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PANEL PRIVADO DEL FORISTA EL UNGIDO: Devocionales....
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| De: Reina4 (Missatge original) |
Enviat: 02/01/2018 03:19 |
El peor rechazo
Jorge Monroy
No hay nada que golpee tan profundamente a alguien como el rechazo. El saber que alguien nos considera indignos, desagradables o incompetentes, afecta la percepción que tenemos de nuestro propio valor. Un trabajo reprobado o la pérdida de un empleo, son cosas que contaminan el paisaje de nuestras vidas. Felizmente, la mayoría de nosotros podemos manejar esta clase de situaciones, aunque la experiencia no es nada agradable.
La Biblia habla de una clase diferente de rechazo, que es otro asunto completamente diferente. Es difícil concebir el terror final que experimentarán quienes rechazan la amorosa oferta de salvación de Dios. Oirán estas tres palabras viniendo de la boca del Señor Jesús: “Apartaos de mí”. El Señor dice estas palabras más de una vez en los Evangelios para anunciar el juicio final de los desobedientes. Estas personas encontrarán su destino en la agonía de la separación eterna de Dios.
Muchas personas han tenido dificultad para aceptar la clara severidad de las palabras de Jesús. No reconocen que este rechazo final es, en realidad, la respuesta apropiada a la negativa del incrédulo de recibir la solución del Señor en cuanto al problema del pecado de la humanidad. Sí, este rechazo es el final del camino, un camino pavimentado con toda una vida de decisiones que dejaron a Dios fuera.
Cada decisión de actuar de modo independiente, es una decisión de aceptar el veredicto final del Salvador. O, como lo expresó G. K. Chesterton: “El infierno es el gran cumplido de Dios a la realidad de la libertad humana, y a la dignidad de la elección humana”. |
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De: Reina4 |
Enviat: 11/03/2019 03:26 |
Para mantener un espíritu tranquilo
enviado por Jorge Monroy
Cuando surge el conflicto, con frecuencia queremos defender nuestra posición. Tal vez, incluso, nos sintamos con el derecho de culpar a otros. Sin embargo, Santiago 1.19 da un consejo diferente para manejar la tensión y las controversias: “Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse”. En otras palabras, se puede lograr más con una actitud calmada. Además, la Biblia nos dice que debemos…
• Orar. Primero, debemos pedir al Señor que guarde nuestra boca, y nos dé las palabras adecuadas al hablar (Lc 12.12). También, debemos pedir discernimiento en cuanto a la raíz del problema, incluyendo la posibilidad de que la falta puede haber sido nuestra.
• Tratar de ver con la perspectiva divina. Nuestro soberano Dios hace que todas las situaciones obren a favor del creyente (Ro 8.28). Él no solo utiliza las dificultades para enseñarnos, sino que también nos permite demostrar la vida de Cristo en nosotros por la manera como respondemos.
• Perdonar. Aunque otra persona nos haya herido, debemos perdonar. Jesús murió para perdonar todos nuestros pecados, y nosotros, por nuestra parte, debemos perdonar a los demás. De hecho, si no lo hacemos, nuestra vida se verá agobiada por el resentimiento.
• Responder. Si hemos hecho algo que no está bien, debemos pedir perdón. Pero si la culpa no es nuestra, podemos aun así manifestar aprecio a la otra persona y decirle que daremos atención cuidadosa a sus comentarios.
¿Cómo responde usted a los conflictos? Pídale a Dios que le dé la entereza para mantener la calma y hacer lo correcto. |
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De: Reina4 |
Enviat: 11/03/2019 03:29 |
Un momento extraño para sentir temor
enviado por Jorge Monroy
Normalmente, pensamos en el temor en términos de fracaso. Tendemos a atemorizarnos cuando sufrimos alguna calamidad o sentimos que hemos sido juzgados injustamente.
Pero en 1 Reyes 18 encontramos una situación totalmente diferente; allí vemos que Elías experimentó uno de los triunfos más espectaculares que hay en toda la Biblia. Armado solamente con su fe inquebrantable en el Señor, se enfrentó a 850 sacerdotes de los dioses falsos del país. Dios se movió con poder, destruyendo a los idólatras y trayendo gloria a su nombre en todo Israel.
