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| De: Tatisverde (Mensaje original) |
Enviado: 07/09/2015 15:14 |
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El Amor divino es la esencia de mi ser.
Ser productivo es importante, y hasta necesario, para una vida plena y satisfactoria. Sin embargo, hacer sin descansar puede perjudicar mi salud. También puede impedir que reconozca mi valor intrínseco y que experimente amor.
Restauro mi bienestar tomando tiempo para sencillamente ser. Dejo ir la preocupación y la inquietud mental y me centro en la paz divina. Desisto de la creencia de que tengo que hacer y lograr más para merecer el amor y la aceptación de Dios.
El Amor divino lo abarca todo; de hecho, es la esencia de mi ser, y no tengo que hacer nada para ganarlo. Al sosegarme y sencillamente ser yo mismo, soy revitalizado. Al regocijarme en la quietud, experimento mi unidad eterna con el amor y la paz de Dios.
¡Reconozcan que yo soy Dios!—Salmo 46:10 | | | | |
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Recuerdo los dones de las personas fallecidas.
En días cuando se recuerdan acontecimientos tristes y trágicos, oro por quienes sufren. Quizás asista a un servicio en memoria de alguien o a un círculo de oración. De cualquier manera que elija honrar a quienes han fallecido, afirmo paz para sus familias y para el mundo.
También recuerdo a mis seres queridos que ya no están en este plano terrenal. Doy gracias por su ingenio, su sabiduría, su ayuda y su amor. Soy quien soy porque ellos formaron parte de mi vida. Honro quienes fueron y sus contribuciones al mundo. Qué bendecido soy por los familiares, amigos, maestros y mentores que me ayudaron a crecer y progresar. Hoy los recuerdo con gratitud y con amor profundo.
Después tomó el pan en sus manos y, habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio a ellos, diciendo: … “Hagan esto en memoria de mí”.— Lucas 22:19
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Me centro en el poder sanador de la oración.
Cuando escucho de corazón, puedo percibir la totalidad de la necesidad. Afirmo empatía si un amigo describe un conflicto. Afirmo las muchas maneras cómo Dios sana si un ser querido comparte conmigo acerca de un reto de salud. Visualizo restauración si una tormenta devastó una comunidad. Ya esté escuchando las noticias o hablando con amigos, me siento llamado a orar.
Me centro en el poder sanador de Dios y traigo a mi mente lo que deseo afirmar por otros. Amigo o extraño, individuo o nación, todos somos miembros de un mismo universo. Afirmo: Dios provee exactamente lo que necesitamos. Todo reto es superado. Somos plenos. Somos perfectos. Somos uno.
Entonces le dijo a aquel hombre: “Extiende tu mano”. El hombre la extendió, y su mano le quedó tan sana como la otra.—Mateo 12:13
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Estoy en un estado constante de rejuvenecimiento.
La naturaleza me maravilla. La Tierra mantiene ciclos de renacimiento, de opulencia, de dejar ir y de reposo. Yo sigo su ejemplo en mi propia vida. Mi día incluye momentos de trabajo, de entretenimiento, de oración y de descanso.
Me preparo para una noche de reposo dejando ir los sucesos del día, ¡y me levanto listo para darle la bienvenida a lo que la vida me ofrezca! La naturaleza se transforma y se llena de belleza acogiendo cada cambio sin lucha ni esfuerzo. De manera similar, yo acepto los ciclos de mi vida sin afán o preocupación.
Honro la actividad divina que obra en mí. Yo, tal como la naturaleza, estoy en un estado constante de rejuvenecimiento.
“¡Que haya lumbreras en la bóveda celeste, para que separen el día de la noche y sirvan de señales para las estaciones, los días y los años!”—Génesis 1:14
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Descubro aguas vivas en la fuente profunda de mi alma.
Un relato popular cuenta que un granjero se propuso hacer un pozo. Cerca de haber cavado cinco metros, la tierra todavía estaba seca y el granjero se disgustó. Él se movió a otro lado, y luego a otros dos más. Su esposa le sugirió que cavara más profundamente justo donde estaba. Él siguió su consejo y encontró una fuente abundante de agua.
En ocasiones, puede que yo actúe como el granjero y piense que mis prácticas espirituales son áridas e improductivas. Sin embargo, si continúo profundizando con fe, pronto llegaré al pozo sagrado de mi alma. Jesús nos habló de las aguas vivientes de la Fuente eterna. Tomo de esa Fuente con gozo yendo más profundamente a mi interior, ¡justo donde estoy!
Porque el agua que yo le daré se convertirá en él en manantial de agua que brotará dándole vida eterna.—Juan 4:14
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