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Mancias: La oniromancia
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From: Thenard  (Original message) Sent: 19/05/2010 22:04
La oniromancia, o interpretación de los sueños, se pierde en el tiempo. Célebres son los oráculos oníricos de José al Faraón de Egipto, al profetizarle siete años de riqueza y siete de miseria tras su sueño de las siete vacas gordas y las siete flacas, como narra el Antiguo Testamento.

En algunos pueblos primitivos todavía hoy se confiere más valor a los sueños que a la vida real, al creer que la verdadera realidad es la que vivimos en nuestros sueños, y como en la obra de Calderón, nuestra vida sería sólo un sueño.


La oniromancia no tiene absolutamente nada que ver con la interpretación psicoanalítica de los sueños, que tiene en Sigmund Freud su principal precursor. Los videntes parten del supuesto de que, durante el sueño, el ruido mental que nos produce el estado de vigila, con sus tensiones, angústias y estrés, cesa dejando lugar a un estado de relajación total que permite la percepción extrasensorial con mucha más facilidad que durante nuestra vida cotidiana.

Es obligado citar al prestigiosos parapsicólogo Stanley Kripner. Como director del Centro Médico Maimónides y del Laboratorio Científico de los Sueños de Brooklyn (New York) Kripner ha estudiado en profundidad el fenómeno de los sueños premonitorios, y la ESP en sueños, llegando a la conclusión de que durante la fase onírica, como en otros estados alterados de conciencia la videncia (ESP) se manifiesta con mayor facilidad.

Los sueños premonitorios
Estos sucesos inconscientes suelen estar envueltos en un simbolismo difícil de interpretar, puesto que no se refieren a experiencias pasadas.
Isabel Martínez Pita
EFE

Los sueños premonitorios tienen una gran carga de simbolismo difícil de interpretar, incluso para los expertos, puesto que no se refieren a experiencias pasadas sino a un futuro posible.
Según los expertos se trata de mensajes que provienen del inconsciente y que por lo regular nos advierten de peligros o claves importantes para el desarrollo de nuestra personalidad.
En lo científico y filosófico, quien abrió la brecha más importante, en este campo, tras las crisis religiosas y el positivismo del siglo XIX, fue C. G. Jung. Para él, los sueños tenían una importancia terapéutica fundamental. Y de ellos lo que más valoraba era precisamente su carácter premonitorio.

Cita el caso de un conocido suyo, entusiasta del alpinismo, que le contó una vez un sueño que se le repetía insistentemente, en el que experimentaba una sensación de éxtasis al ascender la montaña a alturas cada vez mayores, hasta pisar el vacío.
Jung aconsejó al alpinista que llevara siempre consigo dos guías en sus expediciones, y que se dejara conducir por ellos dócilmente. Pero el intrépido soñador se rió de tal consejo diciendo que se trataba de supersticiones, hasta que un día fatal perdió la vida con un compañero, precipitándose en el vacío al realizar una escalada.

Un campo para el misticismo

Tradicionalmente la premonición se ha conectado el mundo de los sueños con las artes adivinatorias. Desde lejanos tiempos ha sido éste un campo fértil para magos, videntes y profetas.

Hoy en día no sólo lo es para estas personas sino que también la ciencia, a través de la sicología, pone el caudal onírico en posición privilegiada para conocer la problemática, los deseos, esperanzas y posibilidades proyectivas que hacia su vida tienen todos y cada uno de los individuos humanos.

Sueños y realidad

La razón de la conexión entre los sueños y el futuro es sencilla. Aquellos nos hablan de los contenidos pulsionales inconscientes, de las potencias ocultas, por donde encauzamos nuestras vidas ante el reto de posibilidades que el porvenir nos lanza. Y esa es la voluntad de nuestra existencia individual.
Dadas las características biológicas particulares de nuestra estructura biológica, de nuestra cultura y de las experiencias adquiridas, además de otras inclinaciones espirituales, nos encontramos con requerimientos, tendencias y deseos involuntarios que nos llevarían a tomar una serie de decisiones y a ejecutar los actos correspondientes.

Entre deseos y esperanzas

Las artes adivinatorias consisten en una captación de nuestros deseos y esperanzas ocultos. Estos, en un fugaz instante posterior, se vislumbran proyectados en el sendero de nuestra temporalidad. Para ello se requiere sensibilidad y habilidad en la observación de nuestras más mínimas conductas y formas de pensar e imaginar, unido todo a una gran dosis de sentido común o lógica natural. Los videntes, adivinos y profetas, cuando son mínimamente serios, realizan todo este proceso con una gran rapidez, debido al entrenamiento de la intuición a través de su hemisferio cerebral no predominante (el derecho para los diestros).
En el caso de los sueños, se pone rápidamente en conexión el contenido de los mismos con la forma de relatarlos, la apariencia física del sujeto, su manera de vestir, de pensar y los datos biográficos de que se disponga.

