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Ojos azules
de niño tembloroso,
de vivir una vida,
de los temores horrorosos,
de sentirme cerca
cuando se que es doloroso,
el no poder estar cerca porque el abismo es frondoso.
Ya no recuerdo tu cara,
solo tus enormes ojos
que brillan con la inocencia del que no tiene reposo.
Que brillan picarones y juegan con tu oso,
ese debajo del brazo
con el que duermes cada día
esperando mi retorno.
Espérame día a día
que vuelvo pronto.
¡Que son los años!,
nada más que un segundo
en las manos del Todopoderoso.
Marya
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