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POLITICA ARGENTINA/INTERNACIONAL: JUAN BAUTISTA ALBERDI
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From: BARILOCHENSE6999  (Original message) Sent: 03/12/2012 04:01

Juan Bautista Alberdi

De Wikipedia, la enciclopedia libre
 
Juan Bautista Alberdi
Juan Bautista Alberdi.jpg
Daguerrotipo tomado en Chile (entre 1850 y 1853)
Nacimiento 29 de agosto de 1810
Bandera de Argentina San Miguel de Tucumán, Provincias Unidas del Río de la Plata
Fallecimiento 19 de junio de 1884, 73 años
Bandera de Francia Neuilly-sur-Seine, Francia
Nacionalidad Bandera de Argentina Argentina
Ocupación Político, jurista, economista, escritor, dramaturgo y músico
Padres Josefa Aráoz y Balderrama y Salvador Alberdi

Juan Bautista Alberdi (San Miguel de Tucumán, 29 de agosto de 1810 - Neuilly-sur-Seine, Francia, 19 de junio de 1884) fue un abogado, jurista, economista, político, estadista, diplomático, escritor y músico argentino, autor intelectual de la Constitución Argentina de 1853.

Índice

 [ocultar

[editar] Nacimiento y familia

Casa Natal de J.B.Alberdi (óleo)

Juan Bautista Alberdi nació en Tucumán en el año de la Revolución de Mayo, 1810. Su padre, Salvador Alberdi, era un comerciante vasco, que había dirigido una de las cuatro compañías que organizó José Ignacio Garmendia y Alurralde para la defensa de Buenos Aires en las Invasiones Inglesas. Su madre, Josefa Aráoz y Balderrama, una criolla que falleció a causa del parto de Juan Bautista, era miembro de una de las más importantes familias tucumanas. Pocos años más tarde falleció su padre, quedando Juan Bautista huérfano, al cuidado de sus hermanos mayores.

Su familia apoyó la Revolución desde sus inicios y su padre frecuentaba al general Manuel Belgrano cuando éste estaba al mando del Ejército del Norte.

[editar] Estudios

Se trasladó desde muy joven a Buenos Aires, donde estudió en el Colegio de Ciencias Morales, gracias a una beca de estudio otorgada por la provincia de Buenos Aires. Abandonó prematuramente sus estudios en 1824 debido a que no se adaptó a las exigencias de la enseñanza. En esos años se desarrolló su gusto por la música.

Se empleó como ayudante de comercio en la casa de Juan B. Maldes, que había sido colaborador de su padre, y cuyo negocio se encontraba enfrente del Colegio. Dado que veía diariamente a sus compañeros, pronto se arrepintió y retomó sus estudios, cursando en el departamento de jurisprudencia en la Universidad de Buenos Aires. Continuaría sus estudios en la Universidad de Córdoba, aunque no los completó en esa época: los continuaría en Montevideo en 1840 y obtendría su título de doctor en jurisprudencia durante su estadía en Chile.

En esos años en Buenos Aires se dedicó a la música y compuso obras clásicas de piano, guitarra y flauta para sus amigos. En 1832 escribió su primer libro, El espíritu de la música.

En 1834 viajó a su provincia natal, deteniéndose para rendir exámenes en Córdoba, obteniendo el título de bachiller en leyes. Éste no lo habilitaba para ejercer la profesión porque para ello debía cursar dos años en la Academia de Práctica Forense y rendir un examen ante la Cámara de apelaciones.

En Tucumán colaboró con el gobernador Alejandro Heredia, a quien dedicó un folleto titulado “Memoria descriptiva de Tucumán”. El caudillo tucumano le ofreció habilitarlo por decreto para el ejercicio profesional e incorporarlo a la legislatura para que se quedara radicado en su provincia, pero Alberdi se negó, aduciendo que aún no era abogado y que quería doctorarse en Buenos Aires.

