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CRUZ DEL SUR
Arden las hojas del otoño en la humedad crepuscular de Buenos Aires. Contra un parque dividido por tres colinas, la opacidad de su belleza busca en follajes la mirada que acompañó la luz. Las lámparas doradas guardan sus memorias y encienden sombras en el césped.
Al atardecer se disponen el horizonte de cortezas y el suave tacto de los ojos para construirse otra estancia con los pájaros. En silencio subes las calles y regresas al canto de la noche. Queda entre tus labios el murmullo que al abandono pronunciaste, la rozadura de palabras dejadas en la soledad de un cuarto cálido, ya oscuro.
Áspera en su constelación, la Cruz del Sur abre sus puntas mientras aguardo tu llegada porque no eres tú quien ha vuelto a resplandecer junto al eco, sino tus huellas hondas, tenues fragmentos de un espejo en llamas que te observó al entrar a ciegas en las membranas del deseo.
Jorge Valdez Dias Velez

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