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HISTORIA DE LA MEDICINA .: LA PENOSA MUERTE DE FELIPE II .
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Respuesta  Mensaje 1 de 2 en el tema 
De: IGNACIOAL  (Mensaje original) Enviado: 29/09/2012 19:07
La Penosa Muerte del Rey Felipe II.
 
http://www.librosmaravillosos.com/historiasreyesyreinas/imagenes/carlosfisas.jpg
 
Carlos Fisas (Barcelona 1919-2010). Desde niño se dedicó ávidamente a la lectura hasta convertirla en vicio. Apasionado por la Historia, desarrolló una brillante carrera de conferenciante por universidades y centros culturales de toda Europa, y se especializó en el estudio de las manifestaciones amorosas, religiosas e ideológicas del occidente europeo a lo largo de la Historia. Entró en el mundo de la radio de la mano de Luis del Olmo, con quien trabajó en RNE, entre muchas otras emisoras, siempre bajo la rúbrica de «Historias de la Historia», que dio título a sus libros. Todos ellos han encabezado regularmente listas de bestsellers y se han reeditado en multitud de ocasiones.
 
Del artículo de Carlos Fisas sobre Felipe II . Historias de Reyes y Reinas.
 
http://historiasconhistoria.es/imagenes/cifra/Felipe2.jpg
 
FELIPE II DESPACHA EN EL ESCORIAL .
 
 
 
 
Felipe no quiere abandonar las riendas del Estado. Hasta el último momento cuidará de los más mínimos detalles, y cuando sus manos ya no tengan ni fuerza ni forma para escribir, hará firmar a su hijo no sin antes haber leído el texto por lo que faltase o por lo que sobrase.
Y aún va y viene de Madrid a El Escorial, de Madrid a Toledo. Y en Madrid pasa su último invierno cargado de dolores, de angustias y de miserias, creyendo todos que va a morir de un momento a otro. Todos menos él, que quiere morir en San Lorenzo. Y cuando, próximo ya el otro verano, empieza a hablar de marchar de nuevo, los médicos se lo prohíben y Cristóbal de Moura, de rodillas, le ruega que no lo haga.
Pero la voluntad de Felipe es lo único que lo mantiene en pie y el 30 de junio de 1598 emprende la marcha hacia El Escorial, más larga que ninguna, más penosa que todas juntas.
Siete días de camino en el interior de una silla de manos, creyendo todos que va a morir a cada paso.
El 6 de julio llegaron al monasterio. Felipe se sintió mejor y el día de santa Magdalena quiso que lo llevaran a ver todos los rincones de su monasterio. Felipe, el arrepentido, escogió el día de la santa arrepentida para despedirse de aquellos lugares tan queridos.
Como siempre que se cansaba, por la noche tuvo fiebre; pero esta vez aquella fiebre significaba el comienzo del trance final. Y en su lecho de muerte daría comienzo —entre otros muchos recuentos— al recuento de sus enfermedades.
La muerte de Felipe II fue terrible. Fiebres intermitentes le afligieron sin descanso. El, que siempre había sido tan limpio, se podría en su cama. Las llagas invadieron su cuerpo y llegó un momento en que ya no pudo cambiar de postura. La limpieza de las llagas era cada vez más difícil y dolorosa para el enfermo, que llegó a exclamar: "¡Protesto que moriré en el tormento y dígolo para que se entienda!".
Algunos autores afirma que esta inmovilidad acentuó la podredumbre de las heridas, incluso Robert Watson asegura que la materia de las úlceras de Felipe II era tan purulenta y nauseabunda que llegó a criar gusanos.
Hoy día no se descarta la posibilidad de que, efectivamente, una mosca pudiera haber depositado sus huevos entre la repugnante mezcla de pus y excrementos que envolvían al Rey Prudente.
"A los treinta y cinco días de cama trataron de administrarle un caldo de ave con azúcar, que le produjo intolerables cámaras, para cuya evacuación, no pudiendo fácilmente servirse de los vasos de la cama por su inmovilidad, por más que se practicaron aberturas en el colchón, no era fácil limpiar por completo la yacija y tenía que moverle con toallas torcidas, con gran cuidado, pero aún así no era fácil evitar el hedor y las inmundicias en que tenía que estar". El doctor Marañón cree que durante este tiempo, dado el estado de semi-inconsciencia del enfermo, pudo padecer anosmia, por lo que no percibiría el mal olor.
El cronista Sepúlveda cuenta que Felipe II mandó fabricar su ataúd con los restos de la quilla de un barco desguazado, cuya madera era incorrupta, y pidió que le enterrasen con un hábito de tela holandesa empapada en bálsamo. También dispuso que la caja de su ataúd fuera de cinc y que "se construyera bien apretada para evitar todo mal olor".
Por fin, en la madrugada del 12 al 13 de septiembre, entró en mortal paroxismo. Antes del amanecer volvió en sí y exclamó: "¡Ya es hora!". Le dieron entonces la cruz y los cirios con los que habían muerto doña Isabel de Portugal y el emperador Carlos.
Ya no volvió a pronunciar palabra alguna. Murió con la misma gravedad, seriedad, mesura y compostura que tanto guardó en vida. Tenía setenta y dos años de edad.
 
http://2.bp.blogspot.com/-6G5AC6H3sD0/T4vLVN9AZyI/AAAAAAAABKY/R9FXUNiD0RQ/s320/Estatua%2BFelipe%2BII%2BEl%2BEscorial.jpg
 
