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AMADA
Amada, sólo un tema me queda hoy en la vida: tú eres mi tema, tú eres mi asunto solitario; en mi espalda te llevo igual que un dromedario en el desierto lleva su gran agua escondida;
igual que el dromedario cruza los arenales una vez y otra vez sin salir del desierto, con su estéril nostalgia de valle, hasta que es muerto sobre los arenales, sobre los arenales;
igual que el dromedario yo soporto las cargas con mi paso cansino de soledad, las llevo sobre mí por arenas persistentes y largas;
y, como el dromedario, avaricioso, traje mi cántaro de agua, y te bebo y te bebo sin otro dios que tú mientras dura el viaje.
Grande Felix
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