El
escritor Gary Inrig cuenta una la divertida historia de un hombre que
fue a ver a un psiquiatra y se quejó de tener un complejo de
inferioridad. El médico le escuchó pacientemente y entonces dijo: «Tengo
noticias buenas y malas para usted. Las buenas son que usted no tiene
complejo.
Las malas son que usted ¡es inferior!»
Gedeón
se parecía mucho a aquel hombre. Era un candidato improbable para ser
un líder nacional. Puesto que trató de pasar desapercibido sacudiendo el
trigo en el lagar.
Nunca
soñó con conducir a Israel a una victoria militar sobre sus enemigos.
Pero el Señor lo llamó a una tarea que exigía mucho valor y liderazgo.
Ignoró el pretexto de Gedeón de que era inadecuado.
«Vé con esta tu fuerza —le dijo—. ¿No te envío yo?»
(Jue. 6:14).
Dios lo iba a capacitar. La responsabilidad de Gedeón era simplemente obedecer.
El
Señor ha formado líderes de iglesias y maestros efectivos de personas
que nunca soñaron que podían hacer la tarea. No debemos dejar que los
sentimientos de inferioridad nos abatan ni se conviertan en una excusa
para desobedecer. Dios puede capacitarnos para trabajar muy por encima
de nuestras habilidades naturales.
Hay un rincón especial para que lo
ocupes tú. Pídele a Dios que te ayude a ser y a hacer lo que Él desea.
El mismo Dios que capacitó a Gedeón te capacitará a ti también.
Los recursos de Dios siempre son iguales a sus requerimientos.