciones a la manera del hegelianismo. Hay que estudiar de nuevo toda la historia, investigar en detalle las condiciones de vida de las diversas formaciones sociales, antes de ponerse a derivar de ellas las ideas políticas, del Derecho privado, estéticas, filosóficas, religiosas, etc., que a ellas corresponden. Hasta hoy, en este terreno se ha hecho poco, pues ha sido muy reducido el número de personas que se han puesto seriamente a ello. En este campo podemos utilizar un montón de ayuda, de un tamaño inmenso, y quien desee trabajar seriamente puede conseguir mucho y distinguirse. Pero, en vez de hacerlo así, hay demasiados alemanes jóvenes a quienes las frases sobre el materialismo histórico (todo puede ser convertido en frase) sólo les sirven para erigir a toda prisa un sistema con sus conocimientos históricos, relativamente escasos –pues la historia económica está todavía en mantillas–, y pavonearse luego, muy ufanos de su hazaña. Y entonces es cuando puede aparecer un Barth cualquiera, para dedicarse a lo que, por lo menos en su medio, ha sido reducido a la categoría de una frase huera". (Marx y Engels, Obras Completas, Tomo 49, p. 8.)
En otra carta a Conrad Schmidt del 27 de octubre de 1890, Engels escribe: "De lo que adolecen todos estos señores, es de falta de dialéctica. No ven más que causas aquí y efectos allí. Que esto es una abstracción vacía, que en el mundo real esas antítesis polares metafísicas no existen más que en momentos de crisis y que la gran trayectoria de las cosas discurre toda ella bajo forma de acciones y reacciones –aunque de fuerzas muy desiguales, la más fuerte, más primaria y más decisiva de las cuales es el movimiento económico–, que aquí no hay nada absoluto y todo es relativo, es cosa que ellos no ven; para ellos, no ha existido Hegel". (Marx y Engels, Obras Completas, tomo 49, p. 59.)
El marxismo no niega la cuestión de las ideas, sino más bien trata de examinar lo que da lugar a las mismas. Igualmente, no niega el papel del individuo ni tampoco el de la casualidad, sino que los pone en su contexto correcto. Un accidente de coche o una bala perdida puede de hecho cambiar el curso de la historia, pero ciertamente no es la fuerza motriz.
Hegel explicó que la necesidad se expresa a través del azar. La bala del asesino que mató al archiduque Fernando de Sarajevo fue un accidente histórico que sirvió como un catalizador para el inicio de las hostilidades entre las grandes potencias que se habían ido acumulando como resultado de las contradicciones económicas, políticas y militares insalvables entre las grandes potencias europeas antes de 1914 .
La filosofía marxista
Esto nos lleva a la cuestión central de la filosofía marxista. En los escritos de Marx y Engels no tenemos un sistema filosófico, como el de Hegel, sino una serie de ideas y sugerencias brillantes, que, si se desarrollaran, proveerían una valiosa adición al arsenal metodológico de la ciencia. Por desgracia, tal obra nunca ha sido seriamente acometida.
Hay una dificultad para cualquier persona que quiera estudiar a fondo el materialismo dialéctico. A pesar de la enorme importancia del tema, no hay un solo libro de Marx y Engels que se ocupe de la cuestión de una manera exhaustiva. Sin embargo, el método dialéctico es evidente en todos los escritos de Marx. Probablemente el mejor ejemplo de la aplicación de la dialéctica a un campo en particular (en este caso de la economía política) se compone de los tres volúmenes de El capital.
Durante mucho tiempo, Marx tenía la intención de escribir un libro sobre el materialismo dialéctico, pero resultó imposible debido a su trabajo de El capital. Además de esta tarea monumental, Marx produjo numerosos escritos políticos y estaba constantemente ocupado con su participación activa en el movimiento obrero, sobre todo en la construcción de la Asociación Internacional de los Trabajadores (la Primera Internacional). Esto ocupó cada momento de su tiempo, e incluso este trabajo fue interrumpido con frecuencia por episodios de enfermedad causados por sus miserables condiciones de vida, la mala alimentación y el agotamiento.
Después de la muerte de Marx, Engels planeó escribir el libro de filosofía que su amigo no pudo producir. Él nos dejó un precioso legado de escritos sobre la filosofía marxista, como Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Anti-Dühring y Dialéctica de la naturaleza. Pero, desgraciadamente, por diversas razones, Engels tampoco pudo escribir el libro definitivo sobre la filosofía marxista.
En primer lugar, la aparición de una corriente oportunista en el Partido Socialdemócrata de Alemania le obligó a dejar su investigación científica a un lado con el fin de escribir una polémica contra el oportunismo, la cual se ha convertido en uno de los clásicos más importantes del marxismo. Este fue el famoso Anti-Dühring, que, entre otras cosas, contiene una contribución a la filosofía marxista de primer orden en importancia.
Más tarde, Engels regresó a sus estudios preparatorios para una obra a fondo sobre la filosofía. Pero con la muerte de Marx, el 14 de marzo de 1883, se vio obligado nuevamente a suspender este trabajo con el fin de dar prioridad a la difícil tarea de poner en orden y completar los manuscritos de los volúmenes segundo y tercero de El Capital, que habían quedado inconclusos.
Marx y Hegel
La filosofía dialéctica llegó a su punto más alto en la filosofía del idealista alemán Georg Hegel. Su gran contribución fue la de redescubrir la dialéctica, originalmente inventada por los griegos. Desarrolló ésta hasta nuevas alturas. Pero lo hizo sobre la base del idealismo. Este fue, en palabras de Engels, el mayor aborto de la historia. Leyendo a Hegel, uno tiene la sensación de una verdadera gran idea que está luchando por escapar de la camisa de fuerza de la mistificación idealista. Aquí encontramos ideas extraordinariamente profundas e indicios fugaces de una gran visión, pero sepultados en medio de un montón de tonterías idealistas ¡Es una experiencia muy frustrante leer a Hegel!
Una y otra vez este gran pensador llegó de manera tentativa a acercarse a una posición materialista. Pero en el último momento siempre se echó hacia atrás, temeroso de las consecuencias. Por esa razón, la filosofía hegeliana fue incompleta e insatisfactoria –un enredo contradictorio–. Quedó en manos de Marx y Engels poner los puntos sobre las íes para llevar a la filosofía hegeliana a sus conclusiones lógicas y, al hacerlo, negarla por completo y reemplazarla con algo cualitativamente superior.
Hegel llevó la filosofía tradicional hasta donde podía llegar. Para llevarla más lejos, tenía que ir más allá de sus límites, negarse a sí misma en el proceso. La filosofía tuvo que regresar de los reinos nebulosos de la especulación de vuelta al mundo real de las cosas materiales, de los hombres y mujeres vivos, de la historia y la lucha verdaderas de donde había sido separada durante tanto tiempo.
El problema con Feuerbach y otros hegelianos de izquierda, como Moisés Hess, es que se limitaron a decir no a Hegel, refutando su filosofía mediante una simple negación. La evolución de Hess hacia el materialismo fue audaz. Se requería valor, especialmente en el contexto dado de reacción europea generalizada y del Estado prusiano represivo. Sirvió de inspiración a los jóvenes Marx y Engels. Pero en última instancia, fracasó.
Uno puede negar un grano de trigo aplastándolo bajo sus pies. Pero el concepto dialéctico de negación no significa simple destrucción, sino destruir a la vez que se conserva todo lo que merece ser preservado. Un grano de trigo también puede ser negado permitiéndosele germinar.
Hegel señaló que las mismas palabras en la boca de un adolescente no tienen el mismo peso que en los labios de un anciano que ha vivido la vida y acumulado gran experiencia. Es lo mismo con la filosofía. Al regresar a su punto de partida, la filosofía no se limita a repetir una etapa superada hace tiempo. No se vuelve infantil por volver en la vejez a su infancia, sino que vuelve a las viejas ideas de los griegos jónicos enriquecidas por 2.000 años de historia y de desarrollo de la ciencia y de la cultura.
Este no es el movimiento mecánico de una rueda gigantesca, la repetición sin sentido de etapas anteriores, como el interminable proceso de renacimiento que figura en algunas religiones orientales. Se trata de la negación de la negación, que pronostica el retorno a una fase más temprana de desarrollo, pero a un nivel cualitativamente superior. Es lo mismo, y no es lo mismo.
Sin embargo, a pesar de que llegó a algunas conclusiones profundas e importantes, a veces acercándose al materialismo (por ejemplo, en La filosofía de la historia), Hegel siguió siendo un prisionero de su visión idealista. Nunca logró aplicar su método dialéctico correctamente al mundo real de la sociedad y la naturaleza, ya que para él, el único verdadero desarrollo era el desarrollo del mundo de las ideas.
Revolución filosófica de Marx
De todas las teorías de Marx, ninguna otra ha sido tan atacada, calumniada y distorsionada como la del materialismo dialéctico. Y esto no es casual, ya que esta teoría es la base y el fundamento del marxismo. Es, más o menos, el método del socialismo científico. El marxismo es mucho más que un programa político y una teoría económica. Es una filosofía, cuyo amplio ámbito abarca no sólo la política y la lucha de clases, sino también toda la historia humana, la economía, la sociedad, el pensamiento y la naturaleza.
Hoy en día, la ideología de la burguesía se encuentra en proceso de desintegración, no sólo en el campo de la economía y la política, sino también en el de la filosofía. En el periodo de su ascenso, la burguesía fue capaz de producir grandes pensadores como Hegel y Kant. En la época de su decadencia senil no produce nada de valor. Es imposible leer los productos estériles de los departamentos de filosofía de las universidades sin un sentimiento, al mismo tiempo, de tedio e irritación.
La lucha contra el poder de la clase dominante no puede detenerse en las fábricas, las calles, el parlamento y los ayuntamientos. También hay que llevar a cabo la batalla en el campo ideológico, donde la influencia de la burguesía no es menos perniciosa y dañina al estar escondida bajo la apariencia de una falsa imparcialidad y objetividad superficial. El marxismo tiene el deber de proporcionar una alternativa completa a los esquemas viejos y desacreditados.
El joven Marx estaba fuertemente influenciado por la filosofía hegeliana, la cual dominaba las universidades alemanas en ese momento. La totalidad de la doctrina de Hegel se basaba en la idea de cambio y desarrollo constantes a través de contradicciones. En ese sentido, representó una verdadera revolución en la filosofía. Este es el aspecto dinámico y revolucionario que inspiró al joven Marx y es el punto de partida de todas sus ideas.
Marx y Engels negaron a Hegel y convirtieron su sistema de ideas en su contrario. Pero lo hicieron al mismo tiempo que preservaban todo lo que era valioso en su filosofía. Se basaron en el "núcleo racional" de las ideas de Hegel y las llevaron a un nivel superior, desarrollando y volviendo real lo que siempre estaba implícito en ellas.
En los escritos de Hegel, la verdadera lucha de las fuerzas históricas se expresa en la forma mistificada de una lucha de ideas. Pero, como explica Marx, las ideas en sí mismas no tienen historia y existencia real. Por lo tanto, la realidad aparece en Hegel en una forma fantasmagórica y alienada. En Feuerbach las cosas no son realmente mucho mejor, ya que la figura del Hombre aparece aquí también de manera unilateral, idealista e irreal. Los hombres y mujeres históricos reales sólo aparecen con el advenimiento de la filosofía marxista.
Con la filosofía de Marx, la filosofía por fin vuelve a sus raíces. Es a la vez dialéctica y materialista. Aquí la teoría y la práctica, una vez más, se dan la mano y se regocijan juntas. La filosofía sale de su estudio oscuro y sofocante y disfruta del sol y del aire. Se convierte en una parte inseparable de la vida. En lugar del oscuro conflicto de ideas sin sustancia, tenemos las contradicciones reales del mundo material y de la sociedad. En lugar de un Absoluto remoto e incomprensible, tenemos a los hombres y mujeres reales, que viven en la sociedad real, haciendo la historia real y librando batallas reales.
La dialéctica aparece en la obra de Hegel con una apariencia quimérica y semi-mística. Está "patas arriba", por así decirlo. Aquí no encontramos los procesos reales que tienen lugar en la naturaleza y la sociedad, sino sólo el pálido reflejo de esos procesos en la mente de los hombres, especialmente de los filósofos. En palabras de Engels, la dialéctica en manos de Hegel, a pesar de su gran genio, fue un aborto colosal.
Él señala que Marx era el único que podía despojar el misticismo contenido en la lógica hegeliana y extraer el núcleo dialéctico. Esto permitió verdaderos descubrimientos en este campo. A través de la reconstrucción del método dialéctico, Marx logró ofrecer el único y verdadero desarrollo del pensamiento.
Mientras que la filosofía de Hegel interpretaba las cosas sólo desde el punto de vista de la mente y del espíritu (es decir, desde el punto de vista idealista), Marx demostró que el desarrollo de las ideas en la mente de los hombres es sólo un reflejo de los desarrollos que se producen en la naturaleza y la sociedad. Como dice Marx: "La dialéctica de Hegel es la forma básica de toda dialéctica, pero sólo después de haber sido despojada de su forma mística, y es precisamente esto lo que distingue mi método". (Carta a Kugelmann, 6 marzo 1868, Obras completas, Volumen 42, p 543.)
Trotsky, en su pequeño brillante artículo El ABC del materialismo dialéctico, define la dialéctica así: "La dialéctica no es ficción ni misticismo, sino una ciencia del pensamiento, en tanto que intenta llegar a la comprensión de los problemas más complicados y profundos, superando las limitaciones de los asuntos de la vida diaria. La dialéctica y la lógica formal guardan la misma relación que las matemáticas superiores y las matemáticas elementales".
La combinación del método dialéctico con el materialismo creó un potente instrumento de análisis. Pero, ¿qué es la dialéctica? Por razones de espacio, no es posible explicar aquí todas las leyes de la dialéctica desarrolladas por Hegel y perfeccionadas por Marx. He intentado hacer esto en otro lugar, en el libro Razón y Revolución: filosofía marxista y ciencia moderna. En unas pocas líneas sólo puedo hacer una descripción muy escueta.
Engels, en su libro de Anti-Dühring, la caracteriza de la siguiente manera: "La dialéctica no es más que la ciencia de las leyes generales del movimiento y de la evolución de la naturaleza, la sociedad humana y el pensamiento". En La Dialéctica de la Naturaleza, Engels también bosqueja las principales leyes de la dialéctica:
La ley de la transformación de la cantidad en calidad.
La ley de la unidad y lucha de los contrarios y la transformación de uno en otro cuando son llevados a un extremo.
La ley del desarrollo a través de contradicciones o, dicho de otra manera, la negación de la negación.
A pesar de su naturaleza inacabada y fragmentaria, el libro de Engels La dialéctica de la naturaleza es muy importante, junto con Anti Dühring, para el estudiante del marxismo. Evidentemente, Engels tenía que basarse en el conocimiento y los descubrimientos científicos de la época. En consecuencia, algunos aspectos del contenido tienen un interés principalmente histórico. Pero lo que sorprende en La dialéctica de la naturaleza no es este o aquel detalle o hecho que ha sido inevitablemente superado por el avance de la ciencia. Por el contrario, lo que es sorprendente es la cantidad de ideas presentadas por Engels –a menudo ideas que iban contra las teorías científicas de su época–, que han sido corroboradas con brillantez por la ciencia moderna.
A lo largo del libro, Engels hace hincapié en la idea de que la materia y el movimiento (ahora lo llamaríamos energía) son inseparables. El movimiento es el modo de existencia de la materia. Esta visión dinámica de la materia, del universo, contiene una profunda verdad que ya se entendía, o más bien fue supuesta, por los primeros filósofos griegos como Heráclito. Para él, "todo es y no es, porque todo está fluyendo". Todo está cambiando constantemente, llegando a la existencia y desapareciendo.
Para el sentido común, la masa de un objeto nunca cambia. Por ejemplo, una peonza cuando gira tiene el mismo peso que otra que está inmóvil. Por lo tanto, se consideraba que la masa era constante, independientemente de la velocidad. Más tarde se descubrió que esto está equivocado. De hecho, la masa aumenta con la velocidad, pero tal aumento es sólo apreciable en los casos en que la velocidad se aproxima a la de la luz. A efectos prácticos de la vida cotidiana, podemos aceptar que la masa de un objeto es constante, independientemente de la velocidad con que se mueve. Sin embargo, para velocidades muy altas, esta afirmación es falsa, y cuanto mayor sea la velocidad, más falsa es la afirmación.
El profesor Feynman, comentando sobre esta ley, dice: "[...] filosóficamente estamos completamente equivocados con una ley aproximada. Toda nuestra imagen del mundo tiene que ser modificada incluso a pesar de que la masa cambia sólo un poco. Esta es una cosa muy peculiar acerca de la filosofía, o las ideas, detrás de las leyes. Incluso un efecto muy pequeño a veces requiere cambios profundos en nuestras ideas…". (R. Feynman, Las conferencias de física de Feynman.)
Este ejemplo demuestra claramente la diferencia fundamental entre la mecánica elemental y la física moderna avanzada. Del mismo modo, hay una gran diferencia entre las matemáticas elementales utilizadas para los cálculos simples cotidianos, y las matemáticas superiores (cálculo diferencial e integral), que analiza Engels en el Anti-Dühring y en La dialéctica de la naturaleza.
Existe la misma diferencia entre la lógica formal y la dialéctica. Para el día a día, las leyes de la lógica formal son más que suficientes. Sin embargo, para procesos más complejos, estas leyes se ponen a menudo patas arriba. Su limitada verdad se convierte en falsedad.
Cantidad y calidad
Desde el punto de vista del materialismo dialéctico, el universo material no tiene principio ni fin, pero consiste en una masa de materia (o energía) en un estado constante de movimiento. Esta es la idea fundamental de la filosofía marxista y es totalmente compatible con los descubrimientos de la ciencia moderna en los últimos cien años.
Tomemos cualquier ejemplo de la vida cotidiana, cualquier fenómeno aparentemente estable, y veremos que debajo de la superficie está en un estado de cambio, a pesar de que este cambio es invisible a simple vista. Por ejemplo, un vaso de agua: "Para nuestros ojos, nuestros ojos primitivos, nada está cambiando, pero si pudiéramos verlo aumentado mil millones de veces, veríamos que, desde su propio punto de vista, siempre está cambiando: hay moléculas que se alejan de la superficie y moléculas que regresan". (Richard P. Feynman, Las conferencias de física de Feynman, capítulo 1, p. 8.)
Estas palabras no son de Engels, sino de un científico de renombre, el difunto profesor Richard P. Feynman, que solía enseñar física teórica en el Instituto de Tecnología de California. El mismo autor repite el famoso ejemplo de Engels de la ley de la transformación de la cantidad en calidad.
El agua está compuesta de átomos de hidrógeno y de oxígeno en un estado de movimiento constante. El agua no se rompe en sus partes componentes debido a la atracción mutua de las moléculas. Sin embargo, si se calienta a 100 °C a presión atmosférica normal, alcanza un punto crítico en el que la fuerza de atracción entre las moléculas es insuficiente y se separan repentinamente.
Este ejemplo puede parecer trivial, pero tiene consecuencias tremendamente importantes para la ciencia y la industria. Es parte de una rama muy importante de la física moderna: el estudio del cambio de estado. La materia puede existir en cuatro fases (o estados): sólido, líquido, gas y plasma, además de algunas otras fases extremas, como los fluidos críticos y gases degenerados.
En general, cuando un sólido se calienta (o a medida que disminuye la presión), cambiará a una forma líquida, y finalmente se convertirá en un gas. Por ejemplo, el hielo (agua helada) se vuelve agua líquida cuando se calienta. Al hervir el agua, ésta se evapora y se convierte en vapor de agua. Pero si este vapor se calienta a una temperatura muy alta, se produce otra fase de transición. A 12.000 K = 11,726.85 grados centígrados, el vapor se convierte en plasma.
Esto es lo que los marxistas llaman la transformación de la cantidad en calidad. Es decir, un gran número de cambios muy pequeños, finalmente produce un salto cualitativo –una transición de fase, un cambio de estado–. Se pueden citar tantos ejemplos como se quiera: Si se enfría una sustancia tal como el plomo o el niobio, hay una reducción gradual de su resistencia eléctrica, hasta una temperatura crítica (por lo general unos pocos grados por encima de -273 °C). Precisamente en este punto, toda la resistencia desaparecerá repentinamente. Hay una especie de "salto cuántico", la transición de tener una pequeña resistencia a no tener ninguna.
Uno puede encontrar un número ilimitado de ejemplos similares en todas las ciencias naturales. El científico estadounidense Marc Buchanan escribió un libro muy interesante llamado Ubicuidad. En este libro, da una larga serie de ejemplos: ataques cardíacos, incendios forestales, aludes, el ascenso y la caída de las poblaciones animales, crisis bursátiles, guerras e incluso cambios en la moda y las diferentes escuelas de arte (yo añadiría revoluciones a esta lista).
Todas estas cosas parecen no tener conexión y, sin embargo, están sujetas a la misma ley, que puede ser expresada por una ecuación matemática conocida como una ley de potencias. Esto, en terminología marxista, es la ley de la transformación de la cantidad en calidad. Y lo que este estudio muestra es que esta ley es ubicua, es decir, que está presente en todos los niveles del universo. Es una ley verdaderamente universal de la naturaleza, tal como dijo Engels.
Dialéctica versus empirismo
"¡Queremos hechos!" Esta exigencia imperiosa parece ser el colmo del realismo práctico ¿Qué puede haber más sólido que los hechos? No obstante, lo que parece ser realismo resulta ser todo lo contrario. Lo que son hechos establecidos en un momento, pueden terminar siendo algo muy diferente. Todo está en un estado constante de cambio y, tarde o temprano, todo cambia en su contrario. Lo que parece ser sólido se disuelve en el aire.
El método dialéctico nos permite penetrar más allá de las apariencias y ver los procesos que se están produciendo por debajo de la superficie. La dialéctica es en primer lugar la ciencia de la interconexión universal. Proporciona una visión global y dinámica de los fenómenos y de los procesos. Analiza las cosas en sus relaciones, y no por separado; en su movimiento, y no estáticamente; en su vida, y no en la muerte.
El conocimiento de la dialéctica significa emanciparse de la adoración servil del hecho establecido, de las cosas como son, que es la principal característica del pensamiento empírico superficial. En política esto es típico del reformismo, que busca ocultar su conservadurismo, miopía y cobardía, en el lenguaje filosófico del pragmatismo, el arte de lo posible, el "realismo" y demás.
La dialéctica nos permite penetrar más allá de la "dado", lo inmediato; es decir, del mundo de la apariencia, y descubrir los procesos ocultos que tienen lugar bajo la superficie. Nosotros señalamos que tras la apariencia de tranquilidad y ausencia de movimiento, hay un proceso de cambio molecular, no sólo en la física, sino también en la sociedad y en la psicología de las masas.
No hace tanto tiempo, la mayoría de la gente pensaba que el auge económico iba a durar para siempre. Eso era, o parecía ser, un hecho incuestionable. Aquellos que lo cuestionaban eran considerados maniáticos incrédulos. Pero ahora esa verdad incuestionable está en ruinas. Los hechos han cambiado a su contrario. Lo que parecía ser una verdad indiscutible resulta ser una mentira. Citando las palabras de Hegel: La razón se convierte en sinrazón.
Federico Engels, haciendo uso de este método hace más de un siglo, fue capaz, en algunos casos, de ver más allá que la mayoría de los científicos contemporáneos, anticipando muchos de los descubrimientos de la ciencia moderna. Engels no era un científico profesional, pero tenía un conocimiento muy amplio de las ciencias naturales de su época.
Sin embargo, sobre la base de un profundo conocimiento del método dialéctico de análisis, Engels hizo varias contribuciones muy importantes a la interpretación filosófica de la ciencia hoy en día, a pesar de que hasta ahora han permanecido desconocidas para la inmensa mayoría de los científicos.
Por supuesto, la filosofía no puede dictar las leyes de las ciencias naturales. Estas leyes sólo pueden desarrollarse sobre la base de un análisis serio y riguroso de la naturaleza. El progreso de la ciencia se caracteriza por una serie de aproximaciones. A través del experimento y la observación nos acercamos cada vez más a la verdad, sin ser capaces de llegar a conocer toda la verdad. Es un proceso interminable de una penetración profunda de los secretos de la materia y del universo. La verdad de las teorías científicas sólo puede establecerse a través de la práctica, la observación y el experimento, y no por mandato de los filósofos.
La mayoría de las cuestiones con las que los filósofos han luchado en el pasado han sido resueltas por la ciencia. Sin embargo, sería un grave error suponer que la filosofía no tiene ningún papel que desempeñar en la ciencia. Sólo quedan dos aspectos de la filosofía que siguen siendo válidos hoy en día, que no han sido absorbidos por las diferentes ramas de la ciencia: la lógica formal y la dialéctica.
Engels insistió en que "la dialéctica, despojada de la mística, se convierte en una necesidad absoluta" para la ciencia. La dialéctica, por supuesto, no tiene ninguna cualidad mágica para resolver los problemas de la física moderna. Sin embargo, una filosofía global y coherente sería de inestimable ayuda en la orientación de la investigación científica en las líneas más fructíferas y para evitar que caiga en toda clase de hipótesis arbitrarias y místicas que no conducen a nada. Muchos de los problemas a los que se enfrenta hoy la ciencia surgen precisamente de la falta de una base filosófica firme.
La dialéctica y la ciencia
Muchos científicos tratan la filosofía con desprecio. En lo que se refiere a la filosofía moderna, este desprecio es bien merecido. Durante el último siglo y medio el reino de la filosofía se asemeja a un desierto árido, con sólo trazas de vida. El tesoro del pasado, con sus antiguas glorias y destellos de ilustración, parece totalmente extinguido. No sólo los científicos, sino los hombres y las mujeres en general, buscarán en vano en este erial para cualquier fuente de iluminación.