Cuidado con los farsantes

La primera forma ha estado relegada a los santos, profetas o adivinos y ha sido puesta en duda en numerosas ocasiones, por la falta de escrúpulos y los engaños de muchos farsantes.

Ha habido pseudo-adivinos que, sin un desarrollo real de sus facultades psíquicas, simplemente memorizaban algunas claves de la tradición oniromántica o de las supersticiones populares para sorprender con ellas, entre trucos dramáticos, a sus ingenuos clientes. La segunda fórmula válida para la interpretación es la que, a partir de S. Freud, se ha asociado al psicoanálisis y se esfuerza en aportar el rigor del método científico. No obstante, el buen psicólogo debe tener capacidades manifiestas tanto en cuanto a la observación y análisis racional como a la captación intuitiva. Y tales cualidades lo convierten, como C. Jung decía, en el moderno gurú occidental.

Como conclusión observamos que las artes adivinatorias, considerando la interpretación de los sueños u oniromancia como una de las más destacadas, siguen teniendo su lugar en nuestra sociedad actual.

Una obra inspirada

Nacido en 1861, Morgan Robertson es un escritor que se especializa en historias del mar y que ha sido injustamente olvidado en nuestros días. Uno solo de sus libros, Futilidad, escrito en 1898, lejos de ser el mejor que escribiera, le ha valido, sin embargo, cierta fama póstuma. Esta novela corta sobre la debilidad del hombre frente a la fuerza del destino relata el naufragio del "transatlántico más grande construido por el hombre, el Titán. Este se despanzurra contra un témpano y se hunde, llevando a la muerte a la mayoría de sus pasajeros por falta de suficientes botes salvavidas. Pero las coincidencias no se detienen allí: el conjunto de concordancias es, en efecto, sorprendente.

He aquí algunas de ellas, y entre paréntesis, los hechos equivalentes relacionados con el Titanic: travesía en el mes de abril (10 de abril de 1912), 70 mil toneladas de desplazamiento (60 mil), eslora 800 pies (882,5), 3 hélices (3 también), velocidad máxima 24 a 25 nudos (idéntica), capacidad máxima 3 mil pasajeros (la misma), 2 mil pasajeros a bordo (2 mil 230), 24 botes salvavidas (20), 19 compartimentos estancos (15), 3 motores (3 también), rotura del casco a estribor (idéntica). Ahora bien, la novela Futilidad fue escrita nueve años antes de la construcción del Titanic, incluso antes de que se concibiera este proyecto, lo que excluye, evidentemente, que se haya inspirado en información real. Morgan Robertson declaró durante toda su vida que su inspiración venía de un "colaborador astral", para utilizar sus propias palabras, es decir, de un espíritu que le guiaba e inspiraba sus trabajos literarios. Esta es la única respuesta que daba para explicar estas coincidencias extraordinarias entre la ficción y la realidad.

Soñando

Condiciones de una premonición

Estas son muy estrictas debido a la vaguedad que rodea al fenómeno y se las puede resumir de la siguiente forma: el sueño o el presentimiento, debe haber sido relatada, a uno o varios testigos dignos de fe antes de que el acontecimiento se produzca.

Entre el sueño y los sucesos

El intervalo entre el sueño y el suceso debe ser relativamente corto, ya que la posibilidad de una relación accidental aumenta con el tiempo.

¿Improbable?

El sueño debe parecer improbable al que lo sueña o venir de un ámbito que le es extraño.
Debe referirse a un hecho preciso y no revestir una forma vaga que permita una interpretación simbólicamente ambigua, que podría aplicarse a acontecimientos muy distintos (como sucede con las Profecías de Nostradamus, por ejemplo).

Concordancia en los detalles

Finalmente, los detalles deben concordar, al menos en los rasgos esenciales, con aquellos realmente ocurridos en el sueño premonitorio o en la mente de la persona que evidenció un hecho que su propia mente no lo puede creer.

Fenómenos inasibles

Las premoniciones más o menos comprobadas se cuentan por miles. La mayoría se refiere a anécdotas personales, pero algunas se relacionan con sucesos mundialmente conocidos y han sido reveladas con anticipación, antes de que el suceso ocurriera.

La más famosa de estas premoniciones es el tema de una novela corta escrita por el norteamericano Morgan Robertson, quien, 14 años antes de la catástrofe, predice con lujo de detalles el naufragio del Titani


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