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Enigmas: Objetos fuera de su tiempo
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Respuesta  Mensaje 1 de 1 en el tema 
De: ☼TäRA☼  (Mensaje original) Enviado: 30/06/2010 08:55
Objetos fuera de su tiempo


Por Bruno Cardeñosa
En junio de 2001, durante las tertulias del programa de radio La rosa de los vientos ofrecimos a los oyentes –y ahora a los lectores– una información procedente de Australia que confirmaba la inquietante realidad de los OOPARTS (acrónico de la expresión anglosajona Out Of Places Artifiacts) u “objetos fuera de su tiempo”. La noticia aludía a una investigación científica que demostraba que un “martillo fosilizado” –por tanto, obra de manos humanas– tenía nada menos que 140 millones de años. El objeto, por tanto, era infinitamente anterior a la aparición del hombre sobre la Tierra.

Lógicamente, hubo debate. Y no es para menos: aquello significa que el llamado “martillo fósil” no podía ajustarse en ningún cuadro cronológico referente a la historia humana y concitaba decenas de preguntas a las que resultaba imposible responder: ¿Había sido fabricado por una humanidad anterior a la nuestra? ¿Lo habían dejado allí viajeros de otros mundos? ¿Acaso el objeto, por mor de un inexplicable fenómeno, había viajado en el tiempo? ¿No sería que el ser humano apareció en la Tierra mucho antes de lo aceptado?

Los OOPARTS generan cuestiones como éstas y otras muchas, puesto que en ocasiones, estos “artefactos fuera de lugar” sí han sido datados en tiempos durante los cuáles hubo humanos, sólo que los consideramos incapaces de haberlos fabricado por la tecnología que denotan, que en absoluto encajan con el desarrollo científico de aquellos hombres.

Les dejo con algunos de los OOPARTS más sugerentes…

El martillo fósil

Fecha: Hace 140 millones de años.
Lugar: Texas (Estados Unidos)
Misterio: Un martillo fosilizado en el interior de una piedra datada en la era de los dinosaurios… ¿Quién lo fabricó?

Si el término OOPART, que como ya sabe el lector significa “objeto fuera de su tiempo”, se aplicara de forma genérica a un descubrimiento arqueológico concreto, sin duda, de entre todos los OOPART, eligiríamos éste: ¡El martillo fósil!
Basta con mirarlo para darse cuenta de que se trata de una herramienta humana.
Sólo hay un problema, y menudo problema: data de una época anterior a la existencia de nuestros ancestros.

El llamado martillo fósil fue hallado en 1934 muy cerca de la localidad de London, en estado norteamericano de Texas. Apareció incrustado en el interior de una roca, lo que desde un principio obligó a los estudiosos a sospechar que tenía una antigüedad extrema. La madera del mango del martillo estaba fosilizada y la cabeza, de hierro, se fundía con la piedra. ¿Qué significaba esto? Sencillo: que el martillo era anterior a la roca. Y claro, sólo del vértigo que provocaba tal suposición, los científicos decidieron considerarlo un “objeto bizarro”.

Nadie quiso investigar el martillo fósil, que estuvo durante mucho tiempo condenado al ostracismo en la vitrina de un pequeño museo de Texas, el Museo Somerwell. Afortunadamente cayó en manos de otros investigadores que, pese a estar influenciados por ciertas corrientes creacionistas, favorecieron la posibilidad de un análisis detallado.

El mango del martillo es de madera, pero dicha madera se encuentra petrificada. La parte interior, porosa, se ha transformado en carbón. Precisamente, en aquellos lares la petrificación de la madera es algo que ha ocurrido con cierta frecuencia.

Son bien conocidos los bosques de árboles petrificados de Texas, que no son sino la consecuencia de un proceso geológico normal mediante el cual la madera muy antigua acaba convirtiéndose en piedra. Para que esto ocurra deben haber transcurrido nada menos que 140 millones de años. Y si bien el tronco de un árbol en tal estado no nos extraña sobremanera, no podemos decir lo mismo cuando esa madera ha sido trabajada por manos humanas.

Este es el primer dato desestabilizador que proporciona este objeto. Y es lógico, puesto que los primeros homínidos no surgen hasta hace 7 millones de años y no fue hasta hace 2 cuando nuestros ancestros comenzaron a fabricar herramientas.