ESTATUA DE FELIPE II EN EL ESCORIAL
 
 


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Respuesta  Mensaje 2 de 2 en el tema 
De: IGNACIOAL Enviado: 29/09/2012 19:35
 
http://cvc.cervantes.es/img/citas_claroscuro/italianos_xvi22.jpg
 
RETRATO DE FELIPE II POR SOFONISTA ANGUISSOLA
Sabemos que este cuadro fue muy del gusto del rey, que recompensó muy generosamente a la pintora por él ( 1569 - 1573 ) 
 
Siguiendo la rigurosa etiqueta borgoñona impuesta en la Corte por Carlos I, Felipe comía siempre solo, compartiendo en escasas ocasiones la mesa con sus hijos o la reina. Cada cierto tiempo la comida era pública, pudiendo contemplar los súbditos la alimentación de su monarca. El rey hacía dos comidas al día: almuerzo y cena pero su dieta era casi igual en ambas: pollo frito, perdiz o paloma, pollo asado, tajada de venado, ... Apenas consumía pescado, excepto el Viernes Santo, ya que tenía bula del papa que le permitía incluso comer carne los viernes, aunque de una sola clase. Eso sí, cuando comía lo que para lo demás estaba prohibido lo hacía en un lugar privado, con el fin de no dar mal ejemplo. En general; comía frugalmente. Debido a la dieta abundante en carne y escasa en frutas y verduras - aunque estaban presentes - no nos sorprende que sufriera de estreñimiento, teniendo que administrarle frecuentemente importantes dosis de vomitivos y enemas. La mayor parte de su vida manifestó un aspecto enfermizo, resaltado por su cutis pálido y el pelo rubio que le daban un aspecto casi albino. Junto a las hemorroides y dolores de estómago, sufrió de asma, artritis, gota, cálculos biliares y malaria, sin olvidar que padecía de sífilis congénita que provocaba continuos dolores de cabeza. La gota, cuyo primer ataque sufrió a los 36 años, hizo que los últimos 20 años de su vida apenas se pudiera mover, construyéndose a tal efecto una silla especial. El delicado estado de salud del rey le hacía depender mucho de los médicos aunque no confiaba en ninguno de ellos; tampoco recurría a remedios de curanderos. El recurso para estar saludable era simple: "buen recogimiento y tener un poco de cuenta la salud". Su idea de ejercicio era caminar y respirar mucho aire fresco por lo que no andaba muy desencaminado con las tendencias actuales.
 

A medida que iba avanzando en edad, la salud de Felipe se fue deteriorando. Los ataques de gota se repetían con mayor frecuencia y llegó un momento en el que no podía ni firmar debido a su artrosis en la mano derecha. Antes de cumplir los 70 años no podía mantenerse ni de pie ni sentado y viajar le resultaba tremendamente doloroso. A finales del mes de julio de 1598 Felipe sufrió unas fiebres tercianas de las que mejoró un poco a los 7 días, después aparecieron unos accesos en la rodilla y en el muslo derecho, practicándose la apertura de los tumores para extraer el humor que contenían, una vez "estaban maduros". Cuatro accesos más aparecieron en el pecho, corriendo la misma suerte que los anteriores. Pronto se le declaró una hidropesía que le produjo inflamación en las piernas, los muslos y el vientre. El resto del cuerpo sólo era pellejo y huesos. Durante toda la enfermedad el rey tuvo que estar postrado en la cama, sufriendo dolores tan intensos que no se le podía mover, tocar, lavar o cambiar de ropa, de tal forma que evacuaba en el lecho y su cuerpo estaba lleno de deyecciones, pus y parásitos, lo que hacía sufrir más al pobre enfermo que siempre había sido muy meticuloso con la limpieza. La fiebre no le abandonó y padeció durante la larga enfermedad de una insaciable sed.

Su fortaleza era increíble, utilizando su fe para sacar fuerzas de flaqueza. Su habitación estaba llena de pared a pared de imágenes religiosas y crucifijos. Regularmente rociaba agua bendita sobre su cuerpo. Comulgó por última vez el 8 de septiembre, ya que los médicos se lo prohibieron a partir de ese momento por miedo a ahogarse al tragar la hostia. Al no poder sostener un libro contaba con lectores que le hacían sus últimos días más agradables. Diez días antes de morir entró en una crisis que le duró cinco días. Cuando volvió en sí, hizo entrar en su cámara a la infanta Isabel, a quien dio el anillo de su madre recomendándole que nunca se separara de él, y a Felipe, el heredero de la Corona, haciéndole entrega de un legajo con las instrucciones sobre los asuntos de gobierno. A las cinco de la madrugada del domingo 13 de septiembre de 1598 fallecía en El Escorial el monarca más poderoso de la tierra, aquel en el que sus dominios nunca se pone el sol. Tenía 71 años y su agonía duró 53 días.

Como bien dice Fernando Checa: "Felipe II no era ni puritano ni abominable (...) Lo que pretendió fue, a través de su mecenazgo, cristianizar la antigüedad clásica, tomar su legado profano y, sin despreciarlo, amoldarlo a los nuevos tiempos".

1-http://www.artehistoria.jcyl.es/colabora/articulo1.htm ARTEHISTORIA . LA VIDA PRIVADA DE FELIPE II . JUAN CARLOS COBO CUEVA .

2-http://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/junio_10/22062010_02.htm RETRATO DE FELIPE II , ELENA PAULINO MONTERO .


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