Pero, inmediatamente después de este enfrentamiento, cuando la euforia de su fe debería haber estado en su punto más alto, Elías tuvo miedo. En 1 Reyes 19, el profeta se entera de que la siniestra reina Jezabel había pedido su cabeza. Olvidando, al parecer, la poderosa victoria de Dios de unos momentos antes, Elías huyó.
La historia de Elías nos recuerda que nuestros fracasos no deben representar el mayor peligro para el crecimiento espiritual; el potencial para el fracaso puede estar oculto, en realidad, dentro de nuestros éxitos. Cuando nuestra confianza está en su punto más alto, eso es lo que a menudo nos lleva a quitar nuestra mirada del Dador del poder, para dirigirla a nosotros mismos.
No nos engañemos, el Señor puede trabajar en, alrededor, o por medio de nosotros para llevar a cabo su propósito, pero la victoria siempre le pertenecerá a Él. ¿Lo ha ofuscado el éxito? Vuelva de nuevo su mirada al Señor. Toda la alabanza y la gloria son de Él. Usted no tiene por qué tener temor. |
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De: Reina4 |
Enviat: 12/03/2019 23:39 |
La importancia del Bautismo
enviado por Jorge Monroy
Cuando admiramos a alguien, es natural que tratemos de identificarnos con esa persona. Esto lo vemos en los niños que disfrutan imitar la manera de hablar, de vestir y de actuar de sus superhéroes. A los adultos también les gusta adoptar las características de los modelos que han escogido; y, nosotros, como creyentes, estamos llamados a imitar al Señor Jesucristo.
Nuestro Salvador nos ha mandado a seguir su ejemplo en todas las cosas, incluyendo al bautismo (Mt 28.19). Al comienzo de su ministerio público, Jesús decidió bautizarse. Juan el Bautista estaba llamando al pueblo judío a confesar sus pecados y demostrar arrepentimiento por medio de la inmersión en el río Jordán. Jesús, el único que no conoció pecado, se unió a la muchedumbre en el río, y le pidió a Juan que lo bautizara. Al seguir su ejemplo en las aguas del bautismo, estamos confesando públicamente nuestra fe en el Salvador, e identificándonos con Él.
Por medio del bautismo proclamamos nuestra relación con Jesús, y también con otros creyentes, bajo la autoridad del mismo Señor. Pero recuerde que ni el bautismo ni ninguna otra obra son necesarios para la salvación; somos salvos solo por la gracia de Dios, por medio de la fe en Jesucristo (Ef 2.8, 9). No obstante, Dios ha mandado que nos bauticemos después de nuestra redención, por lo que este paso es un asunto de obediencia.
La fe en Jesús no es para ser escondida como una luz que se pone debajo de un almud (Lc 11.33). Por el contrario, debe expresarse en palabras y acciones. ¿Ha demostrado usted su fe por medio del acto del bautismo? |
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De: Reina4 |
Enviat: 12/03/2019 23:42 |
Ocuparnos de nuestra salvación
enviado por Jorge Monroy
¿Qué quiere decir “ocuparnos de nuestra salvación”? Muchas personas piensan erróneamente que Pablo nos estaba diciendo que trabajáramos para lograr nuestra salvación. Pero el apóstol estaba diciendo algo completamente diferente: su experiencia de la salvación no es el final de su peregrinación espiritual; es el catalizador que activa su “modo de operación”.
Por eso, después de haber puesto su fe en Jesús como Salvador, usted puede comenzar a vivir la vida abundante que Dios le tiene preparada. Si usted le ha entregado su corazón al Señor, el Espíritu Santo habita en usted para siempre. Es el Espíritu de Dios actuando en y a través de usted, permitiéndole poner en práctica su salvación. El grado hasta el cual se rinda al Espíritu Santo afectará la obra que Él llevará a cabo por medio de usted, y los cambios que Él hará en su vida.
A medida que su fe y su relación con Dios se desarrollen, comenzará a notar que Él se mueve en su vida. Cuando comparta su fe y sus bendiciones con los demás, se dará cuenta de que Dios está trabajando de más maneras. Manténgase sirviendo al Señor, y las semillas que Dios ha sembrado en usted florecerán (Is 55.10, 11). Por eso, cuando la Biblia habla de ocuparnos de nuestra salvación, quiere decir que hemos sido llamados a vivir con reverencia lo que ya nos ha sido dado, y permitir que la vida de Cristo en nosotros dé fruto.
Su salvación debe ser un reflejo de Jesús dondequiera que usted vaya. Al vivirla en medio de amigos, familiares e incluso de extraños.
