Cuando camino de noche, llevo una linterna para iluminar mi camino. Al hacerlo, evito obstáculos y caídas porque puedo ver con claridad. La luz de la presencia de Cristo en mí me guía y brilla resplandeciente siempre. Abro mi mente y mi corazón para acceder y recibir la guía que deseo y mantengo mi intención de escuchar profundamente.
Al mantenerme conscientemente en armonía con el Espíritu divino, entro en mi lugar sagrado de paz interior, ejercito mi fe y espero recibir la dirección y verdad que busco.
Estoy atento a la ayuda que recibo a lo largo de mi trayecto. La luz divina me lleva al sendero que es apropiado para mí y dirige mis pasos en todo momento.