El orden divino obra activamente, ofreciéndome oportunidades y dirección.
El orden divino es el desarrollo de mi vida según el diseño de mi Creador. Mas no quiere decir que me he de sentar en el asiento trasero en mi viaje por la vida esperando que “algo suceda”. Juego un papel activo en el establecimiento del orden divino en mi vida.
Comulgo con Dios. Mantengo mis pensamientos y sentimientos enfocados y centrados. Si me encuentro en medio de un desafío, miro la situación desde una perspectiva de orden divino. ¿Hay algo que debo aprender?
Al mirar en retrospectiva —más allá de las lágrimas, las lecciones y el dolor— soy capaz de ver cuánto crecí espiritualmente y cómo el orden divino obró activamente. Día a día soy guiado a nuevas oportunidades.
Limpiaste el terreno delante de ella, hiciste que echara raíces, y ésta llenó la tierra. Los montes se cubrieron con su sombra.—Salmo 80:9-10
No estoy solo. Soy parte de una comunidad mundial, y de mí depende propiciar la paz y esparcir bondad. Busco maneras de marcar la pauta en mi hogar, comunidad y medio ambiente. Aprovecho cada oportunidad de demostrar compasión y comprensión. Mis acciones tienen un impacto directo en quienes están a mi alrededor y en el mundo.
El amor de Dios en mí es mi guía en todo lo que hago. Compartir pensamientos y acciones positivos crea ondas que se expanden para rodear al mundo. A la larga, la buena voluntad que ofrezco regresará a mí, bendiciendo mi mundo de múltiples maneras.
Continúo brindando amor y bondad y expresando paz y compasión, sabiendo que mis acciones armoniosas cimentarán la paz.
Oren en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu.—Efesios 6:18