[editar] La generación del '37

A fines de 1835 regresó a Buenos Aires, donde se unió al llamado Salón Literario, fundado por Marcos Sastre y frecuentado por Juan María Gutiérrez, José Mármol, Miguel Cané entre otros jóvenes, con los que se vinculó a la llamada generación del '37. Estos intelectuales adhirieron a las ideas de la democracia liberal y se asumieron como continuadores de la obra de la Revolución de Mayo, propiciando una organización mixta del país como respuesta al enfrentamiento entre federales y unitarios.

En 1837, siendo aún estudiante, publicó lo que pensaba que sería su tesis doctoral: el Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho, en que pretendía hacer un diagnóstico de la situación nacional y sus posibles soluciones. Esta obra estuvo influenciada por la corriente historicista que fundara Friedrich Carl von Savigny en Alemania y fue la fundación del historicismo jurídico argentino, doctrina que consideraba al sistema jurídico como un elemento dinámico y continuamente progresivo de la vida social.

Ese mismo año editó un periódico, La moda, del cual se publicaron en total veintitrés números. Estaba dedicado a divulgar la evolución de la moda en Europa: vestimenta femenina y masculina, música, poesía, literatura y costumbres. Alberdi escribía bajo el apodo de "Figarillo".

[editar] La oposición a Rosas

En noviembre de 1838, debido a su negativa a prestar juramento al régimen del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas y a la persecución de la Mazorca -organización parapolicial creada por Rosas para atemorizar a sus adversarios- se disolvió el Salón Literario, formándose una logia llamada "La joven argentina", cuyos estatutos fueron confiados a Alberdi.

La persecución de parte de Rosas llevó al exilio a la mayoría de sus miembros en países limítrofes. Alberdi hizo lo mismo, exiliándose en Montevideo. Dejaba en Buenos Aires una amante y un hijo recién nacido al cual nunca reconoció: se llamaba Manuel y lo mencionaría años más tarde en su testamento, llamándolo "mi pariente".

[editar] Exilio

A Montevideo llevó las ideas de organización nacional y constitucionalismo llevando en su equipaje los estatutos de la nueva asociación, que se editarían luego con el nombre de "Dogma Socialista".[cita requerida]

En Montevideo trabajó como abogado y periodista apoyando la intervención francesa contra el gobierno de Rosas y escribiendo artículos en varios periódicos, respaldando las acciones militares de ese país contra el suyo. También fue secretario del general Juan Lavalle, de quien se alejó debido a diferencias políticas. En este período escribió sus dos obras de teatro: La Revolución de Mayo y El gigante Amapolas, sátira sobre el régimen rosista y caudillista.

En Montevideo contribuyó con el periódico El Inciador, donde escribían otros exiliados argentinos, y El Corsario, entre otros.

En 1843, durante el sitio militar de Montevideo por un ejército comandado por Oribe pero subvencionado por Rosas, logró escapar disfrazado de marinero francés y se trasladó a Europa acompañado por su amigo Juan María Gutiérrez por un breve período. Residió en París unos pocos meses y conoció al general José de San Martín.

Regresó ese mismo año a América instalándose en Valparaíso, Chile, donde revalidó su título y ejerció como abogado ganando enorme prestigio. Allí presentó su tesis doctoral, que llevó por título 'Sobre la conveniencia y objetos de un Congreso General Americano', donde Alberdi expuso la idea de una unión americana por medio de herramientas tales como una unión aduanera. Adquirió la finca Las Delicias y se puso en contacto con Domingo Faustino Sarmiento, cabeza de la emigración argentina en Chile. Escribió numerosos artículos costumbristas en los periódicos chilenos con el seudónimo de Figarillo.

En Chile se dedicó a estudiar la constitución de los Estados Unidos, con la idea de copiar lo que se pudiera para la de Argentina, cuando llegara el caso de sancionarla. Utilizó una mala traducción, de modo que interpretó erróneamente varios pasajes. Quería estar preparado para cuando se volviera a discutir la constitución argentina a la cual se oponía el régimen rosista.