Sin embargo, haciendo un examen más detallado, el desprecio mostrado por los científicos a la filosofía no está bien fundamentado. Porque si nos fijamos seriamente en el estado de la ciencia moderna –o para ser más precisos, en sus fundamentos teóricos y suposiciones–, vemos que la ciencia, de hecho, nunca se ha liberado de la filosofía. Expulsada sin ceremonias por la puerta principal, la filosofía con astucia consigue entrar a través de la ventana trasera.
Los científicos que afirman con orgullo su indiferencia completa hacia la filosofía en realidad hacen todo tipo de supuestos que son de carácter filosófico. Y de hecho, este tipo de filosofía inconsciente y acrítica no es superior a la de la antigua usanza, sino infinitamente inferior a la misma. Además, es la fuente de muchos errores en la práctica.
Los notables avances de la ciencia durante el siglo pasado parecen haber vuelto la filosofía superflua. En un mundo en el que podemos penetrar en los misterios más profundos del cosmos y seguir los complejos movimientos de las partículas sub-atómicas, las viejas cuestiones que absorbieron la atención de los filósofos se han resuelto. El papel de la filosofía ha sido correspondientemente reducido. Sin embargo, para repetir el punto, hay dos áreas en las que la filosofía conserva su importancia: en la lógica formal y en la dialéctica.
Un gran avance en la aplicación del método dialéctico a la historia de la ciencia fue la publicación en 1962 del extraordinario libro de Thomas Samuel Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas. Este demostró el carácter inevitable de las revoluciones científicas y mostró el mecanismo de aproximación mediante el cual esto ocurre. "Todo lo que existe merece perecer" puede decirse no sólo para los organismos vivos, sino también para las teorías científicas, incluidas las que actualmente consideramos de validez absoluta.
De hecho, Engels se encontraba muy por delante de sus contemporáneos (incluidos la mayoría de los científicos) en su actitud hacia las ciencias naturales. No sólo explicó el movimiento (energía) como algo inseparable de la materia, sino también explicó que la diferencia entre las ciencias consistía sólo en el estudio de las diversas formas de energía y la transición dialéctica de una forma de energía en otra. Esto es lo que hoy se conoce como transiciones de fase.
Toda la evolución de la ciencia en el siglo XX ha rechazado la antigua compartimentación, reconociendo la transición dialéctica de una ciencia a otra. Marx y Engels en su día causaron gran indignación entre sus adversarios, al decir que la diferencia entre materia orgánica e inorgánica era sólo relativa. Explicaron que la materia orgánica –los primeros organismos vivos– surgió a partir de materia inorgánica en un momento dado, lo que representó un salto cualitativo en la evolución. Dijeron que los animales, incluido el hombre con su mente, sus ideas y sus creencias, eran simplemente materia organizada de una manera determinada.
La diferencia entre la materia orgánica e inorgánica, que Kant consideró una barrera infranqueable, se ha eliminado, como Feynman señala: "Todo está constituido por átomos. Este es el supuesto clave. Por ejemplo, una de las hipótesis más importantes de la biología es que todo lo que hacen los animales, lo hacen los átomos. En otras palabras, no hay nada que los seres vivos hagan que no se pueda entender desde el punto de vista de que están compuestos de átomos, actuando en consonancia con las leyes de la física". (R. Feynman, Conferencias de física de Feynman.)
Desde el punto de vista científico, los hombres y las mujeres son conglomerados de átomos dispuestos de una manera particular. Pero nosotros no somos meramente una aglomeración de átomos. El cuerpo humano es un organismo extraordinariamente complejo, en particular, el cerebro, cuya estructura y funcionamiento sólo ahora estamos empezando a comprender. Esto es algo mucho más hermoso y maravilloso que todos los viejos cuentos de hadas de la religión.
Al mismo tiempo que Marx estaba llevando a cabo una revolución en el campo de la economía política, Darwin estaba haciendo lo mismo en el campo de la biología. No es casualidad que, mientras que la obra de Darwin despertó una tormenta de indignación e incomprensión, Marx y Engels inmediatamente la reconocieran como una obra maestra de la dialéctica, aunque el propio Darwin no era consciente de ello. La explicación de esta aparente paradoja es que las leyes de la dialéctica no son una invención arbitraria, sino que reflejan los procesos que existen realmente en la naturaleza y la sociedad.
El descubrimiento de la genética ha revelado el mecanismo exacto que determina la transformación de una especie en otra. El genoma humano ha dado una nueva dimensión a la obra de Darwin, mostrando que los seres humanos comparten sus genes no sólo con la humilde mosca de la fruta sino también con las formas más básicas de la vida: la bacteria. En los próximos años, los científicos llevarán a cabo un acto de creación en un laboratorio, produciendo un organismo vivo a partir de materia inorgánica. Al Divino Creador se le quitará el último punto de apoyo en que se sostiene.
Durante mucho tiempo, los científicos discutieron acerca de si la creación de nuevas especies era el resultado de un largo período de acumulación de cambios lentos o si surgieron a partir de un cambio súbito y violento. Desde un punto de vista dialéctico, no hay contradicción entre ambos. Un largo período de cambios moleculares (cambios cuantitativos) alcanza un punto crítico en el que de repente se produce lo que se llama ahora un salto cuántico.
Marx y Engels creían que la teoría de la evolución de las especies era una prueba clara de que la naturaleza funciona, en última instancia, de una manera dialéctica, es decir, a través del desarrollo, a través de contradicciones. Hace tres décadas esta declaración recibió un poderoso impulso de una institución tan prestigiosa como el Museo Británico, donde un furioso debate rompió el decoroso silencio de siglos. Uno de los argumentos en contra de los defensores de la idea de los saltos cualitativos en la cadena de la evolución era que representaba ¡la infiltración marxista en el Museo Británico!
Sin embargo, a pesar de sí misma, la biología moderna no ha tenido más remedio que corregir la vieja idea de la evolución como un proceso gradual, lineal, ininterrumpido, sin cambios bruscos… y admitir la existencia de saltos cualitativos, que se caracterizan por la extinción masiva de algunas especies y la aparición de otras nuevas. El 17 de abril 1982 The Economist publicó un artículo sobre el centenario de la muerte de Darwin que decía:
"Va a ser cada vez más claro que mutaciones bastante pequeñas que afectan a lo que sucede en una etapa clave de desarrollo pueden causar grandes cambios evolutivos (por ejemplo, un pequeño cambio en el modo de funcionamiento de ciertos genes podría conducir a un aumento significativo en el tamaño del cerebro). También se están acumulando pruebas de que muchos genes sufren una mutación lenta pero constante. Así, poco a poco, los científicos resuelven la controversia en curso sobre si las especies cambian lentamente y de forma continua durante largos períodos de tiempo, o permanecen sin cambios durante un largo tiempo y luego experimentan una rápida evolución. Probablemente se producen los dos tipos de cambio".
La versión anterior de la teoría de la evolución (gradualismo filético) sostenía que las especies cambian de forma gradual a medida que surgen las mutaciones genéticas individuales y se seleccionan. Sin embargo, Stephen Jay Gould y Niles Eldridge propusieron una nueva teoría llamada "equilibrio puntuado", según la cual el cambio genético puede tener lugar a través de saltos repentinos. Por cierto, el difunto Stephen Jay Gould señaló que si los científicos hubieran prestado atención a lo que Engels había escrito sobre los orígenes del hombre, se habrían ahorrado cien años de errores.
Naciones enteras en quiebra
La primera fase de la crisis que se inició en el año 2008 se caracterizó por la quiebra de los grandes bancos. Todo el sistema bancario de los EEUU y del resto del mundo sólo se salvó gracias a la inyección masiva de miles de millones de dólares y de euros por parte del Estado. Pero la pregunta que hay que hacerse es: ¿qué queda de la vieja idea de que el libre mercado, si se lo deja a sí mismo, resolverá todos los problemas? ¿Qué queda de la vieja idea de que el Estado no debe interferir en el funcionamiento de la economía?
La inyección masiva de dinero público no resolvió nada. La crisis no se ha resuelto. Simplemente se ha desplazado a los Estados. Todo lo que ocurrió es que en lugar de un déficit masivo de los bancos, tenemos un agujero negro enorme en las finanzas públicas. ¿Y quién va a pagar esto? No los banqueros adinerados que, habiendo presidido la demolición del orden financiero mundial, se han embolsado con calma el dinero duramente ganado de la población y ahora están otorgándose a sí mismos gratificaciones generosas con las ganancias.
¡No! Los déficits de los que los economistas y los políticos se quejan tan amargamente deben ser pagados por los sectores más pobres e indefensos de la sociedad. De repente no hay dinero para los ancianos, los enfermos, los desempleados, pero siempre hay un montón de dinero para los banqueros. Esto significa un régimen de austeridad permanente. Pero esto sólo genera nuevas contradicciones. Al reducir la demanda, se reduce aún más el mercado y, por lo tanto, se agrava la crisis de sobreproducción.
Ahora los economistas están prediciendo un nuevo colapso, lo cual traerá el hundimiento de divisas y gobiernos, amenazando la propia estructura del sistema financiero mundial. Y a pesar de lo que dicen los políticos sobre la necesidad de frenar el déficit, las deudas a la escala que han llegado no pueden ser reembolsadas. Grecia ofrece un ejemplo gráfico de este hecho. El futuro es de crisis aún más profundas, de caída del nivel de vida, de ajustes dolorosos y aumento del empobrecimiento de la mayoría. Esta es una receta acabada para nuevas convulsiones y lucha de clases a un nivel aún más alto. Se trata de una crisis sistémica del capitalismo a escala mundial.
Algunos sofistas preguntan: si el socialismo es inevitable, ¿por qué uno tiene que luchar para lograrlo? De hecho, es posible ser un determinista convencido y sin embargo estar comprometido con un papel revolucionario activo. En el siglo XVII los calvinistas eran deterministas de la forma más categórica y absoluta. Creían fervientemente en la predestinación, en que el destino y la salvación de cada hombre y mujer estaban determinados antes de que nacieran.
Sin embargo, este determinismo de hierro no impidió que los calvinistas jugaran un papel muy revolucionario en la lucha contra el feudalismo decadente y su expresión ideológica principal, la Iglesia Católica Romana. Precisamente porque estaban convencidos de la justicia y el inevitable triunfo de su causa, lucharon con mayor valentía para acelerar su victoria.
La vieja sociedad se está muriendo, y una nueva sociedad está luchando para nacer. Pero aquellos que han obtenido grandes riquezas de ella nunca aceptarán la inevitabilidad de su desaparición. Antes de verla hundirse en el olvido, la clase dominante prefiere arrastrar a toda la sociedad con ella. La prolongación de la agonía del capitalismo constituye una amenaza mortal a la cultura humana y a la civilización. Nuestra tarea es ayudar al nacimiento de la nueva sociedad, para asegurarnos de que se lleva a cabo tan rápidamente e indoloramente como sea posible, con el menor costo para la humanidad.
En contra de las calumnias de nuestros enemigos, los marxistas no abogamos por la violencia, pero somos realistas y sabemos que toda la historia de los últimos diez mil años demuestra que ninguna clase o casta dominante nunca renuncia a su riqueza, poder y privilegios sin luchar, y eso significa por lo general una lucha sin reglas. Y ese sigue siendo el caso hoy en día.
La decadencia del capitalismo amenaza con desatar la más terrible violencia en el mundo. Con el fin de reducir la posibilidad de violencia, para poner fin al caos y a las guerras, para asegurar la transición más ordenada y pacífica hacia el socialismo, la condición previa es que la clase obrera sea movilizada para la lucha y esté dispuesta a luchar hasta el final.
Contrariamente a la imagen reconfortante que se solía presentar del sistema capitalista ofreciendo un futuro seguro y próspero para todos, vemos la realidad de un mundo en el que millones de personas sufren la pobreza y el hambre, mientras que los súper ricos se hacen cada día más ricos. La gente vive en constante temor de un futuro incierto que será decidido, no por las decisiones racionales de las personas, sino únicamente por los giros salvajes del mercado.
Las crisis financieras, el desempleo masivo y las agitaciones sociales y políticas constantes ponen muchas cosas patas arriba. Lo que parecía ser estable y permanente se disuelve de la noche a la mañana, y la gente comienza a cuestionar las cosas que siempre daba por sentado. Este estado de agitación perpetua es lo que prepara psicológicamente el terreno para la revolución, que a la postre se convierte en la única opción que es realistamente imaginable. Para ver esto en la práctica no hay más que mirar a la Grecia actual.
Todo el mundo sabe que el sistema capitalista está en crisis. Pero ¿cuál es el antídoto contra la crisis? Si el capitalismo es un sistema anárquico y caótico que desemboca inevitablemente en situaciones de crisis, entonces hay que concluir que, a fin de eliminar las crisis, es necesario abolir el propio sistema capitalista. Si se dice "A", también se debe decir "B", "C" y "D". Pero esto es lo que los economistas burgueses se niegan a hacer.
¿No existen mecanismos que podrían permitir a la burguesía salir de una crisis de sobreproducción? ¡Por supuesto que los hay! Un método sería bajar la tasa de interés con el fin de aumentar los márgenes de beneficios y estimular la inversión. Pero la tasa de interés ya está cerca de cero. De reducirse más, estaríamos hablando de una tasa negativa de interés: los bancos pagarían a la gente para pedir dinero prestado. Esto es una locura, pero incluso lo están discutiendo. Eso demuestra que se están volviendo desesperados.
El otro método consiste en aumentar el gasto público. Esto es por lo que están abogando todos los keynesianos y los reformistas. En primer lugar, esto revela la bancarrota de la economía de libre mercado. El sector privado es tan débil, decrépito y corrupto en el sentido literal de la palabra, que debe confiar en el Estado, así como un hombre lisiado se apoya en muletas. Pero incluso esa opción no ofrece una salida.
Es un hecho evidente que los bancos y los grandes monopolios son ahora dependientes del Estado para su supervivencia. Tan pronto como estuvieron en dificultades, las mismas personas que solían insistir en que el Estado no debe jugar ningún papel en la economía, corrieron al gobierno con sus manos extendidas, exigiendo grandes sumas de dinero. Y el gobierno de inmediato les dio un cheque en blanco. Se ha entregado a los bancos aproximadamente 14 billones de dólares de dinero público. Pero la crisis sigue profundizándose.
Todo lo que se ha logrado en los últimos cuatro años es transformar lo que era un agujero negro en las finanzas de los bancos en un agujero negro en las finanzas públicas. Con el fin de salvar a los banqueros, se espera el sacrificio de todo el mundo, excepto el de los banqueros y de los capitalistas. Ellos se pagan a sí mismos gratificaciones generosas con el dinero del contribuyente. Se trata de Robin Hood a la inversa.
La existencia de un enorme déficit significa que el argumento keynesiano acerca de aumentar el gasto público cae por su propio peso. ¿Cómo puede el Estado gastar dinero que no posee? El único camino que sigue abierto ante ellos es el de imprimir dinero, o, como se le conoce eufemísticamente, expansión cuantitativa (Quantitative Easing o QE). La inyección de grandes cantidades de capital ficticio en la economía está sujeta a la ley de los rendimientos decrecientes. Tiene un efecto similar a la de un drogadicto que tiene que inyectarse con cantidades cada vez más grandes de droga con el fin de obtener el mismo efecto. En el proceso, están envenenando el sistema y minando su salud.
Esta es una medida realmente desesperada que resultará más pronto o más tarde en un aumento de la inflación. De esta manera, se están preparando para una depresión aún más profunda en el próximo período. Este es el resultado inevitable del hecho de que en el período anterior el sistema capitalista fue más allá de sus límites. Para posponer una depresión, utilizaron los mismos mecanismos que se necesitan para salir de la crisis actual. Esta es la razón por la que la crisis es tan profunda y tan difícil de resolver. Como explica Marx, los capitalistas sólo pueden resolver sus crisis "allanando el camino para crisis más extensas y más destructivas, y disminuyendo los medios de prevenirlas". (Manifiesto Comunista)
En los viejos tiempos la Iglesia decía: "Todos los caminos llevan a Roma". Ahora la burguesía tiene un nuevo lema: Todos los caminos llevan a la ruina. Es impensable que una crisis económica que está lanzando a todo el mundo al caos, que condena a millones de personas al desempleo, la pobreza y la desesperación, que le roba a la juventud su futuro y destruye la salud, la vivienda, la educación y la cultura, pueda ocurrir sin una crisis social y política. La crisis del capitalismo está preparando las condiciones para la revolución en todas partes.
Esto ya no es una propuesta teórica. Es un hecho. Si tomamos sólo los últimos doce meses, ¿qué vemos? Se han producido movimientos revolucionarios en un país tras otro: Túnez, Egipto, Grecia, España… Incluso en los Estados Unidos tenemos el movimiento de #Occupy y, anteriormente, las masivas protestas en Wisconsin.
Estos dramáticos acontecimientos son una clara expresión del hecho de que la crisis del capitalismo está produciendo una reacción masiva a escala mundial, y que un número creciente de personas está empezando a sacar conclusiones revolucionarias. Mientras que una pequeña minoría tenga en sus manos la tierra, los bancos y las grandes corporaciones, ésta seguirá tomando todas las decisiones fundamentales que afectan a la vida y al destino de millones de personas en el planeta.
La brecha intolerable que se ha desarrollado entre ricos y pobres está poniendo una presión cada vez mayor sobre la cohesión social. La base del viejo sueño socialdemócrata de paz social y colaboración de clases se ha roto irremediablemente. Este hecho se resume en el lema de #Occupy Wall Street: "La única cosa que tenemos en común es que somos el 99 por ciento de la gente que ya no tolerará la codicia y la corrupción del otro 1 por ciento".
El problema es que el actual movimiento de protesta es confuso en sus objetivos. Carece de un programa coherente y de una dirección audaz. Pero refleja un estado de ánimo general de ira que se está acumulando bajo la superficie y que tarde o temprano tiene que encontrar una salida. Pero son sin duda movimientos anticapitalistas y, tarde o temprano, en un país u otro, se planteará la cuestión del derrocamiento revolucionario del capitalismo.
Bajo el capitalismo, como explicó Marx, las fuerzas productivas han experimentado el desarrollo más espectacular de la historia. Sin embargo, las ideas de la clase dominante, incluso en su época más revolucionaria, quedaron muy por detrás de los avances en la producción, la tecnología y la ciencia.
La amenaza a la cultura
El contraste entre el rápido desarrollo de la tecnología y la ciencia, y el extraordinario retraso en el desarrollo de la ideología humana, se presenta de manera clara en el país capitalista más avanzado del mundo: EE. UU. Esta es la tierra donde la ciencia ha logrado los resultados más espectaculares. El constante progreso de la tecnología es la condición previa para la emancipación final del hombre, para la abolición de la pobreza y del analfabetismo, de la ignorancia y de la enfermedad, y para el dominio de la naturaleza por el hombre a través de la planificación consciente de la economía. El camino está abierto a la conquista, no sólo de la Tierra, sino del espacio. Y, sin embargo, en este país tecnológicamente avanzado reinan las supersticiones más primitivas. Nueve de cada diez estadounidenses creen en la existencia de un ser divino, y siete de cada diez creen en la vida después de la muerte.
El día de Navidad de 1968, cuando el primer hombre que voló alrededor de la Luna tuvo que elegir un mensaje para transmitirlo al pueblo estadounidense desde su nave espacial, de todo el corpus de la literatura mundial, eligió el primer libro del Génesis. Según volaba en el espacio en una nave espacial repleta de los artefactos más modernos, pronunció las palabras: "En el principio, Dios creó los cielos y la tierra". Han pasado ya más de 130 años desde la muerte de Darwin. Sin embargo, todavía hay muchas personas en los EEUU que creen que cada palabra de la Biblia es literalmente cierta, y desean que las escuelas enseñen la versión de los orígenes humanos contenida en el Génesis, en lugar de la teoría de la evolución basada en la selección natural. En un intento de volver el creacionismo más respetable, sus defensores le han cambiado el nombre por el de "diseño inteligente". Surge de inmediato la pregunta: ¿Quién diseñó al diseñador inteligente? A esta pregunta perfectamente razonable no tienen respuesta. Tampoco pueden explicar por qué su "diseñador inteligente" hizo semejante chapuza cuando creó el mundo en primer lugar.
¿Por qué diseñar un mundo con cosas como el cáncer, la peste bubónica, el SIDA, la menstruación y la migraña? ¿Por qué diseñar vampiros, sanguijuelas y banqueros de inversión? Ahora que lo pienso, ¿por qué, aparentemente, la mayor parte de nuestros genes están hechos de basura inútil? Nuestro diseñador inteligente resulta ser no tan inteligente después de todo. En palabras de Alfonso X el Sabio, rey de Castilla (1221-1284): "Si yo hubiera estado presente en la creación, habría dado algunos consejos útiles para el mejor ordenamiento del universo". De hecho, un niño de once años de inteligencia media probablemente podría haber hecho un mejor trabajo.
Es cierto que la autoridad de la Iglesia está en declive en todos los países occidentales. El número de creyentes practicantes está disminuyendo. En países como España e Irlanda, la Iglesia tiene dificultades para reclutar nuevos sacerdotes. La asistencia a misa ha sufrido un fuerte descenso en los últimos tiempos, sobre todo entre los jóvenes. Sin embargo, el declive de la Iglesia ha abierto la puerta a una verdadera plaga de Egipto de sectas religiosas de las variedades más raras, y un florecimiento de misticismo y supersticiones de todo tipo. La astrología, ese remanente de la barbarie medieval, está nuevamente de moda. Los cines, la televisión y las librerías están llenos de obras basadas en la superstición y el misticismo más descarados.
Estos son sólo los signos externos de la putrefacción de un sistema social que ha vivido más allá de sus propios límites, que ha dejado de ser una fuerza históricamente progresista y que ha entrado definitivamente en conflicto con las necesidades del desarrollo de las fuerzas productivas. En este sentido, la lucha de la clase obrera para cortar quirúrgicamente la agonía de la sociedad burguesa es también la lucha por defender los logros de la ciencia y de la cultura frente a las fuerzas transgresoras de la barbarie.
Las únicas alternativas abiertas a la humanidad son claras: o bien la transformación socialista de la sociedad, la eliminación del poder político y económico de la burguesía y el inicio de una nueva etapa en el desarrollo de la civilización humana, o la destrucción de la civilización, e incluso de la vida misma. Los ecologistas y los verdes se quejan continuamente de la degradación del medio ambiente y advierten de la amenaza que esto supone para la humanidad. Tienen razón. Pero se asemejan a un médico inexperto que apunta a los síntomas, pero no es capaz de diagnosticar la naturaleza de la enfermedad, o sugerir una cura.
La degeneración del sistema se hace sentir en todos los niveles, no sólo en el campo económico, sino en el terreno de la moral, la cultura, el arte, la música y la filosofía. La existencia del capitalismo se está prolongando a costa de la destrucción de las fuerzas productivas, pero también está minando la cultura, impulsando la desmoralización y la lumpenización de capas enteras de la sociedad, con consecuencias desastrosas para el futuro. En última instancia, la existencia del capitalismo entrará en conflicto con la existencia de los derechos democráticos y sindicales de la clase obrera.
El aumento de la delincuencia y de la violencia, la pornografía, el egoísmo burgués y la brutal indiferencia hacia los sufrimientos de los demás, el sadismo, la desintegración de la familia y el colapso de la moral tradicional, la drogadicción y el alcoholismo… todas esas cosas que provocan la ira y la indignación hipócritas de los reaccionarios, son sólo síntomas de la degeneración senil del capitalismo. De la misma manera, fenómenos similares acompañaron al período de decadencia de la sociedad esclavista en el Imperio Romano.
El sistema capitalista, que antepone los beneficios económicos ante cualquier otra consideración, está envenenando el aire que respiramos, el agua que bebemos y los alimentos que comemos. El último escándalo de la adulteración masiva de productos cárnicos en Europa es sólo la punta del iceberg. Si permitimos que el dominio de los grandes bancos y monopolios continúe durante otras cinco décadas o más, es muy posible que la destrucción del planeta llegue a un punto en el que el daño sea irreversible y ponga en peligro la existencia futura de la humanidad. Por tanto, la lucha por cambiar la sociedad es una cuestión de vida o muerte.
La necesidad de una economía planificada
Durante las últimas dos décadas hemos sido alimentados con una dieta constante de propaganda económica que nos aseguraba que la idea de una economía socialista planificada estaba muerta, y que el "mercado", dejado a su suerte, resolvería el problema del desempleo, y traería un mundo de paz y prosperidad.
Ahora, tras la crisis de 2008, la gente empieza a darse cuenta de que el orden existente es incapaz de asegurar siquiera las más básicas de las necesidades humanas –un trabajo, un salario digno, un hogar, provisión de educación y sanidad decentes, una pensión adecuada, un medio ambiente seguro, aire y agua limpios– a la gran mayoría, y no sólo a los del Tercer Mundo.
Semejante sistema, sin duda, debe ser condenado por todas las personas pensantes que no estén cegadas por la avalancha constante de argumentos falsos, cuyo único propósito es la defensa de los intereses creados de aquellos a los que les va muy bien en la situación actual y no pueden o no quieren creer que no va a durar para siempre.
