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Cuando las mocitas tienen quince años,
a nadie respetan, ni a padres ni a hermanos.
Sus padres las riñen y ellas les contestan
me voy a servir y ésa es su respuesta.
Al otro día siguiente, coge la ropa y se va
en casa de Don Pepito, que está buscando criá.
El ama le dice: «¿Qué sabes hacer?».
«Coser y planchar y guisar también.
Si usté me quisiera, yo me quedaría,
yo pienso ganar dos reales al día;
dos reales al día, tres duros al mes,
si usté me quisiera yo me quedaré».
Al otro día siguiente se levanta el señorito
con recelo entró en el cuarto
y estas palabras la dijo:
«Carita de cielo, carita de rosa,
si algo te hace falta, pídeme una cosa,
pídeme una cosa, pídeme dinero
que me has hechizado, carita de cielo.»
La niña, como no es tonta,
no se lo ha echado en olvido
y al otro día siguiente
ha llamado al señorito
y el señorito le ha dado
cuatro monedas de plata
y cuando va por la calle
lleva más lujo que el ama.
Todo lo que llevaba valía un tesoro:
pulsera de plata y anillos de oro,
anillos de oro, guantes y abanico
y eso el que lo paga es el señorito.

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