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De: Reina4 |
Enviat: 12/03/2019 23:44 |
El poder de la oración
enviado por Jorge Monroy
Jesús conocía la importancia de la oración, y la practicaba con regularidad. Se escabullía con frecuencia para estar en comunión con Dios. Después recibía la dirección y la fuerza necesaria para realizar la obra de su Padre.
Al enseñar acerca del poder de la oración, Jesús utilizó tres palabras para ayudarnos a orar de manera efectiva:
Pedid—Debemos venir a Dios con nuestras peticiones. Al hacerlo, estamos reconociendo tanto nuestra necesidad como la capacidad de Dios de atenderla. El Señor Jesús nos asegura que toda petición será concedida en conformidad con lo mejor que tenga el Padre celestial para nosotros y para otras personas.
Buscad—A veces, el Señor nos pide que nos involucremos en la situación por la que estamos orando. Por ejemplo, podemos estar pidiéndole que nos ayude a encontrar un nuevo empleo. Él quiere que busquemos su instrucción y su guía, pero también que demos pasos prácticos para descubrir nuevas oportunidades.
Llamar—Para llevar a cabo el plan del Padre celestial nos encontraremos con obstáculos en el camino. Para vencerlos, es posible que tengamos que orar de manera sostenida y persistente. Llamar implica un nivel de fuerza que se aplica para que la puerta se abra. Una vez que Dios presente la solución, ya no necesitamos seguir pidiendo. Cuando el Señor abre un camino, debemos andar por éste.
La oración es muy poderosa (Stg 5.16). Involucra al Señor en las vidas de las personas, y también en los asuntos de gobierno. Es la manera para experimentar la unidad con nuestro Padre y recibir lo que hace falta para llevar a cabo su obra. |
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De: Reina4 |
Enviat: 12/03/2019 23:46 |
Cuando sufrimos
enviado por Jorge Monroy
La Biblia nos enseña varias lecciones prácticas sobre el sufrimiento:
Primero, está bien pedir una alternativa al sufrimiento, como lo hizo Jesús, pero debemos elegir la voluntad de Dios por encima de todo. Nuestra mejor respuesta a la adversidad es “Señor, ¿qué quieres que aprenda por medio de esto?”
Segundo, en la noche que fue traicionado, el Señor Jesús pidió a sus amigos más cercanos que se mantuvieran despiertos para orar. Necesitamos contar con el apoyo de amistades cristianas, especialmente durante las pruebas. Los amigos verdaderos nos dirán la verdad con afabilidad, animarán y orarán por nosotros.
Tercero, es natural que tengamos dificultades para orar cuando el dolor es intenso. En esos momentos, un simple “Ayúdame” es suficiente. Dios quiere que reconozcamos su señorío, pero no espera que tengamos las palabras perfectas. Él sabe lo que necesitamos antes de pedir, y tiene el poder de dárnoslo.
Cuarto, debemos resistir la tentación de culpar a otros. Jesús fue traicionado y rechazado, pero le pidió a Dios que perdonara a quienes lo crucificaron. Del mismo modo, no debemos culpar a los demás por nuestro dolor. Al acudir a Dios en tiempos difíciles, elegimos confiar en su autoridad final. Es posible que nuestro Padre celestial no haya causado la dificultad, pero sí la permitió, y la usará para su gloria y para nuestro bien.
Por amor, Dios permite el dolor, pero también le pone un límite a su duración e intensidad. Usted no sufre sin que esté presente Aquel que le sostendrá, ayudará y, al final, le sacará adelante en su angustia.
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De: Reina4 |
Enviat: 14/03/2019 21:17 |
Cómo tener paz interior
enviado por Jorge Monroy
Jesús prometió darnos su paz (Jn 14.27), la misma que le permitió mantenerse dormido durante una feroz tormenta. Sin esa paz, seríamos como los discípulos que se sintieron perdidos y asustados. Pero con ella, tendremos serenidad interior en medio de la tormenta.
Para tener la paz del Señor, debemos cumplir ciertos requisitos. El primero es recibir al Señor Jesús como nuestro Salvador personal. Antes de ser salvos éramos, por naturaleza, contrarios a Dios. Pero nuestra redención nos cambió. La Biblia dice que ahora tenemos paz con Él (Ro 5.10) y somos miembros de su familia, en vez de ser sus enemigos. El temor a la muerte —una de las razones por las que carecemos de paz— desaparece cuando conocemos la gloriosa verdad de que pasaremos la eternidad con Dios.