Respecto a la cabeza del martillo, el misterio es todavía mayor. Recientemente se han efectuado nuevos análisis en el Instituto Metalúrgico de Columbia, en donde los investigadores descubrieron que está formado en un 96,6 por ciento por hierro, en un 2,6 por ciento por cloro y en casi un 1 por ciento por azufre. Tal combinación de elementos quiere decir que el objeto es de hierro casi puro, algo que sólo puede conseguirse empleándose avanzadas técnicas metalúrgicas.

Además, los investigadores efectuaron varias radiografías del objeto. Gracias a los rayos X dedujeron que durante su fabricación, el hierro empleado fue purificado y endurecido. Para conseguirlo, es necesaria la utilización de un tecnología metalúrgica muy reciente…

Pero la roca, tras los estudios geológicos pertinentes, resultó tener 140 millones de años, y según señalan los estudiosos, se sedimentó después de la fabricación del martillo.

Los estudiosos separaron la piedra del objeto, lo que provocó una muesca en la parte superior de la roca. Parecía formar parte de algo parecido al recubrimiento del objeto, lo que indujo a un nuevo análisis.

Formada por hierro en cuatro quintas partes, la muesca contiene silicio, azufre, calcio, potasio y cloro, lo que significa que es producto de un proceso poco común. Al estar fundida la cabeza del martillo con la roca, se ha sospechado que dicho proceso podría deberse a que en tiempos, el objeto estuvo sometido a una presión atmosférica distinta de la actual, lo que nuevamente nos obliga a pensar en una época remotísima.

Como explicación natural se ha propuesto la posibilidad de que la cabeza del martillo perteneciera al hierro procedente de un meteorito. Sin embargo, los elementos hallados en la pieza arqueológica no coinciden con los que sería de esperar de una roca procedente del Sistema Solar. Además, el proceso posterior habría originado impurezas en el metal que no se habrían escapado del escrutinio de los laboratorios que participaron en el análisis.

Fuera dudas: estamos ante uno de los objetos más desestabilizadores jamás hallados.

Ha sido datado en una época en la que sobre la faz de la Tierra corrían los dinosaurios. Faltaban millones y millones de años para que los humanos apareciéramos en la escena terrícola. Y sin embargo, manos como las nuestras fabricaron y usaron ese martillo.

¿Explicaciones? No las hay.

Lentes de aumento… hace casi 3.000 años.

Fecha: Hace 3.000 años.
Lugar: Antigua Asiria.
Misterio: Hace miles de años ya existían las lentes… que sin embargo fueron oficialmente desarrolladas hace muy poco tiempo.

A mediados del siglo XIX, un inventó revolucionó la ciencia médica: las lentes tiroidales. Su objetivo: corregir el astigmatismo.

A partir de ahí, las esperanzas para que millones de personas con problemas en la vista pudieran llevar una vida normal cobraron visos de quimera realizable.
Eso es lo que nos dice la historia… que desde 1966 habría que escribirla de otro modo. Ahora mismo les cuento por qué.

Antes les pido que echemos un vistazo a las efemérides del año 1849, cuando al tiempo que se desarrollaban las “primeras” lentes, el arqueólogo Austen Henry Layard excavaba en el Palacio de Kalhu, la antigua capital de Asiria, más conocida como Nimrud. Entre las innumerables piezas que rescató descubrió lo que desde el principio le pareció una lente de cristal.

Una de las caras de la presunta lente era plana; la otra, convexa. "Posiblemente se trata de la más antigua prueba de lente incendiaria y de aumento", dijo Layard, de cuyas palabras muy pocos se hizo eco. Se quedaron en un “posiblemente…”
Nadie volvió a plantearse algo parecido hasta el citado año 1966.

Tres nombres propios tiene esta singular historia. Por un lado, Arthur C. Clarke, que no necesita presentación. Por otro, Robert Temple, profesor de la Universidad de Louisville y autor de libros como El misterio de Orión, en donde demuestra que nuestros ancestros poseían saberes astronómicos que creíamos propiedad del hombre moderno. Cuando Temple conoció a Clarke, éste le presentó a un viejo amigo: Derek de Solla Price, profesor de Historia de la Ciencia de la Universidad de Yale, y como habrán adivinado, nuestro tercer hombre en discordia.