El punto central del Manifiesto Comunista –y aquí radica su mensaje revolucionario– es, precisamente, que el sistema capitalista no es para siempre. Este es el elemento que los apologistas de nuestro sistema actual encuentran más difícil de tragar. ¡Naturalmente! Es el delirio común de todos los sistemas socio-económicos de la historia, de que ellos representan la última palabra en el progreso social. Sin embargo, incluso desde el punto de vista del sentido común, esa opinión es claramente errónea. Si aceptamos que todo en la naturaleza es mutable, ¿por qué la sociedad debería ser diferente?
Estos hechos indican que el sistema capitalista ya había agotado su misión progresista. Toda persona inteligente se da cuenta de que el libre desarrollo de las fuerzas productivas exige la unificación de las economías de todos los países a través de un plan común que permita la explotación armónica de los recursos de nuestro planeta para el beneficio de todos.
Esto es tan evidente que es reconocido por científicos y expertos que no tienen nada que ver con el socialismo, pero que están llenos de indignación ante las condiciones de pesadilla en las que dos tercios de la humanidad viven, y están preocupados por los efectos de la destrucción del medio ambiente. Por desgracia, sus bien intencionadas recomendaciones caen en saco roto, ya que entran en conflicto con los intereses creados de las grandes multinacionales que dominan la economía mundial y cuyos cálculos no se basan en el bienestar de la humanidad o en el futuro del planeta, sino exclusivamente en la codicia y la búsqueda del beneficio por encima de cualquier otra consideración.
La superioridad de la planificación económica sobre la anarquía capitalista es entendida incluso por los burgueses mismos, aunque no pueden admitirlo. En 1940, cuando los ejércitos de Hitler habían aplastado a Francia, y Gran Bretaña tenía la espalda contra la pared, ¿qué hicieron? ¿Acaso dijeron: "Dejad que las fuerzas del mercado decidan"? ¡No! Centralizaron la economía, nacionalizaron las industrias esenciales e introdujeron controles gubernamentales amplios, incluyendo la conscripción económica y el racionamiento. ¿Por qué optaron por la centralización y la planificación? Por la sencilla razón de que da mejores resultados.
Por supuesto, es imposible tener un plan real de la producción bajo el capitalismo. Sin embargo, incluso las medidas de planificación capitalista de Estado introducidas por la coalición de guerra de Churchill fueron esenciales para derrotar a Hitler. Un ejemplo aún más llamativo fue la Unión Soviética. La Segunda Guerra Mundial en Europa fue en realidad un gigantesco conflicto entre la Alemania de Hitler, con todos los recursos de Europa detrás de él, y la Unión Soviética.
Fue la Unión Soviética la que derrotó a los ejércitos de Hitler. La razón de esta extraordinaria victoria no puede ser admitida por los defensores del capitalismo, pero es un hecho evidente. La existencia de una economía nacionalizada y planificada dio a la URSS una enorme ventaja en la guerra. A pesar de la política criminal de Stalin, que casi provocó el colapso de la Unión Soviética al comienzo de la guerra, la URSS fue capaz de recuperarse rápidamente y reconstruir su capacidad industrial y militar.
Los rusos fueron capaces de desmantelar todas sus industrias en el oeste –1.500 fábricas y un millón de trabajadores–, ponerlos en trenes y enviarlos al este de los Urales donde se encontraban fuera del alcance de los alemanes. En cuestión de meses, la Unión Soviética sobrepasó a Alemania en la producción de tanques, armas y aviones. Esto demuestra sin lugar a dudas la superioridad colosal de una economía nacionalizada y planificada, incluso bajo el régimen burocrático de Stalin.
La URSS perdió 27 millones de personas en la Segunda Guerra Mundial –la mitad del total de muertes en la guerra a escala mundial–. Sus industrias y agricultura sufrieron una terrible devastación. Sin embargo, en los siguientes diez años todo había sido reconstruido, y sin las grandes cantidades de dinero extranjero que fueron canalizadas a Europa occidental por los norteamericanos bajo el Plan Marshall. Eso, y no Alemania y Japón, fue el verdadero milagro económico de la posguerra.
Por supuesto, el socialismo real debe estar basado en la democracia –no la democracia formal falsa que existe en Gran Bretaña y los EEUU, donde todo el mundo puede decir lo que quiera, siempre y cuando los grandes bancos y monopolios decidan lo que sucede–, sino una verdadera democracia basada en el control y la administración de la sociedad por los trabajadores mismos.
No hay nada de utópico en semejante idea. Se basa en lo que ya existe. Tomemos sólo un ejemplo. Es una fuente inagotable de asombro para el autor de estas líneas cómo un gran supermercado del estilo de Tesco puede calcular con precisión la cantidad de azúcar, pan y leche que se requiere para una zona de Londres, con decenas de miles de habitantes. Lo hacen mediante la planificación científica, y nunca fallan. Si la planificación a semejante nivel puede funcionar para un gran supermercado, ¿por qué los mismos métodos de planificación no pueden ser aplicados a la sociedad en su conjunto?
Socialismo e internacionalismo
Cualquiera que lea el Manifiesto Comunista puede ver que Marx y Engels previeron esta situación hace más de 150 años. Explicaron que el capitalismo debe desarrollarse como un sistema mundial. Hoy en día, este análisis ha sido confirmado brillantemente por los acontecimientos. En la actualidad, nadie puede negar la dominación aplastante del mercado mundial. De hecho, es el fenómeno más decisivo de la época en que vivimos.
Sin embargo, cuando el Manifiesto fue escrito, prácticamente no había evidencia empírica para sostener esta hipótesis. En realidad, la única economía capitalista desarrollada era Inglaterra. Las industrias nacientes de Francia y Alemania (esta última ni siquiera existía como entidad unida) todavía se cobijaban detrás de altos muros arancelarios. Este es un hecho convenientemente olvidado hoy en día por los gobiernos occidentales y los economistas cuando dan conferencias severas al resto del mundo sobre la necesidad de abrir sus economías.
En los últimos años los economistas han hablado mucho de la "globalización", imaginando que esta era la panacea que permitiría abolir por completo el ciclo de auge y de recesión. Estos sueños se hicieron añicos por el colapso de 2008.
Esto tiene profundas implicaciones para el resto del mundo. Muestra el lado opuesto de la "globalización". En la medida en que el sistema capitalista desarrolla la economía mundial, también prepara las condiciones para una devastadora recesión mundial. Una crisis en cualquier parte de la economía mundial se extiende rápidamente a todas los demás. Lejos de abolir el ciclo de auge y de recesión, la globalización lo ha investido con un carácter aún más convulso y universal que en cualquier período anterior.
El problema fundamental es el propio sistema. En palabras de Marx, "El verdadero límite de la producción capitalista es el propio capital". (El Capital, Vol. 3, Parte III.) Los expertos económicos que argumentaron que Marx estaba equivocado y que las crisis capitalistas eran cosas del pasado (el "nuevo paradigma económico") han demostrado estar equivocados. El ciclo de auge y recesión por el que hemos pasado recientemente tiene todas las características del ciclo económico que Marx describió hace mucho tiempo. El proceso de concentración de capital ha alcanzado proporciones asombrosas. Hay una orgía de adquisiciones y de monopolización creciente. Esto no conduce al desarrollo de las fuerzas productivas como en el pasado. Por el contrario, se cierran fábricas como si fueran cajas de fósforos y miles de personas se quedan sin trabajo.
Las teorías económicas del monetarismo –la Biblia del neo-liberalismo– fueron resumidas por John Kenneth Galbraith de la siguiente manera: "Los pobres tienen demasiado dinero, y los ricos no tienen suficiente". Niveles récord de beneficios están acompañados por niveles récord de desigualdad. The Economist ha señalado que "la única tendencia continua real en los últimos 25 años ha sido hacia una mayor concentración de los ingresos por arriba".
Una pequeña minoría es obscenamente rica, mientras que la participación de los trabajadores en el ingreso nacional se reduce constantemente y los sectores más pobres se hunden en una pobreza cada vez más profunda. El huracán Katrina reveló al mundo entero la existencia de una subclase de ciudadanos estadounidenses desposeídos que viven en condiciones de tercer mundo.
En los EEUU, los trabajadores producen ahora un 30 por ciento más que hace de diez años y, sin embargo, los salarios apenas se han incrementado. El tejido social está cada vez más distendido. Incluso en el país más rico del mundo hay un enorme aumento de las tensiones en la sociedad. Esto está preparando el terreno para una mayor explosión de la lucha de clases.
Este no es sólo el caso en EEUU. En todo el mundo, el auge fue acompañado de altas tasas de desempleo. Las reformas y las concesiones están siendo eliminadas. Con el fin de volverse competitiva en los mercados mundiales, Italia tendría que despedir a 500.000 trabajadores y el resto tendría que aceptar una reducción salarial del 30 por ciento.
Durante un tiempo, el capitalismo logró superar sus contradicciones mediante el aumento del comercio mundial (globalización). Por primera vez en la historia, el mundo entero se ha involucrado en el mercado mundial. Los capitalistas encontraron nuevos mercados y avenidas de inversión en China y otros países. Pero ahora esto ha llegado a sus límites.
Los capitalistas norteamericanos y europeos ya no están tan entusiasmados con la globalización y el libre comercio, cuando montañas de productos chinos baratos están apilándose en su puerta. En el Senado de Estados Unidos se levantan voces a favor del proteccionismo y son cada vez más insistentes. La ronda de conversaciones de Doha sobre el comercio mundial ha sido suspendida y son tan grandes las contradicciones que no hay acuerdo posible.
Los años de auge económico ya han pasado a la historia. El auge consumista en los EEUU se basaba en unas tasas de interés bajas y en una vasta expansión del crédito y de la deuda. Estos factores se han convertido en su contrario. Nos encontramos en una crisis sin precedentes a nivel mundial. Así, la globalización se manifiesta como una crisis global del capitalismo.
¿No hay alternativa?
Los economistas burgueses están tan prejuiciados y son tan estrechos mentalmente, que se aferran al anticuado sistema capitalista incluso cuando se ven obligados a reconocer que es un enfermo terminal y está condenado al colapso. Imaginarse que la raza humana es incapaz de descubrir una alternativa viable a este sistema podrido, corrupto y degenerado es francamente una afrenta a la humanidad.
¿Es realmente cierto que no hay alternativa al capitalismo? No, no es cierto. La alternativa es un sistema basado en la producción para las necesidades de la mayoría y no en el lucro de unos pocos; un sistema que sustituya el caos y la anarquía por la planificación armoniosa; que sustituya el dominio de una minoría de parásitos ricos con el dominio de la mayoría que produce toda la riqueza de la sociedad. El nombre de esta alternativa es el socialismo.
Uno puede discutir acerca de las palabras, pero el nombre de este sistema es el socialismo –no la caricatura burocrática y totalitaria que existía en la Rusia estalinista, sino una verdadera democracia basada en la propiedad, el control y la gestión de las fuerzas productivas por la clase obrera–. ¿Es esta idea realmente tan difícil de entender? ¿Es realmente utópico sugerir que la raza humana puede apoderarse de su propio destino y dirigir la sociedad sobre la base de un plan democrático de producción?
La necesidad de una economía socialista planificada no es un invento de Marx ni de cualquier otro pensador. Surge de la necesidad objetiva. La posibilidad del socialismo mundial se deriva de las condiciones actuales del capitalismo mismo. Todo lo que se necesita es que la clase obrera, que constituye la inmensa mayoría de la sociedad, se haga cargo de la gestión de la sociedad, expropie a los bancos y los monopolios gigantes y movilice el enorme potencial productivo no utilizado para resolver los problemas de la sociedad.
Marx escribió: "Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella". (Carlos Marx, Prólogo a laContribución a la Crítica de la Economía Política.) Las condiciones objetivas para la creación de una forma nueva y superior de sociedad humana ya han sido establecidas por el desarrollo del capitalismo. Durante los últimos 200 años, el desarrollo de la industria, de la agricultura, de la ciencia y de la tecnología ha adquirido una velocidad e intensidad sin precedentes en la historia:
"La burguesía no puede existir si no es revolucionando constantemente los instrumentos de producción, que vale tanto como decir todo el sistema de producción, y con él todo el régimen social. Al contrario de cuantas clases sociales la precedieron, que tenían todas por condición primaria de vida la intangibilidad del régimen de producción vigente. La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por una revolución constante en la producción, una incesante conmoción de todas las relaciones sociales, por una inquietud y un movimiento incesantes". (Marx y Engels, Manifiesto del Partido Comunista, Capítulo I. Burgueses y proletarios.)
¡Qué gran verdad son estas palabras de Marx y qué aplicables a nuestros tiempos! Las soluciones a los problemas a que nos enfrentamos ya existen. Durante los últimos 200 años el capitalismo ha creado una fuerza productiva colosal, pero es incapaz de utilizar este potencial al máximo. La crisis actual es sólo una manifestación del hecho de que la industria, la ciencia y la tecnología han crecido hasta el punto de que no pueden ser contenidas dentro de los estrechos límites de la propiedad privada y del Estado nacional.
El desarrollo de las fuerzas productivas, sobre todo desde la Segunda Guerra Mundial, no ha tenido precedentes en la historia: la energía nuclear, la microelectrónica, las telecomunicaciones, los ordenadores, los robots industriales… han significado un aumento espectacular de la productividad en el trabajo a un nivel mucho más alto de lo que se podría haber imaginado en la época de Marx. Esto nos da una idea muy clara de lo que sería posible en el futuro bajo el socialismo, basado en una economía socialista planificada a escala global. La crisis actual no es más que una manifestación de la rebelión de las fuerzas productivas contra estas limitaciones sofocantes. Una vez que la industria, la agricultura, la ciencia y la tecnología sean liberadas de las restricciones sofocantes del capitalismo, las fuerzas productivas serán capaces de satisfacer inmediatamente todas las necesidades humanas sin ninguna dificultad. Por primera vez en la historia, la humanidad estaría libre para desarrollar todo su potencial. Una reducción general del tiempo de trabajo serviría de base material para una auténtica revolución cultural. La cultura, el arte, la música, la literatura y la ciencia se elevarían a alturas inimaginables.
El único camino
Hace veinte años, Francis Fukuyama habló del fin de la historia. Pero la historia no ha terminado. De hecho, la verdadera historia de nuestra especie sólo se iniciará cuando se haya puesto fin a la esclavitud de la sociedad de clases y comencemos a establecer el control sobre nuestras vidas y destinos. Esto es lo que es realmente el socialismo: el salto de la humanidad desde el reino de la necesidad al reino de la libertad.
En la segunda década del siglo XXI, la humanidad se encuentra en una encrucijada. Por una parte, los logros de la ciencia moderna y de la tecnología nos han proporcionado los medios para solucionar todos los problemas que nos han atormentado durante toda la historia. Podemos erradicar las enfermedades, el analfabetismo y la falta de vivienda, y podemos hacer florecer los desiertos.
Por otro lado, la realidad parece burlarse de estos sueños. Los descubrimientos de la ciencia se utilizan para producir armas de destrucción masiva cada vez más monstruosas. En todas partes hay pobreza, hambre, analfabetismo y enfermedad. Hay sufrimiento humano a una escala masiva. Riquezas obscenas florecen al lado de la miseria. Podemos poner un hombre en la luna, pero cada año ocho millones de personas mueren simplemente porque no tienen suficiente dinero para vivir. Cien millones de niños nacen, viven y mueren en las calles, y no saben lo que es tener un techo sobre su cabeza.
El aspecto más destacado de la situación actual es el caos y la turbulencia que se han apoderado de todo el planeta. Hay inestabilidad a todos los niveles: económico, social, político, diplomático y militar.
La mayoría de la gente vuelve la espalda a estas barbaridades con repulsión. Parece que el mundo se ha vuelto loco de repente. Sin embargo, tal respuesta es inútil y contraproducente. El marxismo nos enseña que la historia no carece de sentido. La situación actual no es una expresión de la locura o la maldad intrínseca de los hombres y las mujeres. El gran filósofo Spinoza dijo una vez: "¡Ni llorar ni reír, sino comprender!" Este es un consejo muy valioso, ya que si no somos capaces de comprender el mundo en que vivimos, nunca seremos capaces de cambiarlo.
Cuando Marx y Engels escribieron el Manifiesto, eran dos hombres jóvenes, 29 y 27 años respectivamente. Estaban escribiendo en un período de reacción negra. La clase obrera estaba aparentemente inmóvil. El propio Manifiesto fue escrito en Bruselas, adonde sus autores se habían visto obligados a huir como refugiados políticos. Y sin embargo, en el momento mismo en que el Manifiesto Comunista vio por primera vez la luz del día en febrero de 1848, la revolución ya había entrado en erupción en las calles de París, y durante los siguientes meses se había extendido como la pólvora por la práctica totalidad de Europa.
Después de la caída de la Unión Soviética, los defensores del viejo orden estaban jubilosos. Hablaban del fin del socialismo e, incluso, del fin de la historia. Nos prometieron una nueva era de paz, prosperidad y democracia, gracias a los milagros de la economía de libre mercado. Ahora, sólo veinte años después, esos sueños se reducen a un montón de escombros humeantes. Ni una sola piedra sobre piedra queda de estas ilusiones.
¿Cuál es el significado de todo esto? Estamos siendo testigos de la agonía dolorosa de un sistema social que no merece vivir, pero que se niega a morir. Esa es la verdadera explicación de las guerras, del terrorismo, de la violencia y de la muerte que son las principales características de la época en que vivimos.
Pero también estamos presenciando los dolores de parto de una nueva sociedad, una sociedad nueva y justa, un mundo digno para vivir todos los hombres y mujeres. De estos acontecimientos sangrientos, en un país tras otro, una nueva fuerza está naciendo: la fuerza revolucionaria de los trabajadores, campesinos y jóvenes. En la ONU, el Presidente Chávez de Venezuela advirtió que "el mundo está despertando y la gente se está poniendo de pie".
Estas palabras expresan una verdad profunda. Millones de personas están empezando a reaccionar. Las manifestaciones masivas contra la guerra de Iraq llevaron a millones a las calles. Esa fue una indicación de los inicios de un despertar. Pero el movimiento carecía de un programa coherente para cambiar la sociedad. Esa fue su gran debilidad.
Basta ya de cínicos y escépticos. Es hora de darles la espalda y seguir la lucha adelante. La nueva generación está dispuesta a luchar por su emancipación. Está buscando una bandera, una idea y un programa que pueda inspirarla y llevarla a la victoria. Eso sólo puede ser la lucha por el socialismo a escala mundial. Carlos Marx tenía razón: La elección que tiene la raza humana ante sí es socialismo o barbarie.
Karl Heinrich Marx, conocido también en castellano como Carlos Marx (Tréveris, ... En su vasta e influyente obra, incursionó en los campos de la filosofía, ... durante su vida, sus ideas y la ideología del marxismo comenzaron a ejercer una ..... cuadernos de trabajo y artículos periodísticos sobre la actualidad del siglo XIX.
3. Nació el cinco de mayo de 1818 en Trier, Prusia. fue el tercero de siete hijos de una familia judía de clase media.
4. Padre Herschel Mordechai (luego Heinrich) Marx, ejercía la abogacía en Tréveris, su ciudad natal. Era además consejero de justicia, el gobierno Prusiano le obligo a abrazar el Protestantismo para poder mantener el cargo en la administración de Renania. Madre Fue Henrietta Pressburg, nacida en Holanda
5. Estudió Derecho, en la Universidad de Bonn (carrera inconclusa). Comienza a estudiar Filosofía en la Universidad de Berlín. Se doctora en Filosofía en la Universidad de Jena (1841).
6. Karl Marx se casó en 1843 con Jenny von Westphalen, hermana del ministro de Interior prusiano, amiga de infancia con la que se comprometió siendo ya estudiante Vivieron con fuertes penurias económicas debido a la irregularidad de los ingresos de Marx. Con Jenny von Westphalen tuvo 6 hijos, fallecieron tres -Guido, Franciska y Edgar- convulsiones, bronquitis y tuberculosis respectivamente . La pequeña, Eleonora Marx formó parte del movimiento feminista y Laura Marx, se casó con el dirigente socialista francés Paul Lafargue, y se suicidó junto a él en 1911.
7. Marx, inmediatamente después se trasladó desde Alemania al clima más liberal de París. Allí continuó trabajando las ideas de Hegel y de los Jóvenes Hegelianos, pero también se centró en el estudio de dos nuevos conjuntos de ideas: el socialismo francés y la economía política inglesa. Fue la manera particular en la que combinó el hegelianismo, el socialismo y la economía política lo que modelaría su orientación intelectual.
8. Marx, inmediatamente después se trasladó desde Alemania a París. Allí continuó trabajando las ideas de Hegel y de los Jóvenes Hegelianos, pero también se centró en el estudio de dos nuevos conjuntos de ideas: el socialismo francés y la economía política inglesa. Fue la manera particular en la que combinó el hegelianismo, el socialismo y la economía política lo que modelaría su orientación intelectual. En 1844 Engels y Marx mantuvieron una larga conversación en un famoso café de París que afianzó la relación que mantendrían durante sus vidas. De esta conversación, Engels comentó: «Nuestra total coincidencia en todos los campos teóricos se hizo manifiesta... y nuestra obra conjunta data de aquel tiempo»
9. Diferencia entre las filosofías de la naturaleza de Demócrito y Epicuro (tesis doctoral, 1941). Manuscritos económico-filosóficos (1844). La sagrada familia (colaboración con Friedrich Engels, 1845). La ideología Alemana (colaboración con Engels, 1845-1846). Miseria de la filosofía (contra las tesis de Pierre Joseph Proudhon, 1847). Manifiesto Comunista (en colaboración con Engels, 1848).
10. El 18 brumario de Luis Bonaparte (ensayo histórico-político sobre el golpe de Estado acaecido en Francia el 2 de diciembre de 1851, 1852). Crítica de la economía política (1859). La guerra civil en Francia (análisis de la experiencia de la Comuna de París, 1871). Crítica del programa de Gotha (publicada por Engels, con carácter póstumo, en 1891, 1875). El capital (vol. I; los vols. II y III fueron editados y publicados por Engels, con carácter póstumo, en 1885 y 1894, respectivamente, 1867).
11. La obra de Carlos Marx Ha existido siempre una relación inestable entre la teoría sociológica y la obra de C.M. Al final de la Guerra Fría, la teoría sociológica era idéntica a la teoría marxista y neomarxista, sin embargo en E.U, Marx ha sido ignorado como pensador de relevancia sociológica en cambio en Europa del este su influencia es inmensa. Dos argumentos básicos que rechazan a Marx como sociólogo. Todos los teóricos de la sociología presentan un sesgo ideológico. La impresión de que Marx era un fanático sanguinario es inadmisible; mas bien era un humanista al que ería profundamente la explotación del obrero bajo el régimen capitalista.
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13. Se opone aun más si cabe a, la mayor parte del pensamiento sociológico contemporáneo. En el análisis dialéctico, especialmente tal y como Marx lo desarrolla, los valores sociales no son separables de los hechos sociales. Ambas características de la dialéctica reflejan la idea de Marx de que no existen líneas divisorias definidas y marcadas entre los fenómenos del mundo social.
14. Marx afirmaba que los capitalistas y el proletariado no se encontraban claramente separados, sino que se entremezclaban de manera gradual. A medida que el capitalismo se expande, aumenta la cantidad de trabajadores explotados . Marx, creía que su crítica contribuiría a derrotar al capitalismo. “ Los hombres hacen su propia historia pero no lo hacen arbitrariamente , bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, si no bajo circunstancias directamente dadas y heredadas del pasado”.
15. La base de gran parte del pensamiento de Marx la constituyen sus ideas sobre el potencial de los seres humanos. O lo que el llamaba… (seres genéricos) Marx esperaba que el comunismo proporcionara un entorno apropiado para que las personas expresaran su potencial.
16. Las capacidades son las facultades y aptitudes de las personas, para Marx estas no son simplemente lo que son ahora, si no lo que fueron en el pasado y lo que serán en el futuro bajo diferentes circunstancias sociales. Las necesidades son los deseos de las personas de cosas que no se pueden obtener de forma inmediata. Las capacidades y necesidades naturales son las que compartimos con otros animales, mientras que las especificas son específicamente humanas. Capacidades y necesidades
17. Según Marx, los hombres se distinguen de otros animales por su conciencia y por su capacidad de ligar ésta, a sus acciones. La conciencia constituye una característica de las personas, y su forma se deriva de la acción y la interacción humana. La conciencia es, por tanto, desde sus orígenes un “Producto Social “ y seguirá siéndolo mientras el hombre exista.
18. Podemos distinguir tres componentes de la relación entre los seres humanos y la naturaleza: la percepción, la orientación y la apropiación. Siguiendo a Marx podemos distinguir tres estadios básicos de la relación entre el potencial humano y los procesos de la percepción, orientación y apreciación: La sociedad primitiva. El capitalismo. El comunismo . Marx compara la sociedad primitiva y el capitalismo de la siguiente manera: El mundo antiguo proporcionaba una satisfacción limitada, mientras que en el moderno, no proporciona satisfacción alguna; y de hacerlo, es vulgar y mediocre .
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20. Que la conciencia de los actores este implicada en la actividad. Que los actores expresen sus capacidades de manera comprensiva. Que expresen su carácter intrínsecamente social en el proceso de objetivación. Que este proceso no constituya simplemente un medio para lograr otros fines (ganar dinero).
21. “ El trabajo crea valor de uso Una condición necesaria, independiente de las demás formas de la sociedad, para la existencia de la raza humana”. Bajo el sistema capitalista es esencialmente inhumano. El trabajador, en términos prácticos, es un esclavo. Se debe al servicio del patrón. Relación Capitalista-Proletario: indiferente, casual, indiferente y exterior. El capitalista sólo conoce al trabajador como una máquina de fortuna.
