La muerte no es nada.
Yo sólo he pasado al cuarto de al lado.
Yo soy yo, tú eres tú.
Lo que éramos el uno para el otro
lo seremos siempre.
Llámame como siempre me has llamado.
Háblame como siempre me has hablado.
No utilices un tono diferente,
no adquieras un tono solemne y triste.
Sigue riendo
con lo que nos hacía reír juntos.
Reza, sonríe, piensa en mí,
reza por mí.
Que mi nombre se pronuncie en casa
como siempre,
sin énfasis de ninguna clase
sin ningún rastro de sombra.