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A los pies de la luna
se han acostado mis caballos,
bebiendo su piel de espuma
en su sombrero zanquilargo.
Sueñan con jirones de lluvia,
con estrofas de galope raudo,
con volver a bañar sus rubias
cabelleras de naranjo.
Y en los ecos de sus grupas
amanecen dos jinetes mancos.
Arboledas que me escuchan,
decidles que los estoy esperando.

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