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23. Sociabilidad: Las personas no pueden expresar su humanidad sin la interacción con la naturaleza y con las otras personas, Para Marx, éstas son intrínsecamente sociales. Consecuencias imprevistas: La intención de la gente no era crear una estructura que distorsionara la naturaleza humana, pero ese fue el resultado Marx pensaba que muchas de sus acciones creaban las condiciones para el colapso final del sistema, ejemplo: Los capitalistas extraen del trabajador la ultima pizca de productividad pensando en su propio interés y en el del sistema aunque ésta accion produce grandes beneficios a largo plazo crea la clase que destruira finalmente el sistema capitalista: “El Proletariado”.
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25. Enajenación (= alienación): Proceso histórico-social en el cual el producto del trabajo humano se independiza, se vuelve autónomo, escapa al control racional y termina siendo hostil contra su creador. Aunque Marx los utiliza como sinónimos, etimológicamente “alienación” tiene un origen psicológico y “enajenación” económico. Hegel define “alienación” como “otro distinto de sí mismo”. En Hegel su contenido no es negativo. En Marx, sí. Además de una pérdida, expresa el desgarramiento, la escisión y la fragmentación del ser humano. Algo está alienado o enajenado cuando ya no nos pertenece.
26. Marx ofreció básicamente una teoría de la alienación arraigada en la estructura social. Es la estructura social la que rompe las interconexiones naturales que caracterizan la naturaleza humana en un sentido ideal. Aquí es sumamente importante el sistema de dos clases. Los capitalistas emplean a los trabajadores (y por lo tanto poseen su tiempo de trabajo) y son propietarios de los medios de producción (herramientas y materias primas), así como de los productos resultantes. Para sobrevivir y tener acceso a las herramientas y las materias primas, los trabajadores se ven obligados a vender a los capitalistas su fuerza de trabajo. Aunque los trabajadores usen las herramientas y actúen sobre la naturaleza, las interrelaciones naturales están rotas.
27. Actividad productiva los trabajadores están alienados de su actividad productiva. En tal sociedad los trabajadores no trabajan para sí mismos, para satisfacer sus propias necesidades. Trabajan para los capitalistas, que les pagan un salario de subsistencia a cambio del derecho a utilizarlos en lo que deseen. El producto los trabajadores están alienados no sólo respecto de las actividades productivas, sino también del objeto de esas actividades: el producto. El producto de su trabajo no pertenece a los trabajadores y no pueden utilizarlo para satisfacer sus necesidades primarias. Compañeros de trabajo en el capitalismo los trabajadores están alienados de sus compañeros de trabajo. Marx parte de la premisa de que las personas necesitan y desean trabajar en colaboración con otras para extraer de la naturaleza lo que necesitan para sobrevivir. Los trabajadores están alienados de su propio potencial humano, en la sociedad capitalista. Los individuos se realizan cada vez menos como seres humanos y quedan reducidos en su trabajo al papel de animales, bestias de carga o máquinas inhumanas.
28. Como consecuencia de la alienación, el trabajo en el capitalismo se reduce al simple trabajo en cuya realización el individuo «no se reafirma, sino que se niega; no se siente satisfecho, sino infeliz; no desarrolla libremente su energía mental y física, sino que mortifica su cuerpo y arruina su mente» La estructura del proceso de producción convierte a los trabajadores en «monstruos tullidos» al obligarles a trabajar minuto tras minuto sin permitirles usar sus capacidades La interrelación natural entre mente y mano está rota en el capitalismo, hasta el punto de que sólo a unas pocas personas se les permite realizar trabajo intelectual. La monotonía de repetir hasta la saciedad la misma tarea especializada. Los seres humanos dejan de ser creativos y se orientan en soledad hacia la posesión de objetos. Para Marx, la propiedad privada hace a las personas tan «estúpidas y estrechas de miras» que sólo perciben un objeto como suyo cuando lo poseen; es decir, cuando lo «comen, lo beben, lo visten, o lo habitan». De esto resulta que el hombre (el trabajador) sólo se siente libre en sus funciones animales, en el comer, beber, engendrar, y todo lo más en aquello que toca a la habitación y al atavío, y en cambio en sus funciones humanas se siente como animal. Lo animal se convierte en lo humano y lo humano en animal.
29. Uno de los ejemplos más bellos que nos ofrece Marx para ilustrar la perversión de la humanidad por el capitalismo es su reflexión sobre el dinero: “ Lo que mediante el dinero es para mí, lo que puedo pagar: es decir, lo que el dinero puede comprar, eso soy yo, el poseedor del dinero mismo. Mi fuerza es tan grande como lo sea la fuerza del dinero. Las cualidades del dinero son mis —de su poseedor— cualidades y fuerzas esenciales. Lo que soy y lo que puedo no están determinados en modo alguno por mi individualidad. Soy feo, pero puedo comprar la más hermosa de las mujeres. Por lo tanto, no soy feo, pues el efecto de la fealdad, su fuerza ahuyentadora, es aniquilada por el dinero. Según mi individualidad soy tullido, pero el dinero me procura veinticuatro pies, luego no soy tullido; soy un hombre malo, sin honor, sin conciencia y sin ingenio, pero se honra el dinero, luego también soy su poseedor. El dinero es el bien supremo, luego es bueno su poseedor; el dinero me evita, además, la molestia de ser deshonesto, luego se presume que soy honesto; soy estúpido, pero el dinero es el verdadero espíritu de todas las cosas, ¿cómo podría carecer de ingenio su poseedor? El puede, por lo demás, comprarse gentes ingeniosas, y ¿no es quien tiene poder sobre las personas inteligentes más talentoso que el talentoso? ¿Es que no poseo yo. que mediante el dinero puedo todo lo que el corazón humano ansia, todos los poderes humanos? ¿Acaso no transforma mi dinero todas mis carencias en su contrarío?”
30. Según Marx, la sociedad capitalista no constituía un fin en sí misma, sino un esfuerzo cuyo objetivo era que se llevaran a cabo los cambios necesarios para crear una sociedad en la que el potencial humano pudiera expresarse adecuadamente. El objeto de la sociología de Marx era la emancipación de la humanidad de la esclavitud de la sociedad capitalista La transición hacia la sociedad socialista y la emancipación podía lograrse sólo mediante la acción concreta o praxis. No debemos contentarnos con filosofar sobre el capitalismo, sino adoptar también una postura intelectual crítica que contribuya a la realización de la acción necesaria para revolucionar la sociedad. La sociedad comunista creada mediante la praxis «no gobernará sobre los individuos, pues en sí misma no es otra cosa que los individuos concretos en sus mutuas relaciones sociales «La emancipación humana será total sólo cuando el hombre real e individual... se haya convertido en un ser genérico»
31. Su actividad vital es el trabajo, trabajo que no le pertenece. Hombre = Capital Viviente = Menesteroso Su vida está dedicada, y debe ser cuidada para beneficio del capitalista. De ese cuidado depende que el valor de su trabajo aumente. En el sistema capitalista el obrero sobrevive sólo en la condición de máquina. Condición de Máquina = No posee necesidades humanas ni animales. Su única necesidad es servir. El hombre necesita lo justo, inclusive menos para subsistir y seguir trabajando.
32. En esta relación, en el capitalista se produce inmoralidad, deformación y embrutecimiento. En todo ve la mercancía. El mundo avanza en su deshumanización e indolencia. El trabajo existe, porque existe capital. El capital tiene que crecer día a día. Para esa finalidad, el obrero desarrolla un trabajo que no es libre
33.
34. Marx percibía las estructuras sociales como un conjunto de relaciones sociales numerosas y continuas, consideraba que el conjunto de relaciones en el capitalismo eran externas a los actores y coercitivas. Esto no significa que este conjunto de relaciones fuera inevitable o eterno, pero ciertamente había adquirido una realidad objetiva bajo el capitalismo y debía ser destruido para acercarse al comunismo. Mercancías La base de todo el trabajo de Marx sobre el potencial humano, es su análisis de las mercancías. Para Marx las personas producen los objetos que necesitan para sobrevivir mediante su interacción con la naturaleza y otros actores; Los objetos son los productos del trabajo humano y no pueden adquirir una existencia independiente porque están bajo el control del actor. Los productos, en lugar de ser usados inmediatamente, son intercambiados en el libre mercado a cambio de dinero (valores de cambio).
35. El fetichismo de las mercancías implica el proceso por el que los actores olvidan que es su trabajo el que confiere a las mercancías su valor. La belleza del análisis de Marx sobre las mercancías y su fetichismo consiste en que parte del micronivel del actor y la acción individual para luego elevarse al macronivel de las grandes estructuras sociales. Es decir, las personas, dotadas con mentes creativas, interactúan con otras personas y con la naturaleza para producir objetos, pero este proceso natural se convierte en el capitalismo en algo grotesco. El fetichismo de las mercancías confiere a éstas y al mercado una realidad objetiva independiente que es externa al actor y coercitiva.
36. La reificación puede considerarse como el proceso por el que se llega a creer que las formas sociales humanamente creadas son naturales, universales y absolutas y, consecuentemente, que esas formas sociales adquieren, de hecho, esas características. El concepto de reificación implica el convencimiento de las personas de que las estructuras sociales están fuera de su control y son inalterables. Marx afirmaba que bajo las circunstancias específicas del capitalismo el trabajo, como fenómeno social, se convertía en una mercancía: «La fuerza de trabajo aparece en el mercado como una mercancía exclusivamente si, y en la medida en que, su poseedor, el individuo propietario de esa fuerza de trabajo, la pone en venta o la vende como una mercancía»
37. El más general de los elementos económicos estructurales en la obra de Marx es el capital, o el sistema capitalista. Como estructura independiente, el capital (en manos de los actores que operaban en su propio beneficio, la burguesía) explotaba a los trabajadores, los responsables de su creación. Los trabajadores eran explotados por un sistema y habían olvidado que ellos lo habían producido mediante su trabajo, por lo que no se percataban de que podía cambiar. «Debido a su conversión en autómata, el instrumento del trabajo se enfrenta al trabajador durante el proceso de la producción, y adopta la forma de capital, o trabajo muerto, que domina y extrae hasta que se agota la fuerza de trabajo existente» Esta es la idea que llevó a Marx a la conclusión de que el capitalismo era un mundo invertido.
38. Marx pensaba que el poder del capital aparecía como «un poder otorgado por la naturaleza , un poder productivo inherente al capital» (Así, las personas tendían a reificar el capital al creer que, por naturaleza, el sistema capitalista era externo a ellas.
39. Circulación de mercancías. Marx examinó la circulación de las mercancías, considerada por él como «el punto de partida del capital» Marx distinguía dos tipos de circulación de mercancías. Dinero-Mercancías-Dinero (D-M-D)— es característico del capital; no ocurre así en el caso del otro: Mercancías-Dinero-Mercancías (M-D-M). Podemos considerar la circulación simple de mercancías caracterizada por el circuito M-D-M como el segundo tipo histórico de circulación de mercancías. El trueque es el primero.
40. En el circuito capitalista, al que Marx denomina «comprar para vender» el actor individual compra una mercancía con dinero y luego la cambia por dinero. En la circulación simple de mercancías predomina el circuito M-D-M. En una sociedad caracterizada por la circulación simple de mercancías, el intercambio se realiza a través de «la conversión de la mercancía en dinero y la reconversión del dinero en mercancía».
41. Marx fue un durísimo crítico de la sociedad burguesa. Él entendía que el hombre vive alienado, enajenado, y considera que la raíz de esta situación se encuentra en la injusta estructuración de la actividad económica. Si no se resuelve la injusticia en este plano básico o estructural, toda la vida social seguirá siendo injusta y alienante. Según él, la causa básica de la injusticia es la propiedad privada de los medios de producción, que genera la separación entre los propietarios (burgueses) y los no propietarios (proletarios, quienes sólo son dueños de su prole, de sus hijos). A la diferencia entre la riqueza que generan los trabajadores y lo que efectivamente reciben por su trabajo Marx la llama "plusvalía". En definitiva, se trata de un saqueo o robo que unos pocos, los burgueses, hacen a las grandes mayorías, los proletarios. Marx creía que esa sociedad injusta sería suplantada por una "sociedad comunista", sin división de clases y sin propiedad privada de los medios de producción. Pero también creía que este cambio no se daría sino a través de una revolución violenta, generada por un movimiento que reuniera la inteligencia de los intelectuales revolucionarios y la fuerza de las masas proletarias.
42. El Triunfo del dinero se consolida con el surgimiento y masificación de la propiedad privada. El goce del capitalista es la enajenación del terrateniente y del obrero.
43. Todo lo anterior conlleva a un Producto: La propiedad privada Lo raro, es ver que el obrero no hace nada al ver que el oligarca se adueña de lo que no le pertenece.
44. La idea básica de Marx sobre la división del trabajo se deriva de su distinción entre los propietarios de los medios de producción y los que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo a los propietarios para vivir. En particular, a Marx le interesaba la tendencia estructural por la cual las personas se ven obligadas a especializarse en tareas cada vez más específicas.
45. Primera, la división del trabajo separa artificialmente al individuo del conjunto de la comunidad. Las personas se preocupan casi únicamente por su bienestar Segunda, el proceso laboral se rompe hasta el punto de que se separan funciones que idealmente deberían estar integradas. Por ejemplo, las funciones intelectuales están separadas de las manuales Tercera, las capacidades del individuo se reducen a una simple herramienta más en el proceso de producción. Cuarta, cada persona hace sólo una mínima contribución al resultado del producto final. El trabajador queda disociado de ese producto y de todo lo que suceda con él después. Finalmente, la especialización estricta influye en el hombre en el sentido de que «le atonta, le deshumaniza, le reduce a un mero fragmento de hombre, a un monstruo tullido, a un apéndice de una máquina» Estas críticas llevaron inevitablemente a Marx a la conclusión política de que debía crearse una sociedad en la que las personas no se especializaran de manera tan estricta.
46. En el capitalismo el obrero no necesariamente gana, pero siempre sale perdiendo. El obrero sufre en su existencia.
47. La demanda de obreros, excede a la oferta. Si quiere ganar más, debe trabajar más. CONSECUENCIAS: Exceso de trabajo, desgaste físico, muerte prematura y degradación a la condición de máquina.
48. El trabajador es mirado como un pobre mendigo, que sólo merece morir. “ El trabajo perfecciona al obrero, pero degrada al hombre”. La riqueza del obrero no es de él ni está en él. Su riqueza está en lo que produce para beneficio de su opresor.
49. Es el poderoso, el que maneja el capital. No le importa bajo que medios obtiene el poder. El poder es su fin. No le interesa a quien atropella para lograrlo.
50. El oligarca no sólo condena al obrero, sino también al pequeño capitalista. Competencia: El pequeño capitalista está condenado a cavar su propia tumba. La ley ampara al capitalista para realizar todo tipo de atropellos. Todo lo que pierde en su condición humana lo recibe en dinero. Único fin: Tener (Ejemplo: La fiebre del oro).
51. “ Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases”. Marx y Engels. El Manifiesto Comunista.
52. Lucha de clases: No es un enfrentamiento entre individuos aislados (por enemistades o envidias personales). Es un conflicto histórico entre grandes conjuntos de personas: las clases sociales. Esta confrontación divide a la sociedad en opresores y oprimidos. Esta contradicción impulsa el desarrollo de la historia. La clase alta recibe como beneficio el hecho de que el obrero sea en sí mismo una mercancía. La clase baja recibe como “beneficio” la entrega del salario. Ambos se niegan a sí mismos. Resultan enajenados y deshumanizados por el sistema capitalista. Ambos son derrotados.
53. El obrero es rebajado a la condición de máquina. El capitalista sólo busca saciar sus deseos. Vive por el dinero, sin él no sería nada. El capitalista se constituye en su propio enemigo. Toda su odiosidad y codicia trae consigo la destrucción del más débil.
54. Se necesita una Revolución, para que el hombre recupere su humanidad perdida.
55.
56. Marx lo plantea como la solución a la problemática. El comunismo da a conocer lo que el hombre ha llegado a ser producto de la propiedad privada. Relación más natural: La del hombre consigo mismo. El hombre tiene potencia como ser colectivo. Su propia explotación lo lleva a la necesidad de relacionarse con el otro. En esta cualidad está todo su movimiento, goce, actividad y fundamento.
57. El comunismo es esencialmente democrático, busca la des enajenación. El Comunismo busca una vuelta a sí mismo. Solución al enigma de la historia: El naturalismo humano. Le permite ser un humano que piensa, que sueña, que se recrea, que vive y trabaja en función de sí como individuo y ser social.
58. Marx se concentró en el análisis de las grandes estructuras de la sociedad capitalista y su influencia alienadora sobre los seres humanos. El materialismo de Marx le llevó a interesarse poco por la cultura, y podríamos afirmar que, en ocasiones, Marx incluso se alejó demasiado de este reino debido a que lo asociaba con la supuesta debilidad de la filosofía hegeliana. Por ejemplo, en la Contribución a la crítica de la economía política. Marx escribió: El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden formas sociales determinadas de conciencia. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política e intelectual en general. No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia. (Marx, 1859/1970: 20-21;)
59. En la obra de Marx, la idea de conciencia de clase y la de falsa conciencia están estrechamente relacionadas. En el capitalismo, tanto capitalistas como trabajadores tienen una percepción incorrecta del modo en que funciona el sistema y del papel que desempeñan en él (falsa conciencia). En la evolución hacia el comunismo existe la posibilidad de que el proletariado desarrolle una comprensión exacta de cómo funciona el capitalismo y cómo le afecta (conciencia de clase). Cuando Marx habla de la conciencia (y la falsa conciencia) de clase, no se refiere a una conciencia individual, sino a la conciencia de la clase en su conjunto.
60. Aunque Marx solía hablar de ideologías en el mismo sentido en el que hablaba de las clases y la falsa conciencia, no hay duda de que la ideología adquirió una existencia independiente en el seno de su sistema Marx ofrecía en él sólo una de las caras de un análisis multifacético: Las ideas de la clase dominante son en todas las épocas las ideas dominantes; es decir, la clase que es la fuerza material dominante de la sociedad, es al mismo tiempo su fuerza intelectual dominante. La clase que posee los medios de producción material tiene al mismo tiempo a su disposición los medios de la producción mental, de manera que, hablando en términos generales, las ideas de aquéllos que carecen de los medios de producción intelectual están sometidos a ella. Las ideas dominantes no san más que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes [cursivas añadidas], las relaciones materiales dominantes hechas ideas. (Marx y Engels, 1845-46/1970: 64)
61. Tres ideas fundamentales interrelacionadas sobre la conceptualización que hace Marx de las ideologías. Primera, sin duda representan los intereses de la clase dominante, pero esto no significa que estas ideas no tengan una influencia recíproca en los intereses materiales. Segunda, constituyen un «reflejo invertido y truncado de la realidad» (Lefebvre, 1968: 64). Tercera, las ideologías tienen una existencia independiente que resulta coercitiva para las personas.
62. La economía marxiana parte de los conceptos de valor de uso y valor de cambio. Las personas siempre han creado valores de uso; es decir, siempre han producido cosas para satisfacer directamente sus necesidades. Para Marx, la fuente básica de cualquier valor era la cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario requerida para producir un objeto en condiciones normales de producción y con un grado medio de cualificación e intensidad de tiempo. Esta es la conocida teoría del valor-trabajo. Marx dijo: El capitalista no sabe que la jornada laboral establecida incluye también una cantidad de trabajo no pagado, y que este trabajo gratuito constituye la fuente normal de sus ganancias; la categoría del excedente de trabajo no existe para él, puesto que la considera incluida en la jornada laboral que él cree pagar mediante el salario. (Marx, 1867/1967: 550)
63. Esto nos lleva a su concepto central de plusvalía. Se define como la diferencia entre el valor del producto y el de los elementos invertidos en la formación de ese producto. Aunque los medios de producción (materias primas y herramientas, cuyo valor procede del trabajo invertido en su extracción o producción) se invierten en el proceso de producción, es el trabajo lo que constituye la fuente real de la plusvalía. «La cantidad de plusvalía es, por lo tanto, una expresión exacta del grado de explotación de fuerza de trabajo por parte del capital.
64. Aunque los principios económicos marxistas hayan sido un rotundo fracaso, sin embargo los principios filosóficos aún siguen estabulados en algunas mentes y continúan oprimiendo a buena parte de la población mundial, aunque cada vez menos. Como ya se sabe, el marxismo pretendía crear un “hombre nuevo” y “transformar” la sociedad, creando para ello unas bases ideológicas. En la concepción que el marxismo tiene del Hombre, está el quid del concepto económico marxista. Si todos los órdenes (económico, social, político, etc) deben estar al servicio del ser humano, para el marxismo el hombre solamente es un instrumento, una especie de engranaje en la sociedad controlada, amordazada y asfixiada por el Estado. El marxismo defiende que el hombre, con un origen y genealogía simiescos tal y como aportó Darwin casi contemporáneamente a Marx, es producto de la evolución y de la selección natural y que es el animal más desarrollado, tanto biológica como intelectualmente. No tiene alma y, por tanto, es un ser intrascendente. Sólo interesa lo que consume, lo que produce, etc.
65. A pesar de que los marxistas tratan de enmascarar los hechos con piruetas intelectuales, lo cierto es que es que el marxismo no socializa la economía, sino que la estataliza, entendiendo por socializar poner los medios de producción en manos y al servicio de las personas que forman la comunidad. Pero, claro, hay que justificar el cómo y el por qué se hace entrega de los citados medios al Estado y, para ello, explican de una forma muy peculiar la teoría del valor.
66. Como se sabe, en la concepción clásica, el valor de un bien o de una mercancía tiene dos connotaciones: valor de uso y valor de cambio. El primero viene dado por la aceptación o rechazo de un producto por parte de la sociedad. El segundo está determinado por su capacidad para ser cambiado por otro producto o mercancía, manifestándose en la compraventa a través del dinero. Complementariamente, para Marx, la medida del valor de un producto, mercancía, bien, etc, está expresado en función del tiempo invertido en fabricarlo. El valor de cambio es la diferencia entre el costo de la materia prima y el precio final que el comprador abona por la mercancía. Esta diferencia pertenece totalmente al trabajador. Cuando una persona, el capitalista, es el propietario de los medios de producción y vende la mercancía pagando un salario al trabajador, aquél está robándole la plusvalía al operario con lo que, según Marx, la propiedad se convierte en un robo. Como puede verse, Marx afirma cuasi dogmáticamente que la plusvalía corresponde al trabajo y no al capital que, según él, no engendra por sí mismo plusvalía: ni el capital circulante (que desaparece), ni el capital fijo (que permanece). Ambos son absorbidos por el trabajo humano.
67. Conviene aclarar los conceptos de capital circulante y capital fijo. Al primero pertenecen los salarios y las materias primas que, obviamente, desaparecen en cada proceso de producción. Al segundo pertenecen máquinas, robots, instalaciones, tierras, etc que, aunque permanecen, pueden quedar obsoletos y perder valor de uso por la aparición de nuevas tecnologías, avances técnicos, etc Hay algo más. Según Marx, como ya dijimos, la plusvalía corresponde totalmente al obrero, pero antes de determinarla hay que pagar el salario al trabajador por el empleo de la fuerza de trabajo. Es decir: hay que deducir de la plusvalía (valor de cambio) una cantidad para la sustitución, la reparación y la amortización de las máquinas. Parece ser que la conclusión obvia a la que debería llegar la economía marxista, sería la de entregar los productos, mercancías y bienes a los productores que los hayan obtenido, para que estos obtengan el beneficio de la plusvalía. Pero, en realidad, esto no ocurre en ningún país marxista: a los trabajadores en estos países no se les reconoce la propiedad de las mercancías que fabrican. El Estado distribuye estos productos necesitando, lógicamente, dinero para adquirir maquinaria, para comprar materias primas, para pagar salarios, etc. ¿Cómo obtiene el Estado este dinero?. Pues detrayendo la plusvalía a los trabajadores fijando dictatorialmente los precios y elevando los impuestos a los consumidores
En esta monografía perteneciente a la asignatura de “sociología”, vamos a hablar de un sociólogo en especial, Karl Marx, el cual fue elegido por el alumno; sobre el mismo se hablará de su vida, sus obras, las teorías que él presento, etc.. Después de eso se establecerá una relación de intertextualidad de esas teorías con lo que sucede en la vida de una persona en la actualidad.
En mi caso, elegí a este sociólogo en particular porque me pareció el más apropiado, comprensible, entendible y práctico para poder trabajarlo.