[editar] La Constitución de 1853

Juan Bautista Alberdi.

Producida la derrota de Rosas como consecuencia de la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, de inmediato se puso a escribir un tratado sobre la futura constitución argentina. Esta fue su principal obra a la que denominó las Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina, tratado de derecho público editado por la imprenta del periódico El Mercurio, de Valparaíso. Este libro lo llevó a la fama, tardó apenas un par de semanas en escribirlo y lo publicó en mayo de ese mismo año. Meses después lo reeditaría con ampliaciones, incluyendo un proyecto de Constitución, basado en la Constitución Argentina de 1826 y en la de los Estados Unidos.

En 1853 publicó un tratado complementario de Bases llamado Elementos de derecho público provincial argentino.

Todo el ideario alberdiano tuvo como fundamento el liberalismo tanto político cuanto económico.

Frente a un país casi despoblado, su principal preocupación fue su población. A tal fin favoreció la inmigración europea, especialmente de los pueblos del norte. Escribió:

Aunque pasen cien años, los rotos, los cholos o los gauchos no se convertirán en obreros ingleses... En vez de dejar esas tierras a los indios salvajes que hoy las poseen, ¿por qué no poblarlas de alemanes, ingleses y suizos?... ¿Quién conoce caballero entre nosotros que haga alarde de ser indio neto? ¿Quién casaría a su hermana o a su hija con un infanzón de la Araucanía y no mil veces con un zapatero inglés?

Tenemos suelo hace tres siglos, y sólo tenemos patria desde 1810. La patria es la libertad, es el orden, la riqueza, la civilización organizados en el suelo nativo, bajo su enseña y en su nombre. Todos estos elementos nos han sido traídos de Europa, desde las ideas hasta la población europea.

En las Bases escribió su lema central:

Gobernar es poblar.

Fuertes fueron sus críticas al estatismo de la herencia colonial hispana, principal barrera, en su opinión, al progreso de la América independiente.

La Constitución es, en materia económica, lo que en todos los ramos del derecho público: la expresión de una revolución de libertad, la consagración de la revolución social de América. Y, en efecto, la Constitución ha consagrado el principio de la libertad económica, por ser tradición política de la revolución de mayo de 1810 contra la dominación española, que hizo de esa libertad el motivo principal de guerra contra el sistema colonial o prohibitivo

En su libro Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina, que también fue una obra complementaria de las "Bases", expresó claramente su pensamiento como jurista y como economista:

El que no cree en la libertad como fuente de riqueza, ni merece ser libre, ni sabe ser rico. La Constitución que se han dado los pueblos argentinos es un criadero de oro y plata. Cada libertad es una boca mina, cada garantía es un venero. Estas son figuras de retórica para el vulgo, pero es geometría práctica para hombres como Adam Smith. Llevad con orgullo, argentinos, vuestra pobreza de un día; llevadla con esa satisfacción del minero que se para andrajoso y altivo sobre sus palacios de plata sepultados en la montaña, porque sabe que sus harapos de hoy serán reemplazados mañana por las telas de Cachemira y de Sedán. - La Constitución es un título de propiedad que os llama al goce de una opulencia de mañana. El que no sabe ser pobre a su tiempo, no sabe ser libre, porque no sabe ser rico.

Los constituyentes que se reunieron en Santa Fe, entre cuyos redactores se encontraba su amigo Gutiérrez, sancionaron la Constitución Argentina de 1853 en base al texto de las Bases de Alberdi.

En esa época se cruzó con Domingo Faustino Sarmiento en una polémica ideológica —limitada dentro del liberalismo— plasmada en las Ciento y una del sanjuanino y las Cartas quillotanas del tucumano. En este debate entre los dos más importantes iuspublicistas argentinos, ambos mostraron sus dotes de estadistas, sus semejanzas y sus diferencias políticas. Ambos fueron los padres de la Constitución Argentina de 1853/60 que culminó con el poder constituyente originario de ese estado.

