La voz apacible y delicada en mí me guía a mi centro de paz.
A veces permitimos que el silencio interno y eterno sea aminorado por el ruido de la vida cotidiana. Nuestra conciencia recibe información de distintos lugares y las preocupaciones interrumpen nuestra calma interna. Mas la paz está a nuestro alcance en todo momento y en todo lugar.
Para acceder a la paz del Silencio, me detengo y escucho. Permito que la paz profunda que mora en mí se expanda. Observo cómo la voz dulce y delicada del Espíritu divino se hace cada vez más evidente, y mis pensamientos se tornan afables y compasivos. Dios es mi fuente de paz.
Al regresar nuevamente a las tareas del día, soy más eficaz y expreso mayor amabilidad y comprensión. ¡Estoy equipado para expresar la paz!
Los animales nos deleitan, transportan, prestan servicio, nos ayudan a permanecer centrados y nos brindan aliento. Las travesuras de los cachorritos nos enternecen. El observar peces y acariciar a un perro fiel, ¡puede hasta bajar la presión arterial! Nuestros animales amigos nos distraen de las preocupaciones y nos brindan consuelo. Ellos no nos piden mucho y, sin embargo, nos dan su amor y afecto incondicionalmente.
Los animales tienen la habilidad innata de conectarse con las personas. Existe algo mágico en la relación de un caballo con su jinete. Los animales de servicio ofrecen su visión, su agilidad y su sexto sentido para ayudar a las personas a tener vidas independientes. ¡Bendigo a todos los animales!
Luego dijo Dios: “¡Que produzca la tierra seres vivos según su género…”. Y así fue.—Génesis 1:24