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De: Sol Solgraficos  (Mensaje original) Enviado: 09/03/2010 16:03

La idea del origen extraterrestre de los platillos volantes está tan extendida que, cuando alguien niega tal posibilidad, lo normal es que le respondan: «¡Cómo puedes creer que somos los únicos seres inteligentes del universo!». Y es que la mayoría de la gente confunde la probabilidad de que existan otras civilizaciones en el cosmos con la seguridad de que estamos siendo visitados por extraterrestres. Los ufólogos no sólo presuponen que la inteligencia es algo común en la Vía Láctea, sino que consideran que la Tierra es un destino especialmente interesante en una galaxia compuesta por más de 100.000 millones de estrellas. Sólo así se entiende el enorme esfuerzo económico, tecnológico y humano que supone haber enviado a nuestro planeta 4 millones de astronaves en cinco decenios. Si, como mantienen los ufólogos, el desarrollo de vida inteligente es algo frecuente, ¿qué interés tiene el ser humano para todas esas civilizaciones que nos visitan? Porque lo que está claro es que la humanidad llama la atención a alienígenas de los más variados pelajes.

En 1970, el ufólogo brasileño JADER U. PEREIRA estudió 333 casos de supuestos aterrizajes extraterrestres y llegó a la conclusión de que la mayoría de los visitantes es humanoide, aunque hay más de una docena de biotipos diferentes [Pereira, 1978]. Las alturas de los exploradores estelares oscilan entre los 0,80 y los 3 metros, los hay rubios y absolutamente calvos, cabezones y de proporciones perfectas, con orejas puntiagudas y con garras, con un sólo ojo y con simples hendiduras en lugar de ojos. Pero también hollan suelo terrestre, aunque en menor proporción, alienígenas de «cabeza cuadrada y cuerpo en forma de campana»; seres que parecen «un trozo de terrón de azúcar abierto por la parte baja»; monstruos sin cabeza y con alas de murciélago; cajas cilíndricas inteligentes que se desplazan sobre aletas... El delirante informe de Pereira no entró a formar parte de una antología del disparate, sino que en su día fue publicado por Stendek y Phénomènes Spatiaux, las revistas serias de las ufologías española y francesa, respectivamente. Pereira, de todos modos, no se atrevió a atribuir un planeta de origen a cada tipo de extraterrestre, lo que habría convertido el estudio en una inapreciable pieza de humor. ¿Acaso el alienígena de orejas puntiagudas era un pariente lejano del señor Spock?

Los primeros contactados situaban el hogar de los exploradores extraterrestres en la Luna, Marte, Venus, Júpiter y Saturno. Adamski, Menger y otros elegidos visitaron en los años 50 ciudades alienígenas en varios mundos de nuestro sistema solar. Las patrañas divulgadas por estos contactados cayeron por su propio peso gracias a la exploración de otros planetas mediante sondas automáticas. Sin embargo, los miembros del IPRI seguían hablando en los años 70 de visitantes de Ganímedes o Io, un desierto helado y un infierno de azufre, respectivamente.

Últimamente, los amigos de los extraterrestres han optado por situar a sus interlocutores a varios años-luz de la Tierra. El espabilado de turno tiene así más tiempo para forrarse hasta que los más ingenuos se dan cuenta de que todo ha sido un cuento chino. Eduard Meier, un contactado suizo especialmente hábil fabricando maquetas que tiene debilidad por dar palizas a su esposa, una deficiente mental, dice estar en comunicación con habitantes de las Pléyades, constelación situada a unos 400 años-luz. Lástima que, como indica el director del Planetario de Pamplona, JAVIER ARMENTIA, las Pléyades sean unas estrellas demasiados jóvenes como para contar con planetas.

LOUIS WINKLER, astrónomo de la Universidad de Pennsylvania, cree que la evolución histórica de la elección del lugar de origen de los extraterrestres responde a un patrón propio de una religión. «Primero -dice-, se elige un lugar cercano, siendo relativamente fácil para los alienígenas establecer contacto. Si se prueba que este lugar cercano es insostenible, se establece que la vida existe un poco más lejos. Mientras el nuevo lugar está siendo evaluado, las ideas acerca de la naturaleza de los alienígenas pueden mantenerse sin que sean refutadas. Llevar el origen de la vida extraterrestre siempre a mayores distancias de la Tierra es una manera de preservar la idea de que los alienígenas existen y están contactando con los terrícolas. Obviamente, la elección más segura, y más remota en cierto sentido, sería la de otro lugar en la continuidad espacio-temporal o en otro universo, dado que estos orígenes parecen ser de más difícil refutación» [Winkler, 1983]. De hecho, las continuas meteduras de pata de contactados y secuestrados han llevado a los ufólogos más jóvenes a trasladar en los últimos años el Olimpo de sus dioses a otras dimensiones, donde los angelicales alienígenas de rubia melena y blanca tez están a salvo de la curiosidad humana.

El engaño ha durado ya medio siglo, pero puede irse al traste en cualquier momento. Sólo hace falta que una nave alienígena aterrice a plena luz del día en una populosa ciudad. Entonces, se demostrará que todos los libros sobre platillos volantes no son más que cuentos de hadas y que los ufólogos más reputados son meros embaucadores.

Referencias

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Sheaffer, Robert [1981]: Veredicto ovni. Examen de la evidencia [The ufo verdict: examining the evidence]. Prologado por James E. Oberg. Trad. de Alberto Coscarelli. Tikal Ediciones (Col. «Eleusis»). Gerona 1994. 343 páginas.

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