[editar] La diplomacia en Europa

El presidente Justo José de Urquiza le ofreció a Alberdi el cargo de Ministro de Hacienda de su país, pero lo rechazó. En cambio, aceptó funciones diplomáticas en Europa a partir de 1855. Urquiza le encargó la misión de obtener en Europa el reconocimiento de la Confederación Argentina bajo la nueva Constitución y evitar el reconocimiento del Estado de Buenos Aires, escindido de la Confederación, como nación independiente, misión que Alberdi cumple con éxito y que le valió el encono del general Bartolomé Mitre y de Domingo Faustino Sarmiento, tirria profundizada luego por la oposición frontal de Alberdi a la Guerra de la Triple Alianza, actitud que le valió ser calificado como "traidor".

En 1862, Alberdi publicó en Francia su obra De la anarquía y sus dos causas principales, del gobierno y sus dos elementos necesarios en la República Argentina, con motivos de su reorganización por Buenos Aires, donde analizaba la problemática situación del país y sus raíces históricas.

[editar] La diputación por Tucumán

Sus gestiones en el exterior fueron interrumpidas a partir de la organización de la República, en 1862 al asumir la presidencia Mitre, triunfador sobre Urquiza en Pavón. Regresó a establecerse en Argentina el 16 de septiembre de 1878 al ser elegido como diputado al Congreso Nacional por su provincia. A su regreso se reconcilió con Sarmiento.

En tal calidad asistirá a la lucha por la sucesión presidencial desatada en 1880 cuando el gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor se subleva contra el presidente Nicolás Avellaneda. Este último traslada la sede del gobierno al pueblo de Belgrano siendo seguido por parte del congreso, actitud que no es compartida por Alberdi. Al vencer Avellaneda en la contienda, Buenos Aires fue declarada Capital de la Nación por ley que fue refrendada por la legislatura provincial. Los diputados que no acompañaron al presidente fueron declarados cesantes.

Durante este época fue designado doctor honoris causa por la Facultad de Derecho y en tal carácter asistió a la colación de grados celebrada el 24 de mayo de 1880, acto en el que estaba invitado a usar de la palabra, pero no pudiendo hacerlo en razón de su delicada salud, entregó su discurso a uno de los graduados, Enrique García Merou, que luego sería su biógrafo. La disertación se tituló y luego editó bajo el acápite de "La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual" en la que resumía sus ideas sobre la doctrina del estado omnipotente a la cual oponía la tesis cristiana que consagra el valor inviolable de la libertad y la personalidad humana, base del progreso y la civilización.

Mitre, avivando viejos rencores acuñados en su posición crítica al conflicto bélico con el Paraguay que originó otro de los libros alberdianos más difundidos llamado "El crimen de la guerra", se empeñó en desacreditarlo por medio del diario La Nación, se opuso a la iniciativa de imprimir sus obras completas por parte del Estado Nacional mediante un proyecto de ley que el presidente Julio Argentino Roca, sucesor de Avellaneda, envía al Congreso y a su nombramiento como embajador en Francia. Las obras fueron editadas, pero en el senado no obtuvo el consenso necesario para la designación diplomática.

Abrumado por esta circunstancia, Alberdi se marchó nuevamente a Francia.

http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Bautista_Alberdi


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From: BARILOCHENSE6999 Sent: 03/12/2012 04:04
La Constitución de 1853
Juan Bautista Alberdi.

Producida la derrota de Rosas como consecuencia de la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, de inmediato se puso a escribir un tratado sobre la futura constitución argentina. Esta fue su principal obra a la que denominó las Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina, tratado de derecho público editado por la imprenta del periódico El Mercurio, de Valparaíso. Este libro lo llevó a la fama, tardó apenas un par de semanas en escribirlo y lo publicó en mayo de ese mismo año. Meses después lo reeditaría con ampliaciones, incluyendo un proyecto de Constitución, basado en la Constitución Argentina de 1826 y en la de los Estados Unidos.

