Vivo y me muevo en la presencia de Dios.
Cuando me preparo para un viaje, planifico con tiempo.
¿Está listo el automóvil o he pedido los boletos?
Aún antes de hacer las maletas, oro.
Bien sea que viaje por negocios o por placer,
sé cuando he orado lo suficiente porque me siento descansado
y capaz de superar cualquier estrés.
En mis oraciones, bien sea que esté solo o con familiares y amigos,
centro mi atención en la presencia de Dios.
Bendigo el automóvil, el avión,
el tren, el autobús o el barco en el que voy a viajar,
y bendigo a todos aquellos responsables por llevarnos en el viaje.
Mis seres queridos y yo
nunca podemos estar fuera de la presencia de Dios.
En cualquier momento y en cualquier lugar,
vivimos y nos movemos en la presencia de Dios.
Esperanza mía y castillo mío;
mi Dios, en quien confiaré.
—Salmo 91:2