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Emergistes entre párrafos cibernéticos, ella buscaba un poeta, yo pasaba por allí, al punto le respondí “me encanta la poesía”, y nexos de ondas herzianas se entablaron. Los afines pensamientos se encontraron, y formaron lazos, y sin esfuerzo, unieron expresiones, artículos y conjunciones, las palabras, en el Espacio, discretas sensaciones dibujaron. Una “voz” tierna susurraba en sus escritos, y sus poemas “cantaban”, por su alma de niña encandilada. Entonces te vi, eras una eterna enamorada de la vida, una musa, una flor, un hada. Un poema dedicado le compuse, informal, sencillo, impersonal, y una ausencia no buscada vino dada, pero al tiempo, un encuentro, y de nuevo ahí estabas. Una amena charla le propuse, y con fácil dialéctica, las palabras, sin tensión, con arte, emanaban. Un afecto con respeto se tejía, una trama de hilos asedados, pero fuertes como el lino, duros como el cáñamo, para sostener las ramas de este árbol, nacido entre bits, entre átomos, de la nada. Hoy, sus palabras me transmiten sensaciones, de una emoción escondida, alegre, disimulada, “veo” su rostro alegre, y su mirada en un punto muy definido, ella dice ¡no pasa nada! pero me quedo compungido, absorto y pensativo, más, ¿qué puedo hacer?, si dos mil millas de agua nos separan, Entonces, pensé, ¿puede un poema curar una herida? tal vez si, pero es su vida, aunque para mi ya sea una hermana. Me confiesa “soy sensible, me gustaría ser más fuerte”, y yo la entiendo, y sin querer también suspiro, porque ya la aprecio, Compondré este poema en un intento, de liberar en parte su lamento, ella lo intuye, y me dice “igual mañana me sorprendes”. Sí, estás en lo cierto, porque he compuesto este poema, para ti, amiga de corazón tierno.


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