De Solla Price llevaba un tiempo inquieto a propósito de una extraña pieza que se encontraba –como tantas, aburrida en una sempiterna vitrina– en el Museo Británico de Londres. Tenía origen asirio y “parecía una lente”. Se trataba, lógicamente, del mismo objeto que descubrió Layard en el Palacio de Kalhu.

Que Clarke presentara a Temple y De Solla Price no era casualidad. El mítico autor había escuchado hablar de la investigación que tenía entre manos De Solla Price… Sabía también que su trabajo sobre la supuesta lente estaba atrapado en un callejón sin salida… Y sabía que si un hombre podía ayudar en aquella búsqueda, ese debía ser Temple.

La investigación que iniciaron a partir de ese momento resultó apasionante. La supuesta lente fue datada en el año 700 a. C y se descubrió que la pulieron a partir de una pieza de cuarzo de gran calidad y sin imperfecciones internas. Temple describió el material como “claro y transparente” y averiguó que a su alrededor quedaban pequeñas virutas de metal de lo que pudo ser un marco… “¡Una montura!”, acabó exclamando.

Finalmente, el investigador esgrimió su conclusión tras años de estudio: "Todo apunta a que se trata de una lente de forma tiroidal elaborada a propósito con esta forma. Y las lentes de este tipo sólo tienen un uso: corregir el astigmatismo."

Si el profesor de la Universidad de Louisville estaba en lo cierto, la óptica dio con las primeras lentes para ver mejor nada menos que 2.500 años antes de lo que se pensaba.

Aquello fue más que suficiente para que Temple se dedicara a buscar más pruebas de la existencia de óptica avanzada en la antigüedad.
Las encontró… ¡A cientos!

Nadie recayó en ellas hasta que Temple –un heterodoxo tenía que ser– rebuscó en archivos, museos, colecciones… Sólo entre las piezas catalogadas que se habían descubierto en Cartago descubrió 16 lentes similares a la que había estudiado. También las encontró en Rodas, en Efeso o en Troya, en donde aparecieron 48 cristales pulidos, plano convexos y exactamente iguales que los utilizados por la óptica moderna.

Su búsqueda le llevó –cómo no– al antiguo Egipto, en donde rescató decenas de lentes, gracias a las que expuso sólidas pruebas para demostrar que los míticos habitantes de la civilización que se erigió a orillas del Nilo desarrollaron una avanzada tecnología óptica. Decenas de piezas así se lo sugirieron. Lentes, cristales, grabados que demostraban su uso… En todo caso, ¿no habría resultado imposible erigir obras como la Gran Pirámide de Keops sin el concurso de teodolitos?

* Texto extraído del 100 Enigmas del Mundo.
El nuevo libro de Bruno Cardeñosa se publica a finales de mayo. La que será su quinta obra repasa 100 de los más impenetrables enigmas del planeta. Desde los más irritantes misterios de las civilizaciones desaparecidas hasta los retos más desafiantes a los que se enfrenta la ciencia oficial. Este libro, de más de 400 páginas y 100 fotografías profundiza en asuntos tan diversos como la construcción de las pirámides de Egipto, los túneles secretos de la Esfinge, la tecnología de los mayas, los conocimientos astronómicos de los antiguos pobladores de la Tierra, misterios de la evolución como la aparición de fósiles humanos más antiguos de lo que reconoce la ciencia, las profecías de Julio Verne, los estigmas del padre Pío, la verdadera naturaleza de las apariciones de Fátima o el origen del misterioso artefacto que se estrelló en Tunguska en 1908. Este libro está basado en la serie del mismo nombre que el autor conduce desde hace más de un año en el exitoso espacio de radio La rosa de los vientos, de Onda Cero, presentado por Juan Antonio Cebrián y seguido todos los fines de semana por más de 200.000 oyentes. Mundo Misterioso te ofrece las primeras páginas de 100 Enigmas del Mundo, dedicadas a explorar el misterio de los más inquietantes hallazgo arqueológicos, aquellos que rompen todos los esquemas científicos por no ajustarse a lo que se conoce hasta ahora sobre nuestro pasado.


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