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Una sola palabra bastó para sanar a María Magdalena y que ésta dejase de llorar: María.- Rabboni (Jn 20, 1-18). Cuando escuchó su nombre pronunciado por Jesús, la de Magdala pudo conectar con su interior y reconocerse en su verdad más profunda de mujer y seguidora de Jesús. Después podría proclamar al Resucitado a los demás. Pero antes de convertirse en anunciadora de la Verdad, tuvo que escuchar esa palabra verdadera, dirigida solo a ella, de forma personal.

San  Bernardo en el Sermón 28 del Cantar de los cantares, comentando el pasaje evangélico del encuentro de ésta  con el Señor dice,  que “el oído solo posee la verdad si percibe la palabra”. Escucha su sonoridad

Solus habet auditus verum, qui percipit verbum

Solo después de que la Palabra resuena en el vientre de María Magdalena, se  convierte en portadora de la noticia de la resurrección. A partir de ahora, ella ya no puede esperar la presencia de Jesús según los sentidos corporales, sino según la fe, y a través de su Palabra. Esto es lo que  el abad de Claraval interpreta al comentar la sentencia de Jesús: No me toques

Noli me tangere (no me toques), esto es: desentiéndete de ese sentido seductor; apóyate en la palabra y familiarízate con la fe

La fe despierta la capacidad femenina que toda persona, hombre o mujer, posee de sentirse seducida por el misterio de la Vida, encarnado en Jesús y, abrazarlo desde lo profundo de su seno; desde el silencio que rodea todo pensamiento, toda ansiedad, todo juicio. Así sigue San Bernardo en su comentario al Cantar

Prescinde pues de tu juicio, suspende tu opinión y no te fíes de la definición que puedan darte los sentidos de un misterio reservado para la fe. Ella lo definirá con mayor propiedad y certeza, porque lo comprende más plenamente. Ella abarca en su seno místico y profundo lo que se entiende por la largura, anchura, altura y profundidad.

Que el “toque” femenino de este día nos acompañe también  mañana en la fiesta de otra gran mujer, patrona de Europa, Santa Brígida.