En 1853 publicó un tratado complementario de Bases llamado Elementos de derecho público provincial argentino.

Todo el ideario alberdiano tuvo como fundamento el liberalismo tanto político cuanto económico.

Frente a un país casi despoblado, su principal preocupación fue su población. A tal fin favoreció la inmigración europea, especialmente de los pueblos del norte. Escribió:

Aunque pasen cien años, los rotos, los cholos o los gauchos no se convertirán en obreros ingleses... En vez de dejar esas tierras a los indios salvajes que hoy las poseen, ¿por qué no poblarlas de alemanes, ingleses y suizos?... ¿Quién conoce caballero entre nosotros que haga alarde de ser indio neto? ¿Quién casaría a su hermana o a su hija con un infanzón de la Araucanía y no mil veces con un zapatero inglés?

Tenemos suelo hace tres siglos, y sólo tenemos patria desde 1810. La patria es la libertad, es el orden, la riqueza, la civilización organizados en el suelo nativo, bajo su enseña y en su nombre. Todos estos elementos nos han sido traídos de Europa, desde las ideas hasta la población europea.

En las Bases escribió su lema central:

Gobernar es poblar.

Fuertes fueron sus críticas al estatismo de la herencia colonial hispana, principal barrera, en su opinión, al progreso de la América independiente.

La Constitución es, en materia económica, lo que en todos los ramos del derecho público: la expresión de una revolución de libertad, la consagración de la revolución social de América. Y, en efecto, la Constitución ha consagrado el principio de la libertad económica, por ser tradición política de la revolución de mayo de 1810 contra la dominación española, que hizo de esa libertad el motivo principal de guerra contra el sistema colonial o prohibitivo

En su libro Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina, que también fue una obra complementaria de las "Bases", expresó claramente su pensamiento como jurista y como economista:

El que no cree en la libertad como fuente de riqueza, ni merece ser libre, ni sabe ser rico. La Constitución que se han dado los pueblos argentinos es un criadero de oro y plata. Cada libertad es una boca mina, cada garantía es un venero. Estas son figuras de retórica para el vulgo, pero es geometría práctica para hombres como Adam Smith. Llevad con orgullo, argentinos, vuestra pobreza de un día; llevadla con esa satisfacción del minero que se para andrajoso y altivo sobre sus palacios de plata sepultados en la montaña, porque sabe que sus harapos de hoy serán reemplazados mañana por las telas de Cachemira y de Sedán. - La Constitución es un título de propiedad que os llama al goce de una opulencia de mañana. El que no sabe ser pobre a su tiempo, no sabe ser libre, porque no sabe ser rico.

Los constituyentes que se reunieron en Santa Fe, entre cuyos redactores se encontraba su amigo Gutiérrez, sancionaron la Constitución Argentina de 1853 en base al texto de las Bases de Alberdi.

En esa época se cruzó con Domingo Faustino Sarmiento en una polémica ideológica —limitada dentro del liberalismo— plasmada en las Ciento y una del sanjuanino y las Cartas quillotanas del tucumano. En este debate entre los dos más importantes iuspublicistas argentinos, ambos mostraron sus dotes de estadistas, sus semejanzas y sus diferencias políticas. Ambos fueron los padres de la Constitución Argentina de 1853/60 que culminó con el poder constituyente originario de ese estado.


