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¡Cuáles son las obras frías?
Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. APOCALIPSIS 3: 16
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El mensaje del Testigo fiel a la iglesia de Laodicea habla de obras frías, tibias y calientes. ¿Por qué frías, tibias y calientes? En las Escrituras hay otros pasajes que hablan de las mismas obras con nombres diferentes. El apóstol Pablo les dijo a los hermanos de Galacia: «Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia» (Gál. 5: 19). Aquí el apóstol menciona un tipo de obras a las que llama «obras de la carne». Estas son las obras naturales del corazón carnal. Una vida irregenerada, un corazón pecaminoso que no ha sido transformado por el poder del evangelio, solo puede producir este tipo de obras. No se puede esperar nada diferente; esperar otra cosa que no sea pecado sería ir en contra de la naturaleza. El adulterio, el robo, ía mentira, son productos naturales del corazón carnal. Son obras frías porque provienen de un corazón muerto en delitos y pecados. ¡Cuántas veces nos hemos equivocado exigiendo que el que aún no se ha convertido se comporte como si lo fuera!
Visitaba a una familia que asistía a la campaña de evangelización que dictaba en cierto lugar. Era una joven pareja de recién casados. Cuando conversé con ellos, la esposa expresó su malestar de la siguiente manera:
—Una de las cosas que me disgustan de mi esposo es que cuando vamos por la calle, los ojos casi se le salen de las órbitas mirando a otras mujeres. No puede apartar su mirada. A veces quisiera ponerle anteojeras como les ponen a los caballos para que no mire hacia los lados, sino solo hacia delante.
Yo le respondí:
—Con todos mis respetos, la manera en que usted quiere arreglar el problema no funciona. Puede, incluso, sacarle los ojos, pero el corazón y el cerebro seguirán empeñados en mirar a las mujeres, y las manos seguirán empeñadas en tocarlas.
Era lo único que podía esperarse de aquel caballero. Obras frías, como dice Pablo, obras muertas de la carne.
Las obras frías son las mismas que en la carta a los Calatas el apóstol denomina «obras de la carne». Pero este no es el problema de Laodicea. Su problema es la tibieza, pecados de omisión que no causan escándalo. Su verdadero problema era tratar de hacer la voluntad de Dios, no con la ayuda del Espíritu Santo, sino con la determinación humana.