Creer en la soberanía del Señor es la segunda condición para tener un corazón tranquilo. En este mundo aquejado de problemas, la seguridad personal es una gran preocupación. Para combatir el temor, debemos confiar en que Dios está en control de todas las cosas.
La tercera cosa que debemos hacer es entender que Dios conoce nuestras necesidades, y que ha prometido ocuparse de ellas (Fil 4.19). Él es un Padre que se deleita en dar cosas buenas a sus hijos. Es posible que no recibamos todo lo que queremos, pero nos dará lo que sea necesario para llevar a cabo su plan para nosotros.
Una vez que hayamos recibido a Cristo como nuestro Salvador, el Espíritu Santo nos recordará que nuestro futuro está asegurado, y que nuestro amoroso y soberano Dios se encargará de que tengamos todo lo que necesitamos. |
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De: Reina4 |
Enviat: 14/03/2019 21:18 |
Más allá de la decepción
enviado por Jorge Monroy
Cuando uno se siente decepcionado, es fácil culparse a uno mismo y a los demás. Con frecuencia, es difícil saber qué decir o qué hacer debido a lo doloroso que es identificar la causa o el propósito de la frustración.
La decepción es una respuesta emocional a nuestro propio fracaso —o al de otra persona— por alcanzar un sueño o una meta. Esto puede resultar en la pérdida de fe en una persona en quien confiábamos.
El Evangelio de Juan nos dice que Jesús amaba a Marta, María y Lázaro. Por esto, las dos mujeres no sintieron la necesidad de decirle al Señor nada más que “el que amas está enfermo” (Jn 11.3). Su expectativa era que tan pronto como el Señor Jesús oyera estas palabras vendría a sanar a Lázaro. Pero el Señor no se presentó sino dos días más tarde.
Cuando Marta se encontró con el Señor Jesús, estaba decepcionada porque Él no había venido de inmediato, y su demora permitió que Lázaro muriera. No entendía por qué no había respondido a tiempo.
Pero, en verdad, Dios tiene una razón para las decepciones que permite en nuestra vida. Podría evitarlas, pero quiere que descubramos su propósito. Su deseo es que vivamos por fe, y que permitamos que nuestras circunstancias lo glorifiquen (Jn 11.4, 25).
Cuando vengan las decepciones, ¿se apartará de la voluntad del Señor para su vida? ¿O descubrirá que está comenzando a entender el propósito de Dios, para que pueda aprender de esas situaciones? La respuesta correcta es simplemente confiar en Él. |
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De: Reina4 |
Enviat: 14/03/2019 21:22 |
La marcha del creyente a la cruz
enviado por Jorge Monroy
Todos sabemos que Jesús marchó al Calvario, pero ¿sabía usted que los creyentes también marchamos a la cruz? Todos hemos sido crucificados con Cristo, pero los que tienen hambre de Él participan de una experiencia más profunda de esta realidad. Jesús toma amorosamente sus manos y les guía a la cruz. Aunque este es el último lugar adonde cualquier persona quisiera ir, es la única manera de ser partícipes de lo mejor que tiene Dios para nuestras vidas.
El camino a la cruz no es uno que usted hace con su familia o sus amigos. Es un viaje solitario con el Señor Jesús. Él le quita todas las personas y todo de lo cual ha dependido para que aprenda a confiar solamente en Él. Mientras estamos en la cruz, Él quita las capas de las mentiras que hemos creído hasta que comenzamos a vernos a nosotros mismos como Él nos ve. Pronto nuestro egocentrismo, insuficiencia y fracasos son puestos al desnudo.
La cruz nos quebranta para que demos fruto. Si nos aferramos a nuestras vidas, y nos negamos a hacer este recorrido, seremos como un grano de trigo que nunca es sembrado y jamás germina. Pero quienes estén dispuestos a morir a sí mismos producirán abundante fruto espiritual. La única manera en que Cristo puede vivir por medio de nosotros es permitiéndole que nos crucifique.