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From: BARILOCHENSE6999 Sent: 03/12/2012 04:06

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From: BARILOCHENSE6999 Sent: 02/11/2019 17:51
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De: BARILOCHENSE6999 Enviado: 02/11/2019 14:35
Mateo 11:14: Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir.
Mateo 16:14: Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
Mateo 17:3: Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él.
Mateo 17:4: Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.
Mateo 17:10: Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?
Mateo 17:11: Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas.
Mateo 17:12: Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos.
Mateo 27:47: Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste.
Mateo 27:49: Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle.
Marcos 6:15: Otros decían: Es Elías. Y otros decían: Es un profeta, o alguno de los profetas.
Marcos 8:28: Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.
Marcos 9:4: Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús.
Marcos 9:5: Entonces Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías.
Marcos 9:11: Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?
Marcos 9:12: Respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas; ¿y cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada?
Marcos 9:13: Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.
Marcos 15:35: Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: Mirad, llama a Elías.
Marcos 15:36: Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle.
Lucas 1:17: E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.
Lucas 4:25: Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra;
Lucas 4:26: pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón.
Lucas 9:8: otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado.
Lucas 9:19: Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.
Lucas 9:30: Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías;
Lucas 9:33: Y sucedió que apartándose ellos de él, Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que decía.
Lucas 9:54: Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?
Juan 1:21: Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No.
Juan 1:25: Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?
Romanos 11:2: No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo:
Santiago 5:17: Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses.

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LA INDUSTRIA ARGENTINA: MITOS Y REALIDADES

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Director General, Libertad y Progreso. Twitter: @AEtchebarne
 
octubre 6, 2016 2:50 pm by: A+ / A-
 

 

Por Dulcinea Etchebarne y Agustín Etchebarne.

En la sociedad argentina esta fuertemente arraigado el mito de que la industria nacional empezó con Perón. Di Tella y Symelman, por ejemplo, argumentan que si bien la crisis del 30 sirvió para incentivar el desarrollo industrial, este recibe un nuevo impulso en la década del 40 debido a políticas gubernamentales que favorecieron la industrialización. [1] Para estos autores, el estallido de la Primera Guerra Mundial, junto a otros incentivos que crearon las condiciones para que surgiera una infraestructura básica adecuada, generaron a partir de 1914 las condiciones necesarias para el crecimiento industrial. Sin embargo, recién a partir de 1930 se empiezan a insinuar cambios estructurales en la economía argentina favorables a un despegue industrial, que se afirmaron definitivamente durante la Segunda Guerra Mundial y la Post-Guerra.

En este sentido, se  suele creer que la industria argentina surgió en los años 40 a partir de políticas estatistas y proteccionistas. A muchos le sorprenderá saber que  para  1914 el 71,3 % del consumo en la Argentina la era industria nacional. [2] la industria argentina no sólo existe desde el siglo IXX sino que para comienzos del siglo XX crecía con rápidez.

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Las políticas de libre comercio y desregulación de los mercados implementadas durante este periodo por gobiernos sucesivos permitieron que surgieran emprendimientos, demostrando que a través de las decisiones planificación descentralizadas pueden emerger órdenes espontáneos de una complejidad mayor a la que pueden construir mentes singulares. Las decisiones individuales dentro de mercados libres, y no de una autoridad central planificadora, permiten integrar el conocimiento disperso en la sociedad de la manera más efectiva. En las palabras de Hayek, “solo una mente ingenua puede concebir al orden sólo como el producto de una ordenación deliberada, puede parecer absurdo el hecho de que en condiciones complejas, el orden y la adaptación a lo desconocido se pueden lograr de manera más efectiva mediante la descentralización de las decisiones.”[3]

Estas políticas también fueron beneficiosas al permitir que entrara el capital necesario mediante inversiones extranjeras y suplir la falta de mano de obra local con un influjo de inmigrantes, que vinieron atraídos por la cantidad de oportunidades y sueldos más altos que los Europeos.

Un caso emblemático de cómo las inversiones extranjeras, la inmigración y la industria local  interactuaron para llevar al crecimiento económico el del desarrollo de Río Negro a partir de que se estableció el Ferrocarril del Sur, construido con capitales británicos. La compañía a la que pertenecían los ferrocarriles dio una gran parte del capital que permitió al ingeniero italiano Cesar Cipoletti hacer las represas necesarias para controlar los caudales de los ríos de la zona. Estas represas permitieron que se pudiera cultivar, ayudando al desarrollo de la región. Al mismo tiempo, este desarrollo incentivo la inmigración hacia la región e hizo que los ferrocarriles del sur tuvieran una mayor producción para transportar.

