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En el espejo de mi aposento; me desperté de madrugada, no estaba sola, estaba la luna reflejada, que al mirarse por estar llena de felicidad culminada, también iluminaba mi cara Me incorporé para mirarla, no sabía que en la noche, ya madrugada…; ella me vigilaba como si de un niño se tratará meciéndome en una cuna de plata.
Así era su luz; de brillo plateado, acunándome el sueño; para que mis anhelos siempre fueran acertados.
Cuando al abrir mis ojos y ver en mi rostro su cara reflejada, tuve que copiarla…, y las dos nos miramos solazadas; para ser amigas antes de que se retirara siempre…, siempre…, antes del alba.


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