Paso 1: Las almejas frescas son un producto muy delicado. Lo primero que debéis hacer al llegar a casa, después de haberlas adquirido, es pasar por agua corriente y lavarlas bien. Desechar las que estén abiertas o rotas. A continuación introducirlas en un recipiente cubiertas con agua y un poco de sal. Con esta simple operación conseguiréis que suelten la arena que pudieran haber acumulado en su interior.
Debéis consumirlas en las 24 horas siguientes.
En el caso de que las almejas, después del tiempo de reposo en agua y sal, sigan teniendo arena haced lo siguiente:
Escurrir las almejas del agua con sal. Introducir en una olla, con un dedo de agua mineral. Tapar y poner a hervir a fuego fuerte. Justo cuando el agua de el primer hervor apagar el fuego, dar una vuelta con una cuchara de madera, tapar, y dejar que se acaben de abrir con el propio calor.
Colar de su jugo y reservar todo por separado.
Si estáis convencidas de que ya no contienen arena seguid este procedimiento:
Paso 2: En una sartén con aceite de oliva sofreír, a fuego lento, la cebolla triturada hasta que tome color.
En un mortero hacer una picada con el ajo, el perejil, las avellanas, las almendras, y los piñones. Añadir a la cebolla y rehogar para que el ajo no quede crudo. Condimentar con pimienta negra.
Paso 3: Con el sofrito hecho
A continuación introducir las almejas en el sofrito y mezclar. Si las habéis abierto antes, echar un poco del líquido de la cocción. Si están todavía cerradas, introducir en la sartén y tapar unos minutos hasta que se abran y suelten el líquido que llevan dentro, para que la salsa se pueda formar.
1 - En ningún momento he usado la sal, puesto que las almejas ya contienen.
2 - Puede que en la pescaderia veáis las almejas completamente cerradas y al llegar a casa, por efecto del calor, se os hayan abierto algunas. Normalmente después de lavarlas se cierran. Esa es la prueba de que son frescas. Recordar desechar las que se queden abiertas al tocarlas o las que tengan las conchas rotas.