Dios no quiere que usted esté satisfecho con solamente su salvación. Hay mucho más que desea darle y llevar a cabo por medio de usted. ¿Está dispuesto a marchar a la cruz con Él? Sí, es doloroso, pero las recompensas en esta vida y en la eternidad superan con creces cualquier sufrimiento que usted experimentará. |
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De: Reina4 |
Enviat: 14/03/2019 21:27 |
La lección de la higuera
enviado por Jorge Monroy
Cuando Jesús entró en Jerusalén, los hosannas y las manifestaciones de adoración fueron evidentes y entusiastas. Eso debió haber parecido un triunfo impresionante.
Pero Jesús sabía que las apariencias externas no indican necesariamente un consenso general o incluso auténtico. De hecho, se estaba dirigiendo al templo, donde los cambistas eran muestra de esa verdad. Nuestro Salvador había llorado mientras se acercaba a la ciudad, porque el pueblo no conoció el tiempo en que Dios vino a salvarle (cp. Lc 19.44 NVI), o la manera de evitar lo que ahora era el juicio ineludible.
Los escritores de los evangelios insertaron una curiosa anécdota en cuanto a la aproximación de Jesús a una higuera distante que tenía hojas, ya que tenía hambre. Marcos 11.13, 14 nos dice que “solo encontró hojas, porque no era tiempo de higos”.
Entonces le dijo: “¡Nadie vuelva jamás a comer fruto de ti!”
¿Por qué Jesús, el Creador de las higueras, maldijo a una de ellas por no tener fruto fuera de temporada? La pregunta parece desconcertante, salvo para quienes estaban familiarizados con las cosechas de frutas del Oriente Medio, quienes se darían cuenta de que unas pequeñas protuberancias comestibles, o taqsh en árabe, aparecen con las hojas y se caen antes de que se desarrolle la fruta real. El erudito F. F. Bruce (Are The New Testament Documents Reliable? — ¿Son confiables los documentos del Nuevo Testamento?) dice: “Si las hojas aparecen sin la compañía de las taqsh, no habrá higos ese año. Por lo tanto, era evidente para nuestro Señor... [que] a pesar de su bello follaje, era un árbol estéril e inútil”.
Marcos añade luego un detalle importante: “Y lo oyeron sus discípulos” (v. 14). La maldición de la higuera por parte de Jesús no fue un arrebato caprichoso o de disgusto, como algunos suponen. Fue una demostración perfecta en cuanto al fruto que nace de la fe genuina, en contraste con religiosidad vacía que acababan de presenciar en el templo.
Esta fue una enseñanza crucial para los discípulos del primer siglo, así como lo es para los discípulos del siglo 21. Nuestra utilidad importa mucho a Dios, pero solo cuando es fruto del Espíritu que se produce si permanecemos en la vid, Jesucristo (Gá 5.22, 23; Jn 15.5). No importa cuán impresionante puedan ser, las obras que se hacen solo mediante el esfuerzo humano carecen de valor a los ojos de nuestro Padre celestial.
¿Qué pasaría si el Señor nos examinara? ¿Hallaría algo nutritivo? ¿O encontraría un impresionante exhibición de hojas que resulta ser apenas una hermosa apariencia? |
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De: Reina4 |
Enviat: 17/03/2019 20:53 |
Oración en la hora de la desesperación
enviado por Jorge Monroy
El sufrimiento de Jesús no comenzó con los latigazos que recibió o con su lenta y agonizante marcha al Calvario. La Biblia nos dice que el Señor sufrió durante sus oscuras horas en Getsemaní, el lugar en donde “comenzó a entristecerse y a angustiarse” (Mt 26.37). Sabiendo que pronto se entregaría a sí mismo al inmenso horror de la cruz, Jesús aceptó el asfixiante peso de todo lo que vendría. Las palabras que dijo a Pedro, Jacobo y Juan revelan su agudo dolor: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (v. 38). Este hecho todavía nos deja estupefactos: Jesús, el Hijo de Dios, experimentó la desesperación profunda —conoció cada temor humano, cada ansiedad. No hay ninguna tentación o temor humanos que Jesús no experimentara.
El evangelio de Juan resalta que Getsemaní era un huerto (18.1), y su narración está llena de imágenes de la creación desde las primeras frases hasta las escenas de la resurrección. El escritor, al parecer, quiere que conectemos al Getsemaní con otro huerto, donde una serpiente abordó a Adán y Eva. Juan quiere estar seguro de que entendamos que, aunque ellos sucumbieron a la tentación, Jesús no lo haría. Donde fallaron el primer hombre y la primera mujer, el Hijo del Hombre triunfaría. Aunque nosotros sucumbimos bajo el peso del temor o de la seducción del pecado, Jesús triunfa.