Esto se complementó con un último aspecto de se manifiesta, fundamentalmente, a través de la delimitación de las reglas del juegos que significo sancionar una constitución y el pleno respeto a los derechos de propiedad que permitieron garantizar a ahorristas e inversores un ámbito de  decisión inviolable por parte de terceros.[4]

De esta manera, a partir de 1880, la actividad industrial en la Argentina comienza a desarrollarse vigorosamente – inicialmente en relación al procesamiento de materias primas provenientes del sector agropecuario. Si bien en los años previos a la Organización Nacional solo existían en nuestro país industrias simples enfocadas hacia el sustento básico y la guerra, durante la década de 1860 se sucedieron diversos acontecimientos que incentivaron el desarrollo industrial. Entre estos estuvieron el establecimiento de la libre navegación de los ríos, los contratos de colonización de tierras en la pampa, el proyecto del ferrocarril entre Rosario y Córdoba, la guerra del Paraguay y la promulgación de la ley de patentes. A pesar de que la década del 1870 estuvo caracterizada por hechos adversos, tales como la gran crisis de 1874-1875, enfrentamientos regionales y epidemias, se construyeron obras de infraestructura y comenzaron a percibirse los efectos positivos de la incipiente inmigración.

Dicho progreso industrial no puede comprenderse sin tener en cuenta la revolución agropecuaria que tuvo lugar en las pampas argentinas a principios de siglo XX. Esta permitió que diferentes empresas agroindustriales utilizaran las materias primas que proveía el campo para crear industrias que, al procesarlas, les dieran valor agregado. Esto permitió que la Argentina se convirtiera en uno de los mayores exportadores mundiales de productos industriales de origen agropecuario, superando la tasa de crecimiento de países como Australia o Canadá y llegando al sexto puesto de crecimiento a nivel mundial. Procesos industriales como la transformación de fibras vegetales en tejido le dieron valor agregado a la producción agrícola y acrecentaron en valor de sus productos en el mercado internacional.

Para  1913 la industria argentina había alcanzado un nivel de sustitución de importaciones que en algunas ramas era elevado. De hecho, a partir de principios del siglo XX las  tasas de crecimiento industrial fueron superiores a aquellas referidas al sector agropecuario. Para 1900 la industria tenía una participación creciente en la producción global interna del país, mientras que la participación del sector agropecuario era decreciente. [5]

De esta manera es innegable que la preeminencia del sistema agroexportador durante este periodo no es más que un mito y que  las políticas de libre mercado y comercio que caracterizaron a esa época llevaron a que la industria floreciera.

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[1] Guido Di Telia y Manuel Zymelman, Las etapas del desarrollo económico argentino, Buenos Aires, EUDEBA, 1967, y «Etapas del desarrollo económico argentino», en T. S. Di Tella, G. Germani, et al., Argentina, Sociedad de Masas, Buenos Aires, EUDEBA, 1965, pp. 177-195.

[2] Tercer Censo Nacional, 1914.

[3] Friedrich Hayek, La Fatal Arrogancia: Los Errores del Socialismo, Alemania (1988). Pág. 76.

[4] Orlando Ferreres, 2 Siglos de Economía Argentina, Fundación Norte y Sur, Argentina (2010). I.S.B.N : 9789500205719. Páginas 11 a 16.

[5] Orlando Ferreres, 2 Siglos de Economía Argentina, Fundación Norte y Sur, Argentina (2010). I.S.B.N : 9789500205719. Páginas 11 a 16.

http://www.libertadyprogresonline.org/2016/10/06/la-industria-argentina-mitos-y-realidades/

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