Cuando te encuentras con alguien que te pide ayuda y lo socorres.
Ese día es Navidad.
Cuando te tomas el tiempo para charlar con los que están solos. Ese día
es Navidad.
Cuando comprendes que los rencores pueden ser transformados a través del
perdón. Ese día es Navidad.
Cuando te desprendes aún de lo que necesitas, para dar a los que
tienen menos.
Ese día es Navidad.
Cuando renuncias al consumismo. Ese día es Navidad.
Cuando eliges vivir en la alegría y la esperanza. Ese día es Navidad.
La Navidad será siempre un día de esperanza,de misterio y de fe.
Cada cual tendrá su gruta, la que ha ido cavando en el fondo de su
corazón, y necesita reformar,
limpiar e iluminar todos los años.
Cada cual, su regalo: el íntimo, el personal, el silencioso, el de
las heridas cerradas y rencores olvidados.
Cada cual, su lámpara para calentarnos en Dios... y su aceite para ir
curando, suavizando y derritiendo
ternura entre los muchos que lloran en la Navidad.
La noche de Navidad debiera ser más para compartir con los pobres y
con la familia que para ostentar
con los ricos; más para prodigarnos con nuestros semejantes que para
meternos en el vértigo de las
calles y las fiestas; más para que Dios nos acompañe que para entrar
en ese mundo ajeno y extraño
donde se aumenta la nostalgia, se entristecen los recuerdos y muchas
veces nos sentimos tan solos.
¿Donde y cuándo vas a dar a Cristo el apretón de manos y la entrega
del corazónen esta Navidad ?
No olvidemos que es día de llenarnos de Dios.
De sacar cuentas.
De estrecharnos las manos.
De abrir las alforjas.
De mirarnos tal cual somos.
De recordar a los que faltan.
De abrazarnos sin hipocresía,