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De repente la luna así como una ráfaga de luz entró por mi ventana, hizo una cruz en la planicie de mi piel moruna.
Un verde de aceituna en tus ojos brilló. En contraluz tu boca era el azar de un andaluz buscando en mis caderas la fortuna.
Navegabas las sábanas luneras a la proa de un barco en desavío sin rumbo ni fronteras.
Yo era agua y sal de marear en la estela de luz de tu navío. Y me dejaba amar.


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