Pero antes de la victoria hubo muerte, separación y fracaso aparente. Antes de la resurrección, hubo un largo período donde parecía que la esperanza se había disipado, donde uno se preguntaba si el amor había fracasado.
En el huerto, mientras se acercaban las horas del mal, el corazón de Jesús se derramaba. Nuestro Señor, en su desesperación, hizo lo que su alma sabía hacer: Jesús oró, diciendo: “Padre mío, si es posible, pasa de mí esta copa...” (Mt 26.39). Jesús no se limitó a practicar su disciplina espiritual o a darnos un ejemplo a imitar. En vez de eso, su alma había quedado al desnudo, y fue al Único que puede estar con nosotros en tales profundidades. Jesús fue al Padre celestial.
A veces tendemos a pensar que la oración es solo un tiempo de calma e introspección. Pero la oración nace a menudo de una simple necesidad. Cuando oramos, buscamos dirección, y simplemente gritamos: “¡Socorro!” |
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De: Reina4 |
Enviat: 17/03/2019 20:55 |
La soledad soportada por nosotros
enviado por Jorge Monroy
Hace veinte años tuve el privilegio de hacer el papel de Jesús en la película El Evangelio de Mateo. La experiencia cambió mi vida cuando llegué a entender al Señor de maneras que nunca había imaginado. Descubrí su gozo, su sufrimiento y su pasión. También descubrí cuán extraordinariamente “solo” estuvo Jesús cuando anduvo en la Tierra.
Después de todo, ¿quién podría entender a un hombre cuya manera de ser e ideas eran tan asombrosamente diferentes a las de cualquier otra persona? Incluso sus amigos más cercanos nunca “lo entendieron” sino hasta después de que ascendió a su Padre. ¿Qué tan solo deja eso a un hombre? Especialmente en ese día del Gólgota.
Cuando filmamos las escenas de la crucifixión, llegué al set después de un trabajo de maquillaje de tres horas; era tan auténtico, que ninguno de los miembros del equipo de filmación podía soportar mirarme. Recuerdo que pensé en el pasaje: “… escondimos de él el rostro” (Is 53.3), y me di cuenta de que eso había sido muy real.
Después comenzó el rodaje, y la crueldad era impresionante. Estábamos simulando, pero la atrocidad era indescriptible. Recuerdo cuando estaba allí colgado, y viendo los rostros a mi alrededor, simplemente mirando. Una niña de la aldea local donde estábamos filmando lloraba y lloraba. Todos habrían querido ayudarme de alguna manera. Pero era algo que yo tenía que soportar solo.
Pensé cuando Jesús veía a su madre, a Juan y a otros. Por mucho que lo amaran, no había manera de que ellos pudieran entender sus motivaciones ese día. Por mucho que habrían querido ayudarlo de alguna manera, era algo que Él tenía que hacer —solo.
Después llegó el momento de estar solo más allá de toda soledad. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt 27.46). Para que pudiéramos nacer de nuevo.
Hoy es un día para despojarnos de todo lo que queremos, y vivir como el Señor desea: agradecidos. Tenemos el privilegio de entenderle como nunca pudieron hacerlo quienes anduvieron a su lado, y nuestra respuesta no puede ser otra que postrarnos sobre nuestros rostros en profunda gratitud. ¡Gloria a Jesús! |
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De: Reina4 |
Enviat: 17/03/2019 20:58 |
Para entender la santidad de Dios
enviado por Jorge Monroy
Si alguna vez ha leído el libro de Levítico completo, es posible que se haya preguntado por qué Dios dio a los israelitas tantas reglas y tantos detalles en cuanto a los sacrificios y las formas de adoración. Cuando era niño, recuerdo haber pensado que todas esas vacas podrían haber alimentado a mucha gente. Para mí, los sacrificios parecían un gran desperdicio, pues no entendía lo que el Señor estaba enseñando a su pueblo.
Hoy tenemos las Sagradas Escrituras completas para ayudarnos a entender quién es Dios y lo que desea de nosotros. Pero en los días del Antiguo Testamento, Él enseñaba a su pueblo con ejemplos. Quería que entendieran tres cosas: su santidad; el pecado y las consecuencias de la desobediencia; y el cuidado que tenía de ellos —que Él era la fuente de todo bien. Las normas y los reglamentos que Él instituyó eran ejemplos visibles.
