Siento gratitud por cada oportunidad de servir a otros.
Una y otra vez, al principio de su ministerio terrenal, Jesús nos llamó a tener fe: la fe de un niño, fe tan pequeña como una semilla de mostaza. Puede que asumamos que solo con fe suficiente podemos hacer el trabajo que debemos hacer. ¡Hoy reconozco que lo opuesto es verdad!
Al ofrecer amor y ayudar a los demás en sus experiencias humanas, mi fe se profundiza. Creer se me hace fácil cuando veo claramente el poder espiritual que mis acciones crean.
Entonces, mis elecciones no provienen de una fe ciega, sino de una fe perceptiva. Reconozco el bien que puedo crear en el mundo y fortalezco mi fe con las acciones que elijo.
Mi cuerpo responde al fluir de la energía divina en mí.
Como un ser espiritual, la salud y perfección son mi derecho de nacimiento. Sin embargo, en mi experiencia humana, puede surgir un reto de salud. En momentos como esos, bebo de un manantial de vida y salud que irradia de lo profundo de mi ser. Por medio de mis pensamientos y oraciones más elevadas logro una unión consciente con la esencia espiritual de salud afirmando: Estoy en el fluir de la energía divina sanadora.
Por medio de la actividad de mis oraciones, descanso con un sentido de bienestar. Promuevo un patrón de perfección que bendice mi cuerpo-templo de maneras magníficas. La vitalidad y el bienestar son activados, y mi cuerpo responde a la vida de Dios que YO SOY.
Entonces, del polvo de la tierra Dios el Señor formó al hombre, e infundió en su nariz aliento de vida. —Génesis 2:7
Me preparo para mi tiempo de oración estando consciente de mi esencia divina. La oración aparta mi atención de las condiciones del mundo y guía mi enfoque hacia una verdad más profunda. La Vida única, que hace que toda manifestación de vida surja, está activa en mí y en todos los demás, y tiene el poder de sanar. La curación fluye por medio de mí para sanar mi cuerpo, mis relaciones personales y mis asuntos.
Al considerar las apariencias de enfermedad, escasez y discordia en mis seres queridos y en el mundo, invoco a la actividad de la Vida única. Veo que esta vida perfecta resplandece en cada persona y situación que mantengo en oración. Consciente del poder de la vida divina, afirmo que la curación ya ha comenzado.
En ti se halla el manantial de la vida, y por tu luz podemos ver la luz.—Salmo 36:9