Su Historia…
Kart Marx nació el 5 de mayo de 1818 en Tréveris, Prusia. Fue hijo de una familia económicamente acomodada y culta, de origen judío.-
Su padre fue abogado, judío convertido al protestantismo.-
Realizó sus estudios hasta el bachillerato en su ciudad natal, ingresando luego a la Universidad de Bonn y más tarde a la de Berlín, donde al igual que su padre había iniciado la carrera de Derecho, pero posteriormente se dedica a los estudios de historia y filosofía, doctorándose en esta última en 1841 con una tesis sobre Epicuro.-
En su formación filosófica es fuertemente marcado por el pensamiento hegeliano. De joven se unió, en Berlín, al círculo de los "hegelianos de izquierda". Junto a su contemporáneo Bruno Bauer intentaron buscar las bases del materialismo en las ideas de Hegel. Con el mismo Brauer en 1842 fundaron el periódico La Gaceta Renana, del que Marx va a ser su redactor -jefe por lo que se traslada, de Bonn a Colonia. Dicho periódico acaba por cerrarse bajo censura en 1843 por disidencias políticas con el gobierno alemán.-
En 1843 Marx se casa en Kreuznach con Jenny von Westphalen, amiga desde su infancia y con quien se había comprometido siendo estudiante.-
Su esposa pertenecía a una familia de la aristocracia prusiana, habiendo llegado a ser su cuñado Ministro de la Gobernación de Prusia.-
En el mismo año la pareja se traslada a París, donde Marx encontraba que las condiciones le eran más propicias para editar una revista de carácter político-radical: "Anales franco - alemanes", de la que llegó a editarse un sólo número.-
En el 1844 conoce a Friedrich Engels, en más su incondicional amigo y colaborador de su obra.-
En 1845 Marx es expulsado de París por sus actividades políticas, comenzando a partir de aquí una itinerante sucesión de destierros políticos por varios países europeos. Emigra a Bélgica.-
En junio de 1847 se había constituido en Londres la "Liga de los comunistas", heredera de una asociación anterior, la "Liga de los justos", que, abandonando su viejo lema de "Todos los hombres son hermanos", adoptó el de "Proletarios de todos los países, uníos". En esa fecha junto a Engels se afilian a estas sociedades secretas que funcionaban a modo de logias, pero muy lejos de ser logias regulares. Es en la "Liga de los comunistas" que a Marx se le confía la redacción del Manifiesto del Partido Socialista editado en 1848.-
En el mismo año es expulsado de Bélgica, trasladándose nuevamente a París y posteriormente a Alemania.-
En 1849 Marx comparece ante los tribunales de justicia alemanes, si bien es absuelto de los cargos elevados en su contra es expulsado del país. Entonces regresa a París, de donde vuelve a ser expulsado, radicándose en Londres hasta su muerte.-
Las condiciones de vida que llevó junto a su familia durante sus sucesivos exilios, lo llevaron a una situación económica muy comprometida. Engels quien trabajaba en una editorial de Londres fue su respaldo económico en tales circunstancias.-
En 1864 presidió la I Internacional ("Asociación Internacional de los Trabajadores"), siendo el autor del primer "Manifiesto", -que luego pasará a llamarse "Manifiesto del partido comunista". Su intento fue la de unificar las diferentes corrientes socialistas independientes, pero sus enfrentamientos con Mijail Bakunín dieron por tierra en 1876 con la organización.-
Posterior al Congreso de la Haya, Marx logra trasladar a la ciudad de Nueva York el Consejo General de la Internacional.-
En sus últimos años de vida se consagró de lleno a trabajar en su mayor obra teórica: "El Capital".-
En diciembre de 1881 falleció su esposa y el 14 de marzo de 1883, dos años después, fallece él en Londres.-
“Sus Obras”
Su obra teórica se compone además de las editadas, de una proficua obra epistolar y de ensayos éditos que fueron posteriormente corregidos y editados por Engels.-
De su producción se destacan:
TESIS DOCTORAL "DIFERENCIA ENTRE LA FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA DE DEMÓCRITO Y LA DE EPICURO" - 1841
CONTRIBUCIÓN A LA CRÍTICA DE LA FILOSOFÍA DEL DERECHO DE HEGEL - 1844
LA CUESTIÓN JUDÍA - 1844
ECONOMÍA POLÍTICA Y FILOSOFÍA - 1844
LA SITUACIÓN DE LA CLASE OBRERA EN INGLATERRA - 1845
LA IDEOLOGÍA ALEMANA - 1845
TESIS SOBRE FEUERBACH - 1845
LA MISERIA DE LA FILOSOFÍA - 1847
TRABAJO ASALARIADO Y CAPITAL - 1847
MANIFIESTO COMUNISTA - 1847
LUCHA DE CLASES EN FRANCIA - 1850
EL XVIII BRUMARIO DE LUIS BONAPARTE - 1850
CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA - 1859
EL CAPITAL - TOMO I - 1867
EL CAPITAL - TOMO II (ENGELS) - 1885
EL CAPITAL - TOMO III (ENGELS) - 1894
EL CAPITAL - TOMO IV (KAUSTKY) - 1905/1910 (este tomo es más conocido como "TEORÍA DE LA PLUSVALÍA")
Para comprender mejor a este autor es menester partir del axioma que su comprensión filosófica del universo se fundamenta en la teoría materialista por la que se niega a la metafísica.-
"…Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero lo que se trata es de transformarlo..."(3)
"…Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. …"(3)
"…Todos los misterios que descarrían la teoría hacia el misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esa práctica. …" (3)
Y para finalizar "…Por eso, en la esencia del cristianismo sólo considera (Feuerbach) la actitud teórica como la auténticamente humana, mientras que concibe y fija la práctica sólo en su forma suciamente judaica de manifestarse. …" (3)
Si bien admito mi ignorancia respecto a un conocimiento profundo de su obra, entendí pertinente puntualizar su pensamiento dogmático, materialista y antisemita; lo que enrarece la comprensión de su concepción de sociedad ideal, "la dictadura del proletariado", tal cual lo plantea como un hecho universal y sin exclusiones.-
Su pensamiento está basado en un conjunto de teorías económicas, políticas y filosóficas.-
Su obra estuvo marcada por Hegel en su concepción filosófica, en lo político por el socialismo francés y por los economistas clásicos británicos en lo referente a economía.-
El método dialéctico de Hegel
Si bien Marx tuvo su propia interpretación al respecto, por lo que es más considerable comprender su sentido dialéctico como que la realidad es un proceso de transformación que se da en base al conflicto de los hechos, y por cuanto el proceso es inestable e insuficiente para mantener un equilibrio perfecto, dando lugar a sucesivas transformaciones sociales.-
Una etapa social dada es la negación de la anterior pero no la eliminación total de la primera, el pasado se conserva de manera superada, pero latente, en un estado social presente que a su vez habrá de volver a ser superado.-
Marx y Engels ven la dialéctica como un hecho de la praxis social, a diferencia de Hegel que la entiende como la continua lucha de las ideas; por el contrario para Marx las ideas son consecuencia de la acción, inversamente al pensamiento de Hegel que la idea produce la acción.-
El socialismo francés
Sus precursores fueron desde Babeuf (1796), pasando por Saint Simon, Blanc, Blanqui y Proudhon.-
Si bien Marx se inicia dentro de estas corrientes, científicamente definidas hoy como pre-socialistas, posteriormente se emancipa de ellas y él mismo las nominaliza como "utópicas", mientras pasaba a calificar sus propios trabajos como "socialismo científico".-
"…Esta clasificación, aunque no fue creada por Marx, fue popularizada a partir de su utilización por Marx y Engels. Por ser adjetiva, es inaceptable. No están totalmente desprovistas de algún estudio o propuestas interesantes las obras de los primeros socialistas; ni es enteramente científico el estudio y el pronóstico realizado por Marx. …" (4)
Escuela clásica de economistas británicos
Marx elabora su teoría en particular a partir del análisis de Adam Smith y David Ricardo.-
Adam Smith sostiene que el trabajo, que lleva incorporado la producción de un bien o servicio, es una medida exacta para cuantificar su valor, pero no necesariamente es el factor determinante de su valor final.-
David Ricardo entiende que el costo de producción de un bien o servicio es el costo laboral que lleva incorporado.-
Del análisis de las premisas de estos autores, Marx sostiene que sólo el factor trabajo da valor a un bien o servicio.-
En su concepto de "plusvalía" sostiene que todo bien o servicio contiene un plus de valor adicional de trabajo que excede el límite de la satisfacción de las necesidades básicas, o como él define "producción socialmente necesaria".-
Esa plusvalía contenida en el valor del producto final no retorna íntegramente al trabajador y la misma es desviada a incrementar el capital económico de la empresa.-
La plusvalía se comporta entonces, como una variante económica que puede incrementarse con la combinación de modificaciones que se puedan establecer entre "las relaciones técnicas de producción" y/o con "las relaciones sociales de producción".-
Marx y su concepción social
Marx entiende que lo prioritario en el hombre como parte del reino animal es su reproducción y mantenimiento, para lo cual, obviamente, ha de valerse de su interacción con el medio natural.-
La singularidad del hombre es que puede administrar la producción necesaria para su subsistencia; es capaz de producir instrumentos con los que puede modificar el desarrollo normal de la naturaleza.
"…En la medida en que el hombre se sitúa de antemano como propietario frente a la naturaleza, primera fuente de todos los medios y objetos de trabajo, y la trata como posesión suya, su trabajo se convierte en fuente de valores de uso, y, por tanto, en fuente de riqueza."(5)
Con esto Marx llega a la conclusión que lo básico de la actividad humana es el trabajo colectivo con el que puede construir su espacio vital, definiéndolo como: el carácter histórico de la existencia humana.-
Marx entiende que de la organización social que el hombre cree, serán sus condiciones de subsistencia.-
Como ya se dijo anteriormente, al hablar del tópico ideas - acción, él establece que la conciencia social es producto de la acción social y antepone a éstas el lenguaje como único vehículo capaz de colectivizar la acción social. Es decir, el lenguaje es la herramienta esencial de la humanidad capaz de coordinar al trabajo colectivo.-
Entonces, el proceso histórico pasa a ser una consecuencia del trabajo modificador de la naturaleza. De esto se desprende la concepción del materialismo histórico.-
Marx concibe a la sociedad humana estableciéndola en distintos niveles.-
"Fuerzas de producción"
El trabajo como sinónimo de conocimiento se transmite generacionalmente.-
La voluntad humana del trabajo se aplica sobre los medios de producción, éstos representados por los insumos materiales y las herramientas.-
La fuerza de producción son los conocimientos y la técnica con que cuenta una sociedad para producir modificando la naturaleza.-
Las relaciones de producción
Son relaciones sociales que los individuos crean, pero que a su vez le son impuestas por la colectividad sin que dependan de su voluntad, terminan por ser una imposición de la misma sociedad.-
Dentro de las relaciones de producción encontramos a las relaciones técnicas de producción (técnicas de producción y división del trabajo) y las relaciones sociales de producción (derecho y obligaciones con que los hombres participan en el usufructo del producto).-
A las relaciones de producción, Marx las determina en función de la propiedad.-
Partiendo de esta idea él establece preponderantemente dos clases sociales: poseedores y no poseedores de la propiedad.-
Las fuerzas productivas de una sociedad condicionan a las relaciones de producción. Es decir, el trabajo, la materia prima, las herramientas y los conocimientos, condicionan a: la división del trabajo y al usufructo del producto.-
Las relaciones de producción (participación del usufructo) forman lo que el llama la estructura económica de la sociedad.-
Infraestructura y supraestructura
Comprendido el estado como el regulador del derecho, la administración, y las normas sociales (ética, estética y filosofía) conforma la Supraestructura de la sociedad.-
Mientras que la Infraestructura son las relaciones de producción, la estructura económica de una sociedad.-
Para Marx, la supraestructura depende de la infraestructura, la producción determina las relaciones en una sociedad.-
El Materialismo Histórico
Donde Marx incursiona más directamente en el tópico de la historia es en la "Contribución a la crítica de la economía política" (1859).-
Su concepción historicista de la humanidad, es tomada en cuenta únicamente desde el punto de vista del análisis de las economías de las sociedades. Para él todos los demás componentes de cada cultura devienen de este tema.-
"…el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general,…”
Dentro de este modelo histórico Marx entiende que en un principio existe un conflicto básico entre el hombre y la naturaleza, a la que trata de dominar.-
La organización del trabajo en una sociedad, los conocimientos y su tecnificación (fuerza de producción) están en un continuo desarrollo. Pero, la división del trabajo, los derechos y obligaciones en la participación de la producción (relaciones de producción), no acompasan el crecimiento de la primera.
"…; este antagonismo entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales de nuestra época es un hecho palpable, abrumador e incontrovertible." (7)
Entonces la clase social que maneja la supraestructura se contrapone a las aspiraciones y necesidades de la clase social que integra la infraestructura.-
"…El derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado." (8)
Esto produce lo que Marx da en llamar la lucha de clases. Da a los cambios sociales un carácter revolucionario, donde la clase trabajadora suplanta a la clase propietaria; por consecuencia se radicaliza un cambio en la supraestructura, pero sin que ésta cambie totalmente los valores de la anterior, habiendo sí, una transformación de los mismos.-
"…pues precisamente del hecho de que el trabajo esta condicionado por la naturaleza se deduce que el hombre que no dispone de más propiedad que su fuerza de trabajo, tiene que ser, necesariamente, en todo estado social y de civilización, esclavo de otros hombres, quienes se han adueñado de las condiciones materiales de trabajo."
Entonces establece en la historia, la existencia de cuatro tipos de sociedades:
El comunismo primitivo, corresponde a las sociedades prehistóricas, cazadoras y recolectoras.-
La sociedad antigua: corresponde a las sociedades sedentarias, productoras, donde aparecen las fuerzas de producción y las relaciones de producción y el predominio de unas clases sociales sobre otras. Se diversifica el trabajo manual del intelectual y se normaliza el derecho de propiedad.-
Él destaca aquí, el sistema de esclavitud como forma de diferenciarla con el próximo tipo de sociedad (sociedad feudal), pero olvida que ese sistema aún hoy Siglo XXI persiste en la praxis de algunas sociedades, a pesar que en el derecho de esos estados, dicha práctica esté abolida legalmente.
"…Advirtiendo, sin embargo, que la esclavitud, la trata de esclavos y las instituciones y prácticas análogas a la esclavitud no han sido aún suprimidas en todas las partes del mundo,…”
LOS ESCLAVOS DEL SUDÁN
"…Según el Departamento de Estado norteamericano, hay más de 90.000 personas esclavas de alguna de las tribus árabes del país."
En función de las citas, se puede cuestionar que el análisis histórico que realiza Marx ya era inconsistente en su época.-
La sociedad feudal (occidental)
Donde la estratificación social de la clase antigua se jerarquiza aún más y se define claramente en tres estamentos: aristocracia, clero y vulgo. Aquí el manejo de la supraestructura estaba en manos de las dos primeras clases, mientras que la más amplia proporción de la infraestructura la conformaba el vulgo.-
A su vez, es de destacar, que dentro de estas tres clases existía una sub - estratificación dentro de cada una de ellas.-
La sociedad capitalista
Marx la comprende como el último sistema social con diferenciación de clases.-
Esto se explica solamente con lo que Marx entiende por esencia del hombre.
"…No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia."
Marx y la vida... ¿conservan alguna relación?:
Marx era filósofo, sociólogo, economista y pensador sociológico, una figura clave en la sociología. Intentaba explicar el funcionamiento de las sociedades a través de la corriente filosófica llamada el Materialismo histórico, un pensamiento del materialismo: “no hay naturaleza humana, somos lo q hemos hecho de nosotros, por que somos sujetos históricos” (Básico del pensamiento de Marx)
Testigo y víctima de la primera gran crisis del capitalismo, se establece un divorcio del obrero y su producto de trabajo, es decir el obrero en el capitalismo, no es más dueño del producto de trabajo, como lo era antes, ahora trabaja para el capitalista y este le devuelve parte del trabajo en salario. Como consecuencia de todo esto, el obrero, pierde la creatividad (deja de tener el “toque personal” que le puede llegar a dar una persona dedicada a su trabajo), la imaginación, dedicación (como para el empleado deja de ser valorado su trabajo, éste no presta atención a lo que hace y no lo pone el mismo esmero), entusiasmo, motivación y voluntad. En el periodo revolucionario de 1848, Marx desarrolla una teoría económica capaz de aportar explicaciones a las mismas, pero a la vez de interpelar a las clases populares a participar en ella activamente para producir un cambio revolucionario.
La teoría que elabora predice la evolución socioeconómica futura e invita a los trabajadores a participar activamente acelerando la transformación del sistema.
Marx deduce que el salario percibido por los trabajadores es exactamente el coste de producirlo. La PLUSVALÍA es la diferencia entre el valor de las mercancías producidas y el valor de la fuerza de trabajo que se haya utilizado, por ejemplo, el empleado produce algo por $10, se vende por $20, pero al empleado se le paga igual $10, el resto de la ganancia “$20 -$10=$10” es la plusvalía.
PLUSVALÍA: el propietario se queda con el excedente del trabajo del empleado, en cierta manera, lo explota. Para Marx, la plusvalía es la fuerza motriz del sistema capitalista. El incentivo clave que empuja a los capitalistas a dedicarse a la producción. Gracias a lo anteriormente mencionado podemos decir que, para el empleado de una organización, empresa, etc., lo importante es el salario, ya no le importa si el producto que el esá realizando es de buena o mala calidad, si esta bien o mal hecho, etc.
Se dice que hay “Lucha de clases” por que siempre hay un dominado y un dominante, esta es la relación base, la ESTRUCTURA, las relaciones de producción, las relaciones del capitalista y el trabajador. Las relaciones sociales forman la estructura y la constituyen el proletariado (dominado), que es la clase trabajadora, que poseen solo su fuerza de producción y la burguesía (dominante, ósea capitalistas) de mucho poder, ya que poseen una gran fuerza económica y son propietarios y apoderados de las industrias.
La SUPERESTRUCTURA es lo demás, como la política, la ideología, la religión la justicia, que surge según la estructura, o sea según las relaciones sociales. La clase dominante en todas las sociedades clasistas produce o asume formas ideológicas que legitiman su dominio, estos disponen de medios para difundir las ideas que justifican su posición de predominio.
Método dialéctico de Hegel:
Las luchas de ideas: las personas, para Hegel, reaccionan a sus ideas como una consecuencia. En cambio, para Marx, las ideas son consecuencia de la acción.
Concepto social:
Marx llegó a la conclusión de que en la actividad humana, el trabajo colectivo es lo básico, usando el lenguaje como herramienta esencial para coordinar el mismo, estableciendo a la sociedad en distintos niveles. Como por ejemplo: en una empresa, los obreros, coordinan como realizar algo mediante la comunicación, para poder así llegar a un producto final.
Conclusión:
En el trabajo, me dí cuenta de que todo lo dicho por la teoría de Kart Marx, se establecen todos los acontecimientos que han pasado, pasan y puede ser que pasen en la sociedad en la que vivimos.
Esto nos puede decir que, la sociedad no ha transitado por grandes cambios desde que dichas teorías se plantearon hasta que hoy son analizados por nosotros.
CITAS Y BIBLIOGRAFÍA
1 - W. B. Borrie - "Historia y Estructura de la Población Mundial" - Col. Fundamentos 19. - Ed. Istmo
7 -Marx - (DISCURSO PRONUNCIADO EN EL ANIVERSARIO DEL PEOPLE´S PAPER
8 - Marx - (CRITICA AL PROGRAMA DE GOTHA)
9 - Marx - (CRITICA AL PROGRAMA DE GOTHA)
10 - CONVENCIÓN SUPLEMENTARIA SOBRE LA ABOLICIÓN DE LA ESCLAVITUD, LA TRATA DE ESCLAVOS Y LAS INSTITUCIONES Y PRÁCTICAS ANÁLOGAS A LA ESCLAVITUD
ADOPTADA POR UNA CONFERENCIA DE PLENIPOTENCIARIOS CONVOCADA POR EL CONSEJO ECONÓMICO Y SOCIAL EN SU RESOLUCIÓN 608 (XXI), DE 30 DE ABRIL DE 1956
HECHA EN GINEBRA EL 7 DE SEPTIEMBRE DE 1956
ENTRADA EN VIGOR: 30 DE ABRIL DE 1957, DE CONFORMIDAD CON EL ARTÍCULO 13 - (O.N.U.)
11 - ALFA Y OMEGA - Edición para página web y correo electrónico: Dpto. de Internet. Arzobispado de Madrid Director: Juan Pedro Ortuño Morente Composición: Irene Pozo Hernández, Angel Luis López Jiménez Secretaria: Blanca Jiménez Hernández C/La Pasa, 3. Madrid. Tlf.: 913644050. E-mail: archinet@planalfa.es http://www.archimadrid.es
12 - Marx - (CRITICA AL PROGRAMA DE GOTHA)
13 - CECSO - Cap. 22 de "El desarrollo de la teoría sociológica"
14 - Durkheim - "De la división del trabajo social" - Ed. Shapire, Bs. As. - 1967
Por otro lado en el Marxismo se consideraba al socialismo como la condición de la libertad y la creatividad humana, en una sociedad que permite la actualización de la esencia del hombre y que sirva las necesidades del hombre. Partiendo de estas ideas y realizando una revisión de la Constitución de la Republica Bolivariana de Venezuela vigentes desde el año 1.999, se pueden apreciar que la ideas socialistas de Marx, se encuentran reflejadas en ella; más adelante se profundizara en este tema así como en los la influencia del marxismo en las nuevas leyes y en la reforma de las ya vigente, para afianzar el socialismo promovido por nuestro presidente. Hugo Rafael Chávez Fría.
Carlos Marx nació en Trier, Alemania, el 5 de mayo de 1818, fue el tercero de siete hijos de una familia judía acomodada, culta, pero no revolucionaria.
Su padre Herschel Mordechai (luego Heinrich) Marx, ejercía la abogacía en Tréveris, su ciudad natal. Era además consejero de justicia, el gobierno Prusiano le obligo a abrazar el Protestantismo para poder mantener el cargo en la administración de Renania.
Su , Fue Henrietta Pressburg, nacida en Holanda
En 1835 comenzó sus estudios universitarios en la Facultad de Derecho de Bonn, y en 1836 los continuó en Berlín, donde se doctoro en 1841, a los 23 años de edad. Paralelamente estudio filosofía e historia y tomo contacto con los helegianos de izquierda, dedicándose a fondo a la comprensión del sistema filosófico de Hegel, que ejercía en él una gran influencia.
Desde 1841 hasta 1843 colaboro como periodista y jefe de redacción del diario liberal Rhenische Zeitun. Pero por la tendencia democrática revolucionaria del periódico fue censurado varias veces, hasta suprimirlo. En esa época conoce a Feuberbach, helegiano de izquierda que evolucionó hacia el materialismo, otra de sus importantes influencias. También en esos años se familiariza con los escritos de Proudhon, Fourier y Leroux, a quienes luego denominarían socialistas utópicos. En 1844 se traslada a París, en Francia conoce a los socialistas revolucionarios, y se interioriza de los escritos de Saint Simón, quien también ejerce una gran influencia en Marx. En ese año, conoce a Federico Engels, con quien Marx compartió la elaboración de su pensamiento y quien además de ser un importante colaborador, se convierte en fundamental complemento hasta el punto de que muchos de los elementos del sistema marxista se deben a su inspiración. En 1845, Marx escribió con Engels "La Sagrada Familia", dirigida contra los hermanos Bauer, helegianos de izquierda y en ese mismo año también redactan la Ideología Alemana, obra que contiene los primeros esbozos del materialismo histórico. En 1845 Marx es expulsado de París y se traslada a Bruselas. En 1847 escribe "Miseria de la Filosofía". También en ese año funda la liga de los comunistas de Londres y escribe a petición de ella junto con Engels "El Manifiesto Comunista" que sintetiza los principios marxistas. En los años revolucionarios Marx dirigió en Colonia el diario "New Rheinische Zeitung", que fue clausurado al poco tiempo, y después del fracaso de la revolución de 1848, se dirijo a París, en donde fue expulsado por la manifestación del 13 de junio de 1849.
En 1849, después de haber sido perseguido por la policía y expulsado de tres países, Marx se trasladó a Londres, donde, salvo breves intervalos, vivió hasta su muerte. Aquí subsistió en la más absoluta pobreza dependiendo para su ínfimo nivel de vida de las pequeñas e irregulares remuneraciones que recibía por los artículos enviados a NU York Tribune, y de la benevolencia de Engels (su mejor amigo) el cual, por alguna razón no clara, llevaba una doble vida: estaba totalmente con las ideas anticapitalista de Marx, pero dirigía al mismo tiempo la fábrica que su padre tenía en Manchester e incluso tenía un asiento en el Mercado de Cambios de Manchester.
Karl Marx se casó en 1843 con Jenny von Westphalen, hermana del ministro de prusiano, amiga de infancia con la que se comprometió siendo ya estudiante, vivieron con fuertes penurias económicas debido a la irregularidad de los ingresos de Marx, tuvo 6 hijos, fallecieron tres -Guido, Franciska y Edgar- convulsiones, bronquitis y tuberculosis respectivamente y su hija más pequeña, Eleonora Marx formó parte del movimiento feminista y Laura Marx, se casó con el dirigente socialista francés Paul Lafargue.
Su intensa labor en la y sus actividades teóricas, aún más intensas, minaron definitivamente la salud de Marx. Prosiguió su obra de reelaboración de la economía política y se consagró a terminar El Capital, recopilando con este fin multitud de nuevos documentos y poniéndose a estudiar varios idiomas (entre ellos el ruso), pero la enfermedad le impidió concluir El Capital.
El 2 de diciembre de 1881 murió su esposa, y el 14 de marzo de 1883 Marx se quedó dormido apaciblemente para siempre en su sillón. Está enterrado, junto a su mujer, en el cementerio londinense de Highgate.
Marx convirtió su pensamiento y el de sus seguidores en una compleja doctrina, en la que se unen lo económico, lo histórico, lo filosófico y lo político, y que muy pronto se fraccionó en diferentes escuelas y partidos.
Piensa que el hombre se realiza modificando la naturaleza para satisfacer sus necesidades en un proceso dialéctico.
Para Marx lo que el hombre es no puede determinarse a del espíritu sino a partir del hombre mismo real.
Marx dice la alineación empobrece al hombre socio histórico.