En cada detalle, Dios revelaba su santidad y en cada sacrificio, el costo del pecado. Las reglas del tabernáculo enseñaban al pueblo que no tomaran la adoración ligeramente. Era un privilegio serio y maravilloso acercarse a un Dios santo y justo.
Hoy día, es muy fácil perder de vista la santidad del Señor. Por tanto, es bueno reexaminar el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento para mantener presente la seriedad de la adoración.
Dios es nuestro Padre celestial, y tenemos acceso inmediato a la sala del trono, pero debemos preguntarnos si lo estamos tratando con la reverencia que se merece. En la iglesia, en lugar de estar desatentos y distraídos, debemos recordar el gran privilegio que es venir a su presencia. |
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De: Reina4 |
Enviat: 17/03/2019 21:00 |
La clave para el contentamiento
enviado por Jorge Monroy
Mientras se encontraba preso, Pablo escribió preciosas palabras acerca de la suficiencia de Cristo. Tenemos la tendencia de acompañar la idea del goce (o contentamiento) con vacaciones en la playa o en la montaña, pero el apóstol escribió que no debemos estar ansiosos en ninguna circunstancia, porque tenemos la paz del Señor.
El contentamiento es el patrimonio del creyente. La paz es parte del fruto espiritual que nos pertenece cuando ponemos nuestra fe en el Salvador (Gá 5.22). El pasaje de hoy lo describe como una paz interior que sobrepasa todo entendimiento (Fil 4.7). Jesús experimentó el conflicto con una sensación de paz interior; y gracias a su Espíritu que mora en nosotros, esa paz asombrosa pertenece también a los hijos de Dios, incluso en los momentos en que nos encontramos con problemas que no tienen solución terrenal.
He aquí la otra cara de la moneda: “No hay paz para el malvado, dice el Señor” (Is 48.22 NVI). La cultura moderna llama malvado a quien comete las acciones más viles, pero la definición de Dios es mucho más amplia.
Malvado es quien deliberadamente rechaza el derecho que tiene Dios de perdonar sus pecados y de tener el señorío sobre su vida. Si usted no le ha entregado su vida a Cristo, no es capaz de experimentar el contentamiento real y duradero.
Cuando nacemos de nuevo (Jn 3.3-8), nos convertimos en hijos del Dios vivo, y herederos legítimos de todo lo bueno que ofrece. Esto incluye la paz interna y el gozo que pueden soportar cualquier prueba. ¿Qué daño puede sufrir aquel que le pertenece al Señor (He 13.6)? |
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De: Reina4 |
Enviat: 19/03/2019 19:38 |
Nuestro Salvador resucitado
enviado por Jorge Monroy
La vida, la muerte y la resurrección de Jesús constituyen la base de nuestra fe. La Biblia nos dice que Jesús vivió sin cometer pecado. Como el Cordero de Dios inmaculado, Él fue voluntariamente a la cruz y se sacrificó por nosotros (1 P 1.18, 19). Cristo llevó nuestros pecados y sufrió nuestro castigo para que pudiéramos ser reconciliados con Dios.
La muerte del Salvador fue aceptada por el Padre celestial como el pago total por nuestros pecados, y despejó el camino para que podamos estar en paz con Él (Ro 5.1). Tres días después de la crucifixión, Jesús fue levantado de la muerte a la vida. El Cristo resucitado había vencido la tumba. Ascendió victoriosamente al cielo y ahora está sentado a la diestra del Padre.
La muerte y la resurrección de Cristo son una ilustración de lo que sucedió en el momento que fuimos salvos. Al reconocernos como pecadores que no podían pagar sus transgresiones, expresamos fe en nuestro Salvador. Entonces, “nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él” (Ro 6.6), y renacimos espiritualmente. Por su sacrificio, fuimos perdonados, reconciliados con Dios y adoptados en su familia.
Pablo enfatizó la importancia de la resurrección, pues, de no haber sido cierta, nuestra fe sería vana.
El Cristo resucitado apareció a muchas personas. Dejó que Tomás lo tocara para que supiera que estaba vivo. Después que el Señor ascendió al cielo, el Padre envió a su Espíritu Santo a morar en los creyentes y a dar testimonio de la verdad de la resurrección. Nuestra fe está basada en el fundamento seguro de un Salvador resucitado. |
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