Los gambones y langostinos
se ofrecen muy finos
ante la fría mirada del asado cochino.
Incluso la olvidada lombarda
hace aparición en la nocturna velada.
Mas si al dormir no quieres tempestad
por una hedionda ventosidad
la tiraría discretamente
para no atentar contra la vida humana indiscriminadamente.
(Ay invitado airoso
después de tal comilona
vas a necesitar eterno reposo)
Hay a quien le place degustar
grandes cantidades de pan
entre un inmenso mar
de vino y champagne.
Cuando los botones abandonan su unión
del ojal en el estrecho pantalón,
una enorme bandeja se acerca
y grita “cómeme” con voz susurrante y traviesa.
Turrón, mazapán y bombón
serán los culpables de tu definitiva hinchazón.
Mas si esto te parece poco,
prepara tu estómago para el sorbete,
y consuela a tu creciente sofoco
diciendo que todo acabará en el retrete.
Pasadas unas horas desde el banquete
una tumultuosa vibración
acosará a tu vientre glotón.
Y que los Dioses nos pillen confesados
que aquí viene sin piedad
el gran concierto de la Navidad.