Los pensamientos de Marx es el resultado de principales corrientes ideológicas del siglo XIX, representadas en los tres países más avanzados de la humanidad: la de la filosofía hegeliana, asimilada en sus años de estudiante en Berlín; la de la economíapolítica inglesa, en la que se inicia durante su primer exilio en París; y la del socialismo francés, con el que también entrará en contacto durante su primer exilio en París, (llamado posteriormente "socialismo utópico", por contraposición a su propia interpretación del socialismo, conocida como "socialismo científico"). Esta triple influencia se puede desglosar en los siguientes elementos:
La Filosofía Alemana
La filosofía dominante en Alemania en la primera mitad del siglo XIX fue la hegeliana. Tras la muerte de Hegel en 1831 un grupo de pensadores interpretó su pensamiento en clave conservadora (la "derecha hegeliana"), pero muy pronto aparecieron otros autores con propuestas muy distintas: la "izquierda hegeliana". Este movimiento comienza con el debate sobre la religión abierto por Strauss quien considera que el cristianismo tiene una naturaleza mitológica y su éxito se debe a factores históricos y sociales, no sobrenaturales que con el desarrollo de la humanidad el cristianismo será superado. Los jóvenes hegelianos o hegelianos de izquierda admiten ese punto de vista crítico. Las tesis principales de este filósofo en contra de la religión tradicional son las siguientes:
rechaza la inmortalidad del alma y valora positivamente la percepción y el cuerpo, frente al pensamiento abstracto y al espiritualismo de la filosofía hegeliana.
la religión y la teología son antropología enmascarada: El hombre toma lo mejor de sí mismo (su inteligencia, sus sentimientos, su voluntad) y los traslada al ámbito de lo infinito, inventándose el mundo religioso; Dios no crea al hombre, el hombre crea a Dios.
la religión es una forma de alienación del hombre; Dios, es una invención humana creada con los materiales que toma de sí mismo (particularmente de sus sentimientos), pero más aún porque ese mundo inventado se vuelve contra el hombre mismo, pues su preocupación por lo sobrenatural le resta capacidad para ocuparse del único ámbito en donde le es posible el perfeccionamiento, el mundo de la finitud, el mundo real. Dios era el ser ideal que reunía en sí todas las perfecciones imaginables, ahora el depositario de la esencia y los atributos divinos es el hombre, no el individuoconcreto, limitado y finito, sino la humanidad en su conjunto. Feuerbach rechaza la religión entendida al modo tradicional.
Marx estudia cuidadosamente el sistema hegeliano y muy pronto participa de las ideas de la izquierda hegeliana y del activismo político de algunos de sus miembros, separándose de ellos tras su radicalización política y su defensa del comunismo. Marx acepta algunas de las ideas principales de Feuerbach (la crítica a Hegel, su reivindicación de la corporeidad y de la percepción, su idea de Dios como invención humana, su tesis de la alienación religiosa), pero rechaza aspectos importantes de su filosofía:
Marx creyó que la crítica de Feuerbach a la religión era inadecuada porque este filósofo no consiguió entender cabalmente la razón última de la aparición de la religión, que para Marx es la existencia de explotación económica, de la alienación básica consecuencia de la explotación del hombre por el hombre.
Feuerbach pensó que para la superación de la religión era suficiente su superación intelectual, el desarrollo de una nueva filosofía que mostrase lo absurdo de las creencias religiosas tradicionales; Marx creyó, sin embargo, que esta superación en el mundo del pensamiento no es suficiente, además es preciso cambiar la realidad, cambiar el sistema productivo que ha dado lugar a la alienación religiosa (en la sociedad comunista no existirá la religión pues no existirá la explotación económica).
Feuerbach creyó que los atributos divinos le corresponden al hombre, no al Dios tradicional, proponiendo algo así como una religión de la Humanidad; Marx no aceptó esta sustitución de Dios por el Hombre como objeto de culto religioso. Sin embargo, muchos autores destacan el paralelismo del marxismo con la religión: culto a los líderes, preocupación por las fuentes o textos de Marx como la que el cristiano tiene respecto de la Biblia, escatología o descripción de un tiempo futuro al que inevitablemente conduce la historia y en donde el hombre cumplirá su , gusto por los ritos, cánticos, imágenes y las manifestaciones sentimentales multitudinarias, preocupación por mantener a los seguidores en la ortodoxia y persecución de las interpretaciones consideradas heréticas, fe en la verdad de la propia doctrina y en la inminencia de la revolución,... Aunque no es nada descabellada esta interpretación del modo concreto en que muchas personas y sistemas políticos defienden el marxismo, este modo de vivir la doctrina marxiana no coincide con las declaraciones de Marx (el propio Marx criticó irónicamente la lectura dogmática de su pensamiento que ya empezaba a estar presente en su época indicando que él no era marxista).
La Doctrina Económica Inglesa
También de la época de su primer exilio en París, en 1843, data el interés de Marx por la economía política inglesa, sumergiéndose en la obra de Adam Smith y de David Ricardo (1772 - 1823), economista británico de origen judío, especialmente de su teoría del valor y del reparto. En su obra más importante "Principios de economía política y tributación", afirma que el precio "normal" o si se prefiere, el valor de una mercancía está determinado por la cantidad de trabajo que contiene, por tanto el valor de una mercancía aumenta cuando aumenta la cantidad de trabajo necesaria para su fabricación y disminuye en caso contrario. Además los beneficios del capital están incluidos en los precios de las mercancías.
Marx encontrará en la teoría del valor de David Ricardo el punto de partida para su propia teoría del trabajo profundizó en estas ideas para elaborar la noción de alienación económica fundada en el trabajo enajenado y en la plusvalía. Por otro lado, Marx critica a la Economía Política la ocultación de la alienación del hombre en el sistema capitalista y el hecho de presentar este modo de producción como necesario y acorde con la naturaleza humana. La economía política acepta las condiciones históricas del régimen capitalista como condiciones eternas, sin explicar el proceso histórico que las ha producido, y trata las relaciones entre los hombres como relaciones entre cosas, ocultando por tanto la situación de explotación de unas clases sobre otras. Parte del hecho de la propiedad privada aunque no lo explica, ni tampoco el fundamento de la división de trabajo y capital, etc. La influencia de Ricardo se percibe en Marx ya en los Manuscritos de 1844, y especialmente en El Capital.
El Socialismo Científico Utópico Francés
El término socialismo utópico ha sido usado para denominar a un conjunto diverso de pensadores y activistas que vivieron entre los siglos XVIII y XIX, es una especie de línea divisoria entre el socialismo primitivo y el socialismo científico, es fundamentalmente francés, generado al amparo de la Revolución francesa, con las que Marx entra en contacto por primera vez, durante su relación con los Jóvenes Hegelianos, y por las que se sintió fuertemente atraído.
El socialismo teórico, al que Marx llamó socialismo utópico, en contraposición al suyo propio que denominó socialismo científico.
Las ideas que predominaban por aquel entonces eran las de los condes de Saint-Simón y de Fourier, teñidos de romanticismo y recogidos en la literatura y poesía de la época. Junto a ideas en las que se destaca la importancia de la "industria" y el deseo de un estudio científico de la realidad social, así como el cooperativismo y la lucha contra las desigualdades sociales, se encontraban formulaciones visionarias y moralizantes, que provocarán el rechazo de Marx y la crítica de este socialismo "utópico" y alejado de un socialismo realista y científico.
Marx entrará en contacto de una manera más intensa y directa con el socialismo utópico francés, a través del anarquista Proudhon y de Louis Blanc, dos de sus destacados líderes.
Marx propone una sociedad comunista en la que queden superados todos los antagonismos, y se vuelva al estado de igualdad natural. La principal diferencia entre otros socialistas como Saint Simon, Fourier o el mismo Proudhon, y el que propugna Marx, está en las etapas intermedias para llegar a una sociedad justa e igualitaria.
Según Marx, es imprescindible la revolución y la etapa socialista de dictadura del proletariado. No se puede alcanzar una sociedad socialista o comunista sólo con reformas sociales, como pensaban los socialistas y socialdemócratas, ni sólo con la revolución como pensaban los anarquistas seguidores de Bakunin, es necesaria la revolución y la dictadura del proletariado.
La proyección del pensamiento de Marx ha sido enorme, tanto en el surgimiento de los sistemas socialistas o comunistas originados a partir de la revolución rusa, como en la aparición de corrientes ideológicas y filosóficas, que han generado movimientos sociales y culturales vigentes en la , como la escuela de Frankfurt.
La filosofía marxista consiste en la transposición del idealismo hegeliano, es decir sustituir el concepto de espíritu por el de materia: ésta, increada e infinita es entendida como el sustrato físico y absoluto de todo lo existente, considerada como fuente única de toda realidad.
El contenido de la filosofía marxista, que tiene caracteres totalmente comparables a los de una ciencia, se manifiesta en dos aspectos:
Una teoría, que contiene el sistema conceptual teórico en que se piensa su objeto: el materialismo.
Un método, que, en aplicación a su objeto, expresa la relación que mantiene la teoría con éste: la dialéctica.
Teoría de la Alienación
La concepción marxista del ser humana puede encontrarse en sus primeros escritos, particularmente en los Manuscritos, en la crítica a Hegel y las Tesis sobre Feuerbach, que constituyen el núcleo del llamado "humanismo marxista". La crítica marxista se concreta en estos 3 puntos:
Respecto al ser humano hegeliano, que es autoconciencia y pensamiento, para Marx debe primar en el hombre la actividad.
En el polo opuesto, al entenderlo únicamente como actividad y trabajo, la economía política cosifica al ser humano, robándole su capacidad de tomar decisiones y de "hacerse a sí mismo"
En cuanto a Feuerbach, su concepción del ser humano sigue siendo demasiado abstracta y teórica. Se olvida del lado práctico del ser humano, y así se aleja del hombre concreto para ocuparse de una esencia tan abstracta como inútil.
Marx defiende que no existe una esencia de "ser humano" que deba ser realizada, sino que el hombre es trabajo, actividad. El ser humano se hace a sí mismo en sus propias acciones y decisiones, sin realizar ningún modelo previo. El hombre es un ser activo, y su dimensión práctica es más importante que la teórica. El hombre no puede entenderse sólo como un "animal racional": si la capacidad de pensamiento domina sobre la capacidad de acción, se reproduce una concepción injusta heredada ya de las sociedades esclavistas. Además, hemos de tener en cuenta que el trabajo y la acción es lo que pone en contacto al ser humano con la misma naturaleza y con el resto de seres humanos. A través del trabajo el hombre transforma la naturaleza y ocupa un puesto determinado en la sociedad. Por todo esto, dirá Marx en la sexta tesis sobre Feuerbach que "la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo; es, en realidad, el conjunto de las relaciones sociales."
Tomando como referencia este cambio en la concepción del ser humano, Marx reforma también otro concepto heredado de Hegel y de Feuerbach: la alienación. Podríamos definirlo como aquel proceso o situación social por la cual el hombre se convierte en algo distinto, ajeno o extraño a lo que debería ser, a lo que le corresponde. Marx entiende que esta alienación se da precisamente en el trabajo: aquello que debería realizar al hombre (no olvidemos que éste es actividad) es precisamente lo que le termina cosificando, lo que le esclaviza, lo que le convierte en algo inhumano, por tanto en algo distinto de lo que el hombre es. En la medida en que el trabajo no humanice al ser humano, se tratará de un trabajo alienante, y estará en el punto de mira de la crítica marxista. En concreto, Marx afirma que esta alienación que se produce por medio del trabajo tiene 4 dimensiones:
Respecto a la naturaleza: ésta deja de ser un patrimonio común sobre el que cualquier ser humano puede disponer para trabajar, y se convierte en la propiedad de otro, en materia prima que se puede comprar y vender, enajenada respecto a su original propiedad común.
Respecto al trabajo mismo: éste no le pertenece al proletario sino al burgués que le emplea, y que aprovecha la situación de superioridad que esto genera. Además es un tipo de actividad que no es elegida, libre ni creativa, sino que a menudo consiste en una mecanización del ser humano. El proletario no elige su trabajo y se ve obligado a venderse a sí mismo como trabajo, lo que le hace sentirse extraño, insatisfecho, explotado. "Está en lo suyo cuando no trabaja, y cuando trabaja no está en lo suyo", llegará a decir Marx para el que la libertad del proletariado queda limitada "a sus funcionesanimales, en el comer, beber, engendrar, y todo lo más en aquello que toca a la habitación y el atavió, y en cambio en sus funciones humanas se siente como animal."
Respecto al producto de su trabajo: tampoco éste le pertenece, sino que es la mercancía, en capital que será vendido para beneficio exclusivo del burgués, dueño de los medios de producción. Esto aumenta aún más el abismo de desigualdad que existe entre la burguesía y el proletariado. El producto final termina esclavizando a su productor, que no ejerce ningún tipo de poder sobre él.
Respecto a la sociedad: la alienación del trabajo es el origen de las clases sociales. El lugar del trabajo es sinónimo del lugar que se ocupa en la sociedad, lo que determina todas las posibles relaciones sociales. Además, el trabajo propio del capitalismo genera competencia y desigualdad: el otro no es visto como un compañero, como otro ser humano, sino como un rival con el que competir, contra el que luchar. El trabajo capitalista genera egoísmo y destruye toda posibilidad de unas relaciones sociales basadas en la justicia y la igualdad.
Para Marx hay una relación directa entre esta alienación del trabajador y la propiedad privada. Por eso, desde esta primera época en que perfila el concepto de alienación, abogará por una supresión del capital, que tendrá como consecuencia la desaparición de la alienación del hombre. El ansia de tener, de dominar las cosas, de vencer sobre los demás se verá sustituido por una nueva relación con la naturaleza basada en sentimientos como el amor o la confianza.
La Dialéctica Marxista
Marx toma de Hegel el esquema dialéctico de Tesis-Antítesis-Síntesis. Sin embargo, este esquema dialéctico no sirve para explicar el desenvolvimiento del espíritu o la conciencia, sino de la materia. Por ello, Marx dirá que Hegel tuvo el mérito de exponer de un modo conceptual la dialéctica, aunque lo hiciera de un modo invertido: en vez de tomar la materia como punto de partida, que es precisamente la propuesta marxista, Hegel opta por la conciencia. La dialéctica marxista representa una inversión del planteamiento hegeliano: para el autor de El capital, la materia (entendida sobre todo en un sentido económico) es la clave explicativa de la realidad. Así, frente a la dialéctica de la Idea de Hegel, Marx propone una dialéctica de la realidad y de su transformación revolucionaria. Desde esta óptica, no tendrá sólo fines explicativos o descriptivos de la realidad, sino que intenta modificarla, ser un elemento más que indique las contradicciones internas que deben ser eliminadas. El poder de la dialéctica reside entonces no sólo en su capacidad "teórica" sino también en su capacidad práctica, revolucionaria. La contradicción es el motor de la realidad, y los procesos dialécticos se presentan de un modo abierto, inacabado: las síntesis alcanzadas no son perfectas, e incluyen dentro de sí contradicciones que terminarán manifestándose, y dando lugar a nuevas síntesis de la realidad.
La dialéctica marxista tiene un doble significado:
Por un lado, Engels trata de aplicar el esquema materialista a la naturaleza, resultando de esto el materialismo dialéctico, en el que Marx no participó directamente (de hecho, aún se duda de que se identificara con este tipo de explicación).
Por otro lado, Marx desarrolla el materialismo histórico, que trata de comprender la historia y la economía a través de la dialéctica. Veamos en qué consiste esta teoría marxista.
El Materialismo
El materialismo es una corriente filosófica que surge en oposición al idealismo y que resuelve la cuestión fundamental de la filosofía dándole preeminencia al mundo material.
Según esta concepción el mundo y por extensión el universo es material, existente objetivamente fuera e independientemente de la conciencia. La materia es primaria y la conciencia y el pensamiento son propiedades de ésta a partir de un estado altamente organizada. El pensamiento en tal sentido es un nivel superior del conocimiento humano, proceso de reflejo de la realidad objetiva. Sostiene además que la materia no ha sido creada de la nada, que existe en la eternidad y que el mundo y sus regularidades son cognoscibles.
A principios del Siglo .XIX, el materialismo supone una oposición radical a la teología y la religión, y por tanto una lucha contra las instituciones que detentaban el poder. Ésta corriente es "resucitada" por L.Feuerbach, que critica el idealismo de su colega Hegel. Posteriormente, Marx y Engels toman el materialismo de Feuerbach y aprovechan el razonamiento dialéctico de Hegel, aunque "invertido", según sus propias palabras, porque rechazan su orientación idealista.
El Materialismo Histórico de Marx
El materialismo histórico de Marx no se puede interpretar como el materialismo clásico de Demócrito o Leucipo, ni tampoco como el mecanicismo científico, tan propio de la modernidad. La intención de Marx no es afirmar que todo es materia, sino que su propuesta va más allá, precisamente por el hecho de aplicarse a la historia y la economía. De manera que este materialismo marxista está alejado del idealismo hegeliano (la realidad material será más importante que el pensamiento) pero también mantiene una distancia crítica respecto al materialismo clásico y el mecanicismo, demasiado reduccionistas (piénsese en los nuevos modelos científicos del siglo XIX, como la teoría de la evolución) y estáticos, carentes del dinamismo propio de la dialéctica. Por si esto fuera poco, el materialismo clásico es sólo una teoría más, sin preocuparse de la transformación de aquello que observa. La realidad es sólo un objeto de contemplación y no de transformación, que es precisamente la concepción marxista de la realidad. Las cosas no están ahí simplemente para decir: "todo lo que percibo es una composición material", y continuar la vida de un modo teórico. La naturaleza y el mundo social están ahí para ser transformados por un ser humano que por esencia es actividad, trabajo, dimensión que parece olvidada por el materialismo clásico. El hombre está en medio de la realidad, rodeado de una naturaleza que no únicamente es contemplada, sino también transformada, y es en esta transformación donde se expresa la verdadera esencia del hombre. A través de la praxis (práctica-trabajo) Marx intenta superar la tensión entre un idealismo demasiado alejado de las cosas, y un materialismo demasiado apegado a las mismas. Su intención última es ampliar el punto de vista de un materialismo demasiado rígido, y rebajar las alas al idealismo: mediante un planteamiento dinámico, podemos entender al hombre en relación con las cosas. Hombre y realidad están íntimamente unidos a través del trabajo, verdadera esencia del ser humano, que a la vez lo realiza y transforma la naturaleza.
Como consecuencia de esta tesis, las ideas de los hombres están estrechamente ligadas a las condiciones materiales de cada ser humano, especialmente al trabajo que realiza el hombre dentro de la sociedad y al lugar que ocupa dentro de la misma. Además, estas condiciones materiales están regidas por la dialéctica y por su carácter histórico: la situación actual es sólo una más de las muchas que se han dado a lo largo de la historia (no debe ser interpretada por tanto como una verdad eterna) y puede interpretarse además como la negación de una configuración anterior que dará lugar a otra nueva, en la que se superarán algunas de las contradicciones presentes. Como se ve, el materialismo histórico de Marx se empobrece si se entiende como una teoría metafísica o filosófica. Más bien, debe ser comprendida como una teoría de la economía, la sociedad y la historia, tres fenómenos esencialmente humanos. En estas tres dimensiones de la vida humana, existe una misma clave explicativa, y un mismo motor: la contradicción y la lucha de clases.
La Lucha de Clases Sociales
Las Clases Sociales, como concepto, surge con el pensamiento social y económico de la modernidad Europea, que expresa una de las dimensiones fundamentales de la dinámica de la sociedad capitalista, como resultado de la descomposición del sistema feudal.
Después de la caída del feudalismo, las fuerzas productivas se desarrollan con gran vigorosidad, surgiendo las grandes fábricas cada vez más y más tecnificadas y sofisticadas, donde se acumulaba un número mayor de obrero. Las fábricas con mayor producción y con la mejor tecnología, iban desplazando a las compañías más pequeñas y menos eficaces; el costo de maquinarias nuevas se hacía cada vez más oneroso. Era necesario pues, acumular cantidades mayores de capital. Grandes cantidades de capital se iban acumulando en un número menor de manos, surgiendo así las grandes empresas capitalistas y más adelantes las alianzas (el comienzo de lo que son hoy las trasnacionales) entre estas grandes empresas llamadas trust, cartels, sindicatos y consorcios, según el carácter y el grado de la asociación, dirigido por aquel capitalista que tuviera las mayores acciones compradas dentro de la asociación. De allí nacieron más tarde las grandes empresas monopolistas, acumuladoras del gran capital, sencillamente de la explotación del trabajo humano.
Toda la teoría de Marx, es decir, la ciencia fundada por Marx (el materialismo histórico), y la filosofía abierta por Marx (el materialismo dialéctico) tienen por centro y por corazón la lucha de clases. La lucha de clases es, por lo tanto, "el eslabón decisivo", no solo en la práctica política del movimiento obrero marxista-leninista, sino también en la teoría, en la ciencia y en la filosofía marxistas
En la sociedad moderna según Marx considera que las clases sociales aparecen en las sociedades con división social del trabajo. No todo el mundo trabaja de la misma manera, ni se relaciona del mismo modo con las fuerzas productivas. Con la aparición de la propiedad privada la sociedad se divide en dos grandes grupos o clases: la de las personas que poseen propiedad privada, que son dueñas de los medios de producción (tierras, fábricas, ...) y la de aquellas personas que no son dueñas de dichos medios y sólo disponen de la fuerza de su trabajo para sobrevivir. De este modo, son básicamente dos las clases sociales en toda sociedad la burguesía y el proletariado.
La Burguesía:
Se caracteriza simplemente porque tiene la posesión de los medios de producción, mientras que el proletariado carece de aquellos. La burguesía se vale del apropiamiento de los medios de producción, que son medios tecnológicos que simplifican la producción de mercancías; y se vale también del control jurídico de las relaciones de producción que eliminan ciertas restricciones al mercado y la producción; por tanto, los que tienen la capacidad de apropiarse de tales medios de producción y de controlar los mercados, son justamente los capitalistas burgueses.
El Proletariado:
Es la clase formada por los obreros asalariados de la sociedad capitalista; que carecen de propiedad sobre los medios de producción y, por ello, están obligados a vender su fuerza de trabajo (ver) a los capitalistas. El problema que tienen ante sí los proletarios es sobrevivir en el sistema capitalista, y lo tienen que hacer solamente vendiendo su fuerza de trabajo.
Con la transformación de la manufactura en gran industria, mediante la introducción de maquinaria, el proletariado sufrió una gran descalificación y atraso: la fábrica es el lugar de la completa sumisión del trabajo al capital; no sólo los medios de producción no pertenecen al obrero, sino que también la organización , los fines y el producto de su trabajo le son desconocidos.
El desarrollo del capitalismo resulta acompañado por la descomposición de la pequeña producción mercantil, del empobrecimiento de los campesinos y artesanos, que engrosan las filas del proletariado; su explotación aumenta desproporcionadamente con el aumento de las fuerzas productivas del capitalismo. A su vez, la conciencia de clase del proletariado madura en el proceso de la lucha de clases. Así el proletariado crea sus organizaciones—partidos obreros, sindicatos, etc.--, para luchar contra la burguesía, y en su lucha no sólo defiende y expresa sus intereses, sino, además, los intereses de todos los trabajadores. El proletariado es la única clase verdaderamente revolucionaria de la sociedad capitalista, es el portador de las ideas socialista y comunista y se propone sustituir el régimen burgués por el régimen socialista. Todo ello mediante la revolución socialista y la conquista del poder político. Por lo tanto, su objetivo principal radica en construir la sociedad socialista y comunista. En la sociedad capitalista se produjo, en diversos aspectos, una auténtica degradación del hombre. Sin embargo, ésta condición de máxima degradación humana lleva en sí los signos históricos de su redención: cuanto más la fábrica nivela y reduce a objetos a los obreros, tanto más éstos toman conciencia, ante todo, de su propia fuerza numérica, después, organizándose, de su propia fuerza política, finalmente, de su propio papel histórico.
Modos de Producción:
Es, según el Marxismo, el tipo o la forma total que posee una sociedad en función de su período de evolución histórica, definido por su tipo de relaciones de producción.
El modo de producción sería la forma de sociedad en su conjunto, constituida por la infraestructura o estructura económica y por la superestructura política, jurídica, religiosa e ideológica. La superestructura y la sociedad en su conjunto estarían asentadas sobre la estructura económica, en particular sobre las relaciones de producción (forma de organizarse una sociedad para producir bienes y servicios que depende del tipo de relación que existe entre propietarios de los medios de producción y los productores o trabajadores).
Los modos de producción equivaldrían a períodos históricos de la Humanidad, explicados desde un punto de vista socio-económico, y clásicamente serían: el modo de producción del comunismo primitivo, el asiático, el antiguo, el feudal y el burgués o capitalista. En cada modo de producción habría dos clases prinicpales enfrentadas, siempre definidas por quién posee los medios productivos y por quién produce sin tenerlos: esclavos y hombres libres, siervos y señores, proletarios y burgueses.
El modo de producción de una sociedad se define por las relaciones de producción que las personas establecen entre sí, esto es, el tipo de relaciones de propiedad entre los propietarios de los medios de producción de un lado, y los directamente productores o trabajadores, de otra. En las relaciones de producción, el trabajo individual se convierte en una partícula o parte del trabajo social.
Teoría del Valor-Trabajo
La teoría del valor basado en el trabajo de Karl Marx, sostiene que el valor de un objeto resulta solamente del trabajo empleado en producirlo. De acuerdo con esta teoría, mientras más trabajo o tiempo de trabajo lleva un objeto, más vale. Marx definió al valor como "tiempo de trabajo consumido," y sostuvo que "considerados económicamente, todos los bienes son producto exclusivamente del trabajo, y no cuestan sino el trabajo."
La teoría del valor-trabajo es la premisa fundamental de la economía de Marx, y la base de su análisis del mercado libre. Si es correcta, entonces bastante de su crítica al capitalismo también. Pero si es falsa, casi toda su teoría económica está equivocada.
De acuerdo a la teoría del valor-trabajo, todos los beneficios son legítimas ganancias de los trabajadores, y cuando les son retenidas por los capitalistas, les están simplemente robando. Sobre la base de esta teoría, Marx llamó a la eliminación de los beneficios, y a los trabajadores a apoderarse de las fábricas, para derrocar la "tiranía" del capitalismo. Su llamado a la acción fue atendido en muchos países de todo el mundo.
Podría definirse como la diferencia entre la riqueza producida por el trabajo del obrero y el salario que éste recibe del patrono. Esa remuneración sirve para hacer frente a los gastos de alimentación, vestido y el alojamiento que necesita para subsistir y seguir trabajando pero no satisface el total del valor del trabajo desarrollado. Este hecho conlleva el enriquecimiento del capitalista, producto de la apropiación de parte la actividad realizada. La plusvalía sería por tanto, la parte del trabajo que el empresario deja de satisfacer al trabajador.
La propuesta del marxismo es la desaparición de la plusvalía, es la idea de que el valor del objeto producido por el productor vuelva a éste; bien sea porque los beneficios se reparten directamente entre todos los obreros, como ocurre en la interpretación cooperativista del socialismo, bien sea porque el Estado los restituye indirectamente al productor en la forma de otros bienes de los que puede disfrutar (carreteras, educación y sanidad gratuitas, subsidios de desempleo, o de vejez, ...), como es el caso de la interpretación más estatalista.
La Dictadura del Proletariado:
La dictadura del proletariado es un tipo de régimen político postulado por el marxismo como fase de transición revolucionaria entre el capitalismo y la sociedad comunista.
De acuerdo al marxismo, la existencia misma de cualquier tipo de Estado implica la dictadura de una clase social sobre otra. De acuerdo a Karl Marx, en el régimen capitalista, incluso en las mayores condiciones de democracia burguesa, existe una dictadura de la burguesía, en detrimento de los trabajadores y el conjunto del pueblo.
Marx postula la necesidad de una revolución en la cual el proletariado se establezca como clase dominante, para disolverse paulatinamente como tal, en la transición hacia una sociedad sin clases. La dictadura del proletariado sería la etapa inmediatamente posterior a la toma del poder por parte de la clase obrera, en la que se crea un Estado obrero, el cual, como todo estado, sería una dictadura de una clase sobre otra (en este caso, de las clases trabajadoras sobre la burguesía).
Una vez que la clase obrera haya tomado conciencia de la explotación y opresión sufre, se organizará en torno a partidos de carácter revolucionario, siendo dirigida por una vanguardia especialmente capacitada y activa, empeñada en planificar la destrucción del sistema capitalista.
Esa acción que no debería circunscribirse a un solo país ya que, siendo las condiciones y los intereses de la clase trabajadora idénticos en todo el mundo capitalista, habría de concertarse con un caracter internacional.
A través de la acción revolucionaria los obreros deben derribar el gobierno de la burguesía y sustituirlo por uno de carácter obrero. Eso puede requerir el uso de la violencia, pues los trabajadores se encontrarán con la oposición de la clase dominante.
Una vez conseguido el control del Estado será necesario salvaguardar las conquistas realizadas mediante el ejercicio de una dictadura de los trabajadores, constituyendo éste el primer paso hacia la consecución de una sociedad comunista sin clases.
El nuevo Estado que surge de la revolución habrá de suprimir la propiedad privada de los medios de producción (elemento primordial en la explotación de la clase obrera) y sustituirla por la propiedad colectiva.
La tesis de la dictadura del proletariado ha sido una de las más controvertidas del marxismo, ya que implica la conquista de una de las claves de la superestructura social: el Estado. El modo de conseguirlo ha sido criticado por algunos autores posteriores a Marx, tildados por los marxistas clásicos de revisionistas.
La Teoría Marxista Del Estado
Las ideas acerca del Estado en Marx, se encuentran manifestadas en sus escritos de juventud principalmente; los cuales apuntan a una crítica al Estado burgués, a las relaciones entre iglesia y Estado, y a la idea de una comunidad de hombres libres entre otras cosas, pero sobre todo elaboró una de las críticas al capitalismo más severas y más fuertes que se hayan hecho en la época moderna.
Si bien es cierto que Marx parte de una crítica de la teoría hegeliana del Estado, sus ideas están más bien fundadas en el pensamiento francés de un Rousseau, de un Holbach, un Voltaire, de un Herder; de hecho fue mucho más influenciado por ellos que por los alemanes mismos.
Para Marx, al igual que en Hegel, el Estado brotaba de la sociedad y se oponía a ella, pero a diferencia de este, la causa de ese proceso la encontró en las relaciones económicas basadas en la propiedad privada, las cuales posibilitaron a un grupo de hombres erigirse como portadores del orden social y presentar sus intereses particulares como los intereses de toda la sociedad, creando todo un gran mecanismo para salvaguardarlos.
Para Marx, el Estado no es el reino de la razón, sino de la fuerza; no es el reino del bien común, sino del interés parcial; no tiene como fin el bienestar de todos, sino de los que detentan el poder; no es la salida del estado de naturaleza, sino su continuación bajo otra forma. Antes al contrario, la salida del estado de naturaleza coincidirá con el fin del Estado. De aquí la tendencia a considerar todo Estado una dictadura y a calificar como relevante sólo el problema de quién gobierna (burguesía o proletariado) y no el cómo.
El Estado es un aparato que concentra la violencia. No es el reino de la razón sino de la fuerza. Pero, hay una gran diferencia con otros escritores realistas, para Marx el Estado es un mal no necesario. De ahí la posibilidad de vivir felizmente sin Estado. El Estado cumple funciones que se derivan de una condición social superable: la sociedad de clases. Si la función del Estado es perpetuar el poder de la clase dominante mediante la represión de las clases subordinadas, en el momento en que se extinga tal antagonismo morirán también las razones que dan nacimiento al Estado.
Pero para que ello sea posible, es necesario que la clase obrera imponga su dominio sobre la burguesía. La revolución social debe ser también política.
El proletariado tendrá que valerse de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en las manos del Estado, esto es, el proletariado organizado en clase dominante.
No puede esperarse que el Estado desaparezca suavemente. A la dictadura burguesa sucederá la dictadura proletaria.. De esta manera, en el pensamiento marxista, toda forma de gobierno es dictatorial. Todo Estado en el capitalismo, independientemente de sus normas y sus prácticas, es el "comité de negocios de la burguesía." Las diferencias entre una monarquía absoluta y un régimen liberal son de superficie. En el fondo ambos modos políticos son controlados por una clase y tienen como función la represión. Así lo pone Lenin: "Las formas de los Estados burgueses son extraordinariamente variadas, pero su esencia es una sola: todos estos Estados son de una u otra manera, en última instancia, por necesidad, una dictadura de la burguesía.".
Mientras la economía funde la desigualdad la política no dejará de ser una máquina de represión. Marx expresa de múltiples maneras la convicción de que, siendo el Estado un mal evitable, algún día los individuos se reconciliarán de tal manera que carecerá de sentido el tener una instancia de poder exterior, un Estado. En el ámbito de la sociedad reconciliada, la maldad estatal puede evitarse. El Estado, que pierde sus funciones esenciales, "se marchita y desaparece," según Engels.
En algunos escritos, Marx expone su idea del gobierno democrático. Su modelo es la Comuna de París de 1871. Los rasgos de este gobierno de democracia directa son los siguientes:
1) La fuente del poder no es la ley previamente discutida y votada en el Parlamento, sino la iniciativa directa, local, que arranca desde abajo, de las masas populares.
2) la sustitución de la política y del Ejército por el armamento directo de todo el pueblo...; los funcionarios, la burocracia o son también sustituidos por el poder directo del mismo pueblo o, por lo menos quedan sometidos a control especial, y no sólo son elegidos únicamente mediante elecciones sino que son revocables a la primera solicitud del pueblo y colocados en la posición de simples delegados."
La Propiedad Privada:
El marxismo habla de abolir la propiedad de los medios de producción en cuanto ello está realizado por el trabajo social, y no puede pertenecer a nadie privadamente, ya que tal situación configura un poder en manos de un sector que determina la explotación de otro. Para el marxismo el capital no es una fuerza personal, sino una fuerza social, que se obtiene por medio del trabajo colectivo. Además sostiene que la propiedad de los medios de producción debe ser abolida porque institucionaliza la explotación del hombre por el hombre.
En efecto, Marx aportó la conjetura de que es posible construir una sociedad sin propiedad privada. Esto es lo que llamo "La Propuesta Fundamental de Marx" y es más importante de lo que parece. No fue el primero que lo dijo, pero él le dio un gran énfasis que extendió y contagió a miles y millones de personas, intelectuales, políticos, gobiernos, etc.
Si uno comprende esta conjetura, podrá comprender muchos fenómenos sociales de hoy día y de tiempos pasados que están basados en esta idea.
Esta conjetura la escribió de manera clara y directa en "El manifiesto del Partido Comunista" publicado en 1848 en Londres. A la letra dice: "…los comunistas pueden resumir su teoría en ésta fórmula única: abolición de la propiedad privada…"
La idea de abolir la propiedad privada es tan clara y aberrante que tuvo que suavizarla para decir que nada más se trataba de abolir la propiedad burguesa. Esta última declaración carece de razón pues el terrateniente, el casa teniente y el artesano también tienen propiedad privada.
Decía Marx que sólo se trataba de abolir la propiedad privada sobre los medios de producción, las grandes fábricas. Pero las pinzas de un electricista, las manos del obrero, la vida de una persona también se pueden considerar medios de producción y, por tanto, "propiedad privada". El concepto de propiedad privada es tan fuerte que hasta algunos animales parecen entenderlo. Por ejemplo, el perro que recibe un hueso se siente agredido si se le quiere quitar, lo defenderá con dientes y colmillos. Por tanto, podemos decir que el concepto de propiedad privada es tan importante que constituye una categoría económica.
De hecho, este concepto es capaz de clasificar a casi todas las teorías de la ciencia económica. Por tanto, vale la pena estudiar cuidadosamente esta conjetura y, metodológicamente, llevarla hasta sus últimas consecuencias para detectar sus resultados posibles a corto y largo plazo.
Marx se basa en el trabajo preparado por Engels y representaba la primera sistematización de la doctrina del socialismo moderno. Las proposiciones centrales del Manifiesto, constituyen la concepción del materialismo histórico. Marx concluyó en el Manifiesto que la clase capitalista sería derrocada y suprimida por una revolución mundial de la clase obrera que culminaría con el establecimiento de una sociedad sin clases. Esta obra ejerció una gran influencia en la literatura comunista posterior y en el pensamiento revolucionario en general.
El capital:
Realizada en 1867, fue un análisis histórico y detallado de la economía del sistema capitalista, en que desarrollo la teoría de la plusvalía.
Difusión del Marxismo
Esta difusión se dio entre el proletariado y pensadores europeos, y llegó a ser identificado con el socialismo y el movimiento obrero. Se crearon Partido Socialista Obrero Español (PSOE), obreo francés, social demócrata alemán y social demócrata ruso. El primer partido que llego al poder lo hizo en Rusia.
La I Internacional
Se fundó por un proceso objetivo: la necesidad de agrupar sindical y políticamente a los obreros de los países europeos, contra la explotación capitalista. Reunía sindicatos y organizaciones políticas y agrupaba prácticamente a todo el movimiento obrero. El proceso de diferenciación interna, entre sectores que tenían programas y prácticas opuestas, y la terrible derrota histórica que sufrió el movimiento con el fin de la Comuna de Paris, llevó a la desaparición de la I Internacional.
La II Internacional
También surgió a través de un proceso objetivo: el crecimiento espectacular de la clase obrera, producto del boom del desarrollo capitalista en el último cuarto del siglo pasado. Surgen partidos socialistas de masas en toda Europa. Otro hecho objetivo vino a destruir la II Internacional: la guerra mundial de 1814 que llevó a cada partido socialista a defender a su burguesía en la guerra y, por lo tanto, a llamar a matar a los trabajadores de los otros países, inclusive de su propio partido "hermano". Fue por tanto un hecho objetivo, la guerra, además de la aristocracia obrera y el oportunismo, lo que destruyó a la II Internacional.
Surge de este hecho histórico y reunió a aquellos que se resistían a abandonar la lucha de clases, el internacionalismo y el marxismo. Se destruyó (fue disuelta) por el stalinismo que fue otro proceso objetivo.
La IV Internacional
Fue fundada con un programa, una teoría y una política, para enfrentar a la degeneración del primer Estado obrero revolucionario. Surgió para dirigir la revolución socialista mundial y para salvar los principios del marxismo: el internacionalismo, la independencia de clase, la democracia obrera, la defensa de la moral proletaria y la principal herencia del marxismo que es la existencia de una Internacional. Pero fallo.
El socialismo puede definirse como aquel conjunto de teorías y acciones políticas que velan por un sistema político y económico es un orden social basado en la socialización de los medios de producción y su control administrativo colectivista.
Marx consideró la sociedad como un todo estructurado en el que los elementos determinantes eran los factores y relaciones de producción y la lucha de clases y vio en la revolución violenta el único medio para imponer la dictadura del proletariado, un nuevo orden que habría de conducir a una sociedad justa, igualitaria y solidaria.
Marx denomino a su doctrina socialismo científico y considero utópicas las anteriores teorías socialistas. El marxismo conceptúa al socialismo como el resultado inevitable de las leyes que condicionan el desarrollo del capitalismo.
Con el surgimiento del marxismo los medios socialistas y los fines comunistas son absorbidos y reformulados dentro de una sola doctrina que entiende ambos sistemas como dos pasos históricamente necesarios en el desarrollo de una sociedad dividida por la lucha de clases hacia una etapa comunista final sin clases.
La teoría de Marx de la revolución socialista se basa en el principio fundamental de que "la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma". Marx sostuvo este punto de vista durante todos sus cuarenta años de actividad política socialista, y distinguió su teoría tanto de las que invocaban a los príncipes, a los gobernantes o a los empresarios industriales para que cambiaran el mundo en beneficio de la clase obrera, como de los que confiaban en la acción determinante de la minoría ilustrada de los revolucionarios profesionales para liberar a la clase obrera. Auto emancipación consciente.
La implicación de la teoría de Marx de la auto emancipación de la clase obrera es que la inmensa mayoría de la dicha clase obrera debe empeñarse conscientemente en la revolución socialista contra el capitalismo. "El movimiento proletario es el movimiento independiente y consciente de sí mismo de la inmensa mayoría en interés de la inmensa mayoría".
Marx vio que la posición social misma de la clase obrera era la de la clase que produce la riqueza, es explotada, nada posee y se ve forzada a luchar en contra de las condiciones capitalistas de existencia.
El mundo en general, América Latina y El Caribe en particular están asolados por las crisis sistémicas del capitalismo, los salvajes patrones de acumulación transnacional, las nuevas guerras de recolonización, la destrucción del medio ambiente, la imparable carrera armamentista, el narcotráfico, la prostitución, la exclusión social, el terrorismo de Estado, el desfalco colonial, el atraso, la opresión nacional, étnico y cultural, el monopolio imperial de la ciencia y la tecnología, el despotismo unipolar y la cultura del engaño mediático y la filosofía de mercado.
Como contrapartida se intensifican la lucha de clases y los movimientos de resistencia social. El capitalismo del siglo XXI despoja humanidad y naturaleza a escala cada vez más ampliada, como nunca antes, la disyuntiva: socialismo o barbarie, está a la orden del día. Carlos Marx previó genialmente este orden de cosas y también las revoluciones socialistas que incuba puntual el sistema capitalista para superar su esencia anti- humana. Por eso, tal como se planteó en el complejo pensamiento dialéctico de Carlos Marx confirma hoy su actualidad y vigencia para descifrar y negar el capitalismo actual y para fundar una comunidad superior de hombres y mujeres libres.
Negar la vigencia del marxismo es negar el instrumento teórico fundamental de la revolución socialista, es negar la lucha de clases, la realidad de la explotación del hombre por el hombre, es asumir que la pobreza, la dominación y la opresión de los hombres es inmanente a la realidad social, es negar la imperiosa necesidad de transformar el modo de producción capitalista con las relaciones sociales que lo sustentan.
Los grandes revolucionarios de la historia como Lenin, Trotsky, Gramsci, Mao, y de este lado del mundo, Fidel Castro, Mariategui y el Comandante Ernesto "Che" Guevara, asumieron el marxismo como instrumento de lucha teórica y práctica contra el capitalismo y su fase superior: el imperialismo.
Marxismo es sinónimo de socialismo, de lucha, de resistencia, de emancipación, es la voz plasmada de los pueblos del mundo que claman por la destrucción del sistema que se devora a la humanidad, que claman por la construcción de un mundo mejor y posible.
Marx pudo emancipar su conciencia, ante una realidad ideológica capitalista dominante, hoy el pueblo venezolano y las comunidades hermanas residentes, liderizados todos por el Comandante Hugo Chávez, van emancipándose y van comenzando a construir una nueva etapa, ahora en el contexto de una coexistencia de ideas contrapuestas y de un momento histórico de tránsito real del capitalismo al socialismo, algo que avizoró y predijo Marx desde mediados del siglo XIX, cuando por Nuestra América ya habían ocurrido acontecimientos de profundo carácter antiimperialista, por ser de naturaleza liberadora –quizás no conocidos profundamente por Marx-, como fueron aquellos hechos sellados con el ideal de Bolívar: el Manifiesto de Cartagena (1812), la Campaña Admirable (1813), la Carta de Jamaica (1815) y el Congreso y Discurso de Angostura (1819), la Batalla de Carabobo, las fundaciones de nuevas repúblicas bolivarianas como Perú (1823), la Gran Colombia (1822), Bolivia (1825), el Congreso Anfictiónico de Panamá, entre otros que no llegaron a culminar los sueños del Libertador.
En medio de esta aguda batalla por construir una sociedad verdaderamente justa en Venezuela a casi doscientos años de la gesta de Miranda y Bolívar, a partir de un sistema social socialista que tiene como entorno a un sistema imperialista de dominación en franca decadencia y que no menos cierta es su derrota final en los próximos diez a quince años, pues "el agotamiento" es irreversible, o como dijera Marx, el nivel de agudización de sus contradicciones internas producto del estallido entre las propias relaciones de producción, cambio, distribución y consumo creadas por él ha creado tal freno a todas las globalizadas fuerzas productivas que desde dentro de sus entrañas vienen surgiendo sus propios sepultureros, encarrilados por complejos senderos donde hay diversos guardianes de los pueblos que no deben dejarlo escapar ni tomar un nuevo aire. Para ello, la paciencia asiática y la pasión caribeña en franca armonía con la noble inteligencia originaria indígena, mezcladas e integradas en las ideologías revolucionarias existentes en este siglo, desde estos llanos y montañas andinas hasta las orillas del Orange, cumbres del Himalaya o ciudades heroicas del Vietnam socialista, darán su aporte para acabar de una vez y por todas con el sistema imperialista de dominación.
La doctrina de Marx es todopoderosa porque es exacta. Su exactitud es una precisión dialéctica y su poder es expresión de la importante batalla de ideas que hoy se impone como opción necesaria y efectiva ante el moribundo pero aún violento imperialismo yanqui. al iniciarse la nueva etapa de la Revolución Bolivariana, continuemos profundizando la obra revolucionaria junto al invencible Comandante Chávez, construyendo el socialismo en todos los espacios, estudiando y rindiendo un profundo y sincero homenaje a Carlos Marx quien "vive en las agitaciones excelsas de la gloria".
Por primera vez en los casi doscientos años de historia de Venezuela, las masas sienten que el gobierno está en manos de personas que desean defender sus intereses. En el pasado, el gobierno siempre era un poder ajeno que se presentaba en contra de ellas. Las masas no quieren el regreso de los viejos partidos corruptos. Las masas, los habitantes de los barrios pobres, los desempleados, trabajadores, campesinos, indígenas, negros, han salido de su apatía y se han puesto de pie. Han descubierto que la vida tiene un nuevo significado, una nueva esperanza. De la noche a la mañana, se han convertido en chavistas, aunque no comprendan muy bien qué significa esto.
Quizá las masas sólo tienen una idea muy vaga de lo que realmente quieren, pero sí tienen muy clara la idea de lo que no quieren. No quieren el regreso del viejo orden, los antiguos partidos y viejos dirigentes burgueses. Han podido probar de lo que significa ser libres y no desean regresar a la vieja esclavitud. Con cada fibra de su ser añoran un cambio fundamental de sus condiciones de vida. Para ellos, esto es lo que significa el chavismo. Y este gran sueño de cambio en sus vidas, en su mente se resume en un solo hombre: Hugo Chávez.
El marxismo, además analizar el capitalismo, también pretendió ser una teoría política para cambiar la sociedad. En tal sentido planteaba que el capitalismo incrementa el número de trabajadores y disminuye el número de capitalistas; lo que crea una competencia en el mercado provocando la ruina de las empresas más débiles o con poco capital, creando así un monopolios que cada vez concentran más en el aumento de las capitales, y sufren crisis periódicas de superproducción, al intentar aumentar constantemente sus beneficios sin que aumente paralelamente la capacidad de consumo en las masas
Al mismo tiempo, la clase obrera, es cada vez más numerosa, que dominada económica y políticamente, tendrá que destruir el orden de la burguesía a través de una revolución socialista a través de la cual los trabajadores tendrán que someter a una pequeña parte de la población —la burguesía— para poder construir una nueva sociedad sin explotadores ni explotados
En Conclusión se puede resumir que el marxismo está concebido como un proceso de autodefensa y auto liberación de aquellos que sufren los efectos negativos de la sociedad burguesa, plantea la mayor participación de los trabajadores, dentro de un proceso revolucionario que lleva consigo el derrocamiento del Estado burgués por el estado socialista, en la que las clases trabajadoras están resumidas bajo el nombre de "proletariado", y el sector que determina el carácter de este movimiento es la mano de obra industrial.
Por otro lado en el Marxismo se consideraba al socialismo como la condición de la libertad y la creatividad humana, en una sociedad que permite la actualización de la esencia del hombre y que sirva las necesidades del hombre, es nada menos que la creación de las condiciones para que el hombre sea verdaderamente libre, racional, activo e independiente, a través de la creación de una forma de producción y una organización de la sociedad en que el hombre pueda superar la enajenación de su producto, de su trabajo, de sus semejantes, de sí mismo.
Partiendo de estas ideas y realizando una revisión de la Constitución de la Republica Bolivariana de Venezuela vigentes desde el año 1.999, se pueden apreciar que la ideas socialistas de Marx, se encuentran plasmada en el segundo párrafo del preámbulo de dicha constitución, en el cual se establecen como fin supremo de esta constitución, es "establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y puericultura en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones; asegure el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna";en el que se establecen los principios fundamentales del socialismo
Igualmente en título I de los principios fundamentales en el Artículo 2, hace referencia a los valores supremos del estado Venezolano, como un estado democrático y social del derecho y de justicia, dándole valor a la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la inmunidad, la integridad territorial y la autodeterminación nacional. Así mismo en este mismo título en su artículo 6, establece que el estado será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables.
En el capítulo IV, título III, de los derechos políticos específicamente en el Artículo 70, se prevén los medios de participación política y también los de participación social y económica, quedando allí establecida la posibilidad de los ciudadanos de participar en instancias de cogestión, autogestión, cooperativas, etc. en este artículo se constituye en el basamento principal de la cogestión obrera que se desarrolla actualmente en Venezuela.
Desde el artículo 112 de la Constitución, también se establecen los Derechos Económicos, destacándose el mismo artículo 112 que establece la libertad económica, sin más limitaciones que las previstas en la Constitución y en las leyes y se prevé el deber del Estado de promover la iniciativa privada.
La libertad económica comprende la libertad de empresa, la libertad de comercio y el derecho de toda persona a consumir los productos de su preferencia y concurrir libremente a los mercados para la compra y venta de bienes y servicios, con las solas limitaciones que las previstas en el artículo 112 de la Constitución y en las leyes por razones de desarrollo humano, seguridad, protección del ambiente e interés social
La libertad de empresa implica un sistema económico en que los factores o medios de producción están en manos privadas y se utilizan para obtener beneficios para sus propietarios, cuestión evidentemente atenuada en nuestra Constitución por el establecimiento de la función social de la propiedad, con sus valores, solidaridad, justicia social, dentro de un Estado social de derecho y de justicia, aunado a los principios de utilidad pública e interés general. Además Capítulo VII, De los Derechos Económicos, en el artículo 118 centrado específicamente en el ámbito laboral, en el cual se reconoce el derecho de los trabajadores y trabajadoras, la labor solidaria y cooperativa, así mismo, Título VI, Del Sistema Socio Económico en el Capítulo I Del Régimen Socio Económico Y La Función Del Estado En La Economía, en el artículo 299 referido al régimen socioeconómico, que destaca entre sus principios la justicia social, la solidaridad, la productividad para el logro de un desarrollo integral y una vida digna para la colectividad; principios éstos que pueden inspirar las formas de cogestión obrera, que buscan mayor participación de los trabajadores en los entes económicos, a los fines de resolver posibles inequidades en las relaciones laborales surgidas en contra de la masa trabajadora.
Presencia del Marxismo en la Legislación Venezolana
Con el surgimiento del marxismo los medios socialistas y los fines comunistas son absorbidos y reformulados dentro de una sola doctrina que entiende ambos sistemas como dos pasos históricamente necesarios en el desarrollo de una sociedad escindida por la lucha de clases hacia una etapa comunista final sin clases. El movimiento comunista, que ya había surgido de ciertos períodos radicales colectivistas de la Revolución Francesa como movimientos remanentes (véase el comunismo de Babeuf y la Conspiración de los Iguales) y había dejado de ser un activismo social cambiante durante diferentes períodos históricos para convertirse en activismo político, se transforma en partido e ideología gracias a la introducción por parte de Karl Marx de las ideas de los doctrinarios socialistas (por entonces tomadas seriamente), adoptando un sólido cuerpo doctrinal del que carecía. Mientras que gracias al marxismo las ideas socialistas y comunistas se desprenden del idealismo y se unifican en un solo movimiento ideológico llamado Comunismo, el Socialismo como ideología se escinde en varias corrientes: socialismo utópico, socialismo de Estado, socialismo corporativista, socialismo militar, socialismo clerical, socialismo obrero, socialismo popular, socialismo nacional, etc.
Manuscritos económicos y filosóficos, Manifiesto Comunista, El Capital
Karl Marx. Filósofo, historiador, sociólogo, economista, escritor y pensador socialista alemán de origen judío. Fundador del comunismo científico, de la filosofía del materialismo dialéctico e histórico, de la economía política científica, jefe y maestro del proletariado internacional. Contemporáneo del teórico anarquista Mijaíl Bakunin, fue a su vez padre teórico del socialismo científico y del comunismo, junto a Friedrich Engels; hoy es considerado una figura histórica clave para entender la sociedad y la política.
Nació el 5 de mayo de 1818 en Tréveris, fue el tercero de siete hijos de una familia judía de clase media. Su padre, Herschel Mordechai (luego Heinrich) Marx, quien era descendiente de una larga línea de rabinos, ejercía la abogacía en Tréveris, su ciudad natal. Era además consejero de justicia, sin embargo recibió fuertes presiones políticas, por parte de las autoridades prusianas que le prohibieron continuar con sus prácticas legales de acuerdo a su religión y le obligaron a abrazar el protestantismo para poder mantener el cargo en la administración de Renania.
Su madre fue Henrietta Pressburg, nacida en los Países Bajos, y sus hermanos fueron Sophie, Hermann, Henriette, Louise, Emilie y Caroline. Realizó sus estudios de Derecho en la Universidad de Bonn pero los dejó para estudiar Filosofía en Berlín. Se doctoró en 1841 en Jena con una tesis titulada Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro. Pronto se implicó en la elaboración de trabajos en torno a la realidad social, colaborando en 1842 junto con Bruno Bauer en la edición de la Gaceta Renana (Rheinische Zeitung), publicación de la que pronto llegó a ser redactor jefe.
Durante este período también frecuentó la tertulia filosófica de Los Libres (Die Freien). La publicación finalmente sería intervenida por la censura, y posteriormente, Marx tuvo que marchar al exilio. El periodo de París ,junto a Ruge funda en París la revista Anales franco-alemanes (Deutsch-französische Jahrbücher), de la que fue director, si bien durante poco tiempo ya que el gobierno francés la cierra por presión del gobierno prusiano.
En 1844, en París, Marx conoce y traba amistad con Friedrich Engels, que se convertirá en su principal colaborador y además le ofrecerá en múltiples ocasiones apoyo económico debido a la penuria económica a la que se ve sometida su familia dada la eventualidad de sus ingresos. También conocerá en Francia a otros importantes pensadores Socialistas de la época tales como Pierre-Joseph Proudhon, Louis Blanc y Mijaíl Bakunin y al poeta alemán Heinrich Heine. Escribió sus reflexiones teóricas de esa época en una serie de cuadernos de trabajo que póstumamente fueron publicados como los Manuscritos económicos y filosóficos. Por otra parte, el peso político de sus artículos periodísticos le hizo ganar fama de revolucionario, lo que provocó su expulsión de Francia.
Marx joven
Marx en su juventud
Período en que estudia la alienación (o enajenación) y la ideología, desde una perspectiva cercana al humanismo influida en gran parte por la filosofía de Ludwig Feuerbach. Marx se pregunta y contesta en sus Manuscritos de 1844: ¿En qué consiste, entonces, La enajenación del trabajo? Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu.
Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo.
En último término, para el trabajador se muestra la exterioridad del trabajo en que éste no es suyo, sino de otro, que no le pertenece; en que cuando está en él no se pertenece a si mismo, sino a otro. (...) Pertenece a otro, es la pérdida de sí mismo. Paralelamente a estas ideas describe al hombre con diversas concepciones: lo considera un ser real de carne y hueso; es únicamente el resultado de la historia económica, un predicado de la producción de la misma historia. Piensa que el hombre se realiza modificando la naturaleza para satisfacer sus necesidades en un proceso dialéctico en que la transformación de agente y paciente es transformación mutua. La autogeneración del hombre es un proceso real, histórico – dialéctico, entendiéndose la dialéctica como proceso y movimiento a través de la superación sintética de las contradicciones.
Cuando Marx habla de 'realidad' hace referencia al contexto histórico social y al mundo del hombre. Asegura que el hombre es sus relaciones sociales. Para Marx, lo que el hombre es no puede determinarse a partir del espíritu ni de la idea sino a partir del hombre mismo, de lo que éste es concretamente, el hombre real, corpóreo, en pie sobre la tierra firme. El hombre no es un ser abstracto, fuera del mundo sino que el hombre es en el mundo, esto es el Estado y la sociedad. La libertad, la capacidad de actuar eligiendo, está limitada a las determinaciones históricas, pero es, al mismo tiempo, el motor de aquéllas cuando las relaciones sociales y técnicas entran en crisis. Dios, La Filosofía y El Estado constituyen alienaciones en el pensamiento, alienaciones dependientes de la alienación económica, considerada para Marx única enajenación real.
En líneas generales, Marx defiende la idea de que la alineación empobrece al hombre sociohistórico negándole la posibilidad de modificar aspectos de los ámbitos en los que se ve involucrado, provocándole una conciencia falsa de su realidad. Sin embargo, éste es un hecho que puede suprimirse. Políticamente, el pensador alemán aboga por una Sociedad comunista. Entre el hombre alienado (aquel que no coincide consigo mismo) y el Hombre comunista (aquel que finalmente es igual a hombre) se coloca el proceso transformador. Sólo en la Sociedad comunista habrá desaparecido toda alienación.
Marx maduro
Según Althusser, 1845, el año de La ideología alemana y las Tesis sobre Feuerbach, marca la ruptura epistemológica (concepto tomado de Gaston Bachelard). A partir de la cual Marx rompe con su etapa anterior, ideológica y filosófica, e inaugura un período científico en el cual desarrolla estudios económicos e históricos usando el método del materialismo histórico. Como diría Althusser, Marx inaugura el continente historia. Este es, eminentemente, el período de su magna obra: El capital. Crítica de la economía política.
No hay que olvidar, por otro lado, los textos de los que esta obra surge: la Contribución a la crítica de la economía política (que dará material para el primer capítulo de El capital) o Los Grundrisse, cuyo tardío descubrimiento dio mucho que hablar sobre las continuidades de Marx con su primera etapa, y proporcionó de argumentos a los críticos de la ruptura epistemológica. Durante su etapa de madurez, la obra de Marx se vuelve más sistemática y surgen sus conceptos económicos más destacados: la teoría del valor, la explotación como apropiación de plusvalía, o la teoría explicativa sobre las crisis capitalistas.
Sin embargo otros autores, incluido Erich Fromm, niegan la "Ruptura epistemológica" y sostienen que la idea de Enajenación es la fundamental durante todo el pensamiento de Karl Marx. Más cercanos al humanismo, no consideran que haya un joven y un viejo Marx y reivindican la continuidad de su obra alrededor de un concepto del hombre y su enajenación en el capitalismo. Críticos de Marx La importancia de Karl Marx en el panorama intelectual y político del Siglo XIX, y de su legado en el Siglo XX, han provocado numerosas críticas a su obra y su persona. En el Siglo XIX, las principales críticas provenían de intelectuales y organizaciones del movimiento obrero que sostenían posturas políticas distintas a las de Marx.
Entre otros, Bakunin, anarquista y rival en la inspiración de la Internacional, consideraba autoritario a Marx. Durante el último tercio del siglo XIX y, sobre todo durante el Siglo XX, la fuerza del Marxismo en los ambientes intelectuales y organizaciones políticas de todo el mundo hizo que numerosos pensadores conservadores y liberales intentasen refutarlo. Algunas críticas se centran en elementos concretos de la obra de Marx, mientras otras se oponen a alguna de las versiones del canon marxista elaborado por las organizaciones políticas y los intelectuales socialistas o comunistas. Poco después de la muerte de Marx, el economista austríaco Böhm-Bawerk publicó varios ensayos sobre el subjetismo del valor, entre ellos Karl Marx and the Close of His System, de 1896, donde consideraba refutar El Capital y la teoría del valor-trabajo marxista, en tanto que teorías del campo de la economía.
Ya en el Siglo XX, una de las críticas más influyentes ha sido la de Karl Popper. En La sociedad abierta y sus enemigos analizó lo que llama 'profecías' marxistas, supuestamente desmentidas por la historia. Popper escribió también un ensayo crítico con las pretensiones del marxismo como ciencia de la historia, considerando que incurre en lo que llama 'Historicismo'. En el plano de la crítica personal, el historiador Paul Johnson dedica a Marx un capítulo de Intellectuals, un libro en el que resalta la mezquindad personal de muchas otras luminarias intelectuales.
Vida familiar
Marx junto a Jenny
Se casó con Jenny von Westphalen, hermana del ministro de Interior prusiano, amiga de infancia con la que se comprometió siendo ya estudiante, pero sólo consiguió casarse con ella tras la muerte de los padres de ésta, que se oponían a la relación, y tras conseguir una cierta estabilidad económica (eventual) como director de los "Anales franco-alemanes".
Vivieron con fuertes penurias económicas debido a la irregularidad de los ingresos de Marx, a la persecución política (que censuraba y clausuraba las revistas que publicaba) y a tener que mudarse constantemente de país. Marx tuvo con Jenny von Westphalen 6 hijos, en 1849 esperaban ya el cuarto, en 1855 ya habían fallecido tres -Guido, Franciska y Edgar- Convulsiones, Bronquitis y Tuberculosis serían las causas, la pequeña, Eleonora Marx formó parte del movimiento feminista y Laura Marx, se casó con el dirigente socialista francés Paul Lafargue, y se suicidó junto a él en 1911.
Con ellos vivía Helene Demouth, quien les ayudaba en las tareas domésticas y tenía una excelente relación con la familia Marx. Era especialmente cercana a Karl, tanto así, que se supone que tuvo un hijo ilegítimo con ella que fue reconocido por Friedrich Engels como propio para evitar controversias dentro del matrimonio de Karl y Jenny. Marx tuvo una vida personal dedicada de forma exhaustiva al estudio de las diferentes disciplinas del pensamiento y en especial de la filosofía e historia lo cual implicó que nunca tuviera estabilidad económica; sin embargo, contó siempre con el apoyo fiel e incondicional de su amigo Engels.
El periodo de Bruselas
Establecido en Bruselas, funda la Liga de los Comunistas, tras lo cual se declara apátrida, ateo y revolucionario. Tras el periodo revolucionario de 1848 y la publicación del Manifiesto del Partido Comunista, en coautoría con Engels, se traslada a Colonia, donde organiza un nuevo diario, "Nueva Gaceta Renana" (Neue Rheinische Zeitung). Su nueva publicación alcanza un éxito inmediato, en el contexto de una época de fuerte sentimiento social y compromiso revolucionario. En consecuencia, es prohibido por el gobierno renano.
A él se le encarga la redacción del Llamamiento inaugural de la Internacional y participa en la elaboración de su estatuto y otros documentos. Se entablará a partir de los debates un enfrentamiento entre Marx y Bakunin, que terminará con la expulsión de este último en el Congreso de La Haya de 1872 y la salida de la Internacional de las secciones bakunistas. Estos últimos, reunidos en el Congreso de Saint-Imier (Suiza), no reconocerían los acuerdos de La Haya y refundarían la Internacional. Tras la derrota de la Comuna de París de 1871, que significó un duro golpe para la Internacional, Marx se retiró de la lucha política y se dedicó a la escritura de su pensamiento.
Muerte
Hacia 1877 con la salud muy quebrantada, se refugió definitivamente en la vida hogareña. Y fue precisamente en el círculo familiar donde se produjeron dos desgracias consecutivas que probablemente precipitaron su muerte. El 2 de diciembre de 1881 falleció su esposa, y apenas un año después, el 11 de enero de 1883, su hija mayor, Jenny Longuet. Solo, abatido, con la mente debilitada y los pulmones seriamente afectados, Karl Marx murió o se dejó morir el 14 de marzo de 1883.
Testigo y víctima de la primera gran Crisis del capitalismo (década de 1830) y de las revoluciones de 1848, Marx se propuso desarrollar una teoría económica capaz de aportar explicaciones a la crisis, pero a la vez de interpelar al proletariado a participar en ella activamente para producir un cambio revolucionario. La obra de Marx ha sido leída de distintas formas. En ella se incluyen obras de teoría y crítica económica, polémicas filosóficas, manifiestos de organizaciones políticas, cuadernos de trabajo y artículos periodísticos sobre la actualidad del Siglo XIX. Muchas de sus obras las escribió junto con Engels.
Los principales temas sobre los que trabajó Marx fueron la crítica filosófica, la crítica política y la crítica de la economía política. Algunos autores pretendieron integrar la obra de Marx y Engels en un sistema filosófico, el marxismo, articulado en torno a un método filosófico llamado materialismo dialéctico. Los principios del Análisis marxista de la realidad también han sido sistematizados en el llamado Materialismo histórico y la economía marxista. Del Materialismo histórico, que sitúa la lucha de clases en el centro del análisis, se han servido numerosos científicos sociales del Siglo XX: historiadores, sociólogos, antropólogos, teóricos del arte, etc.
También ha sido muy influyente su teoría de la alienación. Otros autores, entre los que destaca Louis Althusser, argumentan que los escritos de Marx no forman un todo coherente, sino que el propio autor, al desarrollar sus reflexiones críticas sobre la economía política durante la década de 1850, se desembarazó de su propia conciencia filosófica anterior y comenzó a trabajar científicamente. Desde esta perspectiva no existiría una ciencia marxista, sino un científico, Karl Marx, que fue un pionero en la comprensión de los mecanismos fundamentales que rigen el funcionamiento de la sociedad moderna, en especial con su reelaboración de la Teoría del valor, y cuya obra cumbre fue El Capital. Las obras de Marx han inspirado a numerosas organizaciones políticas comprometidas en superar el Capitalismo.
Por una parte, habría que señalar la interpretación que han realizado los leninistas, partidarios de que una Vanguardia del proletariado, organizada en un Partido revolucionario, preparado, si es necesario, para trabajar en la clandestinidad, empuje a la clase obrera a hacerse con el poder mediante la fuerza insurreccional de masas, para así derrocar a sus antiguas Clases opresoras y dominantes, la burguesía y la aristocracia, expropiándolas de su control sobre el aparato de Estado y los medios de producción, y procediendo a la construcción de un Estado obrero que, además de instituir a aquélla como clase dominante, le permita avanzar hacia el socialismo —sociedad altamente igualitaria y solidaria, sobre la base de la democracia obrera y la propiedad social sobre los medios de producción, y un fuerte desarrollo productivo y cultural, con una economía planificada capaz de suplir holgadamente las principales necesidades mayoritarias— y la desaparición de la división de la sociedad en clases, hasta llegar al comunismo —sociedad sin clases sociales y sin Estado, basada en un altísimo nivel de civilización—.
Por otra, la que realiza la socialdemocracia, en sus orígenes contraria a la táctica revolucionaria y partidaria de avanzar hacia el socialismo a través de progresivas Reformas parlamentarias (hay que decir que la mayoría de Partidos socialdemócratas han ido poco a poco reformando sus planteamientos, hasta aceptar la economía de mercado). Otros teóricos, como los del comunismo consejista son partidarios de la toma del poder por parte de la clase obrera autoorganizada y no por parte de un partido. Ideas filosóficas Durante su juventud, y mientras se formaba en Filosofía, Marx recibió la influencia del filósofo alemán predominante en Alemania en aquel tiempo, Hegel. De este autor tomó el método del pensamiento dialéctico, al que, según sus propias palabras, pondría sobre sus pies; significando el paso del idealismo dialéctico del espíritu como totalidad a una "dialéctica del devenir constante" donde la síntesis, a diferencia de Hegel, no había sido realizada.
Además, sigue utilizando el método dialéctico para analizar las contradicciones en la historia de la humanidad y, específicamente, aquella entre El capital y el trabajo. Una interpretación sobre el desarrollo de la obra de Marx, proveniente del francés Louis Althusser, considera que los escritos de Marx se dividen en dos vertientes. Esta interpretación es relevante en la exegética marxista, pero a la vez es muy polémica y pocos autores la mantienen al día de hoy.
Obras de Karl Marx
Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro (1841)
Contribución a la crítica de la economía política (1859)
La tecnología del capital: Subsunción formal y subsunción real del proceso de trabajo al proceso de valorización. (Extractos del manuscrito de 1861-1863)
El Capital (1864–1877. Sólo el libro primero fue terminado por Marx)
Estatutos Generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores (1864)
De las resoluciones de la Conferencia de Delegados de la Asociación Internacional de los Trabajadores (Londres, 23 de septiembre de 1871) (en colaboración con Engels, 1871)
Crítica del programa de Gotha (1875, publicado póstumamente)
Obras biográficas sobre Karl Marx
Gemkow, Henrich (1975). Carlos Marx. Buenos Aires: Cartago.
Fernández Buey, Francisco (2004). Marx (sin ismos). Barcelona: El Viejo Topo.
Berlín, Isaiah (2000). Karl Marx: Su vida y su entorno. Madrid: Alianza.
Blumenberg, Werner (2000). Karl Marx: An Illustrated History (en inglés). Verso.
Reiss, Edward (1997). Una guía para entender a Marx. Madrid: Siglo XXI de España Editores.
Crítica del Programa de Gotha
Obra de Carlos Marx. Escrita en 1875, se publicó en 1891.
Es un análisis crítico del proyecto de programa de la socialdemocracia alemana ante el lassalleanismo. Marx sometió a dura crítica la afirmación de Lassalle en el sentido de que en relación con la clase obrera, todas las demás clases constituyen «solamente una masa reaccionarla»; demostró que esta tesis negaba la alianza entre el proletariado y el campesinado. Puso de manifiesto, asimismo, el contenido reaccionario de la «ley de bronce del salario», de Lassalle, ley que perpetuaba la miseria del proletariado.
En la «Crítica del Programa de Gotha» se elucidan los problemas fundamentales del comunismo científico. Marx desarrolló la tesis de la inevitabilidad de la revolución socialista, del establecimiento de la dictadura del proletariado, hizo un análisis científico del futuro de la sociedad comunista. En este trabajo, por primera vez se expuso la idea relativa a la necesidad de un período de transición en el proceso que lleva del capitalismo al comunismo, a la necesidad de la dictadura revolucionaria del proletariado como Estado de dicho período. Representa también una aportación esencial para el comunismo científico, la definición de Marx del socialismo y del comunismo como dos fases de la formación comunista, como grados de la «madurez económica del comunismo» (Lenin). Marx mostró que sólo en la fase superior de la sociedad comunista, se acabará con los males inherentes al capitalismo, se superará la esclavización del hombre, su sometimiento a la división del trabajo, desaparecerá la contradicción entre trabajo intelectual y trabajo físico, el trabajo se convertirá de un medio de vida en la primera necesidad vital, las fuerzas productivas alcanzarán un grado tal de desarrollo que quedará asegurada la abundancia de productos y la sociedad podrá escribir en sus banderas: «De cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades.»
Obras sobre el pensamiento de Karl Marx
ALTHUSSER, Louis: La revolución teórica de Marx y Para leer el capital, ambos editados por Siglo XXI.
HARNECKER, Marta: Los conceptos elementales del materialismo histórico. Siglo XXI. (Libro introductorio a la teoría de Marx.)
LENIN, V. I.: Carlos Marx. (Texto breve, de estilo divulgativo, que precisa no obstante una lectura atenta y crítica.)
LENIN, V. I.: El Estado y la revolución. (Un trabajo sistemático de lectura en torno a los textos marxistas sobre el Estado, define teóricamente y con rigor la idea del Estado socialista o dictadura del proletariado como fase transicional hacia la extinción del Estado o sociedad comunista.) Imprescindible.
LENIN, V. I.: Las tres fuentes y las tres partes integrantes del marxista. Esas fuentes serían el materialismo del siglo XVIII y la filosofía alemana; la economía política clásica británica, y el socialismo utópico francés.
LENIN, V. I.: El imperialismo, etapa superior del capitalismo. (En esta obra, Lenin declara: «"El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en que ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido señalada importancia la exportación de capitales, ha empezado el reparto del mundo por los trusts internacionales y ha terminado el reparto de toda la Tierra entre los países capitalistas más importantes."» Un clásico, conviene no obstante no exportarlo mecánicamente, como se hace habitualmente, a la coyuntura del siglo XXI.)
NEGRI, Antonio: Marx más allá de Marx. Cuaderno de trabajo sobre los Grundrisse. Madrid: Editorial Akal, 2001. (Texto clásico de uno de los más relevantes autores procedentes del obrerismo italiano).
RICOEUR, P. (1999), Freud: una interpretación de la cultura, México, Siglo XXI. (Primera edición de 1970. Es donde se formula la célebre comparación entre Marx, Nietzsche y Freud, por ser los tres grandes autores del siglo XIX que superan el racionalismo, y a quienes denomina maestros de la sospecha.)
RUBEL, M.: El estado visto por Karl Marx.
Frases célebres
"¡Proletarios de todos los países, uníos!"
"El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan."
"La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas."
"La producción capitalista no es simplemente la producción de mercancías: es esencialmente la producción de plusvalía."
"La burguesía no solo forja su propia destrucción, sino también a su propio sepulturero: el proletariado."
"El ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía."
"El poder político es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra."
"El motor de la historia es la lucha de clases."
"El oro circula porque tiene valor, pero el papel moneda tiene valor porque circula."
"Los filósofos no han hecho mas que interpretar el mundo, de lo que se trata es de transformarlo."
"La peor lucha es la que no se hace."
"La religión es el opio del pueblo."
"La religión es el reconocimiento del hombre mediante un rodeo, a través de un mediador."
"La religión aporta satisfacciones imaginarias o fantásticas que desvían cualquier esfuerzo racional por encontrar satisfacciones reales."
"El cristianismo. . . Imparte a los hombres una doble vida y ofrece los goces imaginarios del cielo como un solaz para las miserias reales de esta vida."
"El comunismo no priva al hombre de la libertad de apropiarse del fruto de su trabajo, lo único de lo que lo priva es de la libertad de esclavizar a otros por medio de tales apropiaciones."
"Los seres humanos hacen su propia historia, aunque bajo circunstancias influidas por el pasado."
"Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de lucha de clases."
"Charlar y hacer son cosas diferentes, más bien antagónicas."
"Es fácil ser heroico y generoso en un momento determinado, lo que cuesta es ser fiel y constante."
"La liberación de los obreros debe ser obra de ellos mismos. Al luchar por su liberación los obreros no deben tratar de obtener nuevos privilegios, sino conquistar derechos iguales para todos, así como deberes iguales y abolir la dominación de todas las clases".
"Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la revolución comunista. Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sea sus cadenas. Tienen en cambio, un mundo entero que ganar."
Fuentes
Biografía de Karl Marx publicada en el Portal Biografías y Vidas.
La figura de Marx aparece comúnmente ligada a una ideología política. Pero su biografía y sus ideas no se reducen a eso. Por el contrario, Karl Marx es un pensador imprescindible para entender una rama particular de la filosofía, inaugurada por la dialéctica hegeliana, y ciertos principios de la economía, como el materialismo.
Actividad 1: La vida de Karl Marx
Para comenzar a indagar sobre la vida de Marx les proponemos utilizar un mapa de Europa. Señalen en él las diferentes ciudades donde vivió el pensador. Saquen una llamada desde cada uno de tales puntos e indiquen qué libros escribió, en qué acontecimientos políticos participó y por qué se tuvo que ir a otra ciudad. Para realizar esta actividad, puede utilizarse el artículo Karl Marx, de Federico Engels.
Luego de la lectura podrán escribir un texto breve en el que se mencione cómo encaró Marx su estudio, cuáles fueron sus objetivos y los problemas que tuvo para poder dedicarse a ello.
Finalmente, luego de haber reflexionado largamente sobre el autor y los conceptos e ideas medulares de su propuesta, será posible abordar la obra más importante que escribió Marx: El capital.
Para llegar a comprenderla, no deberán perder de vista la tesis anterior, dado que allí reside un elemento clave de su filosofía. Hay que tener en cuenta que Marx nunca pretendió predecir el futuro: simplemente, el pensador observa que a lo largo de la historia la sociedad fue cambiando sus modos de producción, y que por lo tanto el capitalismo en algún momento será superado. En este sentido, Marx se propone, en El capital, realizar un estudio minucioso de las leyes que transformarán el capitalismo en un nuevo modo de producción (a su entender: el comunismo).
Para comprender estas cuestiones, investiguen los siguientes interrogantes:
¿Cuál es la teoría del valor de Marx?
¿Cuál es le origen del dinero?
¿Cuál es el origen del plusvalor?
¿Cuál es el origen del capital?
Luego, con estas respuestas, podrán discutir entre todos la siguiente idea:
Marx afirma que, como el valor está dado por la cantidad de trabajo incorporado por el trabajador, el capitalista –que no trabaja– no tiene derecho a apropiarse del plusvalor. Por eso, los trabajadores deben luchar contra la clase que se apropia de lo que no le corresponde.
Enlaces para la realización de las dos actividades: